Es la hora de la misión (1)
¿Cómo fue la Navidad? , seguro que algunos con enfado, porque con tanta luz, escaparate, anuncios, arbolitos, papá Noel nos quieren aparcar el Misterio y muchas familias ni se enteran. Pero con enfado y todo, ahí seguimos con nuestra terquedad de fieles al Misterio y con más ilusión y esperanza este nuevo año.
¿ Cómo va el compromiso de la Animación Misionera? ¿Lo tuvisteis presente en vuestros programas pastorales del año? ¿En la catequesis?.
Los seminaristas ¿Lo habéis notado en vuestra formación académica? ¿programación del curso?. Todos queremos que el Congreso no quede en el acontecimiento y en el papel.
Aún nos queda medio año para terminar el curso y poder retomar el compromiso de la Animación Misionera. Algunos sí lo han hecho desde el principio, por ejemplo, he visitado el seminario de Huelva y un día a la semana todos los momentos de oración del día están dedicados a las misiones. En otros tienen el taller de misiones; en varias parroquias de Sevilla y Ciudad Real hay grupos de animación misionera que se reúnen, apoyan proyectos en misiones. Yo he tenido la gracia de participar en alguna reunión que me han invitado.
En estos meses han sucedido acontecimientos misioneros importantes: la celebración del mes misionero en octubre, el Congreso Americano Misionero en Guatemala, la semana de la Infancia Misionera en enero. La pregunta lógica ¿cómo hemos participado? ¿cómo nos hemos informado?. En la revista de Vida Nueva del 13 de diciembre del 2003 viene un dossier sobre la Misión y un informe del Congreso, y la revista Misiones Extranjeras sacará todo un número sobre el Congreso de América. Ahí tenemos tarea para el taller.
En el número anterior se les comunicaba que las actas del Congreso ya se han publicado. Una de las ponencias la tuvo el sacerdote D. Juan Esquerda Bifet “La misión ad gentes, acción prioritaria de las Iglesias particulares”.
El decía que a nivel doctrinal hay unos principios claros sobre la responsabilidad misionera de la Iglesia particular: Documento Ad Gentes (Concilio Vaticano II), Evangeli Nuntiandi, Redemtoris Missio.
Planteaba que hay que pasar al terreno práctico y operativo: insistencias y urgencias actuales, necesidad de educación y formación misionera, programación de animación y cooperación misionera, puesto que la necesidad hoy de sacerdotes y la escasez de vocaciones, la cantidad y diversidad de actividades que se programan, todas ellas como muy urgentes y necesarias hacen que nos quedemos en nuestra propia obra, olvidando la universalidad de la Iglesia y la corresponsabilidad de todos en la misión universal.
Nos hacía la pregunta ¿cómo hacer misionera hoy una Iglesia particular que es multicultural, multireligiosa y multirracial?.
En su larga e interesante ponencia nos recordaba: quien ha trabajado directamente en la misión “ad gentes”, constata que se recibe mucho más de lo que se da. “Cooperar con las misiones quiere decir no sólo dar, sino también saber recibir: todas las iglesias particulares, jóvenes o antiguas, está llamadas a dar y a recibir a favor de la misión universal, y ninguna deberá encerrarse en sí misma... Las Iglesias locales, aunque arraigadas en su pueblo y en su cultura, sin embargo deben mantener concretamente este sentido universal de la fe, es decir, dando y recibiendo de las otras Iglesias dones espirituales, experiencias pastorales del primer anuncio y de evangelización, personal apostólico y medios materiales” ( RMi 85; cfr. EN 64).
Uno de los puntos fue “Hacía un proyecto de animación misionera en la Iglesia particular”. Señalo las líneas maestras de la animación misionera que él trazaba:
- suscitar la cooperación espiritual concretada en la oración, el sacrificio, la participación en la Eucaristía, el propio trabajo (AG 36; Rmi 78);
- despertar la conciencia y mentalidad misionera por medio de una adecuada formación doctrinal (AG 29, 36-39; Rmi 83).
- Promover las vocaciones misioneras, especialmente las de una dedicación de por vida a la misión “ad gentes” (AG 23,27; Rmi 32, 65-66, 79)
- Preparar una justa distribución de los efectivos apostólicos en la propia Iglesia particular y hacia la Iglesia universal (LG 23, Rmi 68)
- Contribuir económicamente a las necesidades de las comunidades más necesitadas, especialmente por medio de las Obras Misionales Pontificias, en cuanto que esas obras miran al bien de todas las instituciones misioneras y de todas las misiones (LG 38).
Si en la pastoral y en nuestra vida cotidiana tenemos presentes estas líneas maestras que D. Juan Esquerda nos señala podemos hacer un gran aporte a la animación y cooperación misionera de nuestra Iglesia particular y sentirnos en comunión con toda la Iglesia universal. Todos podemos ser animadores del espíritu misionero.
Para rezar: El rosario por las misiones
Para la reflexión personal y de grupo: Las líneas maestras que nos señala Juan Esquerda Bifet.
Para el compromiso: Informarnos lo que fue, trató y debatió el Congreso Misionero de América |