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CONVOCADOS POR LA PALABRA PARA LA MISIÓN En el año de la Eucaristía dedicaremos esta sección del Taller misionero a reflexionar sobre algunas de las partes de la Eucaristía y su relación con la misión. La mesa de la Palabra de Dios es preparada por la Iglesia para alimentar y fortalecer a sus hijos. A lo largo de los tres ciclos litúrgicos nos presenta lo fundamental de los textos bíblicos. Los profetas nos acompañan en la primera lectura y salmos, las cartas apostólicas y los hechos de los apóstoles suelen seguirse en una lectura continua a lo largo de varias semanas, en las segundas lecturas de los domingos y Jesucristo en el evangelio. La lectura litúrgica no agota la palabra de Dios. El misal es una Biblia ordenada con vistas a la celebración de la Palabra de Dios. Pero muchos textos no aparecen nunca en las eucaristías. Es importante estudiar la Sagrada Escritura en sus textos, cuándo fueron escritos, para quienes y conocer a fondo la comunidad a la que nos dirigimos si queremos hacer una lectura creyente de la Palabra de Dios. Hay que cuidarse de una lectura fundamentalista de los textos que suele interpretarlos “al pié de la letra”. La proclamación de la Palabra es "la de las maravillas obradas por Dios en la historia de la salvación o misterio de Cristo, que está siempre presente y obra en nosotros, particularmente en la celebración litúrgica" (Const. Sgda. Lit. n.35). Lo proclamado en la Palabra se cumple en la Eucaristía, sacramento de la acción salvadora de Dios. La Liturgia no es ajena al problema humano, tanto individual como colectivo. En las lecturas aparecen los problemas del ser humano y de la sociedad. Se trata de que aprendamos con la reflexión y la homilía a descubrir las perspectivas que la fe y la liturgia abren a los interrogantes de la existencia. Palabra proclamada y creída. Celebrando la eucaristía con los más pobres, en las comunidades de Paraíso, (R. Dominicana) la palabra de Dios, el evangelio, ha tenido una profundidad diferente para mí. Las realidades que viven los más necesitados en países pobres son muy similares a las evangélicas. Además captaban con mucha facilidad la preferencia de Dios por los pobres, las bienaventuranzas, las situaciones de sacrificio, de sufrimiento, aceptándolas con gran confianza en Dios. Los cantos son cantados con todas sus estrofas y no tienen prisa por terminar. Muchos de ellos acuden a la eucaristía desde varios Km. de distancia a pié, incluso los niños pequeños, la viven con intensidad y alegría, atentos a la palabra y a la homilía. Participan en todo lo que pueden (si se les va iniciando adecuadamente), sus aportaciones nacen de una comprensión cercana de la Palabra de Dios, de una gran confianza en Él. A mí me alimenta y refuerza mi fe. Me hace sentir muy a gusto en cada eucaristía. Muchas comunidades cristianas en países de misión no tienen eucaristías, sólo pueden celebrar la Palabra por escasez de sacerdotes. Los catequistas, presidentes de la comunidad, animadores de la comunidad (según los llaman en unos sitios u otros), ayudan a los cristianos a beber del tesoro de la Biblia reflexionándola en común. En Brasil el 70% de las celebraciones dominicales son sin presbíteros. En nuestro país se celebran muchas eucaristías dominicales y para poca gente, por que hay más abundancia de sacerdotes (aunque nos parezcan escasos) y estos están muy absorbidos por sus comunidades. La predicación de la Palabra por todo el mundo está en manos también de los laicos, pero son necesarios sacerdotes, misioneros constructores de nuevas comunidades y servidores de las dos mesas de la Eucaristía en tantos lugares donde la Iglesia está implantándose o aún es casi inexistente. Para la reflexión: Lc 24, 13-35.
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