Instrucción pastoral 'Actualidad de la misión ad gentes en España' |
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| Taller misionero en torno a esta instrucción, parte IV (por Julio Falagán) | |
LA VOCACIÓN MISIONERA |
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Finalizábamos el capitulo anterior, de este mismo apartado, hablando de las vocaciones misioneras. Aquí continuamos este cuarta y última entrega, referente a la Instrucción Pastoral “La actualidad de la misión ad gentes en España”, documento de la Conferencia Episcopal Española. I.- LAICOS MISIONEROS. “Los laicos han ido asumiendo de modo creciente su participación en la misión ad gentes”. Así comienza el Nº 50. Es Si abrimos los ojos al mundo del deporte, nos damos cuenta que las grandes estrellas, en todas las disciplinas, son fruto de miles de horas de trabajo, de esfuerzo, de asistencia a escuelas deportivas... Multitud de niños y niñas, que desde la infancia se ejercitan. Si queremos potenciar la dimensión misionera de los laicos más allá de las fronteras, tenemos que potenciar los ministerios laicales aquí, con la correspondiente formación, responsabilidad y autonomía. Sabemos que los laicos, por su carácter de presencia en medio del mundo, son testigos privilegiados para un diálogo de vida y de acción con las personas de otras culturas o religiones. Es importante cultivar los diversos cauces misioneros para los laicos y laicas, a fin de que puedan desarrollar su labor misionera. En caso de no potenciar o en caso de que desaparezcan estos cauces, será el campo de la solidaridad y la cooperación el que acapare a las personas con deseos altruistas y de trabajo a favor de los otros, en muchos casos, de los más desfavorecidos. Es importante, en el caso de todos los misioneros que salen, cultivar una oportuna preparación, antes de la partida, durante la estancia en la misión y de regreso. Así como el acompañamiento que dé respuesta y facilite la labor de unos años o de por vida de las personas, fuera de su tierra. II.- LOS MOVIMIENTOS ECLESIALES Y LAS NUEVAS COMUNIDADES Muchos laicos y laicas enviados por sus movimientos o por la iglesia local, son un testimonio y un apoyo carismático a las jóvenes iglesias, abriendo nuevos caminos de misión. Sin duda, es una novedad del mensaje evangélico. Para que su vitalidad siga siendo eclesialmente fecunda, deberán seguir avanzando en el diálogo con las Iglesias locales, tanto de origen como de destino, cultivando el espíritu de comunión. En la práctica, aunque no siempre, como defecto y no como virtud, prevalece la implantación del movimiento, sus diversos acentos o apellidos, antes que el apoyo a aquella iglesia particular concreta, con sus métodos, sus dinámicas y obviando los procesos de encarnación. El dinamismo de la Iglesia local es más importante que la implantación del movimiento o que la búsqueda de vocaciones o miembros a integrase en el movimiento. La eclesiología del Vaticano II destaca por encima de todo la comunión de carismas en torno a la mesa de la Iglesia local, no los diversos acentos particulares. Lamentablemente, una de las dificultades de la actividad misionera de los laicos, son los periodos de tiempo que le pueden dedicar a la misión. Esto lleva, en muchos casos, a no respetar los procesos propios de inculturación, la permanencia de tiempo, y eso hoy es imprescindible para el diálogo y el anuncio. III.- ÁMBITOS DE RESPONSABILIDAD MISIONERA. Toda la Iglesia, en todos los momentos y circunstancias, es responsable de la acción misionera ad gentes. Cada ministerio, cada vocación, cada encuentro con el Señor resucitado, lleva una dimensión de misión. El mismo que les alienta, el Espíritu, es quien los envía. Cada iglesia local, cada presbiterio, debía de preguntarse por qué no hay vocaciones a la misión ad gentes, si en realidad estamos en estado permanente de misión. Puede ser que, por el contrario, estemos volcados sobre nosotros mismos. Los números 56 y 57 del documento “Actualidad dela misión ad gentes en España”, están dedicados a los obispos y a los presbíteros. Nº 56: Los obispos no deben fomentar el espíritu misionero sólo en sus diócesis, sino promover las vocaciones misioneras ad gentes, ayudar a su discernimiento y alegrarse de que en sus diócesis surjan misioneros deseosos de entregar sus vidas en las fronteras de la misión ad gentes. No podemos abandonar la solicitud por todas las Iglesias Nº 57: El ministerio de los sacerdotes no se puede reducir al ámbito de su propia diócesis. Todo presbiterio tiene que ser expresión misionera de la iglesia local, para lo cual es imprescindible el envío al menos de algunos de sus miembros. Es más, estoy convencido que la dimensión misionera de una iglesia local, concretada en el envío de personas, de diversos carismas, es uno de los indicadores de vitalidad de esa Iglesia. Estamos entrando a una mentalidad y afirmaciones muy comprometidas. Con frecuencia se escucha en nuestros presbiterios: cada vez somos menos y más mayores, que vengan de otros lugares. No podemos olvidarnos que la perfección evangélica está en dar de lo que tenemos para vivir, no de lo que nos sobre. Julio Falagán |
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Preguntas para el diálogo y la reflexión personal:
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