Instrucción pastoral 'Actualidad de la misión ad gentes en España' |
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| Taller misionero en torno a esta instrucción, parte II (por Julio Falagán) | |
DIMENSIÓN TEOLÓGICA DE LA MISIÓN |
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INTRODUCCIÓN: Nos vamos con la segunda entrega de este curso, en este material del taller misionero. Seguimos con la Instrucción pastoral de la Conferencia Episcopal Española, “Actualidad de la misión ad gentes en España”. Hay un texto normativo, que el pueblo de Dios debe tener siempre muy presente: “Mt. 9,36: “Al ver tanta gente, se le conmovieron las entrañas, porque estaban despojados y abatidos como ovejas sin pastor”. A la Iglesia se le pide mirar a la humanidad con esta misma mirada de Dios: desde la misericordia, desde la compasión, manifestada por Cristo, la realidad se mira y se descubre con los ojos del corazón. La iglesia, animada por el Espíritu, existe para continuar la misión del Hijo, para el servicio de la humanidad, para ser signo de fraternidad en medio de las adversidades del mundo. La Iglesia recibe su misión, del enviado del Padre. ¿Dónde se fundamenta la misión?. El documento propone cuatro dimensiones. 1.- DIMENSIÓN TRINITARIA. El Padre se envía a si mismo en el Hijo y en el Espíritu. La misión de la Iglesia no es otra que el servicio a la misión que Dios realiza en la historia por el Hijo y el Espíritu. Así, la evangelización se constituye en el fundamento de la Iglesia; la Iglesia existe para evangelizar. Esta misión arranca de la Trinidad. Con concreciones y medios distintos en los diferentes ambientes , la misión tiene su origen en el amor trinitario. La actitud amorosa del cristiano con la humanidad es respuesta al amor primero de Dios, y su misión consiste en que todos los pueblos descubran este amor de Dios. 2.-DIMENSIÓN CRISTOLÓGICA. Esta dimensión aparece como central en la encíclica Redemptoris Missio. Jesús es el gran enviado del Padre, proclama el Reinado de Dios, ofreciendo la fraternidad y la filiación como caminos de plenitud. El Verbo del Padre se hace carne humana para compartir vida e historia con los desvalidos de esta tierra. Ofrecido como victima en rescate por el pecado de la humanidad, sella la alianza definitiva de Dios con la humanidad. La vida y el mensaje de Jesucristo, el Hijo amado, son una epifanía del misterio de Dios amor. Él es el rostro del Padre para la humanidad. Él se constituye como camino de acceso al Padre, “quien le ha visto a Él, ha visto al Padre”. En Cristo toda la humanidad será recapitulada para la alabanza y gloria del Padre. 3.-DIMENSIÓN PNEUMATOLÓGICA. (Del Espíritu) ¿Qué tiene que ver el Espíritu en todo esto de la misión? ¿quién alienta la misión?. El Espíritu está presente en la creación desde sus orígenes, autor del misterio de la encarnación en el seno de María, “nació por obra del Espíritu Santo, unge a Jesús, y en el bautismo lo presenta como el Hijo Amado del Padre con la autoridad de la Palabra”, “Este es mi Hijo, el Amado, ¡escuchadle!”. El Espíritu acompaña a Jesús en la travesía Pascual, levantándolo de la muerte y entronizándolo a la derecha del Padre. Ungido por el Espíritu, había asumido su misión como liberación para el pueblo desvalido. Sabemos que este Espíritu no solo actúa en Jesús, en la Iglesia, sino en todas las culturas, en todas las religiones, armonizando la humanidad como cuerpo de Cristo. Es el mismo Espíritu de Cristo por el cual todo fue hecho. Pentecostés es la fiesta del Espíritu que se derrama sobre los discípulos, constituyéndolos en testigos del resucitado entre todos los pueblos. El Espíritu universal que desciende sobre pueblos y culturas diversas, permitiendo que cada una de ellas conozca y proclame las maravillas de Dios en su propia lengua. 4.-DIMENSIÓN ECLESIOLÓGICA La Iglesia, que ha nacido para anunciar el amor de Dios, siente que en la evangelización continúa la tarea que recibió del Hijo y que le da fundamento e identidad. Esta misión la lleva adelante impulsada por el Espíritu, verdadero artífice de la transformación de la tierra. La Iglesia no es un fin en si mismo, no existe para sí, sino como servidora de la misión del Reino. Su grandeza procede de su identidad de enviada, como voz y pregonera de otro, como mensajera, no como propietaria del mensaje. En la medida que es misionera, es iglesia y esta respondiendo a su identidad y misión. Esta tarea es individual y comunitaria. En el tejido de la Iglesia, cada uno de sus miembros por el bautismo tiene el compromiso de anunciar el evangelio, según su ministerio. Y es corporativa, toda ella tiene como misión fundamental el anuncio de la Buena Nueva, en diálogo con todos los pueblos y todas las culturas. |
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Individualmente o en grupo, en la parroquia, en los seminarios, en grupos de jóvenes, podemos dialogar:
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