Revista "Id"
Esta sencilla publicación trimestral trata de ser vehículo de comunicación entre todos los que, de un modo u otro, sentimos la vida y la acción misionera del IEME como un proyecto común.

Despedida
Incorporación de Joan Soler
Vicente Hondarza
Taller Misionero
X Asamblea del IEME
Convivencia de Seminaristas
Misión de Ida y Vuelta

Otros Números

DESPEDIDA

Para algunos las despedidas suelen tener un tinte de desgarro, de separación, de pena.

Para otros es un momento de mirar más lejos, hacia nuevos horizontes, con lo que eso lleva de ilusión, de esperanza de camino por andar, de juventud. Y eso aunque el nuevo camino que se abre esté aún sin definición clara, tenga incertidumbres e incluso se vislumbren algunos peligros.

Para quienes vivimos la vocación misionera la certeza de caminar en buena Compañía, de tener apoyos incondicionales y de sentir que no vamos a una batalla personal sino que somos “enviados”, la perspectiva de comenzar caminos nuevos es parte de la vocación.

La Asamblea General del IEME va a suponer para algunos de nosotros una nueva andadura para servir al proyecto común desde nuevas perspectivas. Unos reanudaremos la vida en “la otra orilla”, otros vendrán a continuar nuestra labor en este lado. Nos seguiremos sintiendo todos miembros de una familia, junto con todos nuestros familiares, amigos y bienhechores que también os sentís parte de este proyecto.

Desde la portada nos bendice la Virgen María (esta vez con la imagen de Dulwag en Togo). Y en su protección maternal confiamos.

Juan José Alarcia

 

 


Joan marca su nuevo destino:Togo

 

 

 

 

 

 

 

 


Diócesis de Dapaong en el Togo

Joan Soler se incorpora a la Misión

Con sus treinta y dos años y lleno de optimismo nos muestra el pequeño país africano hacia donde se dirigen ahora sus proyectos e ilusiones. Su diócesis de origen, Girona refuerza así su proyección misionera.

Hola Joan, nos estabas comentando la enorme alegría que sientes en estos momentos en los que empiezas otra etapa más de tu vocación misionera. Una etapa que te llevará, si Dios quiere, a compartir tu vida y tu fe con el pueblo de Togo.

¿Nos podrías comentar brevemente tu proceso vocacional?

Esta es siempre una pregunta fácil de hacer pero muy difícil de responder. Cuando uno se para a pensar en como llegó a responder afirmativamente al don de la vocación, se da cuenta que no hay grandes momentos, o momentos increíbles. Sino que el proceso vocacional se va construyendo con pedacitos de vida, con nombres concretos que te van acompañando, con realidades que te interrogan… Si tuviera que destacar algunos “ momentos ” agradecería en primer lugar a mi familia, que fueron los que con su vida me enseñaron a amar sin miedo y a sentirme amado. Recordaría también a las religiosas del Corazón de María, la escuela donde estudié y que me grabaron su bonito lema: “Dios en el corazón y buen humor”. Y a los curas de Olot, mi ciudad, que con su acogida y su fe me estimularon a responder afirmativamente a una llamada que me pedía entregarme sin miedo a la causa del Reino.

Pero sin duda, lo que puso dentro de mí la semilla de la vocación misionera, fue mi breve estancia en Guatemala, en un proyecto de cooperación con una ONG de Olot. De repente me encontré con una realidad que me sobrepasaba, y la pobreza, que tanto había idealizado, me estallaba en la cara y me preguntaba: ¿Joan, y tú, qué vas a hacer? Allí comprendí que Dios me pedía dar un paso más en mi vocación. Sería cura, ¡sí!, pero además, sería misionero. Compartiría para siempre mi vida y el Evangelio con todas aquellas personas que encontraban en el reto de la construcción del Reino de Dios un estímulo para seguir avanzando y seguir confiando en Dios. Un Dios que no sólo no los había abandonado, sino que los tenía como sus preferidos.

¿Cuáles son tus perspectivas de futuro?

Mi futuro inmediato es continuar la formación en Madrid, y a partir del mes de mayo ir a París para aprender francés. Luego, si Dios quiere, me iré a Dapaong, en el Togo, donde me integraré poco a poco a esa iglesia diocesana, que ya será, también, la mía.

A partir de aquí ya no puedo contaros mucho más, puesto que si una cosa he aprendido estos meses de formación es que no vamos a realizar nuestro proyecto, sino a ayudar para que el proyecto de la Iglesia y la sociedad que me acoge avance, y para que sus perspectivas de futuro sean también las mías.

Y ya para terminar: ¿Qué dirías a los que se quedan en España?

Pues les diría: ¡No tengáis miedo! Porque a veces da la sensación que en España vivimos en un cierto pesimismo o temor, y siempre la misma musiquita: Es que antes…; ahora, es muy difícil… ¡Pues yo les digo que no! Que ser cristiano, hoy, es una de las aventuras más bonitas que podemos empezar.

Es cierto que vamos contracorriente, y por eso a veces nos cuesta avanzar. Pero lo importante es saber hacia dónde vamos: Al encuentro de una sociedad, que aunque no lo parece, está sedienta de Dios. Necesitamos mensajeros ilusionados y esperanzados que vivan las bienaventuranzas y sean transmisores de una buena noticia.

No tengáis miedo. Nosotros tampoco lo hemos tenido. Salid a las calles y plazas de vuestros pueblos y ciudades e id al encuentro de vuestros hermanos. Os están esperando. Están esperando, también aquí, misioneros de una buena noticia. Misioneros de un mensaje de liberación, mensajeros de un Dios que es Amor.

 


Vicente Hondarza

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Tumba de Vicente en Peru

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Misioneros del IEME en Peru

VICENTE HONDARZA: a 25 años de su martirio

Vicente vivió con radicalidad el seguimiento a Jesús, y su fidelidad de discípulo le supuso ofrecer su vida por El, por la Iglesia y por su pueblo, los pobres del Perú, concretamente la parroquia de Chancay, con el derramamiento de su propia sangre después de sufrir atroces torturas físicas y psicológicas.

En el pueblo de Fernancaballero, Ciudad Real, el 15 de Octubre de 1935, nacía Vicente y tres horas después Santiaga, su madre, entregó su propia vida al Señor.

Nadie pudo imaginar entonces que 47 años después, Vicente entregaría la suya para dar vida a su pueblo de Chancay.

Vicente, al cumplir los 19 años, con el oficio de carpintero- ebanista bien aprendido, escucha en su corazón la voz del Señor, que le invita a seguir el camino de su hermano Emiliano, a quien ya sólo le faltaba un año para ordenarse de sacerdote. Y un 30 de Septiembre de 1954, deja pueblo, familia y su trabajo de carpintería e ingresa en el seminario de Ciudad Real.

Pronto comprendió que la vocación sacerdotal es servicio y entrega a la Iglesia universal. En Octubre de 1962 ingresa en el seminario IEME en Burgos para terminar sus estudios eclesiásticos y prepararse para la misión ad gentes.

Ordenado sacerdote el 21 de Julio de 1967, en Octubre de este mismo año se embarcó hacia Colombia junto a otros compañeros.

Mons. Eloy Tato, Obispo de la Diócesis de Magangué, le destina a Morales, zona ubicada en el medio Magdalena, en plena selva colombiana y convulsionada por la presencia de la guerrilla, el narcotráfico y el ejército. Una gran extensión con más de treinta pueblos y caseríos, donde las comunicaciones sólo podían hacerse por el río y por caminos y trochas a pie o en caballería; observó la gran postergación de la gente, sobre todo de la juventud y la deficiencia de la educación, por lo que desde el primer momento la juventud y la educación ocuparon un lugar preferencial en su labor pastoral. Comenzó los tramites para la adquisición de un terreno y creó un Colegio Cooperativo Agropecuario, que en la actualidad lleva su nombre.

De su estancia en Morales recordamos esta anécdota: Un señor se le acercó para consultarle que, dado que había muchos funcionarios públicos solteros, como profesores, policías, empleados de la caja agraria…, para que no molestasen a las jóvenes del pueblo, había pensado poner un prostíbulo, y ¿qué le parecía a él?. Vicente, con aquella fina ironía que le caracterizaba, lo mira de arriba a bajo y le dice: “sabes que me parece buena la idea, pero pon al frente del mismo a tu mamá y tus hermanas”. Agachó la cabeza y se dio media vuelta.

En Febrero de 1973, sale para España, adelantando entonces sus merecidas vacaciones. Aprovechó este tiempo para descansar, visitar familiares y amigos y hacer un curso de antropología.

El 18 de Octubre de 1974, festividad del Señor de los Milagros, gran fiesta de fervor religioso a nivel nacional, Vicente pisaba por primera vez suelo peruano, con el entusiasmo y ardor misionero que lo hiciera a su llegada a Colombia, pero esta vez con el corazón dolorido, ya que dejaba a su padre en estado muy grave, tanto que 20 días después recibiría la dolorosa noticia de su fallecimiento.

En la Diócesis de Huacho fue destinado como párroco a la ciudad de Chancay, situada junto al Pacífico a 78 kilómetros al norte de Lima.

Se preocupó por la salud de los enfermos, creando botiquines parroquiales, promotores de salud para la sierra, para poder atender a los más pobres. Un consultorio jurídico para la atención y defensa de los más pobres. Apoyó los comedores populares, los Centros de Madres, con charlas de formación humana, cristiana y aprendizaje de trabajos manuales, por citar sólo algunas obras de carácter social.

Contemplaba en los rostros golpeados por el dolor, la desnutrición y la enfermedad, de niños y ancianos, madres maltratadas y abandonadas a su suerte, jóvenes sin futuro, campesinos del valle y la sierra, el rostro de Cristo, que le llamaba a servirlo en ellos.

Le gustaba sentarse a la mesa con los niños, con los más marginados. Era de buen comer, aceptando con gusto cuanto le servían. Solía siempre amenizar las comidas y romper momentos de tensión en las reuniones con algún chiste oportuno, para lo que tenía un don especial.

Su empeño a favor de los más pobres, su lucha por la defensa de la dignidad de cualquier persona, su intransigencia con la injusticia, la mentira y la hipocresía le ocasionaron criticas y amenazas.

Públicamente en la plaza de armas de Chancay se dijo contra él: “vivo o muerto hay que sacarlo de la ciudad”. Se le tildó de ser un rocanrolero, fue acusado de ser un cura extranjero que quería cambiar la religión, las costumbres y las tradiciones del pueblo peruano.

A pesar de las muchas amenazas y calumnias, Vicente nunca se amedrentó, pero le cogieron a traición, mientras participaba de la alegría y la confraternidad en la fiesta de San Antonio en el pueblito de Lampián, en la sierra de Huaral. Mientras el pueblo se divertía, Vicente era atrozmente torturado antes del amanecer del día 14 de Junio y llevado al anochecer a la morgue de Chancay, donde fue cruelmente asesinado con un golpe en la cabeza como se desprende de un informe extraoficial dado por el equipo de profesores de la Escuela de medicina legal de Madrid: “No ha muerto en el lugar. Se sospecha que le han “dado” y se han “pasado”. Juicio: no accidente. Parece que estuvo sujeto, que le golpearon y “se pasaron” .

Como leemos en el número 98 de Aparecida, creemos que Vicente está entre “ quienes sin haber sido canonizados, han vivido con radicalidad el Evangelio y han ofrecido su vida por Cristo, por la Iglesia y por su pueblo”.

Vicente fue sembrando con sus enseñanzas y el testimonio de su vida, la semilla del Reino:

Una joven estudiante se expresaba así: “Con sus enseñanzas cambié, pude abrir los ojos a nuestra realidad, y ahora me siento responsable, comprometida como él lo fue con su pueblo, nuestro pueblo.” Y aquella otra trabajadora: “ El P. Vicente significó TODO: un padre, un amigo. Me enseñó a no pensar en cosas grandes, sino a servir a mi pueblo, a Dios, a amar”.

“Vicente influyó mucho en mi vida, me ayudó a descubrir la verdadera fe cristiana, a hacer cada vez más fuerte mi compromiso, porque la herencia que me ha dejado es la de luchar por nuestros hermanos más necesitados, y estar siempre al servicio de ellos y siempre lo voy a cumplir”, así se expresaba una joven universitaria.

El cambio de mentalidad de aquellos/as jóvenes estudiantes, madres de familia, campesinos, trabajadoras del hogar etc….era motivo de gran gozo, satisfacción y acción de gracias a Dios, para Vicente.

Que la sangre de estos hijos e hijas predilectos, “Orgullo y Sacramento de santidad” de la Iglesia, esparcida a lo largo y ancho de todo el Continente latinoamericano, sea cuestionamiento y fuerza a su vez, para que los pastores y el pueblo cristiano de hoy, seamos fieles discípulos y misioneros de Jesucristo, y semilla de una Iglesia cercana al pueblo y pobre al lado de los pobres.

Carlos Pinedo Olmedilla, Desde Perú

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DISCÍPULOS Y MISIONEROS

Cuando nos acercamos al Documento de Aparecida, estas son dos palabras claves para entender y vivir el mensaje que se quiere transmitir. “En el encuentro con Cristo queremos expresar la alegría de ser discípulos del Señor y de haber sido enviados a descubrir y compartir el tesoro del Evangelio”. “La alegría que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo deseamos que llegue a todos los hombres y mujeres heridos por tantas adversidades”. La alegría del discípulo nace del encuentro con el Resucitado y se transforma en la misión de comunicar esta Buena Noticia a los últimos, los preferidos del Reino.

La realidad nos interpela.

Nuestros pueblos de América Latina y el Caribe están viviendo una realidad marcada por cambios globales que afectan profundamente a sus vidas. La revolución científico-técnica, las comunicaciones, el mercado global, la cultura occidental dominante, el desprecio hacia las culturas indígenas, la materialización de la sociedad, están despojando a nuestros pueblos empobrecidos del mínimo bienestar que podían disfrutar, convirtiéndolos cada día más en empobrecidos en medio del bienestar mundial. En este cambio de época, se desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo, con el otro y con Dios.

Asistimos a una colonización cultural occidental materialista y globalizada, que se impone como un bloque homogéneo despreciando las culturas locales. Se potencia el individualismo en contra de comportamientos personalistas, comunitarios y solidarios.

Este mundo globalizado y neoliberal genera colectivos marginales en los niños-as, marcados por la pobreza, la calle por habitat y sin escolarización, de mujeres, pueblos indígenas, parados y fracasados laboralmente, emigrantes y familias sin tierra. La violencia se generaliza desde los primeros años para muchos niños-as, adolescentes, marcados por el acoso sexual, la servidumbre o por el trabajo infantil.

Uno de los mayores desafíos para los Pueblos Latinoamericanos y El Caribe es la violencia en todas sus manifestaciones: robos, secuestros, el crimen organizado, la drogadicción, tráfico de armas .

La movilidad humana, en su doble expresión de migración e itinerancia, del campo a las macrociudades, al interior del continente y hacia Europa, Asia y América del Norte se ha convertido en un fenómeno de masas, convirtiéndose en la mayor fuente de entradas económicas en algunos países y en un constante minusvalorar y despreciar la cultura propia en búsqueda de un bienestar económico y social. Es una perdida de capital humano para los países más pobres.

La riqueza y diversidad cultural de los pueblos de América Latina y El Caribe resultan evidentes. Existen en esta región diversas culturas indígenas, afroamericanas, mestizas, campesinas, urbanas, suburbanas, además de la emigración europea, que se han establecido en estos pueblos. Asumir la diversidad cultural, es un imperativo del momento, implica superar los discursos que pretenden uniformar la cultura creando modelos únicos.

Las multinacionales y los abusos al medio ambiente ponen en peligro un desarrollo sostenible para el futuro del continente, la eliminación de las reservas naturales, las selvas vírgenes, los recursos acuíferos, la pureza de la atmósfera, la biodiversidad, puestos en peligro por el capital internacional de las compañías transnacionales.

Los grandes Tratados de Libre Comercio, impuestos por países con economías asimétricas, no buscan el desarrollo sostenible y la viabilidad de economías frágiles.

Propio de América Latina y del Caribe es la concentración de la tierra, del capital y de la riqueza en muy pocas manos, que unido a la corrupción propiciada y generalizada por los políticos, hacen que las esperanzas de futuro digno para el pueblo sean cada vez más ilusorias.

La lucha por la justicia.

Nuestros pueblos no sólo necesitan regímenes democráticos, sino una democracia participativa y basada en la promoción de los derechos humanos. Se necesita otorgar más autoridad a la Sociedad Civil y a sus organismos, a los nuevos actores sociales, los afroamericanos, las mujeres, las organizaciones populares, los profesionales. La necesidad de fortalecer el Estado de Derecho de los diversos países, así como las políticas públicas en el campo de la salud, la educación, la seguridad alimentaria, previsión social, el acceso a la tierra y a la vivienda, la promoción de empleo, la socialización de los colectivos marginales. Olvidamos que la participación política es fruto de la formación de ciudadanos conscientes de sus derechos fundamentales y deberes correspondientes.

(Continuará en el próximo número)

Cuadro de texto: Reflexionar y añadir algún desafío a los que se detallan anteriormente.  v	¿A la luz de  esta reflexión, cuáles serían hoy las pobrezas más urgentes en América Latina y el Caribe?   v	¿Qué consideran como más urgente a la hora de afrontar la evangelización en la realidad actual?

 

Primera ubicación del IEME en Burgos: Calle Fernán González

 

 

 

 

Seminario de Misiones de Burgos en el Paseo de la Quinta

X Asamblea General del IEME

El día 12 de mayo da comienzo la X Asamblea General del IEME en Madrid. Se prevé que tenga una duración no mayor de tres semanas.

Representantes de todos los grupos misioneros repartidos en quince países y los miembros de la Dirección General saliente se reúnen para revisar y contrastar la labor evangelizadora del IEME y la situación de las personas, equipos y grupos para dar una respuesta más plena a las necesidades de los pueblos y áreas de trabajo donde están insertados. Al mismo tiempo se actualizan directrices y se marcan líneas y prioridades para el próximo quinquenio.

Una tarea importante de esta Asamblea es elegir la Dirección General que ha de regir al IEME en los próximos cinco años. Este equipo de cinco sacerdotes gestionan el funcionamiento de la institución. Ellos se cuidan también de proveer (con la ayuda de otros compañeros nombrados para tareas específicas) todos los servicios que los misioneros necesitan, desde el comienzo de su formación, pasando por viajes y atención en misión, formación permanente, enfermedad, jubilación...

A pesar de que en los últimos años son muchos los que han sido llamados a la Casa del Padre (solo en 2007 fallecieron 7), el número de misioneros que forman actualmente el IEME es de 167 de los que 31 son asociados que hacen su compromiso por cinco años y, en la mayoría de los casos, lo siguen renovando. Más de un centenar están en servicio activo.

La enfermedad, la edad avanzada son razones que han ido dejando a otros fuera del campo directo de la pastoral y ahora, a pesar de sus limitaciones, colaboran con la misión desde su propia condición. Los que ya residen de forma permanente en España ayudan a la animación misionera contagiando el entusiasmo por anunciar el Evangelio desde su larga experiencia.

Aunque es evidente la penuria de vocaciones sacerdotales en nuestra patria, no faltan sacerdotes jóvenes que se siguen incorporando a la tarea misionera. En los últimos cinco años son catorce los que se han incorporado al IEME.

Repasando nuestra historia encontramos que el promedio de servicio en misiones de los misioneros del IEME es de treinta y un años.

En tres imágenes vemos el lugar, en la C. Fernán González de Burgos, donde comenzó el IEME, el Seminario de Misiones de los años 60, (en lo que hoy es parroquia de S. José Obrero descansan los restos de D. Gerardo Villota) y la actual sede en madrid.

Mirando a las iglesias en las que trabajamos vemos que se van consolidando y que en muchas de ellas abundan las vocaciones y va madurando un clero local que garantiza no solo vitalidad interna sino también su proyección misionera. Recientemente se ha terminado la colaboración con la diócesis de Colón, en Panamá, por considerar que nuestra presencia ya no era necesaria.

En este momento de nuestra andadura queremos agradecer a todos los lectores de ID el apoyo generoso en todos los aspectos que nos hace sentirnos a todos solidarios en un proyecto común dentro de la gran responsabilidad misionera de la Iglesia. Y en este momento os pedimos un recuerdo en la oración.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Misión en el proceso Vocacional”

 

Del 25 al 29 de marzo nos hemos reunido un grupo de seminaristas en la 58ª Convivencia de Animación Misionera , en torno a un aspecto fundamental dentro de la vocación al ministerio sacerdotal como es la misión y ésta dirigida principalmente “Ad Gentes”. Esta vez hemos sido un número reducido los que nos hemos congregado: de Zaragoza han venido dos, uno de Valencia y dos de Canarias. Pero aún así hemos puesto todo el empeño en seguir formándonos y esto como siempre en un entorno de cercanía, respeto y cierto clima festivo, favorecido por esta primera semana de Pascua.

En la tarde del martes, tras la presentación de los participantes, de los objetivos que deseábamos lograr en la convivencia y el necesario reparto de tareas, no tuvimos ocasión para mucho más...

El miércoles, con la ayuda de Gonzalo, sacerdote diocesano de Alba de Tormes, comenzamos con los fundamentos Bíblicos de la Misión, haciendo un recorrido por el Evangelio de Marcos, fijándonos principalmente en los aspectos de la llamada a los discípulos, en el hecho de los envíos y en la figura tan importante de Pedro .

Por la tarde Ángel, sacerdote de la diócesis de Alcalá de Henares, nos propuso otra forma de ver la misión “Ad Gentes”, pero desde una óptica “Ad intra”. Esta misión está originada por la gran cantidad de inmigrantes que están viviendo en la parroquia donde él trabaja.

El Jueves nos fuimos de Retiro a la casa del IEME en la calle Pirineos, donde aparte de encontrarnos con lo mejor del IEME (la enorme sabiduría acumulada en los sacerdotes jubilados que viven allá), Julio nos ofreció el retiro sobre el texto de Juan 21, 1-14, los discípulos que desanimados deciden volverse a sus vidas anteriores, hasta que en ella vuelven a reencontrarse con Jesucristo y Éste les vuelve a encauzar en su Misión.

Tras un almuerzo bastante ameno, tuvimos un encuentro con Jesús Rico, el nuevo delegado de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española. Dialogamos con él sobre todas aquellas cosas que nos interesaban.

Tuvimos el testimonio que nos ofreció Gándara sobre Zambia. Nos habló sobre las dificultades que él se encontró en ese destino pastoral y de misión.

Como no queríamos desaprovechar la ocasión, Joan, sacerdote catalán que el viernes firmaba su primer compromiso con el IEME, nos ofreció un breve testimonio sobre su opción por el sacerdocio, y éste desarrollado en países de misión. Fue todo un lujazo el poder contar con este testimonio, porque ninguno de nosotros habíamos tenido la oportunidad de vivir esta experiencia.

Ya el Viernes, nos ofreció Serafín la charla formativa “Fundamentos de la Misión Ad Gentes y cauces de misión”. Dejó bien claro que misión AD GENTES implica cuatro grandes factores “Ad Gentes, Ad Extra, Ad Vitam, Ad Pauperes”, y se nos recalcó que la verdadera Misión Ad Gentes es aquella que es desarrollada principalmente en tierras de misión. Luego los cuatro cauces con que cuentan los sacerdotes en España que deseen ir a misiones: Misiones Diocesanas, OCSHA, Fidei Donum y el IEME. Cualquiera de ellos es válido para realizar la vocación misionera del sacerdote secular diocesano.

Al mediodía tuvimos la misa en la que Joan adquirió su primer compromiso y Jesús renovó por cinco años su compromiso de asociado. Una misa emotiva y cargada de símbolos que nos hicieron pasar de América a África, destinos a los que son enviados (Joan a Togo en África y Jesús a República Dominicana en el Caribe).

En la tarde fuimos de visita a Segovia, donde la vista de la catedral nos ofreció la bienvenida, y luego pasamos al abrazo de su acueducto que se mostraba majestuoso como saludando al visitante, para acabar viendo el Alcázar de Segovia.

El mismo Viernes por la noche tuvimos la evaluación y el Sábado por la mañana en la Eucaristía nos despedimos con la ilusión puesta en próximas convivencias para seguir profundizando en el significado enorme que tiene la Misión para el Presbítero. Saludos y abrazos. ¡Hasta la Próxima que será del 18 al 23 de Agosto!

 

MISIÓN DE IDA...

El día 28 de marzo y en presencia de un grupo de seminaristas que tomaban parte en la convivencia de animación misionera un sacerdote joven Joan Soler, de la diócesis de Girona, firmaba su compromiso misionero como miembro del IEME. Cuando termine su preparación previa en Europa saldrá a su primer destino en Togo. Y en la misma ceremonia renovaba por tercera vez su compromiso de asociado al IEME por cinco años más, Jesús Álvarez , de la Diócesis de Ciudad Real y misionero en República Dominicana.

 

 

 

...Y VUELTA

Y entre los misioneros con una larga vida al servicio de la misión en frontera contamos a Mons. Ignacio Prieto Vega, leonés y bien conocido para muchos de los lectores de ID desde sus años como rector del Seminario de misiones de Burgos, primer obispo de la Diócesis de Hwange en Zimbabwe desde 1963 hasta 1999 en que le sucedió Mons. Robert Ndlovu.

Desde su nueva “sede” en el hospital de S. Rafael en Madrid, después de una grave operación sigue anunciando un mensaje de paz, y de sufrimiento ofrecido por la redención del mundo y realizando su vocación misionera.

Nos encarga dar las gracias a todos los que tanto han colaborado con la diócesis de Hwange y a los que ahora rezan por su salud.

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