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Revista ID |
| Esta sencilla publicación trimestral trata de ser vehículo de comunicación entre todos los que, de un modo u otro, sentimos la vida y la acción misionera del IEME como un proyecto común. |
nº 365 nº 366
nº 367 nº 369
nº 370 |
Se cumplen en noviembre los 100 años de la muerte de D. Gerardo Villota hacia quien tenemos una deuda de gratitud. En los albores del s. XX entregaba su vida a Dios sin haber visto realizados sus sueños de integrar a los sacerdotes diocesanos en la tarea de la Misión de forma organizada. Vivimos tiempos de cambio de paradigmas de la Misión. Desde la teología a la geografía de la misión, pasando por los destinatarios y los agentes de la misma, el marco de referencia es muy distinto del que prevalecía a comienzos del siglo pasado. Y sin embargo la urgencia de la misión sigue siendo la misma y seguimos necesitando toda nuestra capacidad creativa y visión universalista para poder mantener la frescura de la fe y su dinamismo comunicativo.
Junto a los restos mortales de D. Gerardo Villota que descansan el la Iglesia de S. José Obrero de Burgos celebraremos la Eucaristía a las 20:00 del día 25 de noviembre. Esperamos que algunos de nuestros lectores podrán tomar parte y todos podemos pedir al Señor siga manteniendo en su Iglesia el fuego misionero.
Juan José Alarcia |
Aniversario de D. Gerardo Villota |

D. Gerardo Villota


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D. GERARDO VILLOTA Y URROZ (* 03-10-1839 +22-11-1906)
El día 22 de noviembre se cumplen cien años de la muerte de un sacerdote de origen cántabro y canónigo de Burgos que, a pesar de no haber ido a las misiones, tuvo un profundo sentido misionero lleno de innovación creativa y que fue incomprendido en la iglesia española de fines del siglo XIX.
Su sueño: El lanzamiento de un Seminario de Misiones para el clero secular de España .
Don Gerardo era el cuarto hijo de una familia ilustre, asentada en la casa solariega, antigua casa-castillo, de La Iseca, en el valle de Guriezo (Santander). Nacido en Santoña el 3 de octubre de 1839, se inclinó desde temprano al sacerdocio, estudió latín y humanidades en su tierra, hizo estudios filosóficos en Burgos y los teológicos los hizo en Corán (Santander) y Valladolid, licenciándose en teología y recibiendo en 1864 la ordenación sacerdotal. Con solo 25 años fue nombrado cura ecónomo de Torrelavega y, al poco tiempo, profesor de teología del Seminario diocesano. Cinco años más tarde, el obispo le nombró párroco de Santa Lucía, en la capital, y su corazón se fue abriendo al ancho mundo a través de lecturas y contactos con inmigrantes de ultramar que arribaban al puerto.
Cuando el santanderino don Saturnino Fernández de Castro fue nombrado obispo de León en 1875, se lo llevó como secretario de Cámara a León y, a los ocho años, a la archidiócesis de Burgos, de cuya catedral le hizo canónigo en 1884.
En esos años de intensa actividad destaca, por lo excepcional, su entusiasmo por promover en las parroquias la "Obra de la Propagación de la Fe" y las dos revistas misionales entonces en circulación: "Anales" (traducida del francés) y "Las Misiones Católicas" (editada en Barcelona desde 1880).
Con la prematura muerte, en 1886, del Arzobispo de Burgos, D. Gerardo, libre de sus ocupaciones de secretario, comenzó una etapa nueva, en la que va a madurar, contra viento y marea, el proyecto misionero de establecer para el clero secular de España un Seminario de Misiones parecido al de París. Y aunque el ambiente eclesial no estaba para esos vuelos, D. Gerardo, decidido a vencer la apatía misional reinante, hizo en 1896 un testamento dedicando todos sus bienes y esfuerzos a fundar un Colegio "que podría llegar, con el favor de Dios, a ser base de uno de Misiones Extranjeras o entre infieles".
De frágil salud, sabía que no podía aspirar a cruzar los mares y exponerse a climas inhóspitos. Pero sentía dentro, irresistible "la aspiración natural de todo cristiano que reza ¡Venga tu reino!". Ante el ambiente desfavorable, hubo de guardar en secreto sus intenciones y contentarse, para empezar, con iniciativas modestas: becas a estudiantes teólogos que se comprometiesen a gastar algunos años de su vida sacerdotal en Ultramar, compra de un edificio (en la calle Fernán González de Burgos por 25.524 pts.) para un posible Seminario de Misiones, búsqueda de la debida autorización de su arzobispo y del Dicasterio de Roma encargado de las Misiones entre infieles...
Pero el arzobispo de Burgos, el franciscano Gregorio Aguirre, que admiraba a D. Gerardo y , en carta a Roma, llegó a escribir de él que era un varón dignísimo de toda alabanza, encendido en amor de Dios y del prójimo, no podía comprender que los sacerdotes del clero secular se dedicaran a las misiones. Eso era para los religiosos. Y por eso D. Gerardo nunca pudo obtener, por más que lo intentó, el reconocimiento de Roma para su Colegio de Ultramar y de Misiones. Se tuvo que contentar con la autorización (siempre reticente) de su arzobispo. Aún así, en los siete años de funcionamiento de su Colegio (desde su inauguración en 1899 hasta la muerte de D. Gerardo en 1906) logró formar y enviar a Chile ocho jóvenes sacerdotes, aconsejó y encauzó a otros muchos que querían ir "por su cuenta" a tierras americanas, se preocupó por conocer bien la realidad de las Iglesias de Ultramar mediante una copiosa correspondencia con sus obispos y trató de avivar la conciencia misionera de seminaristas y sacerdotes de toda España.
Tropezó con mucha apatía e incomprensión. Pero nunca perdió el ánimo. Y aunque a su muerte, el 22 de Noviembre de 1906, todo estaba en mantillas, dejó sus bienes y un precioso "testamento espiritual" para que aquel pequeño Colegio siguiera funcionando. Apenas nadie se acordaba ya de él cuando, sorprendentemente, el Papa Benedicto XV, por carta del 30 de Abril de 1919, encargo al nuevo arzobispo de Burgos y a todos los obispos de Espana que, aprovechando la semilla sembrada por el sacerdote de santa memoria D. Gerardo Villota, fundara en Burgos un Seminario Nacional de Misiones Extranjeras. Se hacia así realidad, de forma inesperada, el sueño de D. Gerardo. Sus restos descansan, desde su traslado solemne el año 1966, en la que fue Capilla del Seminario de Misiones y es hoy parroquia de San José Obrero de Burgos.
José Antonio Izco

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Joaquín (izd) y Serafín (dech) tras su incorporación como nuevos miembros del IEME en Servicios Comunes.

Equipo de Servicios Comunes


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ENTREVISTAS
Las tareas de servicios comunes en el IEME requieren un número de misioneros en España que hemos de sacrificar temporalmente nuestro proyecto en un país de misión para hacer posible la tarea de todos como institución.
Por estas fechas se están incorporando dos misioneros que reemplazan a otros dos que han estado prestando ese servicio.
Serafín Suárez Hidalgo , de la diócesis de Badajoz y misionero en Zimbabue se incorpora al Equipo de Formación y Animación Misionera para sustituir a Ángel Almansa y Joaquín Redondo Alonso , de la diócesis de Zamora viene de Japón para sustituir a José Luis Ruiz en la tarea de atención a los jubilados y enfermos.
Preguntamos primero a Serafín:
- Vienes de Zimbabue. Un país con dificultades y con una iglesia pujante. ¿Nos podrías dar tus impresiones sobre la realidad social y religiosa de ese país?
Responde Serafín: Me pones dos cuestiones que son tajantes para la vida del pueblo: a) La realidad social la veo muy negativa: Hay una inflación galopante, no se cubren las necesidades básicas por falta de alimentos, medicinas, educación. La corrupción es escandalosa a todos los niveles. Por eso no sorprende la emigración en busca de otras posibilidades. Por otro lado se nota la falta de libertad –si te mueves te dan- y el silencio ante la injusticia. Y quizás para miílo más grave de todo es que se ha desmadejado un tejido social que tendrán que pasar muchos años para poder recomponerlo.
b) Realidad Religiosa: Creo que la Iglesia esta haciendo grandes esfuerzos por dar una respuesta a todo el problema con el que la sociedad de Zimbabue se está enfrentando. Es de alabar la capacidad profética del Arzobispo de Bulawayo Monseñor Pius Ncube, que un día tras otro y aun a costa de jugarse su propia vida quiere poner el dedo en la llaga. Quizás el problema es que no es secundado por todos sus hermanos ni tampoco por toda la Iglesia.
- Tu servicio a la misión en los próximos años se va a desarrollar por la geografía española. ¿Qué expectativas tienes?
Responde Serafín: Mis expectativas las iré descubriendo a medida que trabaje en esta Iglesia Española con la que me vuelvo a encontrar después de trece años de ausencia. Pero quizás como objetivo para mi trabajo yo me marcaría el continuar promoviendo la animación Misionera de modo preferencial entre los Sacerdotes y Seminaristas de nuestras Diócesis y compartir con ellos la Urgencia de la Misión
- ¿Algo que decir al clero español desde tu experiencia?
Responde Serafín: Que descubramos la importancia de los signos de los tiempos y sepamos interpretarlos. “Si la Iglesia no va al mundo, el mundo no irá a la Iglesia”. Sin duda alguna la situación de un mundo sin Evangelio no es más que la consecuencia de un mundo sin Evangelio. La gente sólo puede entender a uno que habla el lenguaje de su tiempo, esto no significa traicionar el Evangelio, sino interpretarlo para que su anuncio llegue efectivamente a los hombres y mujeres a los que somos enviados.
Preguntamos a Joaquín:
P. Al llegar desde el país del sol naciente a este mundo occidental seguro que encuentras diferencias notables. ¿Nos quieres contar algunas?
Responde Joaquín : Me preguntas sobre las diferencias que he encontrado al llegar desde el país del sol naciente a este mundo occidental, en principio, yo diría que quizás la diferencia que más he notado ha sido la que hay entre la España de mi niñez y juventud con la actual y es precisamente a esta a la que tengo que acostumbrarme. De todos modos trataré de contestar a tu pregunta ciñéndome a algunas diferencias concretas que han parado en mi mente aunque puede ser que no sean las más importantes.
Una es la diferencia étnica. La sociedad española se ha convertido en pueblo multirracial. Sobre todo en las grandes capitales. No quiero decir que en Japón no haya muchos extranjeros, que los hay y son una fuerza necesaria para el funcionamiento industrial de la nación pero en comparación son una pequeña minoría. El otro día en el vagón del metro de Madrid en el que iba eran más los viajeros procedentes de otras naciones que los viajeros españoles. Pienso por otra parte que esta mezcla de razas y culturas es fuente de enriquecimiento para nuestra sociedad.
Otra cosa que en contraposición me hace recordar con cierta nostalgia al Japón es cuando veo “las pintadas” sobre las paredes de edificios, en los medios de transporte público o en otros diferentes lugares. Esto en Japón, al menos en los ambientes en que yo me he movido, es inconcebible. En los japoneses hay una actitud aprendida desde la niñez de no producir molestias al otro.
En cuanto a los principios éticos muy particularmente en lo que se refiere a la relación de chico y chica, hombre y mujer, al menos lo que públicamente se ve, también en lo referente a los modales sociales de los jóvenes hacia los mayores así como el vocabulario cuando menos malsonante que en ambientes normales y en medios de comunicación se escucha, en esto a modo de ejemplos encuentro una diferencia grande entre España y Japón. Allí, hablando en general, la gente es más modesta y educada.
P . Tu servicio a la misión va a tener en esta nueva etapa un enfoque muy especial ¿Cómo te sientes ante este nuevo desafío?
Responde Joaquín: En estos 36 años de vida misionera en Japón me ha tocado trabajar en el campo pastoral. En los últimos 20 años he tenido que ir alternando el trabajo pastoral con el de la enseñanza por estar ayudando o al cargo de un parvulario perteneciente a la iglesia. Pienso que han sido años vividos intensamente. Aunque a veces me sentía sobrecargado con problemas y ocupaciones, ahora mirando hacia atrás, agradezco profundamente al Señor esta experiencia misionera.
Ahora se me ha ofrecido una experiencia totalmente diversa, lejana a la misión que pienso puede ser muy fructífera, en primer lugar porque se me pide hacer un servicio en el IEME a unos compañeros que tienen en su haber un cuantioso y largo servicio a la iglesia misionera. Además creo que dispondré de más tiempo para rezar, estudiar, reciclarme… en una palabra es como hacer un alto en el camino para “cargar baterías”, para “rumiar” todo lo que he venido haciendo hasta el presente con el fin de agradecer al Señor lo bueno y enderezar lo corregible. De este modo después de tres años, si Dios quiere, con nuevo animo podré proseguir el último periodo de vida misionera.
P.En esta cultura occidental se nota una tendencia a buscar caminos de “espiritualidad” de toque oriental. ¿Algún comentario?
Responde Joaquín : Hoy ciertamente por lo que se ve a nuestro alrededor a pesar del bienestar social hay en la gente un “vacío espiritual”. El hombre de la modernidad necesita entrar en sí mismo, encontrarse consigo mismo, necesita silencio para vivir. Viene a mi mente la imagen de uno de los templos budistas de la ciudad en donde últimamente trabajé. Siempre que lo visité volvía aleccionado por la sencillez y bondad de los sacerdotes budistas de aquel templo, por su actitud serena, dando el tiempo necesario al visitante. Además el entorno natural de los alrededores del templo con su belleza y armonía invitaba a poner en orden el interior. Creo que nuestras iglesias tienen que ser más y más “remansos” de paz para el hombre y mujer de hoy.

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Convivencia de Seminaristas |

Participantes en la ultima convivencia de seminaristas celebrada en Agosto 06

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Convivencia de animación misionera para seminaristas
En los días del 21 al 26 de agosto, seminaristas de distintas diócesis hemos gozado de unos días de convivencia en el I.E.M.E. para compartir experiencias de fe y vida.
El lunes 21 por la tarde tuvimos la presentación a cargo de José Antonio Izco, Director General del IEME, y misionero en Japón. Nos habló de la “Misión de la Iglesia en el mundo”, presentándonos los desafíos de la Iglesia para la misión vista desde Europa, desde Asia, desde África y desde América Latina. Por la noche vimos la película “La marcha” sobre la inmigración desde África, seguida de un cine forum, donde los seminaristas de Canarias y de Tenerife nos pusieron al día sobre el tema, ya que ellos están y viven esta realidad de una manera muy cercana.
El martes 22 celebramos el día de África, en los Laudes tuvimos muy presente la realidad africana. En la mañana Serafín Suárez, misionero en Zimbabue y miembro del EFAM, nos presentó a San Francisco Javier y su opción por los pobres, trasladando esta opción al mundo de hoy. Por la tarde José Luis Ruiz, también misionero en Zimbabwe, habló de su experiencia misionera y nos hizo conscientes de la realidad de dicho país. Por la noche dimos una vuelta por el barrio de Lavapies, allí pudimos darnos cuenta de la convivencia entre culturas y nacionalidades debido al fenómeno de la inmigración, para nosotros fue una muestra de que otro mundo es posible.
El miércoles 23 estuvo dedicado a América. Ese día Antonio Fernández, misionero en República Dominicana y miembro del EFAM, nos habló de la teología de la misión a lo largo de la historia y el cambio de dicha teología con el paso el tiempo, especialmente en el Vaticano II. Por la tarde Luis Ángel Plaza, misionero en Brasil, compartió sus experiencias con nosotros y presentó la realidad brasileña. Para cerrar el día disfrutamos de la película “Habana Blues”, en torno a la vida del pueblo cubano en la actualidad, después comentamos la película.
El jueves 24 era el día de Europa. Tuvimos la mañana de retiro con la ayuda de José Manuel Madruga, misionero en República Dominicana en una casa de la C/ Pirineos. Nos habló acerca del itinerario espiritual de la misión, en torno a San Francisco Javier y a la encíclica “Deus Cáritas est”. Después del retiro compartimos la comida con misioneros del IEME que se encuentran en esta casa, algunos ya jubilados, pero con el mismo ardor misionero que cuando tenían veinte años. Esa misma tarde tuvimos un tendido paseo con Francisco Javier Medina, sacerdote diocesano de Madrid, el cual nos enseñó parte de la ciudad. Por la noche pudimos compartir las experiencias de lo vivido en estos días en una Hora Santa.
El viernes 25 fue el día de Asia, con Laudes marcados por un gran acento asiático, ya que, los cantos de algunas antífonas y el padrenuestro los hicimos en japonés. Miguel Ángel Aragón, misionero en Japón y miembro del EFAM, más tarde nos habló de los métodos misioneros de ayer y de hoy, y nos hizo conscientes de la transformación de tales métodos a lo largo de la historia y de lo importante que se torna el diálogo interreligioso en Asia. Ya por la tarde Joaquín Redondo, misionero en Japón, compartía con nosotros sus cerca de cuarenta años de trabajo en este país resaltando lo importante que ha sido durante este tiempo la intimidad con Cristo, la fraternidad apostólica y la comunidad parroquial. Después del café de por la tarde fuimos a visitar “Ayuda a la Iglesia necesitada”, fundación pontificia solidaria con la Iglesia misionera que ayuda a la realización de distintos proyectos pastorales en los países más necesitados, Dominik Kustra, un laico de Polonia, nos contó el funcionamiento de la misma. Terminamos con una velada donde compartimos los momentos más divertidos de la misma.
A la Eucaristía de clausura del sábado día 26, celebrada por Daniel Camarero, Misionero en Perú y miembro de la dirección general del IEME, llevamos los sueños y proyectos de cara al nuevo curso que comenzamos. Como cristianos tenemos un reto importante, ya que todos somos misioneros, por lo tanto, hay que prepararse porque la misión es nuestra tarea, dejemos hablar al Espíritu.

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Reflexiones desde Tailandia |


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Mis reflexiones desde Tailandia
Reconozco que hace mucho tiempo que no escribo nada. No es fácil ponerse a escribir. Llega un momento en que crees que ya lo has dicho todo, que ya has traspasado las experiencias primeras, los sentimientos iniciales, los contrastes culturales primeros... y que lo que haces es repetirte y entonces se produce una situación de malestar. Te dices a ti mismo que necesitas interiorizar lo que estas viviendo cada día, que no eres más protagonista de la historia que otros. Que lo que tú haces aquí no es más de lo que tu familia, tus amigos, los militantes con los que has compartido vida... hacen en el lugar en que están. Que la vida en donde siempre has estado tiene más riesgos que en donde ahora estás. Que los otros tampoco vierten el ritmo y el caminar de cada día en el cuenco de estas páginas en blanco. Entonces se produce el silencio, y el silencio genera sosiego interior y el sosiego el trabajo sencillo y cotidiano de cada día. Te centras en lo que eres y en lo que vives en este momento. Empiezas a ser parte de esta gente con la que estás.
La vida se desarrolla a sus ritmos en el lugar en el que vives, y uno se va haciendo parte de la vida que vive y al ritmo en que vive. Se deja de estar dividido, escindido en el allí y en el aquí, en el antes y en el después. No es que olvide a la familia, a los amigos pero uno se da cuenta que va naciendo de nuevo. Hay una preñez y un nacer nuevo que nos sitúa en un vivir nuevo. No es que uno rechace nada, pero hay nuevas raíces, un nuevo cordón umbilical que te conecta al mundo y a la historia actual. Tampoco sé si se podrá nacer enteramente de nuevo. Siento también que es difícil no ser parte de allí.
Me digo a mí mismo que los otros quieren saber algo más de mí. Yo no sé qué puedo añadir que tenga calidad, que aporte algún elemento que ayude a construir la vida de otros en otros lugares. Lo que vivo y hago es válido para aquí, pero para allá... tengo mis dudas. Mi vida se ha detenido en estas comunidades en las que me encuentro, desprovisto de palabra, limitado en una fuerza cultural que pudiera contrastar de otra manera sus vidas, sin influencia social que pudiera desarrollar de otra manera lo que haces. A veces me siento en la tentación de convertir las piedras en panes, no sé cómo... a veces diciéndome a mí mismo que en otro lugar lo lograría... Mi tentación, lo confieso, es esa. A veces simplemente con las ayudas que te ofrecen pudiera ser la varita mágica. Pero no queda más que amarrarse a la cruz y orar y repetir con el poeta, házmela sencilla carpintero, sin añadidos ni ornamentos.
Confieso mis pecados, me asusta el rechazo, me recome la ineficacia y me importuna la impotencia, pero he aprendido eso, que todo lo grande que podamos ser en unos contextos, en otros no somos absolutamente nada. Asumirlo con sencillez te da descanso, te hace ser armónico contigo mismo y sobre todo confiado. Si somos personas reconocidas en un mundo, en otro somos absolutamente ignorados. Me ayuda a preguntarme sobre mi existencia y el objetivo de misión, quién sana esta historia humana, quién la lleva a cabo, quién es en definitiva el protagonista de todo esto.
Cada domingo en la tarde celebro la Eucaristía con una comunidad muy pequeñita. Mis dificultades con el tailandés son manifiestas, a esto se le añade que mis parroquianos son lao parlantes y para colmo en estos días de lluvias tan torrenciales el tejado de chapa produce un ruido tan espantoso que no nos oímos, aunque gracias a ayudas de amigos y otras comunidades ahora no hay goteras. Yo me pregunto a veces qué pinto aquí y para qué vengo. Si busco la eficacia lo que hago no tiene pies ni cabeza. Pero observo que todos los domingos a las 3,30 de la tarde el grupito de cristianos me está esperando, con sonrisas grandes, conscientes de que con mi presencia Dios los colma de bendiciones.
Pero esto no lo voy a contar todos los días. Por eso callo y sigo mi ritmo, esperando el día que pudiera estar algo mas motivado y como ahora, no solo recordaros, pues cada día recorréis mi mente, sino ponerme a escribir esta página y daros las gracias.
Luis Miguel Avilés.

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