Índice del nº 367
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Revista "Id"

Esta sencilla publicación trimestral trata de ser vehículo de comunicación entre todos los que, de un modo u otro, sentimos la vida y la acción misionera del IEME como un proyecto común.

PRESENTACIÓN

La Misión podría considerarse como el primer brote de globalización: "Id al mundo entero..." Desde los albores de la cristiandad Pablo y los apóstoles se esfuerzan por llegar hasta los confines del mundo conocido. Y el mismo celo de misión universal ha llevado a los misioneros a salir de su tierra y de su parentela hacia la periferia del mundo.

En la misión no caben la estrechez de miras ni las actitudes excluyentes, como tampoco cabe la imposición por la fuerza (ya sea física, económica, sicológica). La misión exige generosidad, gratuidad, lealtad al Señor de la mies que envía, respeto a la obra del Espíritu, previa a la llegada del misionero.

El señor sigue suscitando vocaciones misioneras específicas para que cumplan la responsabilidad misionera de todos lo bautizados. Tras las huellas de Javier (vamos a celebrar el V Centenario de su nacimiento) siguen otros.

En el mes del DOMUND nuestra conciencia misionera ha de inspirar a cada uno la respuesta que el espíritu le pide.

Juan José Alarcia

 

 


ENTREVISTA

Pablo Seco Pernas es de la Diócesis de Alcalá. Sacerdote desde 1992 marchó a Japón al estrenar el milenio y ya se ha ido curtiendo como misionero en oriente. Durante su breve estancia de vacaciones en la patria le pedimos que nos comente desde su experiencia en torno a dos preguntas :

•  ¿Por qué un misionero va a Japón, que es un país rico económica, cultural y religiosamente?

•  ¿Cómo encaja el cristianismo en ese cesto?

Hola a los lectores de ID.

Para responder a la primera de las preguntas probablemente convenga empezar con esas palabras del profeta Isaías: "El Señor me ha dado lengua de discípulo, para poder llevar al cansado una palabra de aliento"(Is 50,4). Dice Michael Ende en su novela "Momo" que la gran virtud de esta niña llamada así: Momo, era que "sabía escuchar" y escuchando llenaba de esperanza los corazones de todos los que se acercaban a ella. Todos sabemos que la primera experiencia de Dios que tuvo el pueblo de Israel era que Éste escuchó el clamor de su pueblo en Egipto (Ex 2,24) y que ése es el origen de la experiencia pascual, origen del judaísmo y también del cristianismo.

Quizá, uno de los problemas históricos que ha tenido el cristianismo en su expansión es que, en ocasiones, ha ido acompañado de imperialismo. En los tiempos antiguos se sirvió de Roma para extenderse por el Imperio, en los tiempos medios llegó con el Imperio Europeo a Asia, Africa y América y en los tiempos modernos se extiende por el mundo usando los medios que la globalización nos ofrece. Y claro, tan malas compañías a lo peor nos han llevado a hacernos pensar que lo importante de la evangelización es hablar, dar, ayudar. Y tal vez nos han hecho olvidar esa otra cara de la moneda que es el escuchar, recibir, fraternizar .

a) Desde luego uno de los males de la sociedad moderna es que todo el mundo quiere hablar, y, como sin darnos cuenta, parece que se nos va quedando atrofiada nuestra capacidad para la escucha. Todos sabemos lo sanador que es el ser escuchado y muchas veces buscamos a alguien que nos escuche, con el que nos sintamos escuchado, mucho más que a alguien que nos hable. Escuchar al ser humano, escuchar su cultura, su corazón, escuchar siempre y en todo lugar es una de las formas más bellas que Dios tiene de ponerse en contacto con nosotros.

b) San Pablo decía que había más gozo en dar que en recibir, pero si no hay nadie que reciba con ilusión lo que nosotros queremos dar, nuestro deseo de entrega queda frustrado. Seguramente ésta sea una clave para entender una sociedad hastiada, que tiene de todo y que ha perdido la ilusión de recibir. Cuando no hay nadie que reciba con alegría lo que queremos dar, nuestra capacidad para la generosidad queda frustrada. Tal vez por eso nos guste tanto hacer caridad con los damnificados de cualquier sitio. Dios es el que recibe nuestras ofrendas. Dios siempre nos acoge con ilusión, como el padre del hijo pródigo. Dios, que no necesita nada, no está hastiado y recibe con alegria nuestros dones porque sabe que hay mucha alegría en dar. Recibir lo que el ser humano nos quiera dar, recibir su corazón, recibir incluso sus pecados desde la cruz de Jesús es otra manera bellísima que Dios tiene de comunicarnos su inmensa capacidad de amar.

c) Nada habría que comentar sobre la diferencia entre unas relaciones fuerte-débil y unas relaciones de igualdad. Y por aquí anda el tema de la fraternidad. Seguramente no se trata de decir a los demás que tenemos mucho y que vamos a ayudarles en sus problemas con lo mucho que nosotros tenemos. Se trata de decirles que lo realmente importante es lo que somos y que el verdaderamente importante es El que nos hace ser.

Bueno, estas son unas pinceladas para intentar explicar qué significa para mí ser misionero y, en concreto, qué significa serlo en Japón.

El mundo necesita de manos amigas, hermanas, dipuestas a acoger y a escuchar. Y seguramente escuchando como un discípulo (así lo hacía Momo en el cuento de Ende) llevemos a los demás el aliento del Padre y recibiendo lo que quieren darnos seamos capaces de mostrarles la capacidad de acogida de Dios. De todos es sabido que Jesús escuchaba y acogía a la gente y, haciéndose uno de tantos (Filp 2,7), hermanándose con nosotros (Heb 4,15), nos comunicó su mensaje más evocador desde el silencio de la cruz.

Bueno, pues por eso hay misioneros en Japón, digo yo. Al menos por eso yo quiero estar en Japón, a ver si ahora poco a poco lo voy poniendo en práctica (que eso es otra historia).

Un saludo a todos y hasta la próxima.

Pablo Seco



VISITA AL GRUPO DE ZAMBIA

Daniel Camarero

El martes día 19 de julio Izco y yo (Daniel) embarcamos en Barajas rumbo a Lusaka. Después de 20 horas de aviones y aeropuertos (a la vuelta serían 24), llegamos a Lusaka, capital de Zambia, donde nos esperaba José Manuel B. Gándara, que fue nuestro buen anfitrión en estos dos primeros días de estancia.

Lusaka es una ciudad de un millón y medio de habitantes que se extiende en medio de una gran planicie. Estamos en Lusaka, pero ¿dónde está Lusaka?. Cualquiera que conoce el estilo de las ciudades inglesas acaso puede comprender mejor, aunque no del todo. Hay diversas partes, parece que bien diferenciadas: la administrativa, la financiera y comercial, los servicios, las zonas residenciales y las barriadas. Pero en realidad y salvo unos cuantos edificios altos que se ven cuando uno se va acercando, todo permanece oculto: la mayor parte de la ciudad está "tapiada", con tapias de más o menos calidad, que no te dejan ver los interiores. Uno camina por las calles asfaltadas y bien planificadas pero no acierta a ver más allá.

Vemos una bonita tapia de ladrillo rojo, larga, inmensa. Mide medio kilómetro cada una de las cuatro paredes que la circundan. Pasamos por la puerta principal custodiada por dos soldados vestidos de lujo: es el palacio presidencial.

Siguen las calles y las tapias, pero sobre todo sigue la juventud: muchachos y muchachas bullangueros con uniformes colegiales, es la muestra de la vitalidad y posibilidad de futuro de África. Poco más podemos ver, comimos en un centro comercial bastante cuidado, y nos vamos a descansar en la casa de la Iglesia, donde Gándara nos ha reservado habitaciones y donde está arreglando los papeles de Gabi.

En la mañana del día siguiente, 21 de Julio, y después de la Misa y un reparador desayuno, iniciamos el largo camino hacia Solwezi. Son unos cuantos cientos de kilómetros, pero el ánimo es bueno y el conductor y el coche están también a la altura. Toda la carretera está casi interminablemente con gente, la carretera es posibilidad de vida, pasamos por dos grandes ciudades (Ndola y Kitwe), con más verde, más atractivas que Lusaka, pero con los mismos interrogantes. Un descanso reparador, una buena comida viajera y seguimos tragando kilómetros y pasando controles. Estamos finalizando ya la travesía por la Coperbelt, el famoso cinturón de cobre riqueza primera de Zambia.

Llegamos a Chingola donde nuestros primeros compañeros comenzaron la tarea del IEME en Zambia, llevamos ya 450 km. la atravesamos y un poco más allá (apenas 40 km.) el que narra se queda en Muchinshi con Javi López. Izco siguió con Gándara hasta Solwezi donde harían noche y donde Chema Aguirre recogería posteriormente a Izco para llevarle a su parroquia en Mufumbwe.

Javi es un todo-terreno lleno de humanidad, si su cuerpo es grande su interior aún es mayor. Lleva más de veinte años en Muchinshi, conoce todos sus centros y sus gentes como la palma de la mano. Es un permanente servidor.

Vive en su "campamento base", donde acoge a todo el que se presente, recoge de la naturaleza la luz solar para dotarse con un poco de luz en la noche, el servicio y la ducha está integrado en el ambiente, él lo llama "ecológico", la cocina es una sencilla bombona de gas con el fuego encima, una buena olla (donde nos había preparado un excelente guiso de carne), y poco más, no faltan alimentos sencillos y buenas ganas de comer. Las paredes de la sala de estar (no hay otra), estan llenas de hermosas frases y slogans, cada uno da para meditar un buen rato.

El viernes lo pasamos visitando gente y "obras", algunas que iniciaron otros compañeros (Mapande, Mutenda) y luego ya los centros de madres, hospital, escuelas, mercados, casas, que ha puesto en marcha Javi y que aún constituyen una permanente preocupación. Nos da tiempo para ir a Chimfunshi un hermoso lugar donde hay medio centenar de chimpancés rescatados de circos o cautividad.

El sábado tenemos Misa en Kansanta, una de las 24 comunidades que tiene Javi. Es mi primera "Misa africana", con su excelente coro, sus bailes, y sobre todo su gente encantadora y participativa, Javi está en su ambiente, acoge, acaricia, predica, canta, baila. La comida servida en la misma capilla me da ocasión de comer, al más puro estilo africano, la nshima con vegetales, pero como era de acogida, añadieron unas alubias. Excelente de verdad.

El domingo 24, ya de camino, visitamos el hospital que construyó Ángel Almansa y que está regido por religiosas baptistinas. La granja-escuela donde estuvo el canario Pedro Vicente y otras muchas cosas.

Ya en Chingola, nos fuimos a Chiwempala y concelebramos la Misa en la parroquia que tuvo el IEME durante muchos años. De nuevo gocé con todo el ambiente festivo y fraterno. Nos preguntan por tantos compañeros... se nota la obra que se ha desarrollado en muchos años. El nombre de "comunidad" suena, hay 24 en la Parroquia. Comimos acogidos por el párroco. De nuevo nshima con vegetales y esta vez pollo, si es así uno se acostumbra rápido.

En la tarde visitamos Kabundi, Lulamba y los barrios.

Mientras tanto Izco estaba en Mufumbwe con Chema, que está ahora en esta parroquia donde anteriormente estuvo Txus. Juntos tuvieron un par de días para charlar, visitar algún poblado y ver las dificultades que presenta todo comienzo.

La reunión de grupo comienza el día de Santiago en una casa de los franciscanos en Kitwe, con la Misa en el atardecer presidida por Gándara. Nos juntamos Javi López, Chema Aguirre, Javi Fernández, Gándara, Txus y nosotros dos. Se van sucediendo temas a través de los dos días de reunión. En la tarde del día 26 tenemos la visita cordial y pausada del Administrador Apostólico de Solwezi.

Y en este ambiente de buena acogida franciscana y de excelente trabajo de todos llegamos a la conclusión de la reunión.

Izco y yo iniciamos con Javi Fernández el largo viaje hasta Zambezi, situado al final de la diócesis a unos 800 km. de donde estamos ahora y casi la mitad de ellos por carretera de tierra en ruta hacia el Zambeza, casi en la frontera con Angola. Salimos de Kitwe ya tarde y por eso tuvimos que dormir en otra casa de los Franciscanos en Solwezi donde llegamos ya atardeciendo. De mañana continuamos el viaje, 520 km. nos separan de Zambezi pero de ellos sólo 170 de buena carretera. Es una prueba dura para conductor y coche, que aunque es nuevo y grande ya había sufrido un pinchazo en la venida a Kitwe. Comenzamos a las 8 de la mañana y a las 7 de la tarde anochecía con el sol rojo y hermoso sobre el río cuando hacíamos entrada en Zambezi.

Zambezi era una misión de los capuchinos. Tiene no sólo belleza sino también dificultades. En ella se hablan dos lenguas: el lunda y el luvale, que son lenguas muy minoritarias, pero que por supuesto tienen que aprender los misioneros si quieren entrar en la gente y en su entorno.

Al día siguiente lo dedicamos íntegro a conocer la pequeña ciudad, sus alrededores y gente más relacionada. Así conocimos a las dos Hermanas Blancas que viven muy cerca de la Parroquia. Sin duda lo más cautivador fue la visita a Chinyingi, un hermoso lugar donde está la Misión Franciscana en la otra orilla del Zambeza. Es un lugar privilegiado por su belleza al que se accede por un impresionante puente metálico peatonal, de 350 metros de largo, obra de un hermano franciscano, y que realiza un admirable servicio para el tránsito de personas que antes tenían que realizarlo en canoas.

La misión tiene ya muchos años. En ella se encuentra el Hospital (atendido por las Religiosas fundadas por el Arzobispo Milingo), escuelas y un taller de oficios dirigido por el hermano Rudolf, norteamericano, un místico y un trabajador nato.

Y al día siguiente de nuevo la vuelta Mufumbwe donde nos aguardaba Gándara con unas botellas de coca cola, unas exquisitas empanadas y otros buenos detalles. Hacia las tres de la tarde nos dirigimos hacia Kasempa, para terminar nuestra visita a Zambia con Gándara y Txus. En Kasempa, Gándara y Txus están trabajando duro. Con ellos están ahora un par de seminaristas. La Parroquia cuenta también con el servicio de cinco religiosas, otro buen grupo de la fundación del Arzobispo Milingo. El centro residencial es el más grande y tiene 62 Centros, algunos a 200 km. de Kasempa. Estos Centros ocupan los sábados y los domingos de Txus y Gándara. El resto de los días no falta tarea.

El domingo compartimos con ellos la Eucaristía. Las comunidades cristianas se esmeraron y prepararon una Eucaristía llena de emotividad y sentimiento; los cantos, los bailes, las procesiones elaboradas. Gándara debió hablar muy bien porque la gente le seguía con interés. No faltó la presentación a la que correspondimos con gestos que querían indicar agradecimiento.

Vimos con interés, una buena parte de la pequeña ciudad, de su entorno, de sus barrios de marginación, una vez acompañados de Txus y otra de Gándara. Con Txus vimos parte del proyecto que bajo la fundación Kadira han creado y de la que es coordinador. Este proyecto comprende escuela profesional masculina y femenina, escuela de huérfanos, clínica para la atención más inmediata de la gente (leprosos). Txus va también dos veces por semana a la cárcel donde tiene un proyecto de alfabetización con 23 internos.

En la tarde visitamos dos pequeños poblados de leprosos, el hospital, la amplia y servicial misión protestante, con una buena clínica, colegio secundario, etc. Un paseo por el pueblo y sus diversos servicios, en la que no faltó la cancha de fútbol. Gándara tiene un buen servicio de TV con lo que en las noches nos pusimos al día de noticias y también de deportes. La mesa excelente y compartida en la noche del domingo con dos hermanas fue un excelente colofón.

Al día siguiente, lunes 2 de Agosto, emprendimos el viaje de regreso, guiados por Txus, en él no tuvimos por menos de recordar a Zimbabwe tan cercano pero que no pudo estar en nuestros planes por esta vez. Habíamos salido a las seis de la mañana de Kasempa y estábamos entrando en la casa de los Jesuitas en Lusaka a las 6,30 de la tarde, justo para acogernos a la mesa de la cena, y despedirnos con una pequeña salida a un mercado cercano.

El martes día 3, a las ocho de la mañana estábamos camino del aeropuerto para iniciar el viaje de regreso, en la misma forma y manera que vinimos. Atrás quedaba Zambia un país de 750.000 km². del que recorrimos linealmente más de 3.000 km; con 63 lenguas distintas diseminadas en 13 Grupos. Con 10 diócesis, de la cuales Solwezi, con la que estamos actualmente comprometidos, es una de las mayores en extensión, aunque ciertamente no en historia, ni población ni sacerdotes.

Y dejamos a unos compañeros ilusionados, comprometidos y a la vez con ganas de una mayor integración, al fin y al cabo una realidad no distinta de la de los demás Grupos.


LA PACIENCIA DEL MISIONERO.

Violet Ndumba

Soy una mujer de Zambia que lleva 22 años en España y quiero aportar unas palabras, reconociendo el trabajo de los misioneros.

Qué bonito es escuchar a la gente  decir que en África, América, Asia, o en cualquier parte del mundo que se necesiten, hay misioneros trabajando. Así, desde lejos suena solamente a eso, trabajo de "curas",como si solamente fuera  decir misas o repartir lo que desde aquí se envía. Pues no es así, y lo puedo decir con el conocimiento de haber estado allí y haberlo vivido directamente.

Por nombrar algunos de esos misioneros, entre tantos de los que conocí en Chingola dedicándose a estas tareas, está Ramón Piñeiro, Pepe Leal,  Antonio Herrero, Javier López, (todos ellos de IEME  en la Diócesis de Ndola).

Pero yo quisiera centrarme en el último mencionado, P. Javier, más conocido como (father Safeli)  en toda Chingola.  Más que nada es  por haber vivido de cerca una de sus jornadas por la tarde.

Él es un cura que ejerce de todo un poco, como requieren esos rincones del país en que no hay especialistas de cada patología como en países desarrollados. Allí hace de psicólogo, de enfermero, de conductor de los enfermos de un lado para otro por carreteras en mal estado... todo eso sin contar los veinte y tantos centros pastorales en los que le toca decir misas. Suena increíble desde aquí, pero es cierto.

Todo eso siempre con una sonrisa, de oreja a oreja. Y yo, siendo de África y viviendo aquí, sé muy bien las comodidades que ha tenido que dejar atrás en Europa por estar allí. Personalmente, hay cosas que nunca le daré las suficientes gracias, por la tarea que realizó tras fallecer mi padre.

Todas las gracias que se den a cualquier misionero. donde quiera que esté, son pocas.  Ellos  consuelan  a todos los que se le acercan con sus problemas, pero a ellos quien les consuela?  Solo Dios y a Él gracias.

El último noviembre, en una de las visitas que hago a mi familia de vez en cuando, pensé en cómo sería una tarde con un cura en misiones, y ésta es la experiencia que viví en directo:

Llegué una tarde a Muchinshi, donde el Padre Javier tiene su residencia, por decir de alguna manera, ya que casi toda Chingola recibe su trabajo pastoral. De entrada, lo encontré solucionando el caso de una señorita, que, tras el fallecimiento de su madre debía quedarse cuidando a su hermana pequeña ejerciendo ella de madre. En lo que se resolvía el asunto, el Padre me presentó a toda la gente que había allí.  Cuando aquellas personas se marcharon, él se interesó  por cómo había pasado mis vacaciones en familia, en mi entorno,... pero a cada momento llegaba alguien pidiendo ayuda: que si falta esto, que si el dinero, gente con heridas para que se las curaran o a consultar algo. Entre caso y caso, sólo pasaban cinco minutos, y apenas nos daba tiempo a cruzar cuatro palabras y ya llegaba otra persona. Se entiende que un misionero está para eso, pero aun así ¡parece demasiado! Bendita paciencia. Hay que tener mucha paciencia para ello, no muchas personas aguantaríamos desde que sale el sol atendiendo gente permanentemente hasta que  anochece. Yo diría que al Padre Javier le vale más eso de  "buenas noches" que el "buenos días", digo yo, porque es, en todo caso, por la noche cuando puede descansar.

Hay mucho por hacer, gracias.



DOS SEMINARISTAS EN NICARAGUA

Javier Trejo Morente

Mi viaje empieza el día 14 de Julio del 2005. en un avión de Iberia dirección Miami. Y después de esperar algunas horas, pudimos embarcarnos en el avión de la "American Airlines". Y hablo en plural porque acá coincidimos los dos seminaristas que íbamos por el IEME a "Nueva Guinea" (Agustín de Canarias y Javier de Valencia). En Managua nos esperaba Isidoro (director espiritual del Seminario Nacional). Pasamos la noche en Managua y en la mañana marchamos hacia "Guinea".

En el seminario no había ningún seminarista ya que estaban de vacaciones (una semana). el curso lectivo es de un año, de Enero a Diciembre, tienen las fiestas propias de la Iglesia y en invierno (Julio) tienen vacaciones.

De camino hacia la Parroquia San Martín de Porres, entramos en la cárcel de Juigalpa, allá me contaron que hay muchachos de 14 años porque no tienen otro sitio donde meterlos (a los menores).

En Nueva Guinea estuvimos hasta el 19 de Julio que marchamos a Bluefields. Aquí estuvimos en el Seminario Menor hasta el día 27 que volvimos a Guinea.

En la Parroquia de Nueva Guinea trabajan entre otras personas tres sacerdotes diocesanos, dos españoles el P. Julio y el P. Chepe, y un nicaragüense el P. Simón. Los primeros días estuvimos de observadores (poco más podíamos hacer), colaboramos con "infancia Misionera" en confeccionar unos carteles para la "Marcha contra la violencia" : ¡BASTA YA, de tantos asesinatos!!!!!

También fuimos con el grupo de reflexión a comentar el Evangelio a una casa.

En Blufields acompañamos al P. Miguel Ángel en las visitas a los enfermos. Es una buena forma de conocer de primera mano la realidad del entorno, la guerra, las torturas (de parte de los dos bandos), y a "los que perdieron", el pueblo llano. Visitamos Kukra Hill, conocimos las enfermedades más comunes, a parte del dengue y la malaria, la "lepra de la montaña" (Leumoniosis), hacen falta 40 pinchazos para erradicarla y ese tratamiento no se lo puede permitir cualquiera, con lo cual, imagínense lo que hace la lepra.

Con el P. Chepe (como se le conoce por la misión) estuvimos desde el 1 al 8 de agosto de gira a caballo o mula, ya que por esos caminos no se puede ir de otra forma, agua, lodo y piedra, pero sobre todo mucho cansancio. cada día en una comunidad diferente...

Es imposible condensar en pocas líneas la intensidad de esta experiencia misionera cuyo objetivo es tener una vivencia de trabajo en una iglesia de misión. Aunque sí que podéis tener una idea de la impresión tan maravillosa que me he traído de allá. Nicaragua, el segundo país más pobre del continente americano, es rico en vivencias.


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