Revista "Id" |
Esta sencilla publicación trimestral trata de ser vehículo de comunicación entre todos los que, de un modo u otro, sentimos la vida y la acción misionera del IEME como un proyecto común. |
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Presentación El verano español es el tiempo en que suelen venir más misioneros a la patria. Y con ellos nos viene el latido de rincones, a veces olvidados del mundo: la angustia de Zimbabwe, en el caos económico y social, los problemas de Togo, con una situación política que no termina de aclararse.
De Asia, y en concreto desde Tailandia, nos llega la alegría esperanzada de los que no se arredran ante dificultades de lengua o diferencias culturales a la hora de dar testimonio de presencia desde la pequeñez. Y nos llegan desde América latina y el Caribe los esfuerzos por cambiar realidades que se puedan adecuar más a los valores del Reino. Y todo ello mientras en este viejo continente crece la sensibilidad popular ante el problema del hambre, aunque quienes tienen el poder de decisión nos decepciones con sus pasos tan lentos y tardíos. Las páginas de ID, desde su limitación, quieren haceros llegar algunos ecos y animaros a conocer más de la Iglesia Misionera. Hoy nos alegramos de informaros a quienes usáis las nuevas tecnologías de que ID también está presente en Internet. En esta misma página tenéis la dirección de la página del IEME. Otras publicaciones como "MISIONEROS tercer milenio" os pueden también ayudar a conocer mejor la realidad de la MISIÓN. Felices vacaciones.
Juan José Alarcia |
Entrevistas desde Togo
Se dice que África es el continente olvidado. Rara vez aparece alguna noticia referente al continente en nuestros medios de comunicación. Entre los países de África, Togo es una pequeña nación que a más de uno le resultará difícil localizar en el mapa. El 22 de abril pasado unas elecciones un tanto turbias colocaron al frente del gobierno a Faure Gnassingbe. Desde el interior del país varios partidos de la oposición no reconocen la legitimidad de estas elecciones. Y así continua la tensión política.
Al norte de Togo, en la diócesis de Dapaong, trabaja un grupo de misioneros del IEME. Aprovechando la presencia en España de algunos de ellos para sus vacaciones queremos hacerles algunas preguntas:
Rafael Janín
- No todos los lectores de ID han tenido oportunidad de leer tus reflexiones publicadas en Misiones Extranjeras sobre las relaciones entre católicos y musulmanes en Dapaong. ¿Cómo pueden esas relaciones darnos algo de luz para nuestra situación en España?
Si dices que muchos lectores de ID no han leído el artículo de Misiones Extranjeras, antes de responder a tu pregunta habré de resumir lo que allí decía sobre esas relaciones. Fundamentalmente, decía que eran buenas, incluso ejemplares, tanto por parte nuestra como de ellos: respeto, cordialidad, solidaridad, con gestos que expresan todo esto. Los mismos musulmanes vinieron a decirnos que ya se habían encargado ellos de que las autoridades expulsasen de la ciudad a islamistas fanáticos que podrían comprometer la convivencia interreligiosa e incluso ciudadana. Y un ejemplo que se me olvidó contar: el de los padres de alumnos de una escuela primaria católica de la segunda ciudad o tercera ciudad más importante de la diócesis, mayoritariamente musulmanes que piden a la Iglesia que les construya también un colegio de enseñanza secundaria.
Ahora respondo a tu pregunta: esas relaciones tan positivas pueden darnos luz para deshacer el prejuicio de que todos o casi todos los musulmanes o mahometanos son peligrosos islamistas fanáticos y presuntos o posibles terroristas. Eso es un gran error por nuestra parte, una gran injusticia para con ellos y una peligrosa actitud que puede traer como consecuencias el echar a perder la convivencia ciudadana, el hacernos vivir a nosotros en el temor y en un talante paranoico, y el hacer que quizás alguno de esos musulmanes pacíficos se sienta tentado a hacerse fanático y radical como reacción a la actitud de desconfianza o de rechazo que descubriría en nosotros.
- Navarra tiene una impresionante historia misionera, con la figura estelar de Javier. ¿Qué les dirías a tus compañeros sacerdotes de Pamplona desde tu larga experiencia misionera?
A los de más edad, le diría que recuerden el ambiente misionero de nuestro Seminario diocesano cuando aún estábamos en él. Lo digo porque, si humanamente debo mi vocación sacerdotal a mis padres, debo mi vocación misionera al Seminario de Pamplona. A los más jóvenes, que ya sé que son menos en número que nosotros, bastaría con repetirles lo que tantas veces han recordado nuestros obispos Don José María Cirarda y Don Fernando Sebastián.
La Misión rejuvenece a la Iglesia, empezando por el misionero mismo y siguiendo por la comunidad (de base, parroquial, diocesana) que lo envía. Hay mil posibilidades desde la dedicación de por vida a la Misión ad Gentes hasta un servicio limitado en el tiempo.
Sin olvidar la acogida de los inmigrantes y no sólo bajo el aspecto social y humanitario, sino pastoral para los que ya son católicos, y testimonial-evangelizador para los que no lo son, pero son tremendamente religiosos y bastante bien dispuestos a acoger la Buena Nueva, sobre todo antes de que se dejen contaminar por el ambiente post-cristiano y materialista imperante. ¡Cómo me ha gustado en este aspecto la carta pastoral de nuestro obispo junto con los del País Vasco para Cuaresma y Pascua de este año!
Y finalmente, que se aprovechen también de la aportación de los sacerdotes venidos de otros continentes o naciones, cuyo número parece que va aumentando, y que pueden darnos otra visión de la misión aquí. La misma riqueza de catolicidad que las Iglesias tradicionalmente llamadas de Misión tienen al contar con misioneros venidos de tantos países y culturas distintas.
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José Antonio Arroyo
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Desde Lerma o los pueblos del norte de Burgos hay mucha distancia, y no solo geográfica, hasta Dapaong. Tu has llevado allí tu experiencia desde aquí y ahora tienes tu experiencia de allá. ¿En qué aspectos estas experiencias te han ayudado a ti y crees que pueden ser beneficiosas para las dos iglesias locales en las que te sientes integrado?
Ha llovido un poco, no mucho, desde aquel enero del 1999 en el que, con mis cuatro trastos, subí al avión que me llevaba al Togo. Algo nuevo comenzaba, atrás quedaban seis años de cura de pueblo, una vida y trabajo en equipo, un compartir y celebrar la fe con gente noble, abierta, recogiendo el trabajo de otros muchos compañeros que nos precedieron.
Al Togo me vine con el bagaje de lo que soy, y aquí me encontré con otra realidad, una forma de vivir e iglesia distintas. La iglesia de Dapaong es joven, hace muy poco que funciona como tal, la mayoría de los bautizados son adultos, hace poco tuvimos nuestro primer sínodo diocesano (reunión de familia).
La iglesia local de Dapaong tiene cosas que serían la envidia de cualquier diócesis de aquí, pero tiene otras tantas que serían difíciles de encajar en una mentalidad como la nuestra y en una iglesia con muchos años de andadura, experiencia y desgaste.
Mi presencia y la de mis compañeros en la iglesia local de Dapaong es signo de la Iglesia Universal que no conoce fronteras, ni tiempos ni colores. El pequeño grupo de cristianos, minoritario en un medio con costumbres ajenas al mensaje del evangelio, necesitan que les diga de vez en cuando que no son cuatro gatos olvidados en un rincón de mundo, necesitan saber que forman parte de una gran Familia. Nuestra presencia es signo patente de la universalidad de la Iglesia.
- Perteneces a la generación joven de misioneros. ¿Que te gustaría decir a los jóvenes de tu diócesis de Burgos, curas o laicos?
En mi diócesis de Burgos, mi ser misionero, como el de tantos otros, sirve para lo mismo, para patentizar, recordar, actualizar que la Iglesia es católica, universal, aspecto a veces olvidado metidos en el día a día de trabajos, problemas y programas. La iglesia universal es como un cauce de agua viva y fresca en la que todas las iglesias locales encuentran alivios en sus luchas diarias. Las iglesias jóvenes reciben la experiencia y sabiduría de las más viejas, y éstas, reciben vitalidad y frescura de las más jóvenes. Renunciar a ello es comenzar a secarse. Doy gracias a Dios por poder participar tan de cerca de esta Corriente de Agua llamada Iglesia.
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Recordando a Vicente Hondarza Gómez
El 14 de Junio nos volvimos a encontrar en el templo de Chancay por vigésimo segunda vez compañeros y amigos de Vicente para recordar su martirio y renovar nuestro compromiso cristiano y, algunos, sacerdotal, de continuar como él, el camino de Jesús.
Vicente Hondarza nació el 15 de Octubrede 1935 en Fernáncaballero, Ciudad Real. Su padre, Heraclio, un humilde campesino, ejercía además el oficio de cartero rural. Su madre, Santiaga, falleció tres horas después del nacimiento de Vicente. Quedó, pues, huérfano de madre tres horas después de nacer junto con tres hermanos más: María Gracia, Felisa y Emiliano, de 7, 6 y 5 años respectivamente.
María Gracia es actualmente religiosa de la Congregación Misioneras Hijas del Calvario, y Emiliano es sacerdote del IEME. Cuentan en la familia con varias primas religiosas.
En 1962 Vicente ingresó en el Seminario Nacional de Misiones en Burgos para cursar la teología y el 21 de Julio de 1967 es ordenado sacerdote. A finales de este mismo año viaja a Colombia, donde trabajó con el grupo de sacerdotes del IEME hasta Febrero de 1973.
El 18 de Octubre de 1974, llega a Perú, para trabajar en la Diócesis de Huacho y es nombrado Párroco de Chancay.
Vicente consagró su vida sacerdotal misionera al servicio de los jóvenes, los campesinos y los marginados de la ciudad. Su quehacer misionero se centró en el servicio a la ciudad y pueblos del valle de Chancay y los numerosos pueblos de la sierra cercana atravesando Huaral. Allá subía con mucha frecuencia y quería establecer, viviendo allí, un Centro de Capacitación y Formación para toda la región. Ya había elegido Acos como lugar idóneo.
Como otra veces, el día 13 de junio de 1983 subió camino de Lampián para celebrar una festividad y tener reuniones con los campesinos. Esa fue su última subida.
Vicente fue torturado y asesinado entrada la noche, a las afueras del pueblo, sin derecho a defenderse y unas horas después de haber celebrado la Cena del Señor, en una fiesta patronal: San Antonio de Padua, en Lampián.
Después de la celebración de la Eucaristía, se retiró a orar y descansar lejos del bullicio y ruidos de la fiesta, en una humilde habitación, sin ninguna seguridad, con un catre y poco más, al estilo de las viviendas de la serranía, sin la menor sospecha que allí le estaban esperando sus torturadores y asesinos.
Al anochecer del día 14 sería trasladado a la morgue de Chancay, donde se presume fue "rematado" ocasionándole una abertura en la cabeza de unos 15 centímetros aproximadamente.
Vicente no solo ofreció, como sacerdote, el Cuerpo y la Sangre del Señor, sino horas después ofrecía por su pueblo, su propio cuerpo y su propia sangre.
Vicente sigue viviendo en el pueblo de Chancay, al que sirvió como Párroco los casi nueve años que estuvo en Perú. Un signo de esa presencia, son las flores frescas que permanentemente acompañan sus restos mortales en el cementerio de esa ciudad.
Actualmente dos instituciones llevan su nombre "El Centro Pastoral" de Peralvillo y un Centro Educativo Particular en la propia ciudad de Chancay
Resumiendo:
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Vicente hizo de la fe, esperanza y caridad el eje de su vida cristiana, de su espiritualidad y de su vida apostólica.
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Buscó una renovación para que el Mensaje de Jesús fuese respuesta eficaz, Buena Nueva, para los hombres y mujeres de su tiempo.
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Tuvo conflictos, y fue acusado de querer cambiar la religión y las costumbres del pueblo.
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Fue torturado y asesinado por su fidelidad a Jesús. Vicente, se convirtió así, en el primer sacerdote mártir de la Iglesia pos-conciliar peruana.
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La muerte de Vicente, marcó profundamente la fe en el pueblo de Chancay, particularmente en los más pobres, en las comunidades campesinas del valle y de la sierra de la Parroquia, y en quienes fuimos sus compañeros y amigos.
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La vida, pasión y muerte de Vicente, marca un camino de esperanza para todos los hombres y mujeres de buena voluntad que anhelan un Perú nuevo.

Que su sangre derramada y la de tantos mártires Latino-americanos: obispos como Enrique Angelelli, (1976), Gerardo Valencia (1972),sacerdotes, entre los que podemos recordar a Juan Bosco, Rutilio Grande, Espinal, Alsina, Ellacuria, Segundo Montes, y compañeros jesuitas. Catequistas, maestros, campesinos, y una legión de hombres y mujeres que dieron su vida por la defensa de la justicia, por fidelidad al Evangelio y a los documentos del Vaticano II, Medellín, Puebla, Santo Domingo y Evangelización, entre otros, y que marcaron la vida de la Iglesia universal y latino-americana, las cuatro últimas décadas del siglo XX, sea semilla de una Iglesia profética, siempre pobre y comprometida con los pobres y preocupada por la construcción del Reino de Dios.
Vicente, sacerdote y primer mártir de la Iglesia pos-conciliar peruana, ruega para que la Iglesia, sea siempre fiel a su misión de anunciar la Buena Nueva a los pobres y la libración a los oprimidos por quienes viviste y, después de ser torturado, derramaste tu sangre y entregaste tu vida.
Carlos Pinedo
(Sacerdote diocesano de Cuenca en Perú)
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De nuestros lectores
Zamora 25 de mayo 2005.
Querido amigo D. Juan José:
Le escribo para decirle que he recibido el último número de ID y me muevo a enviarle una limosna para ayuda del boletín porque las imprentas tienen su precio. Se los envío con uno de mis artículos que escribo en uno de los periódicos locales.
En agosto D.m. cumpliré 100 años y aunque me he borrado de todas las revistas, con el boletín de Vds. pueden obrar libremente. Lo recibo con agrado, pero ya estoy con pocas ganas de leer. Me voy cansando de todo.
De Vd. afmo. s.s. y amigo
Benjamín Martínez
Canónigo de la S.I. Catedral. ZAMORA
Bruselas 17 de marzo 2005.
Buenos días amigos: Acabo de recibir y leer con agrado vuestra revista ID N.364. Muchas gracias por todo lo que compartís con nosotros vuestros lectores. Me ha gustado mucho lo que cuenta José Antonio Izco de su visita a Centroamérica. Yo aquí en Bruselas, cada domingo vivo el día del Señor con una comunidad cristiana latinoamericana. Son muchos los Peruanos, Ecuatorianos, Colombianos, Salvadoreños, Guatemaltecos y de otros países que han venido aquí en busca de trabajo. La mayoría están sin papeles y la regularización parece aún imposible...
Yo tras 20 años en Burundi, donde conocí a mucha gente pobre y que admiré viéndoles repartir lo poco que tenían con los demás es con ellos que aprendí lo que es la solidaridad. Ahora aquí es la miseria humana que está presente; vemos a grandes ricos vivir al lado de los pobres sin mirarlos. Menos mal que hay también personas que viven la solidaridad y que son una esperanza viviente...
Os saluda con cariño
Sor Begoña Eskibel Sukia
Zaragoza 27 de marzo de 2005
Estimado sacerdote, PAZ Y BIEN:
Días pasados recibí la revista ID que recibo asiduamente y siempre leo con interés, pero este último número de febrero me he llevado una alegría y esperanza y este ese el motivo por el que me he decidido a poneros estas líneas.
Digo esperanza y alegría, porque con esa confianza que solamente Dios puede dar, manifestáis vuestras experiencias misioneras, el deseo de crear amistad y abriros a nuevas perspectivas de misión, de fraternidad, de formar equipos, de cómo el encuentro con la Comunidad de San Egidio os llenó de entusiasmo, y de tantas cosas como nos decís en ID pero que no quiero extenderme más.
Creo que esta es la Iglesia que tenemos que aportar en lo tiempos actuales para que el Señor se haga visible entre los hombres.
Recibe mi afectuoso saludo
Conchita
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