Revista "Id" |
Esta sencilla publicación trimestral trata de ser vehículo de comunicación entre todos los que, de un modo u otro, sentimos la vida y la acción misionera del IEME como un proyecto común. |
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Primavera
En la sucesión de las estaciones, como lo percibimos desde estas latitudes, el mes de mayo es la eclosión de la primavera, el mes de las flores un signo de esperanza, de nueva vida, de promesa de frutos. En la esfera eclesial, también en estas latitudes europeas, diríase que vivimos como en una etapa otoñal, de envejecimiento, de hojas marchitas, de ausencia de juventud y de frescura renovadora. La Misión ofrece a la Iglesia una esperanza permanente, una primavera prometedora, vida nueva (miles de neófitos que se han sumado a la familia de los creyentes en Pascua), surgir de vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada,,,
Somos una misma Iglesia, un solo pueblo que camina hacia el Reino. Si abrimos las venas de intercomunión eclesial la fuerza del Espíritu correrá por ellas infundiendo vida a lo que parece caduco, purificando contaminaciones que envejecen, devolviendo la energía de crecimiento y las ganas de empezar algo nuevo, aliviando el miedo con el optimismo de quienes sabemos de Quien nos hemos fiado. Mayo es también el mes de María, Madre de la Iglesia, y Reina de la Evangelización. A ella encomendamos la Primavera de la Iglesia.
Juan José Alarcia |
Llamado a la casa del Padre Jordi Coll Gilabert
La enfermedad que le afectó en sus últimos años no apagó su sonrisa contagiosa ni debilitó su optimismo, hasta el día 3 de abril en que fue llamado a la Casa del Padre. Había nacido el 13 de abril de 1945.
Desde octubre de 1972, en que fue ordenado presbítero, su vida misionera se desarrolló principalmente en República Dominicana, dedicando una buena parte de su esfuerzo a la pastoral con los haitianos. Recorrió la geografía española en tareas de animación misionera durante más de tres años. Cuando la enfermedad le obligó a quedarse en España su empuje misionero se proyectó en su diócesis de Seo de Urgel en tareas pastorales, como Delegado Diocesano de Misiones, como director espiritual y más tarde rector del Seminario Diocesano.
Damos gracias a Dios por una vida llena que nos deja un ejemplo a seguir. Arriba
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Tres nuevos sacerdotes se incorporan a la misión
JUAN BAYONA
Soy un sacerdote de la diócesis de Segovia. Éste año se cumplen los veinticinco años de mi ordenación sacerdotal. He trabajado pastoralmente en pueblos del arciprestazgo Pedraza-Sepúlveda (dieciocho años) y el resto en pueblos del arciprestazgo Coca-Santa María. Sus gentes, sencillas y buenas, me han dejado un recuerdo imborrable para toda la vida.
Desde hace muchos años sentía en el corazón la inquietud misionera y por distintos motivos no fue posible plasmarla marchando a un país de misión. Ahora, al cabo de los años, Jesucristo me ha cogido de la mano para llevarme por nuevos caminos que me conducirán a Cuba, si Él así lo tiene dispuesto.
Desde el mes de Septiembre pasado estoy residiendo en Madrid en el Instituto Español de Misiones Extranjeras. Hay que destacar el clima de acogida que desde el momento de la llegada he sentido, ciertamente el I.E.M.E. es una familia y bien podemos decir que estamos como en casa. Ésta Institución es la que se ha encargado de la preparación misionera de los cinco sacerdotes que hemos venido aquí desde distintos puntos de la geografía española y portuguesa: Manolín desde Canarias, Julián y Omar desde Palencia, Domingos desde Oporto y un servidor desde Segovia. A estos compañeros quiero darles las gracias por todos los valores que han puesto a nuestro servicio y por la paciencia que han tenido conmigo.
El curso de Preparación Misionera realizado en el Instituto San Pío X, la convivencia diaria en la casa de Ferrer del Río con los demás compañeros del Instituto (Dirección General, Equipo de Formación y Animación Misionera, profesores, personal de la casa) han sido un regalo maravilloso de cariño, cercanía y verdadera amistad. Al mismo tiempo hay que recordar también a los compañeros de la calle Pirineos y agradecerles los detalles que han tenido con nosotros. Ciertamente, Dios no se deja vencer en generosidad.
Quiero terminar dando gracias al Señor por tanto bien recibido a lo largo de la vida y a la diócesis de Segovia por todo lo que me ha dado y me sigue dando, apoyo, comprensión, estima, mano tendida y corazón abierto. Ella es y seguirá siendo mi diócesis para siempre.
Que mis padres, Pedro y Josefa, desde el cielo sigan intercediendo al buen Dios, para que Él que comenzó en nosotros una obra buena la lleve a término. Arriba
JULIAN ANGEL SAINZ DE LA CRUZ
Como cura diocesano, preocupado por este mundo globalizado, quiero también responder a la tarea de la Iglesia y de todo cristiano de hacer realidad la Buena Noticia del Evangelio en nuestro mundo. Con el corazón abierto al servicio a otras situaciones más misioneras y queriendo responder la llamada de Dios a un mayor compromiso me he acercado al IEME como cauce para la vocación misionera "ad gentes" del clero diocesano.
Con el permiso de mi obispo dejé mi tarea pastoral en pequeños pueblos de la provincia de Palencia en los que he vivido estos 26 años desde mi ordenación sacerdotal.
En septiembre comencé el curso de preparación misionera y puedo decir que todo es gracia y una suerte vivir mi nueva situación.
La acogida de esta casa de servicios centrales del IEME, la convivencia, el testimonio de tantos compañeros que pasan por la casa, la sencillez, el trabajo y dedicación por la misión "ad gentes" es la primera lección agradable que he vivido. El curso que he realizado, junto con la convivencia cercana y animosa de tantos compañeros me han servido para abrir el corazón, llenarme de ilusiones y confianza en el Dios encarnado con todo el género humano especialmente con los pobres.
Han pasado muy pronto estos seis meses aprovechados para conocer el interior del Instituto, sus grupos, constituciones y tarea evangelizadora. Con la ilusión de un principiante, como el niño que estrena zapatos nuevos quiero ir a la misión consciente de que a partir de ahí empieza el aprendizaje, a experimentar la cruz y el amor de Dios en la misión. Estoy seguro que con la ayuda de Dios y abierto a las necesidades de mis hermanos realizaré mi nueva tarea hasta cuando Dios quiera.
Que en esta familia, a la que acabo de incorporarme desde el compromiso misionero que hice el 19 de marzo, seamos de verdad apóstoles testigos de Cristo para que toda persona tenga su dignidad y pueda realizar su tarea de plenitud aquí en la tierra. Que asumiendo nuestras debilidades el IEME sea plenamente misionero y sepamos vivirlo en fraternidad a favor de los más desheredados de la tierra.
Puedo decir que me siento muy orgulloso de pertenecer a esta familia que me da la oportunidad de vivir esta vocación. Arriba
MANUEL DE LOS REYES RAMIREZ MEDINA
"Para que yo me llame Manuel Ramírez , para que mi ser pese sobre este suelo, fue necesario un ancho espacio y un largo tiempo: hombres y mujeres de todo mar y toda tierra, fértiles vientres de mujer, y cuerpos y más cuerpos, fundiéndose incesantes en otro cuerpo nuevo. Yo no soy más que el resultado, el fruto, lo que queda, podrido, entre los restos. un escombro tenaz, que se resiste a su ruina, que lucha contra el viento, que avanza por caminos que no llevan a ningún sitio." ( Ángel González, "Para que yo me llame Ángel González")
Este poema quiere ser, en primer lugar, un agradecimiento a todas las personas que me han hecho posible: a mi familia, a mis amigos, a mi iglesia de Canarias, al IEME, al Movimiento de Objeción de Conciencia. y tantas personas que he conocido en el camino.
Soy sacerdote diocesano de Canarias, con tan sólo 5 años de ministerio, vividos en Haría-Lanzarote. Pertenezco a una familia trabajadora, llena de vida, alegre y de buen corazón, y que también ha sido probada en el sufrimiento y el dolor.
Quiero en esta pequeña reseña, compartir con ustedes algunas convicciones que se van arraigando en mi corazón, antes de partir para mi destino misionero en Mozambique. Ahí va mi intento poco sistemático:
Mi madre, Mamá Tomasa, Mamá Antonia, Miguel Lantigua, Jorge Rodríguez, Manolo Medina y tantos cristianos. me transmitieron la centralidad del Amor a Dios. Ahí quiero que radique mi vida. Ahí quiero tener mi raíz.
Ramón Echarren, Ye, Guinate, Tabayesco, Órzola, Arrieta, Máguez, Punta Mujeres, Haría, Mala, San Francisco, El Cristo. me han hecho sentirme enviado. Estoy preparándome para compartir con otras personas el Evangelio, que a nosotros nos regalaron, a su vez, hace ya 600 años.
Cristóbal, Juan Carlos, Carmen Celia, Alejandra, Youssef, Luis Ignacio, Sergio. y tantos amigos, me han enseñado que la amistad es una forma de ser evangelizado y de evangelizar. Valoro la amistad por lo que lleva de gratuidad.
Pablo, Antonio Juan, el IEME. ha sido una escuela y un estímulo para vivir y trabajar en equipo, formando una familia que está trabajando por el Reino y su Justicia.
Consuelo, Isabel, Mari Luz, Mari Carmen, Alexis, Delia, Hortensia. me regalan siempre su pasión por Jesús y por los pobres. En el Evangelio y en la convivencia con los pobres he descubierto la mayor felicidad, una inmensa e inagotable alegría.
Bueno, podría seguir escribiendo nombres, "Todos los nombres", los de ustedes y muchos otros; también podría seguir soñando con ustedes a mar abierto, pero mejor es que en la relación nos vayamos conociendo. Até já. Arriba |
"A LA JAPONESA "
- "Que me pincha con las barbas", le decía mi hermano Abel a mi padre, cuando le besaba por las mañanas. Y es que mi padre era un "besucón", buscaba siempre un pretexto para besar a cualquier familiar o conocido, pero sobre todo a los hijos al levantarnos o al acostarnos, cada día, como un rito litúrgico.
Mi padre era labrador, "ladrador", solía decir con sorna, de los de antes, es decir, de los auténticos. El arado, la azada, la guadaña, el carro y las vacas eran sus amigos inseparables durante todo el día, dependiendo de la faena y la estación del año. "El labrador que huele a colonia, malo. Hay que oler a cuadra", afirmaba contundente.
Mi padre se afeitaba con navaja, y luego ya cambió a cuchillas. Afeitarse todos los días era una lata, así que solamente se afeitaba el domingo por la mañana. Ese día dejaba las herramientas diarias de trabajo, se ponía "guapo" con su traje de fiesta, su boina "la de los domingos", sus zapatos de fiesta, y a Misa como Dios manda, impecable como el mismo sol. Solía cantar la Misa en las solemnidades, en latín por supuesto; de vez en cuando hacía algún gallo, pero no había nadie que lo hiciera mejor, y él se sentía orgulloso.
En mi pequeña parroquia de Japón, nos solemos juntar unas quince personas para la Misa los domingos. Durante la semana tienen que ir al trabajo con traje y corbata, así que están hartos de ir "bien trajeados" y el domingo vienen vestidos de cualquier manera. Ese día son libres, en cierta manera, nadie los vigila, ni pone "peros" a su atuendo. Están cansados de trabajar "a la japonesa", es decir, con horas extra incluidas. Todo lo contrario de mi padre. Cada uno es hijo de sus circunstancias y éstas mandan y se imponen, aunque sea muy a pesar nuestro.
Pero hay algo que últimamente me saca de quicio. Algunos de mis cristianos traen dos cintas colgando del cuello. De una pende el "móvil" y de la otra la tarjeta de identidad: nombre y empresa a la que pertenece, es decir, sus dos familias. Ni aun el día de descanso están libres de sus ocupaciones ordinarias: hospital, casa de ancianos. Son esclavos de la técnica.
El "móvil", a pesar de que se les advierte al principio de la Misa que lo desconecten, todavía suena alguna que otra vez, perturbando el orden, distrayendo y molestando a la gente y poniendo nervioso al cura, que soy yo.
Estos dos "collares", me recuerdan a los que acostumbraba a poner mi padre a las vacas díscolas que entraban en las fincas prohibidas a pacer. Para saber siempre dónde se encontraban y que no pasaran desapercibidas se las colgaba al cuello unos "cencerros", campanillas o esquilas que las delataban. Eso precisamente es lo que me traen a la mente los "móviles" colgados del cuello de algunos feligreses en Misa.
Definitivamente me quedo con las barbas de una semana de mi padre, su olor y sus "gallos" en el Sanctus. Era un hombre libre.
Ismael González
Arriba (Sacerdote diocesano de Palencia en Japón) |
Desde Zambia
Queridos amigos:
En este momento en que he dejado la parroquia de St. Dorothy y me dispongo a empezar en otra, Mufumbwe, dentro de la misma diócesis de Solwezi, quiero pensar en voz alta sobre esta pasada bendición -casi once años en Zambia-, sus luces y sombras, lo aprendido y lo entregado por el camino misionero y ¿por qué no? también posibles errores...
Estos años han transcurrido en Muchinshi (con nuestro navarrico Javier López), en Mutenda, y sobre todo en St Dorothy Mission, con residencia en el poblado de Kasapa, lugar en el que no había habido sacerdote desde 1987, cuando se cerró la misión de religiosas y curas por el ataque de bandidos. En el poblado no ha habido electricidad hasta 2004, ni siquiera "agua corriente" en la misión rural re-abierta por Ángel Almansa y yo. Ahora ha comenzado a residir un cura nativo que se encuentra con la infraestructura funcionando, pozo de agua, casa, camioneta, etc. etc. para lo que muchos de vosotros desde la diócesis de Ciudad Real habéis contribuido en gran parte con vuestra generosidad.
Siempre he sido un aficionado a las carreras de fondo; la que siempre me fascina es la de 400 metros relevos. Digo eso porque, después de dejar St Dorothy Mission, he podido caer en la cuenta de que en realidad me había tocado correr como si del segundo relevo o testigo se tratara (el primero fueron los primeros Misioneros Espiritanos). Doy gracias porque al menos el objetivo de pasar el testigo al tercer corredor ya está cumplido, los nombres propios son lo que menos importa, importa el equipo-grupo-comunidad (y más en la mentalidad africana), importará solo la satisfacción de ver que la Iglesia seguirá su camino peregrinante.
También me detuve hace unos días en las palabras de Dolores Campos, en el 5º Foro Social Mundial en Porto Alegre (Brasil), "La responsabilidad del cambio del mundo es global, del conjunto de la población. Cuando voto, cuando reivindico, cuando me manifiesto, no lo tengo que hacer sólo por mí y para mí. Tengo que pensar en la trascendencia que cada acto tiene para el mundo. Pensamiento global. El mundo es responsabilidad de todos" . Son palabras aplicables al hablar del relevo misionero, valen para vuestro mundo del Norte, y también valen para las comunidades (16) del bosque en las que me he estado moviendo durante estos años. Sucede que a veces se da una imagen de las misiones muy espectacular, casi idílica y bastante exitosa; no me extrañaría que a veces algún cura en España -con todo derecho a suspicacia- se pregunte qué hacemos para que nuestras comunidades sean tan fructuosas, vivas y vibrantes y llenas de catecúmenos que se preparan para la Pascua, envueltas en proyectos de toda índole, en las que parece no haber ningún problema.... No nos engañemos. ¿Qué ocurre entonces cuando no todo va sobre ruedas, cuando los católicos de algunas de tus comunidades no siguen la propuesta mencionada por Dolores Campos de que la persona no tiene que actuar siempre en beneficio egoísta, para él o para ella? Y, ¿qué ocurre cuando tú tienes claro que no buscas 'la solución' masticada para los pobres, y sin embargo algunos pobres o menos pobres en Zambia quieren que les des "la papilla ya preparadita" porque es más fácil de tragar? Esto ocurre cuando hay católicos (incluso dentro de tu mismo Consejo Parroquial) que no entienden que la Iglesia zambiana ha de ser autosuficiente, más valiente, más ella misma. Este es el gran reto en nuestras Iglesias del este y sur de África. Llegando a este punto... ya no es todo tan vibrante y espectacular.
Decía un tal H. Rumsfield que "Si no eres criticado, puede que no estés haciendo mucho". Aquí es donde viene una cierta cruz del misionero y nos habíamos olvidado tal vez de que Jesús de Nazaret no siempre fue aceptado. Un ejemplo: la Comisión Parroquial de Justicia y Paz no era muy bien vista en algunos ámbitos de nuestro territorio parroquial, incluso dentro de los propios católicos, porque en su análisis y programas destapa corrupciones de la sociedad rural, (tradiciones, magia, hechiceros, jefes de tribu, etc), deja en evidencia al policía que roba, al concejal que acepta sobornos, y al que oprime y pisotea -situaciones que también se dan a veces de un pobre a otro-. Tampoco fue fácilmente aceptado el serio catecumenado de adultos de tres años que ya se va estableciendo por todas las diócesis zambianas. 
Cuando te llega el momento de partir, pasa por tu interior un doble sentimiento: el de sentirte satisfecho del trabajo realizado y el de decirte a ti mismo que tú no eres imprescindible, que ahora otros tomarán el timón de un barco que tú has botado al mar y que ahora estás llamado a dejar. Pasan por tu interior muchos recuerdos, revives un sinfín de anécdotas, de momentos llenos de alegría y satisfacción, como cuando mandamos a imprenta el primer catecismo para adultos en lengua kikaonde, te estremeces con los momentos difíciles y duros, y te parece increíble que tú hayas podido hacer tantas cosas, tener el coraje de aguantar lo que has aguantado o la suerte de haber podido disfrutar de la bondad de tanta gente que te ha rodeado, incluidos los compañeros del IEME. Después de haber explicado todo al nuevo párroco zambiano, llegó el momento de la partida, faltaban diez minutos para arrancar el coche, y ¿qué quedaba? un gesto simbólico entrañable, había que pasar las llaves, esta vez sin retorno, las llaves de tu propia casa con tanta historia personal. Solo en el pasillo, me detuve diez segundos, me puse a mirar las llaves sobre la palma de mi mano, el aire y la respiración parecía pararse y el reloj detenerse: mil escenas de ocho años pasaron repentinamente por mi mente. Después, un profundo suspiro y... hacia delante.
Ahora St Dorothy Mission comienza una nueva etapa, junto a la diócesis que espera un nuevo obispo. En la despedida del anterior se recordó el paso de Ángel Almansa por St Dorothy Mission y otros misioneros que han contribuido al crecimiento de esta joven diócesis zambiana.
Gracias al buen Dios que nos sigue dando la oportunidad de luchar por todos y para todos, sin soluciones ni recetas hechas . Ah, y si veis una bonita media maratón, los que recibís la señal televisiva, acordaos de dar gracias de que podemos seguir corriendo, y pasándonos bonitos relevos en nombre de Jesucristo nuestro acompañante y meta.
Hasta otra.
José Mari Aguirre R. de Guzmán
Arriba (Sacerdote diocesano de C. Real en Zambia)
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