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REUNIÓN INTERNACIONAL DE LAS SOCIEDADES MISIONERAS DE VIDA APOSTÓLICA Abuja (Nigeria) , 1-5 de Abril de 2008
Las así llamadas “Sociedades Misioneras de Vida Apostólica” (MISAL) son asociaciones de sacerdotes seculares que se agrupan para dedicarse totalmente a la misión universal de la Iglesia o “misión ad gentes”. Son las únicas Sociedades Misioneras que, al no ser de miembros religiosos sino seculares, dependen exclusiva y totalmente de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Hay en la Iglesia 21 Sociedades de estas características, 15 de ellas de derecho pontificio y 6 de derecho diocesano. La mayoría de ellas están ubicadas en Europa, donde nació la primera de todas, la Sociedad de “Misiones Extranjeras de París”, hace ahora 350 años, en 1658. Durante el siglo XIX nacieron del fervor misionero de los sacerdotes y de la decisión de unos cuantos obispos varias Sociedades más: en Italia, el Seminario de Misiones de Lombardía en 1850 y la Sociedad Misionera de San Pedro y San Pablo en Roma el año 1871 (Ambas Sociedades se unieron en 1926 y formaron el actual PIME: Pontificio Instituto para Misiones Extranjeras); la Sociedad de Misiones Africanas (SMA) en Francia en 1856; la Sociedad Misionera de San José de Mill Hill (MHM) en Inglaterra en 1866; los Misioneros de África o Padres Blancos en 1868; la Sociedad de San Colombano en Irlanda en 1918; el Instituto Español para Misiones Extranjeras (IEME) en 1919; la Sociedad de Misiones Extranjeras de Bethlehem (SMB) en Suiza en 1921; la Sociedad Misionera da Boa Nova en Portugal en 1930; la Sociedad de San Patricio para Misiones Extranjeras (SPS) en Irlanda en 1932; y la Sociedad de sacerdotes de Saint Jacques en Francia, en 1966. En América del Norte nacieron en el siglo XX tres organizaciones de sacerdotes seculares dedicadas a la misión universal: la Sociedad llamada de Maryknoll en Estados Unidos, en 1911; y dos Sociedades en Canadá: la Sociedad de Misiones Extranjeras de Québec, en 1921; y la de Scarboro en 1925. Y en América del Sur, en Colombia, surgió en 1927 el Instituto de Yarumal para Misiones Extranjeras. Más tarde, en 1948, nació en México el Instituto de Santa María de Guadalupe para las Misiones Extranjeras. Pero también en Asia han nacido y están naciendo, entre los sacerdotes diocesanos, nuevas Sociedades para dedicarse juntos a la actividad misionera de la Iglesia. El año 1939 nació en la India, con sede en Goa y para el clero secular de rito latino, la Sociedad de Misioneros de San Francisco Javier (SFX); y también en la India, dentro del rito siro-malabar, surgió en 1968 la Sociedad Misionera del Apóstol Santo Tomás (MST). En 1965 nació la Sociedad Misionera de Filipinas (MSP); y unos años después quedó establecida, en 1975, la Sociedad de Misiones Extranjeras de Corea (KMS). Y naciendo están algunas otras, como en Tailandia, que cuentan con sólo aprobación diocesana.. Una sola Sociedad Misionera del clero secular ha nacido por ahora en el Continente africano: es la Sociedad Misionera de San Pablo (MSP), en Nigeria. Su Seminario de Misiones, en la nueva capital del país, Abuja, cuenta con 83 seminaristas en estudios de filosofía y teología. Para acompañarles y animar su andadura nos reunimos en su casa central y en su Seminario los representantes de las demás Sociedades Misioneras de los otros Continentes. Y a esta reunión acudió también un representante de la Congregación vaticana para la Evangelización de los Pueblos, el sacerdote indio P. Joseph Koonamparampil. Desarrollo y temas de la ReuniónCada dos años nos reunimos, sin formalidades especiales, los responsables de estas 21 Sociedades Misioneras para conocernos, intercambiar experiencias y ayudarnos en los mil problemas que afrontan los miles de misioneros en tantas y tan diversas partes del mundo. Y en los años intermedios nos reunimos también, pero a nivel de Continentes. En esas reuniones compartimos nuestras motivaciones, nuestra espiritualidad, nuestras expectativas, nuestra experiencia al lado de los pobres, nuestros encuentros con otras religiones, nuestros esfuerzos de formación y de animación misionera de nuestras Iglesias, etc. etc. En esta reunión de Nigeria, de la mano de dos expertos, reflexionamos sobre dos temas importantes: lo que importa a la misión cristiana toda la problemática en torno al llamado “cambio climático” y lo que la misión cristiana puede hacer para la reconciliación y la paz en sociedades tan conflictivas como algunas de África. En cuanto al primer tema, un misionero irlandés, Sean McDonagh, buen especialista en estos temas desde hace muchos años, nos alertó de los peligros reales que corre la salvaguarda e integridad de nuestro planeta tierra y de los desafíos que los cristianos (y nuestras Sociedades Misioneras en particular) nos vemos obligados a afrontar con mucha más decisión y convencimiento que hasta ahora. El segundo tema nos lo expuso y animó un sacerdote nigeriano, el P. Mateo Kukah, y su título era concretamente: “La reconciliación en Nigeria, en referencia al próximo Sínodo Africano y con particular atención al diálogo interreligioso (cristiano-musulmán) en la actual situación conflictiva de Nigeria”. De toda su apasionada y elocuente charla, dos puntos se me grabaron más en la memoria: lo importante que es conocer bien la historia (en este caso, especialmente, la historia de la colonización) para entender las actuales divisiones y conflictos entre tribus africanas; y lo complejas que son en todas partes las relaciones entre personas y grupos de tradiciones tan diferentes... Aparte de las charlas compartidas, siempre en estas reuniones tratamos de conocer experiencias y realidades que nos interpelan. Esta vez fueron tres las realidades principales a las que nos expusimos: la pobreza extrema de los más pobres entre los pobres al visitar dos centros en los que religiosas y voluntarios recogen y cuidan a niños y a enfermos abandonados; la sed y el afán que tantos niños y jóvenes tienen de educarse y progresar, al visitar una gran Escuela en el bosque; y los contrastes escandalosos de unos pocos ricos viviendo en oasis rodeados de miseria, al visitar la nueva capital de Nigeria, Abuja, una ciudad fantasma nacida en estos últimos 15 años... Todo esto (charlas y experiencias) lo reflexionamos, lo rezamos, lo llevamos a la Eucaristía y constituye el campo de nuestra misión y de nuestra pasión por el Reino de Dios. Todo ello ha de traducirse en pasos, proyectos y realidades que eleven la dignidad de las personas y construyan la fraternidad de los hijos de Dios. Con esos propósitos nos despedimos y nos citamos para ulteriores encuentros. José A. Izco |
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