|
|
|||||||||||||||||||||||
Algunas Fechas Claves
|
|
||||||||||||||||||||||
|
SEMBRADORES DE VIDA Y ESPERANZA JUNTO AL PUEBLO DE ZIMBABWE Mons. Ángel Floro, obispo de Gokwe (Zimbabwe)
La crisis se acentuó, la violencia se extendía por todas partes, los miedos se apoderaban de todos. Casi una década de intentos de negociación y diálogo, sanciones internacionales, pero la situación seguía agravándose, y en 1972 empezó la guerra de liberación por la independencia. Ocho años de guerra fratricida del Gobierno y la minoría blanca contra la mayoría negra, que dejó más de 50.000 muertos. De los seis obispos católicos uno moriría asesinado y otro era deportado por el gobierno racista blanco, una veintena de misioneros sufrirían el martirio junto a su pueblo, entre ellos un español, el P. José Luis Rubio , de Asturias. Llegó el día soñado de la independencia, y el gozo y la esperanza inundaron nuestros corazones, vivimos unos 15 años de paz relativa y progreso, Zimbabwe se abrió paso en el mundo como un modelo a imitar. Dije paz relativa, porque donde trabajamos los misioneros del IEME morirían unos 25.000 civiles, indefensos, a manos de la feroz quinta brigada entrenada por Corea del Norte, y con sus cuarteles en Gokwe. Pero nuestro pueblo nos quiere, y nosotros le queremos, siempre nos hemos sentido seguros entre ellos, y nunca ha pasado por nuestra mente abandonarlos, a pesar de ser los únicos blancos en esta zona de 26.000 km2. En 1999, tuvo lugar el referéndum sobre la constitución, y todo cambió. El Gobierno lo perdió, y a las dos semanas empezaron las violentas invasiones de las granjas de los blancos. El pueblo se había mostrado maduro en la consulta popular, pero los cambios introducidos por el Gobierno para perpetuarse en el poder hicieron que se alzara una oposición y ganara el NO en el referéndum.
Ante esta situación, quiero testimoniar la actitud y compromiso de la Iglesia y los misioneros junto al pueblo sufriente para sembrar esperanza y semillas de vida. Si de algo me vanagloriaría, es de haber estado y vivido junto a él, mi pueblo, y sentir en mi carne sus avatares y sufrimientos. Duele en el alma que el 99% de la población no tenga acceso al pan o, si es que lo hubiese, a un paquete de azúcar... No ha de sorprender, pues, que los obispos habláramos con valentía en la carta pastoral de la última Semana Santa, un eslabón más en la cadena de mensajes iniciada en los años 60, cuando se estableció la Conferencia Episcopal. El Grito de los Pobres (junio de 2005) fue otra carta pastoral semejante. Nos duele que la mayoría de ellas sean sobre estos temas, cuando debían estar más centradas en la vida eclesial, como también me duele que mi testimonio sea sobre la situación política y económica en lugar de ser sobre mis comunidades cristianas, de las que estamos muy orgullosos, en las que el laicado ha llegado a la mayoría de edad y lleva con entusiasmo sus riendas; y el Señor nos bendice con abundantes vocaciones al sacerdocio y la vida religiosa.
El Señor no ha bendecido y sigue bendiciendo, a Él sea la gloria y honor, y a vosotros la gratitud por escucharnos y apoyarnos.
ACEPTADA LA RENUNCIA DE PIUS NCUBE, EL ‘AZOTE' DE MUGABE
Víctima de un complo Las acusaciones de adulterio y las pruebas presentadas meses atrás por el Gobierno de Mugabe no terminan de convencer a un pueblo que cree que el pastor ha sido víctima de un complot organizado por poderosos estamentos gubernamentales. Su dimisión representa un duro golpe para los grupos opositores al mandatario, que han tenido en el pastor a su más clarividente y resuelto portavoz, y una victoria para el octogenario presidente, poco dispuesto a tolerar críticas y disensiones entre sus compatriotas. En los últimos años, la Iglesia católica ha sido una de las principales voces que se han alzado contra las políticas represivas y autárquicas de Robert Mugabe. El último pulso con la Iglesia se produjo tras una carta pastoral del pasado mes de abril, el documento más crítico y contundente que los obispos han escrito contra un régimen al que hacen única y directamente responsable del hambre, de las violaciones de Derechos Humanos, del derrumbe de los servicios sociales y de la depauperada economía nacional. Las amenazas de Mugabe no se hicieron esperar, pero Ncube siguió pidiéndole públicamente que dimitiera, tachándolo de megalómano y de asesino. En pocos días, el Gobierno de Harare publicó en la prensa oficial informes y material gráfico documentando una aventura amorosa del prelado con la esposa de un funcionario que trabajaba en la oficina del arzobispo. Tanto los abogados del propio Ncube como grupos cívicos vieron en ello un intento de demoler su figura y, de este modo, contrarrestar su poder de convocatoria en las filas opositoras. También sus hermanos obispos, tanto en Zimbabwe como en la vecina Suráfrica, mostraron su apoyo incondicional ante lo que entendían como un ataque directo contra la Iglesia y un intento de desviar la atención de los verdaderos problemas del país: la falta de libertad política, la alarmante crisis económica, con una inflación rampante, y la situación de millones de personas condenadas a vivir en la miseria. Tras presentar su renuncia –recientemente aceptada por Benedicto XVI –, el arzobispo volvió a negar los cargos que se le imputan y justificó su dimisión como un intento de evitar que se recrudezcan los ataques contra la Iglesia católica en su país. Ante el juicio que se va a celebrar en breve, el prelado asegura que prefiere presentarse ante la justicia “como Pius Ncube, un individuo”, y no como pastor de la Iglesia, para evitar que el caso se acabe convirtiendo en un proceso contra la Iglesia misma. “Sigo siendo un obispo católico en Zimbabwe y continuaré hablando de temas que, por desgracia,son más graves cada día”, declaró el arzobispo. Además, ha reiterado públicamente que este caso no silenciará su voz ni su testimonio. Control y coacción Se cree que Ncube es la última víctima de la Organización Central de Inteligencia, un organismo estatal encargado de perseguir a cualquier figura opositora y, si llega el caso, arrestarla y torturarla. Se ha demostrado que agentes de la misma se infiltran en los más diversos ambientes y llegan a contactar con familiares cercanos de las personas que tienen en su punto de mira y les coaccionan para que influyan “positivamente” en ellas, llegando incluso a interferir en la vida privada o profesional de cualquier individuo o grupo. Según ciertos informes revelados por la prensa, estudian a las personas y detectan cualquier debilidad, que a su vez es aprovechada para aumentar la presión moral y emocional contra cualquier sospechoso. El chantaje y la coacción forman parte de sus métodos habituales de control. Este organismo reporta directamente al presidente, y sus agentes son seleccionados de entre sus incondicionales seguidores del partido Zanu-PF. Diferentes personalidades de la vida política y social ya han sido acusadas por este cuerpo de los más variados cargos. Como consecuencia de todo ello, un importante sector de la población evita cualquier tipo de activismo político, social o comunitario. Alberto J. Eisman Torres. N AIROBI (Tomado de Vida Nueva; 09-10-2007 |
|||||||||||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||||||