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Algunas Fechas Claves
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Entrevistas desde Togo Se dice que África es el continente olvidado. Rara vez aparece alguna noticia referente al continente en nuestros medios de comunicación. Entre los países de África, Togo es una pequeña nación que a más de uno le resultará difícil localizar en el mapa. El 22 de abril pasado unas elecciones un tanto turbias colocaron al frente del gobierno a Faure Gnassingbe. Desde el interior del país varios partidos de la oposición no reconocen la legitimidad de estas elecciones. Y así continua la tensión política. Al norte de Togo, en la diócesis de Dapaong, trabaja un grupo de misioneros del IEME. Aprovechando la presencia en España de algunos de ellos para sus vacaciones queremos hacerles algunas preguntas:
Si dices que muchos lectores de ID no han leído el artículo de Misiones Extranjeras, antes de responder a tu pregunta habré de resumir lo que allí decía sobre esas relaciones. Fundamentalmente, decía que eran buenas, incluso ejemplares, tanto por parte nuestra como de ellos: respeto, cordialidad, solidaridad, con gestos que expresan todo esto. Los mismos musulmanes vinieron a decirnos que ya se habían encargado ellos de que las autoridades expulsasen de la ciudad a islamistas fanáticos que podrían comprometer la convivencia interreligiosa e incluso ciudadana. Y un ejemplo que se me olvidó contar: el de los padres de alumnos de una escuela primaria católica de la segunda ciudad o tercera ciudad más importante de la diócesis, mayoritariamente musulmanes quele piden a la Iglesia que les construya también un colegio de enseñanza secundaria. Ahora respondo a tu pregunta: esas relaciones tan positivas pueden darnos luz para deshacer el prejuicio de que todos o casi todos los musulmanes o mahometanos son peligrosos islamistas fanáticos y presuntos o posibles terroristas. Eso es un gran error por nuestra parte, una gran injusticia para con ellos y una peligrosa actitud que puede traer como consecuencias el echar a perder la convivencia ciudadana, el hacernos vivir a nosotros en el temor y en un talante paranoico, y el hacer que quizás alguno de esos musulmanes pacíficos se sienta tentado a hacerse fanático y radical como reacción a la actitud de desconfianza o de rechazo que descubriría en nosotros.
A los de más edad, le diría que recuerden el ambiente misionero de nuestro Seminario diocesano cuando aún estábamos en él. Lo digo porque, si humanamente debo mi vocación sacerdotal a mis padres, debo mi vocación misionera al Seminario de Pamplona. A los más jóvenes, que ya sé que son menos en número que nosotros, bastaría con repetirles lo que tantas veces han recordado nuestros obispos Don José María Cirarda y Don Fernando Sebastián. La Misión rejuvenece a la Iglesia, empezando por el misionero mismo y siguiendo por la comunidad (de base, parroquial, diocesana) que lo envía. Hay mil posibilidades desde la dedicación de por vida a la Misión ad Gentes hasta un servicio limitado en el tiempo. Sin olvidar la acogida de los inmigrantes y no sólo bajo el aspecto social y humanitario, sino pastoral para los que ya son católicos, y testimonial-evangelizador para los que no lo son, pero son tremendamente religiosos y bastante bien dispuestos a acoger la Buena Nueva, sobre todo antes de que se dejen contaminar por el ambiente post-cristiano y materialista imperante. ¡Cómo me ha gustado en este aspecto la carta pastoral de nuestro obispo junto con los del País Vasco para Cuaresma y Pascua de este año! Y finalmente, que se aprovechen también de la aportación de los sacerdotes venidos de otros continentes o naciones, cuyo número parece que va aumentando, y que pueden darnos otra visión de la misión aquí. La misma riqueza de catolicidad que las Iglesias tradicionalmente llamadas de Misión tienen al contar con misioneros venidos de tantos países y culturas distintas.
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