LA MISIÓN COMO PROFECÍA Y MARTIRIO

Nº 212-213
Mayo-Agosto 2006


PRESENTACIÓN

ESTUDIOS

Eloy Bueno de la Fuente
La misión como profecía: el misionero profeta en una Iglesia Profética.

Ángel Almansa Rodríguez
Testigos en el libro del Apocalipsis.

Roberto Pérez Calvo
La misión como martirio: la sangre de los mártires, semilla cristiana.

Vito Del Prete
En memoria de los mártires

IGLESIAS PROFÉTICAS-MARTIRIALES

Agencias Varias
La cruz de los Oblatos vuelve a Laos

Jean Floribert Kabemba
África mártir, continente e Iglesia.

Mons. José Felix Pérez Riera
A los XX años del Encuentro Nacional
Eclesial Cubano (ENEC). Su irrupción: génesis e historia.

Mons. Emilio Aranguren Echeverria
El camino recorrido por la Iglesia en Cuba: "A los XX años del ENEC"

MISIONEROS PROFÉTICOS MARTIRIALES

Anónimo
La presencia testimonial de una Hermanita de Jesús en Argelia

Francisco Lerma Martínez
Los mártires mozambiqueños de Guiúa

Alfonso Valverde León
Luis Castro García: misionero y monje, profeta y mártir en África

Bacaicoa, Eugenio
Joaquin Valmajó: profeta y mártir. "Quizá no nos veamos más"

DOCUMENTOS

Juan Pablo II
Un texto sobre el martirio de la "Tertio Millennio Adveniente"

Agencia ZENIT
En 2005, casi el doble de muertes violentas de misioneros católicos respecto a 2004

Pedro Casaldáliga
Carta abierta a los mártires

Benedicto XVI
"La caridad, alma de la misión". Mensaje para la Jornada Misionera Mundial.

LIBROS

Josefa Cordovilla Pérez
Cosmovisión cristiana para una ética global

José María Vigil
Teología del pluralismo religioso. Curso sistemático de teología popular

PRESENTACIÓN

Juan Pablo II nos habló de "la vuelta de los mártires" en su Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente del 10 de noviembre de 1994.

" Al término del segundo milenio, la Iglesia ha vuelto de nuevo a ser Iglesia de mártires. Las persecuciones de creyentes -sacerdotes, religiosos y laicos- han supuesto una gran siembra de mártires en varias partes del mundo. El testimonio ofrecido a Cristo hasta el derramamiento de la sangre se ha hecho patrimonio común de católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes... Es un testimonio que no hay que olvidar" (n. 37).

Nunca antes del siglo XX ha habido en la historia de la Iglesia tantos hombres y mujeres que hayan llegado a ser testigos de la fe mediante la entrega, tantas veces callada y silenciosa, de sus propias vidas. Algunos hicieron de su trabajo apostólico una profecía que en un momento histórico nos ha ayudado a otear con claridad los caminos del futuro, otros no sólo nos han ayudado a dar razón de la esperanza sino que también se han convertido en semilla sembrada, regada y fecundada con su propia sangre.

Los profetas y los mártires a quienes queremos hacer presentes en este número doble son aquellos y aquellas que tienen en común el haber permanecido en sus puestos y mantenido la fidelidad a su compromiso de anunciar el evangelio y de servir a los más necesitados en situaciones de conflicto, violencia y pobreza.

El hecho de recordar, de actualizar la profecía y el martirio a partir de los testigos y de las iglesias locales, nos exige a quienes nos sentimos comprometidos con la misión preguntarnos si nuestro trabajo es profético y martirial o se trata, más bien, de una misión acomodada y domesticada por nuestras propias necesidades o por las mismas exigencias del momento que vivimos, con el consiguiente peligro de poder estar llevando a cabo nuestra propia misión.

Decía Mons. Romero: "La persecución es una característica de la autenticidad de la Iglesia. Una Iglesia que no sufre persecución, sino que está disfrutando de los privilegios y el apoyo de las cosas de la tierra tiene razones para temer que no es la verdadera Iglesia de Jesucristo" (homilía de 11 de marzo de 1980). El martirio y la persecución dan un sello de autenticidad a la misma Iglesia.

Son numerosas hoy las iglesias locales que viven su fe en medio de muchas dificultades, obstáculos, amenazas, restricciones y algunas hasta sufren persecución, unas veces bajo formas declaradas y en otras bajo formas más sofisticadas. En medio de estas circunstancias han sufrido procesos de purificación y duras pruebas, pero en ellas encontramos una gran fuerza testimonial, una gran creatividad y apertura al futuro: son iglesias proféticas-martiriales que se convierten en referente para las iglesias que viven demasiado acomodadas. Presentamos el camino que están haciendo algunas de estas iglesias:

•  La iglesia de Laos en el continente asiático. La pequeña comunidad de católicos sigue viva en medio de tantas restricciones y limitaciones. Es una iglesia crucificada que impresiona en su testimonio como pude apreciar en mi visita en el año 2003.

•  La iglesia del continente africano con un gran dinamismo interno pero enclavada en medio de una realidad económica, social y política de gran convulsión y olvido por parte de las potencias mundiales. Es una iglesia que ha dado muchos mártires, como Mons. Munzihirwa. Una iglesia que, en la medida que quiera seguir siendo profética, va a encontrarse con dificultades, amenazas y con el mismo martirio.

•  De la iglesia latinoamericana, llamada también la iglesia de los mártires, presentamos el camino que está haciendo la iglesia cubana: un camino de sencillez y de silencio, saliendo de un proceso de purificación que la hace más creíble y con una presencia mucho más testimonial y evangélica. A los 20 años del ENEC es una buena ocasión para evaluar, pero sobre todo para construir el mañana.

Dice Pedro Casaldáliga que "sólo los testigos hablan con fidelidad". Pero si además entregan su vida y derraman su sangre en el anuncio de la Buena Nueva del Evangelio, su testimonio es mucho más coherente y fecundo.

Son muchos los misioneros y misioneras que, abandonando un día sus existencias cómodas y seguras, pero movidos por la fe y el amor, decidieron compartir sus vidas con otros pueblos para anunciarles la Buena Nueva y apoyar sus esfuerzos por una vida con mayor dignidad.

Algunos de ellos han evangelizado y evangelizan con su sola presencia testimonial en ambientes reacios al anuncio; otros, catequistas nativos, han sellado con su sangre su pertenencia a la Iglesia en un momento de persecución: Los hay también, como Joaquín y Luis Castro, que desde una vida profética merecieron la palma del martirio en tierras africanas.

Las estadísticas nos hablan de la pervivencia del martirio y todos conocemos la presencia testimonial y profética de tantos hombres y mujeres que siguen poniendo en juego su vida, sin miedo a perderla. La Iglesia se siente orgullosa de sus misioneros mártires, aunque a veces se sienta incómoda por la profecía de la vida misionera. Pero es necesario y justo que se haga memoria de unos y de otros, sacándolos del anonimato y del olvido esperando y deseando que su recuerdo nos comprometa a mantener vivo y dinámico el espíritu misionero que a ellos les anima.

 

 

 

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