Nº 210
Retos de la Misión a la Espiritualidad
Presentación
Cuentan que Isaac, cuando envió a Jacob, lo bendijo de este modo: "que el Dios Todopoderoso te bendiga y te haga tan fecundo y numeroso que llegues a ser una muchedumbre de naciones". Jacob partió y, llegada la noche, se acostó en un lugar que se llamaba "Luz". Mientras dormía tuvo un sueño: la tierra y el cielo entraban en comunicación por medio de una escalinata. Y oyó la voz del Señor: "te extenderás al este y al oeste, al norte y al sur. Todas las naciones recibirán la bendición a través de ti y de tu descendencia. Yo estoy contigo". Al despertar Jacob de su sueño, se dijo: "ciertamente el Señor está aquí y yo no lo sabía". A partir de entonces aquel lugar será llamado Betel, esto es, "Casa de Dios" (cf. Gén 28).
Los misioneros, en cuanto enviados de la Iglesia, parten a recorrer todos los caminos de la historia, sabiendo que Dios está con ellos, para comunicar su bendición y recrear la reconciliación en la muchedumbre de naciones. Pero, desde sus procesos existenciales de encarnación entre las gentes, culturas, pueblos y religiones, en ciertos momentos llegan a darse cuenta -como Jacob- de que "el Señor está aquí y yo no lo sabía".
Resulta evidente que una espiritualidad arraigada en la vida del misionero es imprescindible; no podría ser de otro modo. Por ello, «Misiones Extranjeras» siempre ha dedicado parte de sus publicaciones a esta dimensión. En particular y de modo monográfico, apareció el número Espiritualidad misionera hace poco tiempo [cf. 195 (Julio-Agosto 2003)]. Pero, con la presente aportación queremos resaltar un aspecto concreto de la misma. No se trata tanto de la espiritualidad misionera en sí; sino que se busca acentuar algunas de las llamadas configuradoras de la espiritualidad que brotan desde los retos que la misión acoge en su dinamismo evangelizador: porque el Espíritu también llama y atrae desde fuera, porque Dios está también ahí y es preciso integrarlo en la propia vida a fin de convertir esos ámbitos de "luz" en "casa de Dios" desde la propuesta de la buena nueva. De aquí el presente título que marca esta orientación: Retos de la misión a la espiritualidad .
La sección ESTUDIOS recoge seis interesantes aportaciones al respecto. En primer lugar, el carmelita P. Augusto Guerra presenta una perspectiva sapiencial donde su objetivo se centra no tanto en plantear la identidad de la espiritualidad, ni su actualidad e importancia, ni su metodología y estatuto epistemológico; sino que pretende exponer un concepto de espiritualidad en cuanto vida (vida en el Espíritu), aspecto que desarrolla en relación a lo que ello puede significar en nuestros días.
Esa necesidad de "vivir según el Espíritu" se hace más urgente en momentos de búsqueda, de cambios profundos, cuando se está gestando una sociedad más multicultural y plurireligiosa. Y si alguien vive dentro de la dinámica de los cambios, ése es el misionero por su misma vocación de frontera, por estar siempre cruzando orillas y saliendo hacia los otros. Por ello, José Manuel Madruga -director de esta revista- profundiza en una espiritualidad para la misión ad gentes . El misionero necesita de una contextura interior, de un andamiaje que le permita llevar adelante con garantía la tarea misionera. Por eso habla de la espiritualidad misionera, pero no de cualquier espiritualidad misionera. Se trata de una espiritualidad en consonancia con un marco determinado de la misión. De ahí que haga referencia a este marco y al nuevo contexto de la espiritualidad.
Sin embargo, es fácil acostumbrarse al ritmo del trabajo misionero. Cuando la acción misionera se vuelve rutinaria, pierde su encanto, su mística, su capaci dad profética. Cuando esto sucede, la mi sión pierde su impaciencia temporal: da igual un año que diez años, una ciudad que una región. A veces se ensombrece el celo misionero, la urgencia apostólica. El aburguesamiento de la vida religiosa no tiene tanto que ver con la comodidad, ni con la complacencia ante la sociedad del bienestar, sino con la pérdida de instinto apocalíptico y mesiánico. Una misión, desprovista de espiri tualidad, no emociona ni conmueve; no tiene visión, ni transmite esperanza: no es misión "cristiana". Desde estos planteamientos José Cristo Rey García Paredes nos invita a contemplar la espiritualidad apocalíptica, alma de la misión y, por ello, recomienda en su estudio a todas las comunidades religiosas y a cada uno de nosotros que vuelvan a recupe rar -si lo perdieron- o a encontrar - si nunca lo hallaron- el libro último de la Sagrada Escritura, el Apocalipsis.
En esta misma sección aparecen otros tres estudios que hoy día emergen como retos fundamentales para modular la propia espiritualidad misionera. Sus autores no han pretendido otra cosa -por lo demás, imprescindible- que reflexionar la propia experiencia que ellos han tenido en su tarea misionera. Así, Josefa Cordovilla plantea la espiritualidad de comunión y misión desde la propia misión y en nuestro momento histórico, apelando al fundamento trinitario que hace de la Iglesia un misterio de comunión realizado en la entrega y servicio de cada bautizado, para pasar a reflexionar sobre la espiritualidad de comunión en la misión y sobre algunas concreciones de su vivencia en la Iglesia local donde el misionero es enviado.
Por su parte, María Jesús Hernando García insiste en los desafíos de la inculturación a la espiritualidad misionera . Mediante tres pasos sucesivos (solidaridad, empatía y comunión) la autora nos invita a participar activamente en el banquete del Reino donde experimentaremos que todos entramos en la piel del otro, que caminamos con los mismos zapatos y que todos vemos el mundo como el otro lo ve, porque todos miraremos con los ojos de Dios. Finalmente, Juan Manuel Pérez Charlín hace lo propio desde los desafíos del diálogo interreligioso para ayudarnos a intuir que en las riquezas espirituales de los pueblos está presente el rostro de Dios, un rastro de su amor y presencia que aun siendo un pobre fruto de la experiencia interior de las personas, nos dan una pista para ponerse en actitud de búsqueda de un Dios que nunca deja de sorprendernos. Por eso, la mejor respuesta que el Espíritu puede sugerir o susurrar en los corazones de los que buscan el rostro de Dios es tener una actitud contemplativa .
La sección TESTIMONIOS recoge las aportaciones de tres misioneras. Por un lado Marcela Balguerías -laica, casada y madre de familia- plantea la especificidad misionera desde dicho carisma en su aportación Reconocer al Cristo encarnado en el rostro de cada hermano . Geraldina Céspedes , religiosa natural de Santo Domingo, aporta su experiencia misionera en Guatemala como camino hacia una espiritualidad de la inserción (Artículo en PDF). Finalmente, la religiosa Consuelo de Grado , que lleva muchos años de presencia misionera en el Perú habiendo trabajado en realidades campesinas y últimamente en los barrios marginados de Lima, insiste en la inserción en el mundo de los pobres .
En la sección DOCUMENTOS ofrecemos la reflexión elaborada por el grupo de misioneros del IEME que trabajan en la periferia de Sao Paulo (Brasil) y que es un aporte presentando en el VII Encuentro de misioneros del IEME en América Latina y el Caribe celebrado en estos días en la misma ciudad de Sao Paulo.
En PUNTO DE MIRA , José María Rojo, misionero en el Perú y recién llegado de la Universidad Javeriana de Bogotá, nos ofrece algunos aspectos de un tema de gran actualidad y con una gran perspectiva de futuro de cara a la acción evangelizadora y a los nuevos ámbitos y areópagos de la misión: ¿Cómo evangelizar desde los Medios en la gran ciudad y en particular a partir de la radio religiosa?
Finalmente en CENTROS DE REFLEXIÓN hacemos una sencilla pero no menos interesante presentación del Instituto Pastoral del Este Asiático (EAPI) y de algunos de sus cursos.
Agradecemos a Roberto Calvo , profesor de Misionología de la Facultad de Teología del Norte de España, sede Burgos y miembro del consejo de redacción de esta revista, la presentación que nos ha hecho de este número dedicado a los "Retos de la Misión a la Espiritualidad".