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Números Aparecidos
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El grupo de Tailandia se inició en 1991, hace ahora 14 años. De este modo el Instituto de Misiones Extranjeras de España (IEME) empezó a contar con dos presencias en Oriente: Japón y Tailandia. Dentro del sudeste asiático donde las posibilidades de una presencia misionera son escasas se encontró Tailandia, país budista que participa del sustrato de dos grandes cunas de civilización y religión como son India y China. El país está en un creciente desarrollo económico en medio de un grupo de países económicamente pobres y políticamente cerrados (Laos, Birmania, Vietnam). Se perciben dos tailandias: Bangkok y las zonas urbanas (muy americanizadas) y la Tailandia rural (atávica y pobre). Los efectos de la globalización se dejan sentir con gran peso y de igual manera su polo inverso que se percibe en la fragmentación social. La disponibilidad y apertura del obispo de Udon Thani, Mons George Phimphisan, en el nordeste del país ha sido un factor importante para la consolidación y crecimiento del grupo. El acompañamiento a la iglesia local, en cuanto a la formación de las comunidades cristianas y del clero nativo eran objetivos de esta presencia del clero diocesano español. El trabajo y presencia en la diócesis era un posibilidad de trabajo en primera evangelización (misión “ad gentes”) en ambientes rurales y urbanos con escasos recursos económicos, vivido en culturas lejanas no sólo por lo que tienen de lejanía geográfica cuanto en pensamiento y mentalidad (“ad exteros”) y con un compromiso serio y prolongado (“ad vitam”). Aunque el número de católicos en la diócesis no ha aumentado como fuera de desear, con cifras que se mantienen desde años anteriores, sí ha aumentado el clero diocesano y la responsabilidad del mismo en la administración de la diócesis. Esto da madurez a una iglesia y diócesis de relativa poca edad. Los miembros del grupo han contribuido sustancialmente a fortalecer las instituciones pastorales de la diócesis, así como en la formación de los seminaristas, trabajo social, etc. En un corto espacio de tiempo, como es el de la presencia del IEME en la diócesis, han quedado marcadas, en las distintas esferas y estructuras diocesanas las formas y estilo de trabajo y talante misionero del IEME. Pero, un poco más de una década cuenta poco en los anales milenarios de estas culturas. Nuestros éxitos los podemos comparar a las rodadas de nuestros vehículos en época del monzón, se perciben sólo en el intervalo de descampar de la lluvia. En el momento actual el grupo cuenta con cinco miembros, tres en Tailandia, Ángel Becerril en el distrito de Pon Charoen, Luis Miguel Avilés en Hueylepmü, ambos en la provincia de Nogkhai y Fermín en Kumpawaphi, provincia de Udon Thani, Miguel Quintero, aún recuperándose en España, y Chema Rodríguez iniciando estudios en la India. Pensamos que en un futuro sería enriquecedor para el grupo del EIME que algún equipo trabajara en alguna otra diócesis de Tailandia o incluso en Laos, si fuera posible, y esto haría necesario y deseoso incrementar el número de miembros del IEME en el país.
Las líneas generales de nuestra acción evangelizadora son:
En la puesta en práctica de estas líneas generales de evangelización experimentamos algunas dificultades como son:
¿Cómo avanzar en la dirección deseada?
Recuerdo, Luismi, que hace unos meses me pedías que hiciera una pequeña reflexión sobre el silencio. La petición venía ocasionada por la ermita de Phon Charoen, donde desarrollo mi vida de misionero en un entorno de ermitaño. “Hablar” del “silencio” ¿no es una contradicción? En su libro “Raíz de la esperanza” , tu antiguo profesor de Salamanca, Olegario, dedica dos capítulos sin desperdicio al tema de la soledad. En el segundo dice que la soledad existe entre la vocación y la misión. Llevados por la fiebre del activismo apostólico y del profetismo de la palabra, nosotros tendemos a dejar la soledad para el final de nuestras vidas, cuando ya no nos queda saliva en la boca, como si ya no pudiéramos hacer nada útil excepto guardar silencio. No fue así en la vida de Moisés, ni en la boca de Pablo. Para ellos, como para tantos otros misioneros y profetas, el silencio y la soledad precedieron y consiguientemente acompañaron a la misión. La soledad conduce a la solidaridad. Cita Olegario a Whitehead, un matemático y filósofo que decía: “La religión es soledad. Y si usted no está nunca en soledad no será nunca religioso”. “El silencio es la puerta por donde la Palabra entra en la casa ”. Otro abulense de hace algo más de cuatro siglos escribió con bastante de talle el proceso de hacer silencio. Además era poeta de inspiración no común. Nosotros hablamos del silencio de la boca. Guardamos silencio. En realidad el silencio no se guarda sino que se hace. Y se hace silenciando. De silenciar habó Juan de la Cruz, más que de guardar silencio. ¿Silenciar qué? El entendimiento, la memoria y la voluntad. Ve a decirle a Descartes que silencie el entendimiento, que tire por tierra sus ideas, que deje de pensar. Si no pienso no existo. Soy la nada. Pues eso mismo: “Para venir a saberlo todo, no quieras saber algo en nada”. Para muchos de nosotros el silencio tiene una finalidad: se acalla por algo o para algo. El verdadero silencio no dice nada. Si dice algo deja de ser silencio. El silencio es anónimo, no lleva firma. De los miles o millones de monjes que ha habido en la historia, tanto cristiana como de otras religiones, a penas se conservan testimonios hablados o escritos. Y de esos pocos que se conservan casi todos son anónimos. Nosotros lo expresamos todo en palabras. Nuestras estanterías están llenas de libros y revistas, muchas de las cuales nunca hemos leído ni leeremos, y de las que hemos leído poco recordamos y menos aún llevamos a la vida. No todo se reduce a la palabra ni al móvil. La experiencia del silencio es silenciosa. Pablo no habla de su experiencia de silencio en Arabia. Los evangelios son extremadamente parcos en hablar de los cuarenta días de silencio de Jesús en el desierto o de su largo retiro en Nazaret. El silencio y la palabra no son rivales que entran en un mismo campo de competir. Dice Pannikkar que “no hay cultura del silencio; o es natural o no es silencio. Uno se queda callado cuando no tiene nada que decir”. Cuantas veces nuestros silencios son represiones momentáneas de un raudal de palabras. Nos muerden las ganas de decirlo. Esas ganas son el ruido que rompe el silencio. Por tanto, para San Juan de la Cruz hay cosas que “rompen” el silencio. Las actividades del intelecto, de la memoria y de la voluntad, pueden “hacer ruido” y por tanto “romper el silencio”. Los orientales hablan de tener un corazón “vacío”, “despegado”. Y es que los “apegos” son como ruidos. Sin embargo la oración no “rompe” el silencio. También se puede escuchar el ruido de la música sin entorpecer el silencio. Sin romper ningún silencio el monje escucha las consultas de quien se acerca al monasterio. En los monasterios te puedes enterar por primera vez de un acontecimiento del pueblo o de un “secretito” de la diócesis. El silencio cuando es auténtico, invita al deshago y a la consulta. De este silencio que no habla se sacan fuerzas. Nuestra cultura judeo-cristiana y platónica concede un gran valor a las ideas y a las palabras. Tendríamos que valorar el silencio, el silencio del que calla porque simplemente no tiene nada que decir. Permíteme cerrar esta palabrería con una historia africana: Un cazador se encontró en plena selva africana con una calavera. Sorprendido por tan extraño encuentro preguntó: ¿quién te trajo aquí? La calavera le contestó: La lengua me trajo aquí. Aún más sorprendido por oír hablar a la calavera corrió al pueblo para comunicar a los vecinos que en la selva había una calavera que hablaba. El pueblo entero y el rey con su séquito se dirigieron a la selva para comprobar el milagro. Llegados al lugar de la calavera, el cazador preguntó: ¿Quién te trajo aquí? La calavera no contestó. El rey se sintió burlado por el cazador y ordenó a sus policías que lo ejecutaran en aquel mismo lugar. Terminada la ejecución el rey y todos los vecinos volvieron al pueblo. A solas quedaron las dos calaveras. Y la primera preguntó a la del cazador: Amigo, ¡quién te trajo aquí? Y en el silencio de la selva se oyó esta respuesta: la lengua me trajo aquí” Ángel Becerril
Thich Nhat Hanh (Hacer tictac-Sin valor-Han pronunciado) es monje budista vietnamita. Ha trabajado incansablemente para la reconciliación entre Vietnam del norte y del sur. Fue nominado para el premio de la paz Nobel en 1967. Él vive en exilio en una comunidad pequeña en Francia en donde él enseña y escribe. Es un autor y activista desde la no violencia y el diálogo con el cristianismo. Está dedicado a la ayuda espiritual en la línea de la tradición budista. En Francia, fundó un centro del espiritualidad. Autor de numerosos libros entre los que destancan “Anger” y “Living Budda, living Christ”, el libro que presentamos “Ninguna muerte, ningún miedo” trata sobre un tema que ha sido objeto de reflexión en la tradición budista desde hace veinticinco siglos: el problema de la muerte. En el libro se examinan nuestros conceptos de muerte y miedo y la verdadera naturaleza de nuestra existencia. A través de parábolas Zen , meditaciones dirigidas y experiencias personales rompe con los mitos tradicionales de cómo vivimos y morimos. Thich Nhat Hanh, en esta línea de pensamiento budista, hace una apuesta por liberar del miedo de la muerte al mundo de hoy en día.
CAMINA DESPACIO Camina despacio con paso sosegado y no tropezarás. Duerme profundamente y no te inquietarás durante la noche. Quienes lo practican necesitan antes que nada serenidad y paciencia, además, necesitan desapasionarse, no pensar acerca del pasado ni estar preocupado sobre el futuro. Si piensas sobre el pasado, tu ser anterior no morirá. Si piensas sobre el futuro, el camino aparece largo y difícil de atravesarlo. Es mejor estar sereno y sosegado, no pensar ni en el pasado ni en el futuro sino sólo poner atención al presente actuando con normalidad. Cada consecución es un logro y esto lo aumentará. Si eres impaciente para terminarlo y haces voto de hacer muchas obras y ejercicios esto es más aún interés personal , mérito calculado y afanarse por el beneficio. Entonces la mente no puede estar limpia, éste es el camino de la inconstancia. Del “Espíritu del Tao”
CHEMA EN LA INDIA Desde hace una semana nuestro compañero Chema se encuentra por tierras hindúes. Parece que el viaje fue un poco abrupto y sobretodo “moroso”. Treinta y tantas horas de retraso de aúpa, que se dice pronto. Tuvo tiempo en esas horas de arresto involuntario, de escribir a sus anfitriones que tuvieron la paciencia de volver a esperarle al aeropuerto. Aún así nuestro Chema, aguerrido burgalés lo ha sufrido con paciencia y ofrecido en pro del trabajo a comenzar. Parece ser que ya ha entrado en contacto con el profesor de inglés que sin duda alguna será también guía en la atmósfera de la India. Un país de enigma y seducción en tradiciones hinduistas y en culturas milenarias. Chema te felicitamos. ¡¡¡Cuando quieras que vayamos a verte nos lo dices!!!! LUIS MIGUEL EN LA RUTA DEL QUIJOTE No podía perderse tal evento. El manchego tailandés no podía por menos perderse tan significativas fechas y cabalgar a lomos de rocinantes imaginarios sus tierras quijotescas: ver la luminosidad de las cresterías salpicadas de molinos y recordar los sabores del paladar manchego con vinos, perniles y quesos de la tierra, saborear la plática amistosa de conocidos y amigos, de clérigos y bachilleres que le den solaz y sosiego. Llegó desde Siam y la Conchinchina para descansar, pero también para rehacer andanzas en el servicio a Nuestro Señor y “desfacer” cuanto húbose dicho de males y miedos. En la villa en la que caballeros afamados de San Juan hacían descanso, tiene su hacienda e invita a cuantos caminantes de esta ilustre hermandad del IEME se aproximen a sus lindes para dar reposo y regozo al cuerpo y al alma. SUFRIENDO EL MONZON Es decir, presentes en Tailandia están Ángel Becerril y Fermín Riaño. Uno de Enero, dos de Febrero, tres de Marzo, cuatro de Abril, seis de Junio, siete de Julio San Fermín….patrono insigne de nuestro ínclito compañero Fermín Riaño. Desde estas páginas, nada taurinas felicitamos a nuestro compañero y le deseamos lo mejor y le damos el más efusivo abrazo. Estuvo por La Ciudad de los Angeles, es decir Krungtep o lo que es lo mismo Bangkok acompañando a la más cuidada selección de seglares de la diócesis en la reflexión sobre comunidades de Base. Esperamos que fuera de lo mejor y deseamos que pronto pudiera asomarse en estas páginas alguna reflexión sobre tal acontecimiento. A nuestro decano en el país Ángel Becerril hay que agradecerle muchas cosas, entre ellas el asumir en este mes una de las comunidades de Luismi. Es un servicio que demuestra disponibilidad y un gran corazón. Nong Yam Kham también se ha mostrado agradecida.
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