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Reseña histórica del IEME
La andadura del IEME hunde sus raíces en la iniciativa del sacerdote diocesano Don Gerardo Villota, que sintió la necesidad de que el clero secular español pudiera participar, como tal, en la actividad misionera de la Iglesia universal. Para ello fundó en Burgos, el 1 de Octubre de 1899, el Colegio de Ultramar y Propaganda Pide, "que podría llegar a ser base de uno de misiones extranjeras" encomendándoselo al Arzobispo de Burgos. El Colegio de Ultramar dio sus frutos en la primera década de 1900, enviando siete sacerdotes a la Diócesis de La Serena (Chile). La sección de Propaganda Pide no llegó a fructificar por diferentes causas. En carta de 30 de abril de 1919, el Papa Benedicto XV encomendó al Arzobispo de Burgos, Juan Benlloch, la creación, contando con la colaboración de sus hermanos en el episcopado, de una institución misionera dependiente de Propaganda Fide para los sacerdotes diocesanos españoles que se sientan llamados a participar en la tarea evangelizadora de la Iglesia universal. El punto de partida sería "esa como semilla" que había sembrado D. Gerardo Villota, "sacerdote de santa memoria". y así se inauguró el Seminario Nacional de Misiones el 3 de diciembre de 1920, que en mayo de 1923 ya contaba con dos misioneros en el Vicariato de San Jorge (Colombia). Un importante cambio jurídico se produjo en 1947, cuando no sólo se modifica el nombre que pasó a llamarse "Instituto Español de Misiones Extranjeras", sino que además pasa de la dependencia directa del Arzobispo de Burgos a la de Propaganda Fide. Es considerado como una "sociedad de vida en común sin votos" y sus nuevas constituciones se aprueban en 1960. En la práctica, los misioneros fueron desligados jurídicamente de sus diócesis, quedando incardinados en el Instituto. Hubo que esperar hasta 1979 para que, de nuevo, a petición del IEME y con el parecer favorable de la Conferencia Episcopal Española, Propaganda Fide autorizase el proceso inverso. Hoy todos los misioneros estamos incardinados en nuestras diócesis de origen. Mientras tanto, se habían roturado nuevos campos de misión en Chiriquí (Panamá), en 1947, y en Wankie (Rhodesia, hoy Zimbabwe), en 1949. Luego se asumirían otros en Japón y en varios países de África y de América Latina. Desde 1989, con las nuevas constituciones aprobadas, el IEME quedó encuadrado en el marco de las "sociedades de vida apostólica". Debajo de esta historia hay algo mucho más importante: la entrega de la vida a la misión ad gentes, día a día, de casi medio millar de misioneros a través del IEME. Han cambiado mucho las circunstancias y el mismo concepto sobre la misión. Lejos quedaron los años heroicos en que en San Jorge (Colombia), Wankie (Zimbabwe), Tete (Mozambique), El Petén (Guatemala), por citar algunos lugares, los misioneros gastaban sus vidas rápidamente, acosados por la malaria y otras enfermedades, o las perdían en las aguas de caudalosos ríos. Hoy, sin que eso haya desaparecido del todo, sigue la difícil brega diaria por los valores del Reino, por crear nuevas comunidades -a veces en países sin apenas cristianos, como Japón o Tailandia- y por defender la causa de los pobres. Recordamos a los que han entregado sus vidas generosamente, en años recientes, asesinados por la causa del Reino. |
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