EL DIOS DE JESÚS

¿Cómo es Dios?...¿Quién es Dios en realidad, y cómo podemos conocerlo?...

Lo cierto es que Dios es un gran misterio...Para muchos creyentes, Dios es un ser supremo, espiritual, todopoderoso, ante el cual sienten un gran respeto y un gran temor... Hay incluso no pocos católicos que asisten a la Misa y que cumplen con sus rezos, porque si no lo hacen, sienten que Dios los puede castigar.

En otros casos, hay mucha gente que no tiene temor a Dios, pero lo que sí tienen es un profundo desconocimiento de quién es Dios...No se sabe quién es Dios ni cómo es... Dios es el gran desconocido. Y la religión se convierte en un conjunto de prácticas religiosas de rutina, que se hacen sin alegría, sin mucho convencimiento y sin amor.

Hay otros que utilizan el nombre de Dios, y dicen interpretar su voluntad, para cometer actos brutales de terrorismo asesinando a miles de personas. Y otros utilizan al mismo Dios, con otro nombre, para lanzar una guerra destructiva contra países supuestamente dominados por terroristas, pero asesinando, del mismo modo a población civil inocente.

Otros muchos decimos que creemos en Dios, pero nos fabricamos al mismo tiempo nuestros ídolos, para nuestra utilidad y provecho. Son unos falsos dioses, atractivos y eficaces, como el dinero, el poder, el prestigio, el bienestar y confort, el consumo, etc. Estos son los ídolos del hombre moderno..

Por eso es importante lograr un conocimiento correcto y objetivo sobre Dios ...¿Pero cómo podemos conocer a Dios?.. A Dios lo conocemos por Jesús, por lo que Jesús nos ha dicho. El Dios verdadero es el que Jesús nos descubre...En el Evangelio de Juan 1, 18 leemos: “A Dios nadie lo ha visto jamás. Es el Hijo único, que es Dios y está al lado del Padre, quien lo ha explicado”.

Esto quiere decir, en primer lugar, que Dios es inalcanzable e incomprensible. Dios está muy por encima de lo que nuestra inteligencia puede comprender. Y en segundo lugar, quiere decir que ese Dios incomprensible se ha dado a conocer en la persona y en la obra de Jesús de Nazaret . Por tanto, viendo y comprendiendo a Jesús, se ve y se comprende a Dios...

Es lo que Jesús dijo a Felipe en la última cena: “Felipe, quien me ve a mí, está viendo al Padre” (Juan 14, 9). O lo que dice Pablo a los Colosenses: (1, 15) : “Jesús, el Mesías, es imagen de Dios invisible”. El Dios invisible, el Dios escondido, se ha dado a conocer en la persona y en la obra de Jesús.

¿Y cómo es el Dios que se nos da a conocer en Jesús de Nazaret?...

El Dios que se revela en Jesús, es el Dios de la solidaridad con el hombre. La vida de Jesús fue una vida de solidaridad con los demás. Fue muy cercano a los marginados y excluidos de aquella sociedad...Jesús proclamó que son dichosos y bienaventurados los pobres, los que sufren, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los perseguidos. Jesús muestra su cercanía a los que no podían hacer valer sus derechos, que por eso eran precisamente pobres.

En la sinagoga de Nazaret, Jesús lee las palabras proféticas de Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí y me ha ungido para dar la buena noticia a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos...” (Lucas 4, 18-19).

La solidaridad de Jesús con los hombres y mujeres le hizo a Jesús ser muy radical. Dijo que no contestemos a quien nos agravia. Que pongamos la otra mejilla a quien nos golpea. Y que le demos también la camisa a quien nos quiere quitar nuestro saco (Mateo 5, 38).

El Dios cercano y solidario que Jesús nos revela, se ve también por la clase de gente que solía acompañar a Jesús. Era la gente de baja reputación, los más despreciados e incultos de aquella sociedad, los que eran mantenidos al margen. Sin embargo, Jesús se acerca a ellos y comparte con ellos.

Si Dios se nos revela, se nos muestra, en la vida y en el comportamiento de Jesús, quiere decir que el Dios que se nos da a conocer en Jesús es el Dios de la cercanía y de la solidaridad.

Para los cristianos Dios tiene un nombre propio. Y ese nombre es PADRE. Cuando decimos que Dios es Padre, no estamos poniendo un ejemplo o una comparación. No. Es que Dios, en realidad, es Padre. Y es Padre, porque se da una comunión de vida y de intimidad entre Dios-Padre y aquellos a los que llama sus hijos.

Para mucha gente creyente, la grandeza y el poder de Dios les infunde no sólo respeto , sino también miedo, porque el misterio de Dios representa una amenaza y un posible castigo para el hombre. En casi todas las religiones se presenta a Dios como un ser misterioso y tremendo, que infunde miedo. Lamentablemente, también muchos cristianos no llegan a superar ese tipo de experiencia religiosa negativa, porque viven su religión bajo el signo del miedo y del constante temor. Esos cristianos, en verdad, no conocen al Dios que nos mostró Jesús.

Esto lo hemos comprobado estos días en Guatemala. Ante la pérdida de vidas humanas, de casas y cosechas, por el huracán Stan, hubo no pocos cristianos que dijeron que eso era un castigo de Dios...Los que piensan y se expresan así, creen en un dios que infunde miedo y castiga. Pero lamentablemente NO conocen al Dios de Jesús, que es Padre de amor.

En el Antiguo Testamento, algunas veces se llama a Dios , Padre, en el sentido de que Dios es Padre del pueblo de Israel en general. Y la palabra “padre”, en aquellos tiempos, no quería decir precisamente cercanía, intimidad y cariño. La figura del padre significaba respeto absoluto y autoridad que todos debían respetar.

Lo que el Nuevo Testamento nos revela sobre Dios Padre es una novedad nunca antes imaginada. La palabra Padre, referida a Dios, se usa 245 veces en todo el Nuevo Testamento. Y el hijo de Dios Padre no es el pueblo en general, sino cada creyente en particular.

Y lo que es más significativo: a Dios se le llama Padre con la palabra “Abba”, que expresa cariño, intimidad, ternura, de modo que debemos traducirla con la palabra “papá”, que entre nosotros significa mayor cariño y confianza. Dios es nuestro papá.

Por eso, el cristiano debe dirigirse a Dios con una gran confianza y cercanía, con la que un niño pequeño se encuentra en brazos de su papá. Y esto es así, porque el Dios que Jesús nos ha descubierto es un Dios Padre, cercano, íntimo y cariñoso.

Esto supone un compromiso para nosotros, porque todo hijo debe parecerse a su padre. Por eso nos dice Jesús: “Amen a sus enemigos y recen por los que les persiguen, para ser hijos de su Padre del cielo, que hace salir el sol sobre malos y buenos...Por tanto, sean buenos del todo, igual que es bueno su Padre del cielo” (Mateo 5, 44-48)...

¿Y cómo es que nosotros somos hijos de Dios?...

San Pablo responde muy bien a esta pregunta. Dice: “Hijos de Dios son todos y sólo aquellos que se dejan llevar por el Espíritu de Dios. Miren, no recibieron un Espíritu que los haga esclavos y los regrese al temor. Recibieron un Espíritu que les hace hijos y que nos permite gritar ¡Abba!, Padre!” (Romanos 8, 14...).

Y en su carta a los Gálatas, 4, 4-7, nos dice también Pablo: “Cuando se cumplió el plazo, envió Dios a su hijo, nacido de mujer, sometido a la ley, para rescatar a los que estaban sometidos a la ley, para que recibiéramos la condición de hijos. Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios envió al interior de ustedes el Espíritu de su Hijo, que grita ¡Abba! ¡Padre!. De modo que ya no son ustedes esclavos, sino hijos. Y si son hijos, son también herederos por obra de Dios”.

Resumiendo. A Dios nadie lo ha visto. A Dios lo conocemos por lo que Jesús, Hijo de Dios, nos ha revelado y explicado. Y el Dios que Jesús nos ha mostrado es un Dios cercano, íntimo y amoroso. Un Dios solidario con el hombre y sus penas. Un Dios que es Padre, es nuestro papá, porque nos ha transmitido su misma vida, al hacernos hijos suyos, incluso con derecho a la herencia del Reino en el cielo...

¿Qué más queremos?...¿Podríamos tener un Dios mejor que el que tenemos?. Yo creo que no...Sólo necesitamos conocerlo más profundamente, y corresponder al amor que Él nos tiene.

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