EL SEGUNDO SÍNODO PARA ÁFRICA Y SUS LINEAMENTA :

CUESTIONES Y SUGERENCIAS

Aina, Raymond Olusesan

COMENTARIOS INTRODUCTORIOS

Los Lineamenta para la Asamblea especial del Sínodo de los Obispos para África se publicaron el 27 de Junio de 2006. Lineamenta es una de las acepciones del Vaticano para designar una “democracia representativa, pero ejemplar” en el sentido de que los participantes en un sínodo no están allí para fomentar o promover sus ideas o visiones de la Iglesia y su misión. Son los portavoces de las diversas Iglesias locales que representan Ahora bien, esta forma de “representación” tiene que basarse en ciertas “reglas básicas de compromiso”. Así pues, los Lineamenta son imprescindibles para cualquier parte del Pueblo de Dios que desee participar en un debate inteligente de los temas que han de ser discutidos por sus “representantes episcopales” (dado que, hablando con propiedad, sólo los obispos son representantes oficiales en estos Sínodos)

Los Lineamenta proporcionan los puntos relevantes que se han de debatir. No obstante, se ha de tener en cuenta que los Lineamenta y sus contenidos son provisionales en su carácter y en sus objetivos. Si no fuese así, iría en contra del ideal de la Iglesia de una “democracia representativa, pero ejemplar”. En contra de estos presupuestos voy a presentar las siguientes reflexiones que nos estimulen a participar en los debates con vistas al próximo “Sínodo africano”. El propósito es que, cuando aparezca el Instrumentum laboris no deje de reflejar los puntos de vista, imaginaciones, aspiraciones y posiblemente los vocabularios del Pueblo de Dios en África sobre “La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, la justicia y la paz” (tema del Sínodo para África)

En los comentarios que siguen sobre los Lineamenta, voy a adoptar una perspectiva victimista. Una perspectiva victimista, utilizada en particular en criminología crítica, trata de resaltar lo más vulnerable en la sociedad y que sus experiencias son tales que considerando la justicia para tales personas y para aparecer como prestando atención a tales experiencias, nuestra defensa y práctica tienen en cuenta esos temas relacionados con la “satisfacción de la víctima”. Por ejemplo, si el crimen y la violencia masiva constituyen una invasión de una persona concreta, ésta tiene interés en la resolución. Si hay que considerar la reparación de la forma que fuere, la víctima debería tener una voz propia. En consecuencia, lo que sigue no es apenas un ejercicio retórico, sino una reflexión acerca de la justicia y de la construcción de la paz con base en aquellos que han sido traumatizados y “desconcertados” por sus propios semejantes en el mundo. Estos puntos de vista nos llevan a prestar “cuidado” (care) a todas aquellas personas y pueblos que están afectados por la violencia y las guerras

Así pues, voy a procurar hallar en los Lineamenta cuanta imaginación crítica y expansiva nos proporciona a nosotros como africanos que estamos llamados a dar respuesta activamente a los temas de la violencia, desposeimiento, justicia, paz y reconciliación. De ahí que afirme que la ‘personeidad' (huama) de las víctimas debidamente considerada exige prestarle atención a ella y a sus asuntos y necesidades, si la Iglesia y sus organismos, como el Sínodo, quieren contribuir a la reconfiguración de una narración desprovista de egoísmo (individual o colectivo), que es esencial para la humanización de las personas, los pueblos y su mundo.

RESUMEN DE LOS LINEAMENTA

El documento está dividido en cinco capítulos, precedidos por un prefacio y una introducción. El prefacio, escrito por el arzobispo ucraniano Nikola Eterovic, secretario general del Sínodo de los Obispos, establece el tono del documento. Advierte con entusiasmo que desde la clausura del primer Sínodo especial para África, en 1994, y la posterior publicación de Ecclesia in Africa por el papa anterior, Juan Pablo II, la Iglesia Católica en África ha estado guiada en su actividad por Ecclesia in Africa . Pero hay que rebajar el entusiasmo de Eterovic, pues dudo de que su entusiasmo se corresponda con la realidad. Lo mismo vale para su afirmación de que desde el último Sínodo especial para África “la situación ha cambiado considerablemente en África”. Es de destacar en este cambio “el crecimiento considerable en todo el continente, especialmente en el número de fieles”.

Pero, a pesar del crecimiento fenomenal, hay terribles situaciones que forman parte de nuestras vidas como africanos: “Situaciones de pobreza, injusticia, enfermedad y explotación; falta de diálogo, divisiones, intolerancia, violencia, terrorismo y guerra”. Todo esto junto constituye los que el historiador británico Basil Davidson llama “La carga del hombre negro” (The Black Man's Burden) , título de su libro sobre África. Si la Iglesia Católica en África es de verdad “la Iglesia-Familia de Dios” proclamada en el primer Sínodo Africano, la Iglesia tiene que guiarse por esa visión teológica en sus actividades pastorales, puesto que Ecclesia in Africa ha sido nuestra “guía”. De ahí que haya una necesidad palpable de un segundo Sínodo para África que se disponga a dar los fundamentos teológicos y antropológicos para una Doctrina Social Católica entre cuyos objetivos se encuentra la búsqueda de justicia, paz y reconciliación. Sin embargo, puesto que la Iglesia no está sola en África, la búsqueda de paz y justicia no se debe concentrar exclusivamente en la Doctrina Social de la Iglesia. Tiene que ser una búsqueda comunitaria, tanto interreligiosa como ecuménica, es decir, aprendiendo y recibiendo de aquellos que practican las Religiones tradicionales africanas, el Islam y las diversas denominaciones cristianas.

Frente a las innumerables “cargas” de África surge la patética pregunta: “Quo vadis, Africa?” - ¿A dónde vas, África? La Iglesia aporta a la mesa del debate y al campo de la justicia y paz el argumento de que la respuesta a esta pregunta es: “Jesús es nuestra justicia y nuestra paz”. Esta es la opción que animará entre los africanos la fe, esperanza y amor. Dentro de esta teología la Iglesia reconoce y proclama su misión como sacramento de reconciliación, justicia y paz en África. Sin embargo, esta misión no es un conjunto amorfo sin distinción. Del mismo modo que hay una distinción de funciones en la Iglesia, también son diferentes las tareas. Hay algunas tareas que tienen que asumir los obispos y las diversas Conferencias Episcopales, otras los clérigos y personas consagradas, y existe el cometido de todos los fieles al servicio de la reconciliación, justicia y paz. Las tareas están orientadas hacia algunos temas que requieren la atención de todas las partes: Respeto mutuo, reconciliación y perdón, reconciliación y salud en un sentido holístico, necesidad de salud económica, violencia y pobreza, obligación moral de terminar con el mercado armamentístico, y las guerras por poderes y los orígenes psicológicos de la guerra. El último capítulo trata de la espiritualidad que puede inspirar los temas del Sínodo, ya que si el Señor no construye la casa en vano se cansan los obreros día y noche. Como era de prever, los Lineamenta terminan con una invocación a la Santísima Virgen María , ya que es ella quien mejor nos enseña a ser sal de la tierra y luz del mundo (el sub-tema del Sínodo). Siguen a la conclusión 32 preguntas pensadas para facilitar un debate inteligente por parte de todos los que deseen hacer algunas aportaciones.

Lo mejor de las preguntas es que han sido pensadas para usarlas o individualmente o en grupos. Otra cosa que se puede calificar de buena es que las preguntas comienzan con referencias a Ecclesia in Africa: supongo que es con el propósito de que todos vean que hay una continuidad entre Ecclesia in Africa y el próximo Sínodo. Con esto se supone que todos han leído y seguido el progreso de Ecclesia in Africa . Pero es posible que muchos ni siquiera hayan leído Ecclesia in Africa . A estos les sugiero que no deben darse por vencidos. Pueden saltarse las preguntas 1-3 y 12 y seguir adelante con sus inteligentes debates sobre las otras cuestiones.

Una de las secciones que valoro de verdad es la sección que trata de los temas que han de afrontar los que llevan la batuta. Estos temas representan las “áreas impactantes” en la construcción de la paz, o sea, áreas de reflexión y evaluación que sean útiles para guiar a la Iglesia en África acerca de lo que se necesita para una paz justa en África, aunque la sección no tenga idea de los tipos de violencia que se deben llevar a las propuestas sinodales de justicia y paz. Estas áreas impactantes pueden resumirse como sigue: Capacidad institucional para promover la tolerancia y la coexistencia; seguridad militar y humana; estructuras y procesos políticos como el imperio de la ley, transparencia, subsidiaridad política; estructuras/procesos económicos, reconstrucción y habilitación social, estructuras que promuevan la dignidad y calidad de la vida humana, así como una cultura de paz. Las “áreas impactantes” contribuyen a la estabilidad institucional necesaria para garantizar la ‘sostenibilidad' de la vida humana, de las personas y de los bienes pertinentes para el florecimiento humano Esta tendría que ser la fuerza motriz/motivación de todo proceso de paz, justicia y reconciliación.

PREGUNTAS... Y PREGUNTAS,,, Y...

1.- ¿ De verdad necesitamos los africanos otro Sínodo dedicado a nosotros en Roma? ¿Cuántos de nuestra gente han siquiera oído y se han sentido afectados por el primer Sínodo africano? Teológicamente se habla de la “recepción” de un acontecimiento/documento eclesial. ¿Cuántos de nuestra gente han “recibido” el primer Sínodo africano?

El primer “Sínodo africano” sigue siendo para muchos un acontecimiento fundamental en la vida de la Iglesia católica en África. Y, como observan mis mayores yoruba: A kii kan ‘ju l'abe gh'ona” - “La sopa caliente no se toma deprisa”. El primer “Sínodo africano” es una “sopa caliente” que tenemos que tomar saboreándola y lentamente para poder empaparnos de su sustancia, aroma y vigor.

Tenemos que promover el proceso de “recepción” del primer Sínodo africano de modo que gradualmente cambiemos la vida, la teología y la vida sacramental de la Iglesia Católica en África. En otras palabras, la Iglesia en África necesita espacio y tiempo para oír y llevar hasta el corazón lo que dijo el primer “Sínodo africano” sobre la inculturación en África: que es necesaria para que el Evangelio arraigue firmemente en África. Es el camino que conduce a una evangelización plena y duradera. Más aún, la inculturación de la liturgia, por ejemplo, tiene que llevarse a cabo de tal modo que los fieles puedan entender y vivir mejor las multitudinarias celebraciones litúrgicas en que participan gozosamente, pero que pronto dejan de lado cuando surgen tragedias y dificultades. Esta revisión fundamental, pero sistemática, del catolicismo en África aún no se hecho abiertamente, por ejemplo, en Nigeria.

No es algo raro que, aunque las estadísticas publicadas anualmente por el Vaticano muestran un crecimiento fenomenal en África, los pastores de base sepan que la proporción de los que se van ruidosa o silenciosamente es más alta que la de los que entran. No nos engañemos con los números: Los números no propagan la fe; la gente, sí; los niños bautizados a millares no propagan ahora la fe; los adultos que la abandonan a millares, sí (que hacen los contrario). Esta es la razón de que la inculturación sea nuestro proyecto teológico y pastoral fundamental, una inculturación que va más allá de apenas confeccionar los ornamentos litúrgicos con adire (materiales de manufactura local) o de adornar las celebraciones litúrgicas con algunos instrumentos musicales tradicionales.

Yo, como africano que trata de “recibir” los acontecimientos/documentos contextuales y relevantes de la Iglesia con el próximo Sínodo, me siento como atrapado entre el primero y el segundo Sínodo ¿Para qué prepararme otra opípara comida cuando aún no he terminado de digerir lo que tú (‘Madre Iglesia') cocinaste no hace mucho? ¿Puede ser que tu instinto maternal saque lo mejor que tienes dentro? ¿O es que me ves tan patéticamente delgado (como un anoréxico) y que no progreso en engordar un poco y en cesar de abochornar el triunfalismo de familia? Un cínico incurable puede incluso concluir que quizá la gente en Roma lo que quiere es desarrollar la sección africana de la Biblioteca vaticana. Y que el mejor modo de hacerlo es organizar Sínodos para África en rápidas sucesiones, porque podemos estar seguros de que habrá una gran multitud de publicaciones. Lo que ocurre es que yo no soy un cínico.

2.-Sin embargo, no puedo por menos de preguntarme: ¿Tiene la Iglesia de Roma que llamar tan pronto a Roma a representantes de todos los obispos para discutir sobre África de nuevo?

El tema del próximo Sínodo se centra en Justicia, Reconciliación y Paz. Ciertamente, como advierte el famoso teólogo africano John Mbiti, África es “el continente afligido” . Así, la Iglesia de África tiene que hacer algo para encontrar “gasa” (un vendaje) antes de que África se desangre hasta la muerte con la ayuda de “bandidos ‘disfrazados' de compañeros”. Pero la “Madre Iglesia” nos va a hacer esto de nuevo. ¿Es que nosotros, la Iglesia-Familia de Dios en África, somos tan patéticos y débiles que no podemos valernos por nosotros mismos para discutir los temas de justicia y paz tal como nos afectan? ¿Es que somos tan transigentes que nos falta un serio fundamento moral para socorrer al “continente sangrante”?

Benezet Bujo y Laurenti Magesa, dos teólogos católicos actuales de vanguardia de África (Oriental) sugieren que nosotros, los africanos, estemos ufanos de la “palestra africana”, donde la comunidad es un “estómago” “que digiere” la palabra hablada en conjunto, es decir, reflexionando juntos e interpretando todo eso en y por medio de la comunidad, para llegar a tomar decisiones morales especialmente en temas de justicia y paz. Perdimos esto en el alborear del continente africano. Entonces podría haber tenido la Iglesia católica la oportunidad de redescubrir esto y mostrarlo al mundo: Una palestra africana, donde los mayores y representantes del continente “digieren” historias concretas de victimismo, supervivencia, vulnerabilidades, odio y amor, procedentes de quienes calzan zapatos y así saben dónde les aprietan los zapatos. Por el contrario, el debate sobre África deberían hacerlo nuestros mayores (obispos) que tienen apenas siete minutos para intervenir en la “plaza del mercado”, en Roma (lugar tradicional del encuentro). Temas de sufrimiento, desposesión, odio y empatía quedan restringidos a un tiempo limitado. En suma, por eso se les llama intervenciones como a otras intervenciones humanitarias tan comunes hoy en día: son rápidas, de alta tecnología, teniendo en cuenta el tiempo y el dinero.

En la “palestra africana” no son sólo los mayores varones quienes son el “estómago” de la comunidad que “digiere” la “comida” de la comunidad. Todos, o sus representantes, digieren la palabra dicha, porque todos tienen autoridad y sus destinos están ligados a cualquier conclusión a que se llegue. Aun así, no todos harán en público comentarios sobre lo que han “digerido” (eso es cosa de los mayores), pero al menos los principales investidos de autoridad no se quedan fuera. Incluso en el caso de que algunos de los que tienen autoridad no puedan estar presentes, todavía sus voces y rostros se pueden oír y ver por video-conferencia. Al menos el Vaticano la ha utilizado recientemente en algunos acontecimientos y conferencias, así que esta propuesta no es nada extraordinario. Recuerdo lo que reseñó una vez el antiguo Cardenal brasileño Dom Helder Cámara: “¡Cuánto cambiaría el mundo si los eclesiásticos pusiesen en organizar a los pobres y a los que sufren los mismos esfuerzos que ponen en organizar acontecimientos piadosos como congresos eucarísticos y peregrinaciones!”

3.-Si la Madre Iglesia quisiese de verdad desafiar a la Iglesia-Familia de Dios en África a hacer algo a favor del “continente afligido”, ¿no podría haber pedido a nuestros mayores africanos y a sus numerosos consejeros que organizasen una Cumbre Panafricana Católica sobre Justicia y Paz?

Esta cumbre, bajo los auspicios del SECAM, sería una manera particular pero decisiva de asumir el primer Sínodo africano y su Ecclesia in Africa que trató del tema de justicia y paz. En Ecclesia in Africa establece que la Iglesia-Familia de Dios debe promover la justicia y paz y manifestar con la justicia y la solidaridad el compromiso de todos sus miembros, especialmente en los departamentos públicos, incluso en la estructura de la Iglesia. Este llamamiento ya era un presupuesto al declarar la misión y acción de Cristo y la proclamación de que la raza humana es la misma familia de Dios. Esa presupuesta Cumbre Panafricana Católica sobre Justicia y Paz es evidente que se debería ver como una prolongación del primer Sínodo, que no tiene necesidad de un nuevo Sínodo. Esta cumbre podría dar a toda la Familia de Dios en África la oportunidad de juntarse para orar, compartir y trabajar juntos por la paz, prosperidad y redención de África de sus cargas impuestas por otros o por sí misma. Esta clase de cumbre pondría definitivamente rostro a los grupos sin rostro de africanos sangrantes, a tantas mujeres traumatizadas y supervivientes, que han sido asoladas por violaciones y en consecuencia por el SIDA, a tantos niños soldados que han sido obligados a abandonar su inocencia juvenil y adoctrinados para matar y odiar mucho antes de que se les enseñase a amar y ser solidarios mutuamente con todos. Lo que tiene que dar la Iglesia de Roma y la Curia romana a la Iglesia africana es apoyo técnico.

Pero esta propuesta no puede ser práctica por ahora, aun siendo la mejor vía para la Iglesia africana en este momento de su azarosa vida. No es ningún secreto que el antes Cardenal Josef Ratzinger (ahora Papa Benedicto XVI) tiene la firme convicción teológica de que la “Iglesia universal” tiene la primacía sobre las “Iglesias particulares/locales” (o sea, las Iglesias unidas en la Eucaristía en torno a un obispo consagrado o su representante), aunque su compatriota el Cardenal Walter Kasper no está de acuerdo con esto. Para Kasper, la Iglesia universal es una comunión de Iglesias particulares/locales, ya que en ningún lugar hay una “Iglesia universal”. Lo que tantas veces se considera como “Iglesia universal” (Roma) es en realidad una “Iglesia local” (aunque tenga una posición preeminente por los Santos Pedro y Pablo).

Esto no es un mero desvío teológico. Una de las consecuencias de esta tensión/debate es que solamente cuando se reúne la “Iglesia universal” (en las personas del Colegio de los Obispos en unión con el Papa) existe la autoridad de magisterio en nombre de la Iglesia para otras partes de la Iglesia, aparte de la jurisdicción inmediata de los respectivos obispos. Si se sigue esta lógica, se puede ver por qué temas que afectan a Iglesias particulares y a regiones particulares como África, Asia, Europa, etc. siempre se han de discutir en “Sínodos de Obispos” en Roma (al menos en la medida en que la “Iglesia universal” tiene la primacía de lugar y de magisterio sobre las “Iglesias particulares/locales”). Con todo, cada Iglesia sinodal (por ejemplo “Iglesias particulares/locales de una región reunidas en oración y reflexión) es Iglesia con su propio carácter local. En otras palabras, las “Iglesias particulares/locales” no son sucursales de la central, es decir, de la Curia Roma o del Vaticano.

4.-Si alguien duda de la plausibilidad de la observación acerca de la escuela teológica que controla actualmente los sistemas y estructuras de la Iglesia Católica Romana, que compruebe las notas finales de los Lineamenta e incluso los Lineamenta para el “Sínodo africano” de 1994 .

En los Lineamenta actuales hay setenta y nueve referencias (79). La mayoría son de: 1) Juan Pablo II (26 veces); 2) Benedicto XVI (19 veces); 3) SECAM (2 veces); 4) Vaticano II (14 veces); 5) Beata Isabel de la Trinidad (1 vez); 6) Compendio de la Doctrina Social Católica (4 veces); 7) Juan XXIII (1 vez); 8) Pablo VI (1 vez); 9) San Ireneo de Lión (1 vez); 10) San Agustín de Hipona (1 vez); 11) Santo Tomás de Aquino (1 vez); 12) Ecclesia in Africa (7 veces); 13) Propositio y Mensaje del primer “Sínodo africano” (2 veces); 14) Lineamenta e Instrumentum Laboris de 1994 (3 veces).

Las referencias en negritas significan que se trata de “autoridades “ africanas. La pregunta crítica es: ¿Por qué un número tan enormemente bajo de “autoridades” africanas? Una de dos: o las jerarquías de la Iglesia africana son tan apáticas intelectualmente y tan insensibles pastoralmente que no tienen nada digno de mención para aportar en la composición de los Lineamenta que se refieren a los temas de justicia, paz y reconciliación; o el(los) autor(es) del texto sigue(n) invariablemente la escuela teológica de que las Iglesias particulares/locales no tienen autoridad magisterial y por eso las enseñanzas autorizadas citadas en los documentos proceden normalmente de la “Central”. Así pues, esto es sorprendente. Las dos citas del SECAM ((una de ellas tomada de internet) y la de San Agustín constituyen un “avance” frente a los Lineamenta del Sínodo de 1994 que no tenía ni una cita de cualquier documento africano. No obstante, estas citas me impulsan a preguntar: ¿Cómo se distingue la ceremoniosidad de la falta de respeto? Quizá hubiera sido mejor prescindir de ellas: en efecto, si las suprimen ahora mismo, no perjudica en absoluto la integridad de este texto. Y entonces aceptaremos una y otra vez que los africanos son tan pobres, incluso intelectualmente, que no son capaces de pensar y presentar documentos dignos de consideración para la “Iglesia universal”. Con todo, sabemos que hay muchos materiales de recursos y peritos humanos, especialmente “diplomáticos de carrera” comprometidos en “mediaciones y defensa de justicia y paz”, que podrían haber sido consultados en la composición de este texto.

5.-El texto de los Lineamenta es demasiado tendenciosamente correcto debido a la enorme seguridad puesta en los “materiales reciclados” frecuentemente, procedentes de las referencias utilizadas.

Este texto podría haber sido escrito perfectamente en una de las bibliotecas de las universidades de Roma. Algunas de las afirmaciones de los Lineamenta me confirman que el(los) autor(es) tenían que haber hecho una denuncia del mundo real de la violencia, ‘traumatización‘, muerte/moribundos en campos de refugiados y los que luchan por sobrevivir con dignidad, y no apenas un “análisis de actividades en el campo de la reconciliación, justicia y paz”. Según el estudio Towards Better Peacebuilding Practice (Hacia una mejor práctica de construir la paz), publicado por el Centro Europeo para la Prevención de Conflictos, el acceso contextualmente responsable para entender la dinámica existente en los procesos de paz y justicia está en aprender lo que es “menos autorizado por costumbre”. Se caracteriza más bien por la metodología de “aprender conforme caminamos”.

En otras palabras, necesitamos con vistas al Sínodo algo más que el “análisis de actividades en el campo de reconciliación, justicia y paz” del(los) autor(es). Lo que necesitamos ahora es más reflexiones en que el “aprender” se deduzca de la práctica y en consecuencia quede incorporado en el Instrumentum Laboris y en la exhortación postsinodal que se utilizará como texto oficial que contenga nuevos medios de pensar y hacer planes para la “paz, justicia y reconciliación”. La Iglesia, tanto “universal” como particular/local, tiene que adoptar un “modelo de aprender” con entusiasmo y no a regañadientes, es decir, dejando su ego a sus espaldas y convirtiéndose en una buena escuchadora. Si la Iglesia no lo es, se arriesga a quedar desconectada de otros dirigentes africanos, que continúan teniendo de ella (aunque sea de mala fe) la sospecha de “triunfalismo” y “arrogancia culpable”. Si la Iglesia no deja su ego a sus espaldas, sus exhortaciones por la paz pueden dejar de ser inclusivas, participativas, equilibradas, honradas y transparentes.

6.-Si se hubieran tenido en consideración algunas de las características mencionadas, el(los) autor(es) de los Lineamenta habría(n) andado con menos descarada “moralina” y suposiciones.

Por ejemplo, leemos en el nº 69: “El perdón es cosa divina; por eso, quizá una persona se asemeja más a Dios cuando él (sic) perdona”. La consecuencia es que los que están en estado de no perdonar “quizá” se parecen menos a Dios. A personas que han pasado por el infierno del sufrimiento, desde un cierto sentido de indignidad hasta el abuso y el trauma (que algunos psicólogos califican de “vergüenza infligida” ), con esos asertos se les impone más la “vergüenza infligida” de que ellas “quizá” se parecen menos a Dios sólo porque no pueden perdonar. Esas afirmaciones reducen el carácter del perdón de estar “más allá de la moralidad” al nivel de una obligación moral vinculante. Frente a esta falta de equilibrio, sugiero que tenemos que pensar en lo siguiente: ¿Existe perdón sin reconciliación? ¿Puede haber reconciliación sin perdón? ¿Podemos reconciliar ambos: “reconciliación” y “perdón”? Debemos de hecho reconciliar la “reconciliación” y el “perdón”? ¿Qué hay de verdad en la convicción del Arzobispo sudafricano Desmond Tutu: “no hay futuro sin perdón”?

7.-Si los Lineamenta hubieran sido participativos e inclusivos, se habría añadido otra “voz”: la “voz” de las mujeres .

Mujeres son las viudas de guerrilleros muertos, agobiadas para sacar adelante los hijos que han quedado. Con todo, ellas sufren para conseguir alimento para ellos porque los campos son lugares a donde no se puede ir durante las guerras; los riachuelos están contaminados; los campos están minados o vallados. Más aún, ellas son víctimas de violaciones, un arma de guerra muy común. Este estado de trauma físico y psicológico es un estado de sufrimiento que pone en relación a todas las mujeres, en todas las guerras, incluso dentro de los bandos victoriosos. A ellas se las deja vulnerables debido a temas relacionados con el género, tan profundos en culturas machistas. A pesar de todo, las mujeres utilizan su condición de víctimas para revisar críticamente la mentalidad bélica. Su evaluación se centra en reemplazar una mentalidad bipolar por otra que proporciona “estar unidos”.

Este modo de pensar y actuar procede de la experiencia de las mujeres, a quienes en las sociedades tradicionales se les encomiendan “roles asistenciales”, los papeles reservados generalmente a grupos minoritarios, es decir, los que están situados en posiciones sociales más bajas. Esta sensibilidad moral que surge de su ocupación les hace mirar más allá de la retórica inmediata del “nosotros contra ellas” de sus hombres. Y así ellas toman a veces iniciativas para asegurar que triunfe su sensibilidad moral de asistencia basada en el “estar unidas”. La observación anterior se fija en los enormes potenciales de las mujeres para forjar paz y justicia, muy por encima de sus roles domésticos/familiares. ¿Se pueden encontrar en los Lineamenta ecos de voces femeninas como éstas de que hemos hablado sobre la transformación del conflicto y la edificación de la paz en y por África? Con todo, estas voces son abundantes en el continente.

8.-En otra nota, los Lineamenta declaran en su conclusión: algunos movimientos espirituales y comunidades eclesiales vivas “asimilan los problemas reales de reconciliación, justicia y paz y gradualmente elaboran soluciones a estos problemas”.

Ciertamente esto es absolutamente verdad. Una comunidad como la de San Egidio (con su central en Roma) es estimulante. San Egidio es muy alabada por haber facilitado grandemente el delicado proceso de paz en Mozambique. No debemos mencionar estas comunidades meramente por su espiritualidad, sino que tienen que ser consideradas como socios técnicos en los temas de justicia, paz y reconciliación porque son sus campos de especialización. Estoy completamente seguro de que si los miembros del equipo (si es que era un equipo) que diseñó los Lineamenta hubieran sido experimentados “diplomáticos de campo” procedentes de San Egidio, los Servicios Irlandeses de Asistencia, los Servicios Católicos de Asistencia o los Servicios Jesuitas de Asistencia (todos ellos con mucha experiencia en África) se habrían puesto de relieve algunas de las áreas oscuras que requerían atención continental. Por ejemplo no hay lugar en los Lineamenta en que se pueda señalar una definición propuesta de “justicia” después de los conflictos.

9.-Son diferentes “paz” y “desarrollo”, aunque ambos tienen que estar coordinados para promover una mayor integración. La fuente primaria para los católicos en materias sociales, o sea, “la doctrina social católica” se ocupa de hecho del campo del “desarrollo“. Pero la paz en ese “campo” requiere algo además de la “doctrina social”. Por ejemplo, ¿cómo ve la Iglesia la paz, justicia y reconciliación: como objetivos o como procesos?

Los objetivos significan que son destinos, lo importante es alcanzarlo. Los procesos implican que son viajes, lo gozoso e importante es el hecho de hacer el viaje, aun cuando no se llegue al término. Si vemos la paz, justicia y reconciliación como objetivos, asumimos el riesgo de desarrollar “motivaciones y acciones mesiánicas” falsas (por ejemplo, la “coalición de los voluntarios” que está ocupada hoy en “propagar democracia” como un mandato divino). Sin embargo, si miramos la paz, justicia y reconciliación como procesos, desarrollamos las virtudes de la “humildad” y del “realismo”. La “humildad”, porque reconocemos que podemos o no ver el jarrón de oro al final del arco iris, es decir, nosotros no decidimos la paz en exclusividad. El “realismo” reconoce que todos nosotros somos defectuosos por naturaleza. Por tanto, no puede haber proyectos perfectos de justicia y paz. Nosotros haremos en el camino multitud de desvíos, componendas y errores con vistas a construir un continente frágil pero más esperanzador, justo y pacífico. La pregunta pertinente es: ¿Consideran los Lineamenta la necesidad de hacer este tipo de distinción? ¿Y esperan tales reflexiones a través de sus 32 preguntas? Sinceramente, yo no puedo decir “sí”. Así pues, es responsabilidad nuestra -de aquellos de nosotros que van a estar representados por nuestros obispos- ofrecer e insistir en el tipo de pregunta planteada antes.

10.-Tenemos que pedir igualmente que el Instrumentum Laboris cree una sección para mostrar el rol de la Iglesia en la prosecución del perdón, justicia y reconciliación. Esa sección se puede titular: “La Iglesia como lugar de perdón, reconocimiento y justicia”.

La vocación de la Iglesia es resistir al mal llevando a cabo la victoria de Dios en la muerte y resurrección de Jesús por medio de lo que T.N. Wright llama “amor sufriente” . Así, la Iglesia tiene el reto de crear “asilos seguros” para los supervivientes que quieran arriesgarse a salir de sus armarios de “vergüenza impuesta” para compartir sus historias como principio de curación de sus malos recuerdos. Esto es necesario porque las instituciones y estructuras empíricas/ mecánicas que trabajan por la paz raramente prestan atención a factores irracionales de paz o violencia. Algunos de estos factores (por ejemplo, los que impulsan a la gente a superar el odio, los que asumen la responsabilidad por un pasado irresponsable, perdón y miedo) son asuntos de corazón, imaginación y espiritualidad. Aquí es donde el cristianismo está enormemente cualificado para actuar del mejor modo, porque, como todas las auténticas religiones, el cristianismo existe para ayudarnos a olvidar la mimesis de la violencia y de la no-violencia, como hizo Jesús, a favor de una reconciliación universal, por la creación de una nueva cosmovisión y una nueva ética, la ética del ser. Esta ética se caracteriza por la generosidad compasiva tal como se manifiesta en el “Sermón de la Montaña”.

No importa la cantidad de dinero que el Banco Mundial, el FMI o las ONGs viertan en las zonas conflictivas para que, si a la gente no se le ha capacitado para trascender sus miedos e ira, todos esos esfuerzos económicos se queden en nada. Una y otra vez se nos recuerda que para construir en África paz, justicia y reconciliación, es indispensable el corazón. Por eso, permítaseme sugerir los modos que pensamos que puede aportar la Iglesia africana con vistas a animar a todos los que tienen un corazón sensible para la paz, justicia y reconciliación. No es cuestión de tópicos y palabras, sino de acciones, especialmente cuando se enfrentan con la cultura de la impunidad, como en Nigeria (las últimas elecciones son casos recientes a propósito). La impunidad que causa agravio social no es sólo la que tiene relación con la violencia bélica/masiva. Comprende también prácticas corruptas influenciadas por preferencias patrimoniales y clientelistas y la complicidad del Estado en crímenes corporativos (por ejemplo, de las compañías petroleras en la región del delta del Níger en Nigeria).

En vista de esto, la sección que sugiero apunta también a que la Iglesia se enfrente a esta pregunta que tiene que responder”¿cómo respondemos a los recientes -y no tan recientes- abusos sistemáticos, fundamentales y de gran escala de derechos humanos perpetrados y frecuentemente legitimados por Estados modernos?” Cuando las víctimas sufren a causa de la criminalidad de los “sin rostro”, ¿cómo responde la Iglesia a la necesidad de culpabilidad, responsabilidad y reparación? La Iglesia, incluso en África, es un miembro decisivo de la sociedad civil. La sociedad africana busca que la Iglesia le proporcione inspiración e imaginación para enfrentarse a la cultura de la impunidad por medio de proyectos parecidos a los de Guatemala, “Proyecto para recuperar la memoria histórica”o del Cuerno de África, “IGAD”, una iniciativa que incorpora agentes de la sociedad civil de nivel medio, como Iglesias y ONGs. Lo que estas iniciativas de la sociedad civil han sido capaces de provocar en las víctimas, especialmente ante el fracaso de sus respectivos Estados, es restaurar la confianza y la esperanza que les faciliten la vía de la curación. En el contexto de África, creo que sociedades civiles como la Iglesia (de dimensión ecuménica) puede ser una enorme ayuda para crear el tipo de refugio seguro que desean las víctimas de pasados dolores y sufrimientos históricos.

11.- La Iglesia creará honrosamente refugios seguros cuando reconozca también su indiferencia, en el mejor de los casos, o su complicidad, en el peor, durante algunas de las violencias que hemos experimentado en África, en particular el genocidio rwandés, así como también en otras partes.

Muchas veces la Iglesia de África es parte del problema a causa de la “religionalización de la política” y de la “politización de la religión”. Esto nos retrotrae al tema de la justicia frente a las guerras y conflictos con sus autores, victimas y espectadores cómplices. Así pues, la Iglesia tiene que descender de su elevada plataforma moral y reconocer incluso delante de los “imperios extravagantes” del mundo que ha pecado y necesita la misericordia de Dios. Estas virtudes del realismo y la humildad son las que encuentro sensiblemente ausentes en los Lineamenta dedicados a la “paz, justicia y reconciliación”. Es como continuar el juego del avestruz inspirándose el documento del Vaticano We Remember.

Este documento hace, en la parte IV, una disimulada distinción: “La Iglesia es santa e impecable, pero sus hijos e hijas han pecado”. Es un argumento muy débil. Hemos de tener en cuenta que algunos de los “hijos e hijas de la Iglesia” que “han pecado” por su implicación en males del pasado eran miembros del Magisterio. Quienes dieron órdenes para ejercer la violencia y matar se encontraban bajo el control institucional de la Iglesia. ¿Podemos seguir negando que ellos eran solamente y nada más que “hijos de la Iglesia” y no la Iglesia como institución, como comunidad? ¿Está la Iglesia al margen de esto de alguna manera? ¿Acaso la Iglesia es un concepto abstracto y no una realidad? ¿Acaso no son la Iglesia sus “hijos e hijas” que están en unión con Cristo, la Cabeza? Y si ellos han pecado, entonces toda la Iglesia ha pecado (de acuerdo con la observación de San Pablo: “¿No os dais cuenta de que un poco de levadura hace fermentar toda la masa?” (1 Cor 5,6). Por desgracia, Cristo sufre con la humanidad en sus pecados. La responsabilidad colectiva implica que la Iglesia es tanto communio sanctorum” como “communio peccatorum”.

El hecho es que, como con algunos dolorosos males del pasado, con algunos males del presente, incluso en África, la Iglesia como institución, la Iglesia como comunidad, carga con un cierto grado de culpa por lo sucedido. Nosotros participamos de esa culpa como representantes del pasado. No podemos desligarnos de esta historia, aunque tengamos que dejar claro que la Iglesia es mucho más que su pasado culpable y obsceno. Si la Iglesia está realmente decidida a superar al mal por medio de la reconciliación, entonces tiene que moverse más allá de lo que resulta cómodo para los dirigentes. Esto me lleva a la conclusión de que las nociones y sugerencias acerca de la justicia no son neutrales. La impresión que me ha dado este documento es que todos los asuntos de justicia están agrupados bajo el epígrafe de “justicia social”, quizá para ocultar la culpabilidad de la Iglesia al causar las “cegadoras lágrimas” de los africanos que han sufrido o están sufriendo las “heridas de la injusticia”. . Esta es una grave omisión porque la “Iglesia universal” no puede pensar que su noción de justicia no está limitada por el tiempo y el espacio. Parece que los Lineamenta o más bien el(os) autor(es) mencionaron muy de pasada la necesidad de interpretaciones interculturales de la justicia así como los lazos existentes entre la comprensión local y los puntos de vista internacionales/”autoritarios” de la justicia.

12.- Cuando decimos “justicia”, la pregunta, tal como la propone el filósofo británico Alasdair MacIntyre en su obra, es: “¿Justicia de quién? ¿Qué racionabilidad?” En otras palabras, la justicia depende del tipo de proceso de razonamiento que hemos heredado o del que formamos parte por medio de nuestra respectivas tradiciones, aunque no contamine el reconocimiento de experiencias universales de justicia compartidas.

Tan importante como la pregunta de MacIntyre hay otra pregunta que creo debemos hacer: “ ¿Justicia de quién? ¿Qué justicia? ¿Racionabilidad de quién?” La justicia no puede ser neutral porque comienza con las necesidades de las personas, como, por ejemplo, sustenta la denominación “justicia retributiva”. Parte de la contextualidad de la justicia y su administración es la exigencia de articular el modo en que ven la justicia las personas. La justicia no es solamente acerca de tradiciones en litigio. La justicia es también acerca de posturas en litigio. Por esto es por lo que cuando decimos “justicia, nos preguntamos ¿acerca de qué justicia estamos hablando? La justicia de los poderosos implicados se inclinará hacia el perdón y el indulto de Estado para crímenes contra la humanidad, en tanto que la justicia de víctimas profundamente traumatizadas se inclinará hacia el “ojo por ojo”. La justicia para las sociedades que gozan de confort material se expresa de manera diferente de las de los pobres. La tarea está en ver cómo podemos reconciliar éstas o hasta dónde podemos hacer concesiones en esto a favor de una justicia necesaria pero frágil.

13.- Merece la pena averiguar cuántos de los aspectos claramente característicos de la justicia se contienen en los Lineamenta.

Por ejemplo, las 32 preguntas presentadas al final de los Lineamenta para facilitar nuestras reflexiones y discusiones sobre el próximo Sínodo dan por supuesto que hay una comprensión general de la justicia. Con todo, si la “Iglesia universal” se considera como una Iglesia que escucha y aprende, del mismo modo merece también la pena proponer las siguientes preguntas y otras semejantes, y que yo presento como una respuesta agradecida a la pregunta 31 de los Lineamenta; “¿Hay en tu región otras cuestiones o experiencias relacionadas con la reconciliación, justicia y paz que te gustaría fueran tratadas en el Sínodo?”:

•  Ante la violencia, sufrimiento y muerte, ¿qué entiendes por “justicia”?

•  ¿Cuál es la imagen/metáfora de tu cultura que te hable claramente acerca de la justicia?

•  ¿Qué pueden aprender de tu trasfondo afro-cristiano la Iglesia y el mundo sobre la transacción entre justicia y paz?

•  ¿Puedes compartir con la Iglesia una historia de justicia y paz?

•  ¿Puede haber perdón sin que el autor del delito manifieste arrepentimiento?

•  ¿Piensas que hay gente que es perversa en sí misma y no sólo agente del mal?

•  ¿Cuánto de tu visión e imagen de la justicia ves en la Iglesia Católica (en tu comunidad local, parroquia, diócesis, la Iglesia en el país/África9 y en todo el mundo?

•  ¿Qué aspecto de los sacramentos y enseñanzas de la Iglesia manifiesta la visión y cuestiones que tienes acerca de la justicia?

•  ¿Cómo fomentar una espiritualidad de justicia y paz en nuestras comunidades locales?

•  ¿Es posible la paz en tu país y en África? Si respondes afirmativamente, ¿qué es lo que ves que te da esperanza? Si negativamente, ¿por qué piensas que no es posible la paz en tu país y en África?

COMENTARIOS FINALES

Tengo la esperanza de que nuestras cuestiones y aportaciones no se queden reducidas a unas simples “notas a pie de página” a unos textos predeterminados, sino que sean incorporadas a los diversos esquemas que se han de presentar; después de todo, los obispos van a hablar acerca de nosotros en lugar de hablarnos a nosotros. Cuando ellos hablan en el Sínodo y nosotros les escuchamos y leemos, queremos encontrar eco de nuestras visiones, metáforas e historias. Entonces recibiríamos y aceptaríamos contentos la exhortación post-sinodal y otros documentos que se publicasen y los haríamos nuestros.

Tengo la confianza de que, si nuestros obispos, el Secretariado del SECAM y los que tienen la responsabilidad de poner en circulación los Lineamenta comienzan a divulgar el documento tan pronto como sea posible de modo que faciliten los debates en las Iglesias y Pequeñas Comunidades Cristianas, podemos estar seguros de que el Instrumentum Laboris para el Sínodo reflejará nuestros deseos y demandas.

Cuando recuerdo mi experiencia en la Diócesis Católica de Abeokuta (Nigeria) acerca de nuestra preparación y de los niveles y profundidad de nuestras aportaciones en toda la diócesis para el primer Congreso Nacional Pastoral de Nigeria y sus Lineamenta; (entre 2000 y 2002), entonces mi confianza no está fuera de lugar: “Cuando hay voluntad hay una salida”, es en Nigeria un dicho común-¡y qué verdadero!. Los Lineamenta tienen que ser traducidos a nuestras lenguas maternas, o en caso contrario nos arriesgamos a marginar a muchos grupos de a pie que pueden enriquecer nuestra visión y esperanzas de justicia, paz y reconciliación en África. Más aún, podría haber también guías de estudio para las Pequeñas Comunidades Cristianas y nuestras escuelas. Algunos de los temas, adaptados a sus niveles, pueden ser presentados didácticamente en las clases de catecismo, en las misas catequéticas (donde las haya), en clases de instrucción religiosa, en círculos de “Compartir la Fe” (en nuestras instituciones de enseñanza superior).

La Iglesia Católica es nuestra Iglesia, nuestra Familia-en-Dios. Los debates que sigan en base a los Lineamenta son para nosotros ocasiones oportunas de manifestar nuestro compromiso e incumbencia en el futuro de esta Iglesia y de nuestro “Continente afligido”, África. Que el tiempo del próximo Sínodo sea para nosotros una coyuntura para enjugar las lágrimas de nuestro continente y limpiar la interminable sangría de África. ¡Amén!

Traducido del inglés por Ramón Julián Valien

 

Misionero de la Sociedad de San Pablo de Nigeria. Es investigador en la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica. Tiene el master en Estudios Superiores de Teología y Religión de esta misma Universidad, donde reside. Tomamos este artículo de la revista AFER, nº ¾, Vol. 49, 2007.

 

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