MISIONES EXTRANJERAS: EL SERVICIO TEOLOGICO Y PASTORAL DE UNA REVISTA

Eloy Bueno de la Fuente

A lo largo de estos últimos veinte años la revista Misiones Extranjeras ha intentado ejercer un protagonismo (su papel y su vocación) en el escenario eclesial español. Este protagonismo resultaba imprescindible tanto desde el punto de vista de la temática a la que se dedica (la misión) como desde el punto de vista del ambiente eclesial en el que actuaba (el espacio eclesial español o de lengua española). Veinte años, el espacio de una generación, que ha resultado apasionante: la (tradicional) acción misionera de la Iglesia se veía obligada a desplegarse desde nuevas coordenadas; las iglesias (tanto en España como en América Latina) se veían también a su vez obligadas a recomprender la misión porque estaban empujadas –por el viento de la historia- a situarse de otro modo ante la marcha de la historia y ante la evolución de las sociedades.

En estas dos décadas la revista ha reflejado un proceso que a su vez ha procurado estimular y potenciar: lograr que la teología pase a través de la misión y que la misión pase a través de la teología ; contribuir a que nuestras iglesias pasen a través de la misión y que la misión pase a través de las iglesias . No se puede dejar de reconocer como déficit la distancia entre teología y misión de un lado, y entre iglesias concretas y misión universal de otro.

El doble reencuentro se ha convertido en la auténtica vocación de la revista, asumido con convicción y dedicación. No se puede medir o cuantificar el éxito de la empresa o del proyecto. La vocación de un servicio eclesial no puede vivir de resultados directamente perceptibles. Su único criterio ha de ser la fidelidad a la propia vocación y a la tarea que se ha recibido como encargo. En este caso ello resulta especialmente importante –imprescindible- por el hecho de que no había otro protagonista equiparable al de Misiones Extranjeras en el escenario eclesial y misionero de esta época.

Existen muchas publicaciones editadas y distribuidas por congregaciones religiosas e instituciones misioneras que se orientan especialmente a la animación misionera, a la cooperación espiritual y material, a la comunicación entre los misioneros y sus lugares de origen, y en este sentido se puede decir que también vienen realizando una tarea necesaria y loable tanto para la acción misionera como para la vida eclesial. Respecto a ellas, sin embargo, Misiones Extranjeras ha mantenido un puesto singular de cara a lo que hemos señalado como vocación y tarea: lograr que la teología pase a través de la misión y que la misión pase a través de la teología ; contribuir a que nuestras iglesias pasen a través de la misión y que la misión pase a través de las iglesias . Para que ello sea posible la reflexión ha de arrancar de lo concreto, y a su vez la acción concreta ha de ser pensada y reflexionada. Ello determina de modo directo la búsqueda de una articulación adecuada entre los diversos géneros literarios de la revista. La diversidad de los géneros literarios viene condicionada –y a la vez exigida- por lo que ha sido su vocación originaria.

Las revistas españolas de teología y pastoral no prestan más que una atención tangencial a los objetivos señalados. Suelen recurrir a la terminología “misionera” y a cuestiones procedentes de ámbitos “misioneros” (diálogo interreligioso, compromiso con la justicia, opción por los pobres, proyectos de inculturación, teologías contextuales…) pero sin enraizarlos en la misión universal y sin fronteras que arranca de la Trinidad (algo semejante podría decirse de algunos planteamientos misionológicos). Por ello es necesario hacer presente en nuestro ámbito teológico y pastoral una adecuada relación entre la misión de la Iglesia y la missio Dei desde la actividad real de una misión que aspira a superar todas las barreras y todas las orillas que bloquean el proyecto salvífico de la Trinidad.

 

UN MODO DE HACER TEOLOGÍA

La teología exige siempre un pensamiento riguroso y un método adecuado al tema que se observa o que se estudia. Sólo de este modo se podrá evitar el capricho o la arbitrariedad, el sentimentalismo o la ideología. Por ello hace falta un grado de distancia que permita el análisis desapasionado, la valoración mesurada y las afirmaciones precisas. Ha de ser una distancia que no esconda indiferencia o irresponsabilidad sino que haga posible el equilibrio y la objetividad. Este equilibrio y esta objetividad son más fácilmente accesibles cuando se trata de realidades materiales, de cosas muertas. No se puede negar que a veces la teología ha actuado de este modo. Pero ello tiene sus riesgos: puede acabar cosificando el acontecimiento salvífico del que habla y del que da testimonio. Ahora bien, la teología no es saber abstracto o exposición neutra: es momento constitutivo del testimonio histórico que aporta una comunidad de hombres y mujeres concretos, la Iglesia y cada una de las iglesias.

La misión es una realidad viva, la Iglesia un organismo vivo, los destinatarios habitan en sociedades vivas, el testimonio misionero es suscitado por un Dios vivo que busca la vida plena de todas sus criaturas… y por ello el rigor del pensamiento y el método de actuación deben respetar ese carácter vivo, pues aspiran a captar y a presentar una vida real que apunta a una vida más plena pero que está continuamente amenazada.

Misiones Extranjeras refleja por ello una teología viva en cuanto se trata de una teología en ejercicio, desde las experiencias reales y concretas, mirando siempre a la realidad cambiante y en evolución. Ello supone una profunda implicación de los autores (o de los testigos) en la reflexión que ofrecen o en las propuestas que elaboran. La objetividad y el rigor pueden quedar alterados en ocasiones por la urgencia de las necesidades. Por eso el pensamiento debe estar vinculado a la revelación, a la tradición, a la comunión con el resto de las iglesias, a las circunstancias liberadas de condicionamientos ideológicos. El conjunto de los artículos y contribuciones de Misiones Extranjeras , sobre todo si se observa en toda su amplitud, refleja el esfuerzo por respetar la realidad en toda su complejidad, recogiendo la variedad de aspectos y perspectivas que deben ser tenidos en cuenta.

La misión ad gentes, no podemos olvidarlo, ha experimentado durante el último siglo, concretamente en el ámbito católico, una transformación sustancial que permite hablar de cambio de paradigma. El Vaticano II confirmó el cambio de época en el modo de entender la misión heredada del pasado. Las dos décadas posteriores fueron escenario de convulsiones y replanteamientos tan notables que en muchos aspectos permiten hablar de un verdadero proceso de des-construcción del modelo anterior. A finales de 1990 tiene lugar la aparición de Redemptoris Missio de Juan Pablo II, el documento mayor de su pontificado y de todo el período postconciliar, que tomaba nota del trastocamiento de situaciones a la vez que trataba de ofrecer un marco teológico que permitiera entender e integrar lo que había pasado y lo que estaba sucediendo por un lado, y por otro lado los caminos que había que ir roturando a medida que la misión universal de la Iglesia se adentraba en el futuro.

En la visión de conjunto que pretendemos ofrecer de estos veinte años de Misiones Extranjeras mencionaremos aquellos artículos que, a nuestro juicio, mejor reflejan las líneas de tendencia dominantes o significativas (procurando no marginar ningún aspecto sustancial). Es evidente que no se pueden leer en toda su variedad como un texto o trabajo unitario (cada autor es responsable de sus textos), pero la visión panorámica de todos ellos nos permite abrirnos al paisaje actual de la misionología y de la actividad misionera . *

Misiones Extranjeras durante estos últimos veinte años se ha situado en este proceso y en este dinamismo, recogiendo las aportaciones más positivas del período inmediatamente postconciliar pero evitando toda tentación de retornar a la concepción preconciliar. Por eso se ha reconocido la importancia de Redemptoris Missio (1990), como lectura actualizada del Vaticano II de cara al tercer milenio (“Redemptoris Missio. La misión en los umbrales del siglo XXI”, 1991), y como despliegue, de cara a la acción misionera, de “Los nuevos ámbitos de la misión” (1993) tanto para la misión ad gentes en general (J. Capmany) como para África (D.Segura), Asia (J.A.Izco) y América Latina (F.Franco).

 

LOS MÚLTIPLES PROTAGONISTAS Y SUS GÉNEROS LITERARIOS

Una de las características más llamativas y positivas de la experiencia eclesial del último medio siglo ha sido la multiplicación de los protagonistas: por un lado, el conjunto del pueblo de Dios, que se expresaba en toda su variedad de ministerios y de carismas; por otro lado, la multitud de iglesias que, antiguas o nuevas, tomaban conciencia de su peculiaridad y de sus aportaciones a la catolicidad de la Iglesia de Jesucristo. Es importante señalar que esta eclosión ha sido provocada por la misión viva o por la misión que se hacía vida y que generaba vida. Por ello la reflexión y la experiencia caminaban a la par, pues se exigían mutuamente y se enriquecían recíprocamente.

Esta dialéctica ha sido asumida de modo progresivo y consciente por la revista. La articulación de cada número lo muestra claramente. Aunque las líneas divisorias son siempre fluidas y flexibles, se ha buscado conjugar cuatro niveles y perspectivas: los estudios buscaban una mirada más amplia sobre las distintas cuestiones, situándolas en panorámicas amplias, integrando la lectura de la realidad (en toda su complejidad) con la revelación y la tradición (en su diversidad de niveles y de estratos); el punto de mira aspiraba a ofrecer una opinión personal de carácter más inmediato y directo; los testimonios daban la voz a los actores directos, en un tono más personal, con el fin de captar la fuerza de la realidad en sus interrogantes y desafíos tanto como en sus propuestas o iniciativas; los documentos pretendían aportar textos más elaborados, e incluso técnicos, ya que procedían de instituciones o colectivos que daban origen a reflexiones o tomas de postura más trabajadas debido a que implicaban a organismos de diverso tipo.

Los autores de los trabajos, artículos o comentarios reflejan asimismo un espectro amplísimo: misioneros que narran lo que hacen o que reflexionan su propia actividad, consagrados que desean ser fieles a su carisma, teólogos profesionales y misionólogos en sentido técnico, agentes de animación misionera, cardenales y obispos tanto a título individual como en cuanto representantes oficiales de la Iglesia, miembros y responsables de institutos o instituciones misioneras, laicos misioneros y laicos de las iglesias jóvenes, comunidades eclesiales de diverso tipo, promotores de organizaciones no gubernamentales o voluntarios de diversa procedencia, personas o grupos comprometidos con las grandes causas de la humanidad que son también causas de la acción misionera, exponentes del carisma contemplativo que consideran su carisma vinculado a la evangelización, los centros e instituciones de reflexión misionológica y misionera,… También se ha abierto el escenario para figuras significativas del pasado, como san Francisco Javier o Gerardo Villota, situándolos en su propia circunstancia histórica, pero convirtiéndolos en interpelación para el presente pues, desde las coordenadas de su época, roturaron caminos que siguen abiertos en el presente: la pasión, en el primer caso, por ir saltando todas las barreras desde la única apoyatura del evangelio o, en el segundo, por crear cauces que pudieran integrar como protagonistas de la misión a nuevos personajes (los sacerdotes seculares).

Por todo ello es lógico que los géneros literarios sean tan variados como lo son los diversos lenguajes, pues tratan de expresar las diversas facetas o perspectivas de la vida y del testimonio: desde la exposición doctrinal hasta el relato de una experiencia de persecución o de martirio, desde el tono académico hasta la profecía que provoca e interpela, desde el texto magisterial hasta la denuncia de la injusticia económica o política, desde la experiencia espiritual hasta el debate o discusión mantenida en grupo, desde la iniciativa pastoral hasta el estudio exegético… todo ello como reflejo de una actividad polimorfa realizada por protagonistas diversos y variados.

Sinfonía de voces procedentes de ámbitos, situaciones e incluso épocas diversas que intenta prolongar en contextos variados la misma misión que se entronca en la Trinidad y se dirige a la humanidad y al cosmos entero. Sólo por este camino se puede superar el doble desencuentro del que arrancábamos y acceder a una concepción de la misión holística (en cuanto pretende integrar armónicamente la globalidad de dimensiones). Vamos a desglosar algunos de los aspectos más significativos o relevantes.

 

UNA MISIÓN QUE PASA POR TODOS EN LA IGLESIA

Aunque no podemos detenernos en este punto, ya que será objeto de atención especial en otros trabajos de este número de la revista, no podemos dejar de mencionarlo, debido a que constituye uno de los rasgos destacados del paradigma misionológico que se viene consolidando. En último término es una implicación de lo que acabamos de decir acerca de los múltiples protagonistas que se asoman a las páginas de la revista.

Por ello se dedican números monográficos a los laicos misioneros, al clero secular, a la mujer, a los nuevos movimientos eclesiales, al voluntariado como fenómeno social… También se encuentran artículos sobre la vida consagrada y sobre los institutos misioneros (aunque faltan estudios especiales sobre la responsabilidad de los obispos); dentro de la misma lógica habría que mencionar a las pequeñas comunidades eclesiales o a las comunidades eclesiales de base. Y porque la misión pasa por todos en la Iglesia se presenta de modo abundante toda la serie de iniciativas misioneras ad gentes que brotan en aquellas iglesias que anteriormente eran reconocidas como destinatarias de la misión. La misión, como vamos a desarrollar, pasa por todas las iglesias en todas y cada una de sus expresiones y manifestaciones.

 

UNA MISIÓN QUE PASA POR TODAS LAS IGLESIAS

La lectura de los diversos números de la revista deja ver hasta qué punto la misión va pasando por todas las iglesias y hasta qué punto las diversas iglesias –aún en sus limitaciones y dificultades- van pasando a través de la misión. De este modo no sólo se muestra la espléndida catolicidad de la Iglesia sino que cada iglesia desde su propia situación puede y debe vivir una catolicidad radical y consecuente.

A lo largo de estos años han ido apareciendo en las páginas de la revista iglesias diversas desde la óptica de la misión. Iglesias lejanas y distantes, desconocidas y hasta exóticas para nuestra experiencia como las de Oceanía, Sudáfrica, Tailandia, China, Japón, Corea a las que se dedican números monográficos (cf. también el número dedicado a “Iglesias que renacen en Asia”, 2003)… Son iglesias en las que, normalmente, la presencia católica es minoritaria. Y por ello aparece en toda su frescura el dinamismo de la misión: experimentan aún un pasado reciente en el que fue anunciado el evangelio, viven en toda su cercanía la acción misionera de otras iglesias más antiguas, tratan de reflejar un testimonio y de configurar una presencia que sea evangelizadora e inculturada, contribuyen a afrontar los desafíos y amenazas que afectan a sus sociedades, se sitúan en comunión y en comunicación con el resto de las iglesias… Asimismo se presentan los jubileos de las iglesias locales (2000) desde las situaciones conflictivas o dramáticas que atenazan a sus sociedades, para hacer brillar de este modo la misión como creación de nueva vida, de esperanza o de reconciliación.

El protagonismo de las iglesias locales es analizado por la reflexión misionológica desde el acompañamiento que discierne o desde la profecía que interpela, denuncia, interroga y exige. Es significativo desde este punto de vista que la revista ha ido presentando todos los acontecimientos eclesiales importantes desde la perspectiva de la misión. En la experiencia concreta es donde hay que hacer ver que la misión va penetrando en las iglesias y que la acción misionera va dejándose penetrar por la teología.

Por un lado en Asia, en África y en América Latina han tenido lugar sínodos o asambleas continentales de carácter general, cuyos textos preparatorios, documentos finales y propuestas concretas han sido valorados desde las exigencias de una teología de la misión adecuada. Por otro lado se ha prestado atención a los congresos y encuentros de carácter más estrictamente misionero (como los COMLA y CAM) para mostrar hasta qué punto las iglesias se van abriendo a la universalidad de la misión que viven. Es claro al respecto “América Latina ¿destino o sujeto de la misión?, especialmente M.A. Francisco, América Latina ¿destinataria o interlocutora de la misión? (1996) o C.A. Sierra, América Latina sujeto de la misión ad gentes (1996): si sigue siendo necesario el “acompañamiento encarnativo de carácter fraterno” ello debe realizarse en el marco en el que todos somos a la vez evangelizadores y evangelizados, por lo que América Latina se hace consciente de su responsabilidad y de la originalidad de su aportación. También en África se aportan realizaciones significativas (A.Ogar, La dimensión misionera de la Iglesia en Nigeria , 1999), lo que revela la importancia de descubrir el dinamismo que hace nacer una iglesia local y que por ello la abre hacia el horizonte universal (C. Pérez Adrados, El nacimiento de una iglesia local: Gokwe , 1999). También las iglesias que están renaciendo humildemente en Asia se procura que se impregnen de la misión (J.H. Kroeger, Las iglesias locales de Asia despiertan a la misión , 2003), como se muestra en la vitalidad de las sociedades misioneras (J.A.Izco, Para la misión ad gentes en Asia , 1997). Desde los pequeños relatos se puede percibir la fecundidad del rocío que está alimentado las raíces de las distintas iglesias. Y por ello se puede entender, sin falsos reduccionismos de la misión de iglesias en estado de misión (E. Bueno de la Fuente, 2003).

En estos casos son particularmente interesantes los recorridos históricos que enmarcan cada uno de los acontecimientos, pues de este modo se perciben los avances e incluso los retrocesos, las expectativas y los bloqueos, las posibilidades y los obstáculos: V.M. Ruano, El camino de la Iglesia Latinoamericana en los últimos cincuenta años (2006), J. González Meda, La Iglesia Latinoamericana desde Río hasta Santo Domingo (1992); J. Panazzolo, De Belo Horizonte a Paraná. El camino de los COMLAS (1999).

La necesidad de la inculturación se da por supuesta, como se muestra en el hecho de que existen referencias a su auténtico significado (J. Planells, Notas sobre inculturación , 1988, o M. Mandianes, Inculturación versus aculturación , 1988 que analizan los términos e implicaciones), a puntos concretos (S. Rayan, Los cristianos en Asia deben enraizar su fe en su propia cultura ; D. Banléne, El culto a los antepasados y la fe cristiana ) a consideraciones de mayor alcance (“La Iglesia como familia en África”, 2006) La inculturación no obstante va quedando integrada en una nueva perspectiva, la del contexto (que señalaremos más adelante): la pobreza y la injusticia en América Latina, las fracturas y la guerra en África, el diálogo en Asia.

También las iglesias de vieja cristiandad o la Iglesia en su conjunto realizan eventos de este carácter: el Jubileo del año 2000 ya desde la publicación de Tertio Millenio Adveniente : Z. Ortiz Rolón, I mplicaciones misioneras de la carta apostólica Tertio Millenio Adveniente , 1992), el Congreso Nacional de Misiones en España, la celebración en España del V Centenario, los sínodos de los obispos, el sínodo especial para Europa han sido objeto de atención para valorar en qué medida tienen en cuenta la misión universal y en qué medida se van constituyendo en estos espacios geográficos y culturales ámbitos de misión ad gentes. En este punto aún nos encontramos en los inicios, pero la dinámica de la revista irá sin duda dando más importancia a este aspecto. Desde esta perspectiva se percibe también la evolución de la misión y la emergencia de una misión global que sólo puede ser afrontada desde una comunión de iglesias que exprese adecuadamente la catolicidad y la responsabilidad misionera (por eso el diálogo abierto por la revista pretende siempre abrir un diálogo “desde las dos orillas”).

 

HACIA UNA CONCEPCIÓN HOLÍSTICA DE LA MISIÓN DESDE UN PERÍODO DE TRANSICIÓN

Ya hemos visto que la reflexión sobre la misión debe partir de la narración de la experiencia en todas sus dimensiones, y de modo más detenido hemos señalado la multiplicación de protagonistas en una doble coordenada: la participación de todos los bautizados y el protagonismo de todas las iglesias (pues cada una vive de la dinámica de la evangelización y se ha de responsabilizar de la universalidad de la misión). Estos rasgos son irrenunciables en una concepción actual de la misión que pretende ser (y no puede ser más que) holística.

Para comprender el alcance del cambio de paradigma se han ofrecido durante estas dos décadas abundancia de perspectivas y análisis, con el reconocimiento de que nos encontramos en un mundo que carece de fronteras claras o en el que las fronteras se van desplazando o van adquiriendo otras características; éstas perspectivas son asumidas por las más altas instancias de la Iglesia como marco para toda reflexión misionera: C. Sepe, La misión ad gentes hoy. Discurso de apertura del CAM-2/COMLA 7 (2004); L.A. Castro Quiroga, La misión ad gentes, desafíos y urgencias en la Iglesia y en el mundo, hoy (2004), E.E. Karlic, Los desafíos que la misión plantea hoy a la Iglesia (2004); R. Sarah, La Iglesia ante el reto de la misión, hoy (2004)

Esta misión holística se caracteriza por dirigirse a todos los hombres y a todo el hombre, es decir, a todas las dimensiones de la existencia humana y de la creación en la que habita; de este modo se alcanza una auténtica universalidad y se cultiva la sensibilidad ante todas las fronteras que dificultan la salvación integral del ser humano y la plenitud de la vida en todos sus niveles; de este modo se pretende recoger la profundidad y la amplitud de la iniciativa de Dios, de la missio Dei, tanto por lo que se refiere a su voluntad creadora como por lo que afecta al envío del Hijo y del Espíritu, que se concretan en el anuncio del Reino y en el acontecimiento de Pascua y de Pentecostés. Son los presupuestos para que teología y misión de un lado e iglesia y misión de otro se penetren y fecunden recíprocamente.

Dada la amplitud y la profundidad de tales pretensiones es lógico que se dé una importancia central al contexto socio-cultural por un lado, y por otro a la acción económica de las Personas divinas en la missio Dei . Por eso adquiere tanta centralidad, insospechada en el paradigma anterior, el lugar hermenéutico, es decir, las situaciones en las que se levanta de modo clamoroso el grito de quienes carecen de la plenitud de la vida.

 

LA TEOLOGÍA QUE PASA POR LA MISIÓN: LA MISIÓN DESDE EL CONTEXTO PADECIDO POR LOS POBRES Y EXCLUIDOS

Desde los presupuestos indicados el contexto se convierte en clave de comprensión de la misión y de la acción misionera. Conviene por ello precisar de modo general el sentido del contexto, para poder de este modo enmarcar y situar misionológicamente muchos de los temas presentados por la revista los últimos años. Por contexto se entiende el conjunto de factores y elementos estructurales que configuran una civilización (de carácter económico, político, financiero, tecnológico…) y que se encuentran en permanente movilidad, determinando la vida de las poblaciones y que, por su propio dinamismo y exigencias, generan víctimas, marginados, excluidos, inmigrantes… Son estos mecanismos los que introducen fracturas no sólo en el seno de cada una de las sociedades sino en el conjunto de la humanidad, entre pueblos, naciones, continentes, hemisferios. Constituyen por ello la amenaza fundamental contra la vida, contra la reconciliación, contra la salvación, contra la missio Dei , y por ello deben ser afrontados por la acción misionera. En consecuencia la misión no sería fiel a sus orígenes y a su motivación si se situara fuera de los vacíos de salvación o de humanidad.

Son variados los rostros de la desgracia humana a los que se dedican números monográficos: los refugiados del Tercer Mundo, los indígenas y las sociedades afro-americanas, los pobres y su creatividad, la urgencia de la liberación, el Sur como reclamación de solidaridad, situaciones de guerra que reclaman el compromiso por la paz, experiencias de muerte que exigen caminos de resurrección, el conflicto como aspiración a la reconciliación… En el trasfondo se encuentra la estructura de una civilización con pretensiones de unificación planetaria, por lo que resulta necesario comprender y realizar “La misión en contexto neoliberal” (1998). Cada vez con más fuerza se hace presente el tema de la globalización, como clave de comprensión de los factores que constituyen el contexto: L.M. Maestro, Globalización y evangelización. Desafíos y caminos para la misión ad gentes (2007); F.E. George, Globalización: desafíos a la misión de la Iglesia (1999).

Más allá de los números monográficos, esta perspectiva se convierte en criterio de valoración del resto de los temas que interesan a la misionología y a la praxis misionera: G. Gutiérrez, La opción preferencial por el pobre en Aparecida (2007), A. Pieris, Reconciliación y justicia. Para un cielo nuevo y una tierra nueva (2005); los pobres son valorados como categoría clave para la universalidad misionera (A. Gallego, la misión universal como exigencia de solidaridad con los más pobres , 1988). La reflexión teológica, en consecuencia, debe atravesar conscientemente los lugares concretos en los que la acción misionera se realiza.

Dentro de esta perspectiva es lógico que se supere una visión antropocéntrica de la salvación o de la vida. Por ello se pone de relieve la importancia misionológica de la ecología, de la tierra, del cambio climático: A. Aganzo, El cambio climático. Impactos de la agresión a la naturaleza (1999); F. Bernabé López, La defensa de la integridad de la creación (1999); J. García, La misión testimonio de la creación (1999).

 

LA MISIÓN QUE PASA POR LA TEOLOGÍA: UN MARCO TEOLÓGICO

En varios números se ha buscado de modo directo la configuración de un marco teológico adecuado (por ejemplo “A la búsqueda de un marco teológico de la misión”, 2004), a la luz del Padre, del Hijo, del Espíritu, de la eucaristía, aparte de numerosos artículos que, en otros temas, han contado con un presupuesto teológico. La teología debe pasar a través de la misión, y a su vez la misión debe pasar a través de la teología. Este doble itinerario ha sido realizado, según la expresión de K. Barth, “teniendo en un bolsillo la Biblia y en el otro el periódico”. Se trata de una tarea difícil, aunque necesaria, para la que hubiera sido necesaria una mayor presencia de teólogos (muchos de los cuales no han captado aún la hondura y la envergadura de la tarea). El esfuerzo realizado ha sido sin embargo fecundo y digno de elogio. Merecen ser mencionadas las líneas fundamentales de tendencia.

La referencia a la Biblia es presentada en clave misionera y narrativa, es decir, mostrando las historias y experiencias en que avanza y se desarrolla el designio salvífico del Dios creador. Presupuesto fundamental es que todos los pueblos son elegidos, en cuanto amados e iguales ante el Dios Creador, por lo que todos son destinatarios de una alianza universal. Por eso se valoran especialmente los dinamismos centrífugos en Israel y la acción de Jesús que catalizó las intuiciones universalistas latentes en Israel (cf. J.A. Izco, ¿Qué misión quiere la Biblia?, 1987).

La raíz última de la misión se sitúa en la Trinidad y en la missio Dei . Es lógico que, de cara a la misión, se ponga de relieve especialmente la Trinidad económica, es decir, la economía salvífica en la medida en que hace patente al Dios por nosotros, constituyéndose así como la perspectiva para hablar del Hijo y del Espíritu. P. Suess, La misión de Dios y la misión de los cristianos. Fundamentos, desdoblamiento, compromisos (2004) es esclarecedor de este planteamiento. Si la afirmación joanea “Dios es amor” ofrece el contenido y el sentido de la “misión de Dios”, permite comprender que Dios es relación, gratuidad, comunicación, el “amor fontal”, que da origen a las “procesiones” y “relaciones” entre Dios/Pneuma/Logos, constituye el telón de fondo invisible y eterno de la Santísima Trinidad. Ahora bien, esta Trinidad inmanente (según la teología clásica) se desdobla y transborda como Trinidad económica o Trinidad histórico-salvífica que configura la “misión de Dios”. La misión encuentra su punto de partida y su contenido en la presencia de Dios en el mundo a través del Logos y del Pneuma. De este modo la categoría “misión” no sólo caracteriza a Dios, sino que desvela la identidad del Hijo y del Espíritu y hace patente el horizonte misionero de los cristianos y la naturaleza misionera de la Iglesia.

También se ha dedicado un número a “El Padre en relación con la misión” (1999). Contemplado precisamente en perspectiva trinitaria y misionera se reconoce a El Padre origen y contenido de la misión (E. Bueno de la Fuente, 1999): el Padre es origen de toda misión, debido a su carácter fontal (tanto a nivel intradivino como económico) y debe acompañar el ejercicio de la misión en el mundo imprimiendo su propio carácter paternal: una misión en la lógica del Padre debe poner de relieve el carácter filial y fraternal de la experiencia humana, la compasión y misericordia, el gozo de la creación como hogar de la familia humana… Desde esta óptica se debe evitar la comprensión masculina del carácter fontal del Padre: ¡Abba!, Padre-Madre, nos reconcilias y envías a reconciliar (T. Ruiz Ceberio, 1999).

La consideración de Dios Padre, que da origen a una misión en la historia, plantea el sentido y la función de los mediadores, que siempre corren el peligro de convertirse en dueños y propietarios de la misión. Ante un tema tan delicado es lógico que se intente conjugar el sentido de los mediadores (E. Bueno de la Fuente, El creyente: testigo y misionero. El designio salvífico universal necesita mediadores , 2004) con la superación de todo fundamentalismo (R. Panasiewixcz, Elección y exclusivismo , 1999). Por eso se presenta al Padre como nómada, que no está ligado a un lugar y que por ello también se hace presente entre los paganos (J. Nieuviarts, Esos extraños amigos de Dios venidos de lejos. El presentimiento de Dios y la fe en los hechos , 2002).

Desde el punto de vista sistemático se ha estudiado la “Dimensión misionera de la cristología” (1997), para mostrar cómo la misión de Dios se realiza a través del envío del Hijo y de su misión hasta la consumación en el misterio pascual y en la parusía (E. Bueno de la Fuente), del Hijo que asume la figura de siervo para suscitar comunidades contraculturales, que desde su pobreza y humildad viven un amor desinteresado que se traduce como liberación y diálogo (M. Amaladoss).

Como no podía ser de otro modo, ha sido constante la referencia a Jesús, en su acción histórica pero referido intrínsecamente al Padre que le ha enviado. En este planteamiento el Reino de Dios se convierte en categoría clave, pues vincula la referencia trinitaria con la concepción holística de la misión. Jesús vivió el Reino de Dios como la misión recibida del Padre; para Jesús el Reino de Dios es el lugar de libertad y de amor que Dios quiere para la humanidad unida y convertida en hijos de Dios; Jesús inicia el Reino como expresión de su vinculación personal; Jesús hace presente el Reino de Dios en la opción por los pobres; el Padre, que envió a Jesús en el servicio al Reino, es la referencia de Jesús en el envío a sus discípulos, que han de comprender su misión como servicio al Reino (O. Cougil Gil, Jesús y el Reino , 2004).

Es especialmente en el ámbito de la cristología donde se acentúa la dimensión narrativa y experiencial. El primer congreso misionero de Asia llevó como lema “Contar la historia de Jesús” (cf. Card. T. Toppo, Jesucristo liberador, capacitador y dador de vida , 2007). La salvación en Jesucristo, experimentada en lo concreto, es el aliento de la cristología (C. Palacios, La salvación de Jesucristo en la reflexión teológica latinoamericana , 2001) y en el acercamiento a la realidad (B. Parra, Encuentro con Jesucristo vivo en la realidad actual de Colombia , 2001). Por eso las nociones de discipulado y de seguimiento han desempeñado un papel cada vez más importante no sólo en documentos magisteriales (el lema de la Vª Conferencia General del Episcopado Latinoamericano era “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos tengan vida”, lo que ha dado origen a notables reflexiones y análisis, 2007).

El protagonismo del Espíritu en la misión ha sido reconocido y valorado con fuerza. En tres ocasiones ha sido objeto de números especiales: “El Espíritu y la misión” (1998), “Espiritualidad misionera” (2003) “Retos de la misión a la espiritualidad” (2006). Como se ve, integramos en el mismo apartado lo que se refiere al Espíritu y lo que se refiere a la espiritualidad. Ello en principio resulta coherente y lógico. Pero con mayor fuerza aún en este caso. El Espíritu es considerado de un modo muy marcado en su función económica, es decir, en la experiencia salvífica de las personas y de las sociedades, en el quehacer de la Iglesia y de los misioneros. El Espíritu es fundamental para captar el sentido holístico de la misión y para elaborar una teología narrativa.

La conexión entre Espíritu y vida o experiencia se hace más estrecha aún que en el caso de las otras personas divinas. Espiritualidad designa el “espíritu” o estilo de vida, pues consiste precisamente en “vivir según el Espíritu” (J. Esquerda Biffet, Significado y contenidos de la espiritualidad misionera , 2003), ya que en definitiva es el Espíritu el que actualiza y hace experimentar la acción del Padre y del Hijo. El Espíritu es siempre concreto y se hace presente en la historia y en la actualidad (A. Guerra Sancho, La espiritualidad como vida en el Espíritu, 2006). Es el que hace que el misionero se descubra llamado y enviado, conjugando la dimensión contemplativa y activa (J.M. Madruga, Una espiritualidad para la misión ad gentes , 2006). Por ello no puede tratarse de una espiritualidad cualquiera, realizada en abstracto, sino en los contextos en que se desarrolla la misión holística, pues sólo el Espíritu hace capaz al misionero de afrontar los desafíos tan complejos del momento presente: en la inculturación (M.J. Hernando, Desafíos de la inculturación a la espiritualidad misionera , 2006), el diálogo interreligioso (J.M. Pérez Charlín , Desafíos del diálogo interreligioso a la espiritualidad misionera , 2006), la inserción (G. Céspedes, Hacia una espiritualidad de la inserción , 2006), los pobres (C. de Grado, La inserción en el mundo de los pobres , 2006). Dado el protagonismo de los pobres se ha estudiado de modo expreso la “Espiritualidad de la liberación” (1994).

El Espíritu es el que permite tener una mirada amplia que evite toda tentación particularista, ya que está presente en el conjunto de la realidad (J. Dupuis, La presencia universal del Espíritu y la misión de la Iglesia , 1998), y especialmente en las periferias (T. Ruiz, El Espíritu nos espera en las periferias , 2003). Bajo el aliento del Espíritu se puede entender la narración de la vida de las primeras comunidades cristianas (P. Richard, El Espíritu Santo y la misión en los orígenes de la Iglesia , 1998).

En este marco teológico surge espontáneamente una eclesiología misionera, cuyo tema es una Iglesia atravesada por la misión y que a la vez provoca que “las misiones” sean atravesadas por la teología, de modo que no pueden ser ya consideradas como acciones concretas o suplementarias que realizan los cristianos o las comunidades eclesiales. J.A.Izco, Eclesiología en clave misionera (1987), L. Trujillo, ¿Una eclesiología misionera? (1987), J.M. Madruga, Algunas reflexiones en torno a la misión ad gentes (1998) muestran la sensibilidad desarrollada después del Vaticano II para reintegrar las misiones en la misión, para comprender la misión como servicio a la misión de Dios, la experiencia eclesial como fraternidad en el interior del mundo pero a la vez in-corporada en el Resucitado y por ello incluida en su misión, por lo que el ejercicio de la misión no es responsabilidad de organismos particulares sino de la Iglesia en cuanto tal. Por ello desde la comunidad eclesial concreta se debe abrir la mirada a los desafíos mundiales y al destino del mundo (R. Janín Orradre, Comunidades cristianas de base misioneras , 1999) y debe animar desde dentro el ejercicio de la pastoral ordinaria (R. Calvo, De la misa a la misión –y viceversa- en la Europa de hoy , 2005).

La visión misionera de la Iglesia (y de todo y todos en la Iglesia) está siempre contrapesada con las advertencias contra un peligro de introversión o de narcisismo en la Iglesia, que debe evitar reducir la santidad y la catolicidad a su propio seno (A. Pieris, Catolicidad de la “Ecumene” y santidad más allá de la Iglesia , 2004). La eucaristía, en cuanto sacramento por antonomasia y realización máxima de la Iglesia, permite comprender esta dinámica de una eclesiología misionera, como se muestra en el número dedicado a “Misión y Eucaristía (2005): en cuanto Pascua de la Nueva Alianza despliega un intrínseco dinamismo misionero y universal (E. Bueno de la Fuente), genera una apertura generosa como envío a los últimos (C. Marcilla), convierte al misionero en la persona de la acción de gracias (A. Bravo), ofrece un marco ideal para la animación misionera (E. Alcalde), para la inculturación de la fe (J.B. Ópiele) y para el diálogo interreligioso (J.A. Izco).

 

LA MISIÓN COMO DIÁLOGO Y PROFECÍA/MARTIRIO

La Iglesia que vive su identidad como servicio a la misión de Dios ha de adoptar una actitud y una figura abiertas y dialogantes, lo cual no excluye que haya de realizarse como profecía y como martirio. Dos lógicas, aparentemente contrarias, se integran y se exigen por la radicalidad de la misión y por las circunstancias reales de su ejercicio (y de las orillas y fronteras que deben ser superadas).

El primer aspecto se muestra especialmente en el compromiso ecuménico y en el diálogo con los miembros de otras religiones. “Ecumenismo y misión” constituyen un binomio que se hace patente en el nivel de la reflexión teológica y que ofrece posibilidades enormes en el nivel concreto: el ecumenismo moderno se desarrolló a partir de la preocupación misionera (P. Langa), todas las Iglesias se encuentran ante el quehacer de una nueva evangelización (J. García Hernando), se han realizado con éxito los encuentros de monjes que enriquecen y fecundan la experiencia de Dios (R.Alvarez Velasco), se pone por obra en parroquias y comunidades concretas…

La actitud de diálogo se ha de manifestar especialmente hacia las otras religiones. Este aspecto ha sido valorado especialmente desde el contexto asiático (“Misión y diálogo en Asia. Una visión desde ambos lados”, 1993; “Asia: rostro multiforme de Dios”, 1991) con la intención de comprender a las diversas corrientes religiosas, como en África, para disponer de una imagen adecuada de la complejidad del Islam en aquel continente (“El Islam en África, 2002) y de la realidad de las comunidades cristianas en contextos musulmanes (“Comunidades cristianas en contextos musulmanes”, 2005). Son aspectos muy tenidos en cuenta en los diversos congresos y eventos eclesiales, así como en la vida concreta de las iglesias y en los encuentros entre contemplativos de diversas procedencias espirituales (A.M. Schlütter, Zen y fe cristiana. Reflexión desde la experiencia , 2006). El encuentro con el otro en actitud de diálogo puede transformar el “ad gentes” en “inter gentes” dado que Dios no es monopolio de nadie (Yun-ka Tan, De la “misión ad gentes” a la “misión inter gentes ”, 2005) y que incluso lleva a asumir un modo de presencia que difícilmente suscitará conversiones (B. McCahill, Una misión cristiana sin esperar conversiones , 2005).

Profecía y martirio se han ido mostrando progresivamente como dos dimensiones esenciales para la misión actual, precisamente por las características del contexto y por las exigencias del origen teológico. Puede haber situaciones concretas que lo hagan patente o urgente: “Misión profética de la Iglesia en África hoy” (1998). Pero en realidad son válidas y necesarias para la misión de la Iglesia en general. La misión debe ser entendida como memoria y profecía (2003) porque debe replantear críticamente la pastoral entera de la Iglesia (R. Calvo), porque sitúa a la comunión de iglesias ante el designio salvífico de Dios que debe confrontarse con las fuerzas diabólicas de este mundo (E. Bueno de la Fuenta), porque es un estímulo para comprometerse con los proyectos de justicia y de paz (P.J. Gómez Serrano), porque debe alentar la animación misionera (J.C. Loroño). Estas categorías generales toman rostro y figura concreta en la realidad de nuestras iglesias. Se puede hablar con entero rigor de “Profetas y mártires de la misión hoy” no sólo porque forma parte de una Iglesia profética (E. Bueno de la Fuente) y de la historia del cristianismo desde sus orígenes (A. Almansa), sino porque hay iglesias y cristianos concretos que experimentan su misión como martirio. Por ello no puede verse la misión más que como martirio (V. del Prete, R. Calvo).

 

CONCLUSIÓN

La misma revista ha mantenido durante los últimos años el “Foro Misiones Extranjeras” que tiene como objetivo el debate teológico-pastoral sobre misionología, praxis misionera y animación misionera. Como resultado de estos debates se han ido sedimentando algunos textos que aspirar a ofrecer un consenso en el que puedan encontrarse y reconocerse el mayor número de los participantes.

Estos textos han sido publicados en la misma revista: Marco teológico de la misión (2002, 320-322) y El Reino de Dios: horizonte y realización de la misión (ibid. 323-326). Se encuentran en íntima conexión con los temas debatidos a lo largo de estos años por la revista. Representan por ello el intento de una visión teológica y misionológica equilibrada e integral que mantenga una conexión estrecha con el ejercicio de la misión y asimismo esté abierta a la animación misionera de las comunidades eclesiales. De este modo se elaboran las coordenadas por las que deberá seguir avanzando Misiones Extranjeras .

Sacerdote de la diócesis de Burgos. Doctor en Misionología. Profesor en la Facultad de Teología del Norte de España en las sedes de Burgos y Vitoria. Ha publicado varios libros, artículos y constantemente es llamado por Facultades y diócesis para dictar conferencias. Es miembro del Consejo de Redacción de la revista Misiones Extranjeras y participa en el Foro.

Los artículos citados irán en cursiva con referencia al año de publicación (no al número de la revista), pues de este modo resulta fácilmente accesible. Cuando se trata de títulos de números monográficos irán presentados entre comillas.

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