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LA MISION EN ASIA UNA PERSPECTIVA DESDE EL CONGRESO MISIONERO DE CHIANG MAI (TAILANDIA)
I. INTRODUCCIÓN Esta reflexión del I Congreso Misionero de Asia celebrado del 18 al 22 de Octubre en la ciudad capital septentrional de Tailandia, antigua capital del reino de Lana, viene como colofón a un trabajo precongresual y a una memoria del propio Congreso ya publicados en Misiones Extranjeras. Es difícil, por tanto, no repetir los contenidos que hilan su reflexión. Si el primer trabajo venia a tratar sobre el camino andado por la FABC para la realización del Congreso, su trabajo de equilibrista en asuntos logísticos y temáticos, este trabajo viene a situarse en la reflexión que hay de fondo y que como capa de aceite emerge desde los contenidos que le son vitales no solo a la FABC sino a las iglesias locales de Asia, en su objetivo de desarrollarse con más autenticidad o dicho de otro modo en asianidad . El Congreso ofrecía expectación hacia dentro y fuera de Asia. Tal y como se encuentra el panorama de la Iglesia de Asia, el Congreso ha sido bien acogido a decir por el número de representaciones llegadas y por la presencia del enviado especial del Papa en la persona del Cardenal de Nápoles, Crescenzio Sepe, antiguo Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. En algunos países las iglesias han tenido la posibilidad de realizar congresos previos nacionales como es el caso de Tailandia, pero en otros países las posibilidades han sido ciertamente más bien escasas debido a las posibilidades reales de las propias iglesias locales. El Congreso no ha partido desde unas reflexiones y trabajos previos de las iglesias locales, sino que ha consistido en una proyección de los temas que preocupan a las iglesias y que ya venían reflexionándose de largo en otras instancias de las iglesias locales. En este sentido ha sido más un compartir experiencias y sobre todo celebrar la fe común de los pueblos de Asia que han puesto su esperanza en Cristo. El Congreso por tanto estaba organizado con una estructura de comunicaciones por un lado sobre los temas candentes en las Iglesias de Asia, experiencias concretas con personas concretas y una serie de talleres para compartir las experiencias de vida a nivel más básico. Con un gran trabajo de organización y la buena voluntad de todos los participantes, el I Congreso Misionero de Asia ha constituido un logro e indica las posibilidades concretas que existen para organizar acontecimientos de esta índole en Asia. Nada fácil en el panorama de la lista de países y características de Asia, si exceptuamos algunos muy escasos países. Durante las celebraciones pudimos escuchar el chino en las delegaciones de Taiwán, Hong Kong y Macao, pero en el ambiente se echaba en falta la presencia de la delegación China, que hubiera dado al Congreso una perspectiva más global del Continente. La realidad de la Iglesia de Corea del Norte nadie la conoce debido al hermetismo del régimen y realidades nuevas como la Iglesia de Mongolia daban una nota de esperanza en la frontera norte de China. No era sencillo el camino que la FABC, como organizadora del Congreso pretendía recorrer. El Congreso que en boca de sus organizadores no pretendía ninguna confrontación doctrinal sobre los contenidos, mensaje y medios de la misión , no pudo evitar, sin embargo que quienes asistíamos pudiéramos percibir en el desarrollo de las ponencias dos líneas bastante definidas, una procedente de la FABC o de la organización del Congreso con acentos claros en el encuentro de las religiones, de la humildad e igualdad en el diálogo con otras religiones, la inculturación como camino de reconocimiento e identidad de la Iglesia en los pueblos de Asia, y otra línea que respondía más a una comprensión más clásica del sentido de la misión, mas indicativa e impositiva o quizás habría que utilizar el término (por qué no) más “exclusiva”. Esta percepción muestra, sin embargo, la realidad a la hora de abordar la reflexión sobre la misión. No se puede obviar que en la Iglesia existan estas tendencias y así aparecieron en el Congreso de forma clara; pero en Asia el yin-yang existe como expresión de la convivencia posible de los opuestos, la complementariedad como realidad vital. No se desalojan o polarizan sino que por el contrario se implican y se contienen uno en el otro. Qué repercusiones pueda tener en Asia desarrollar una u otra línea sería objeto de un nuevo estudio. Que estas líneas que vengo a llamar “ complementarias ” fueran claras incluso antes del Congreso se hace más que obvio en los documentos previos al Congreso. Dejemos ver los objetivos que la FABC había propuesto y que aún siguen colgados en la “red” y los objetivos que se ofrecieron en el librito guía entregado en el Congreso. En la proposición tercera de objetivos, en la red, figuraban de esta manera como ya hemos expuesto en un número precedente Misiones Extranjeras : IMPULSAR LA CONCIENCIA EN LAS IGLESIAS SOBRE LA COMPRENSION RENOVADA DE LA MISION AD GENTES DURANTE Y DESDE EL VATICANO SEGUNDO Reconocer los movimientos de renovación en la teología de la misión (laicos en misión, comprensión renovada de la salvación, misión en- dialogo) Facilitar un encuentro entre las Iglesias locales de Asia para que se inspiren unas a otras para intensificar su misión ad gentes a través de sus experiencias de vida en Cristo. Avanzar en misión ecuménicamente Sin embargo en la nueva redacción del librito guía, en el objetivo primero de la propuesta primera existen cambios Reconocer los movimientos de renovación en la teología de la misión (laicos en misión, con profunda comprensión de la salvación, misión –en diálogo) Como se puede apreciar, ha desaparecido “ renovada ” y se ha añadido “ con profunda ”. Este cambio no es de capricho, subyacen elementos dispares de comprensión que se hace ver de manera clara en el objetivo añadido a la tercera propuesta de objetivos. Pero hay más en cuanto a los objetivos y no es preciso prestar mucha atención a los siguientes para darse cuenta de que las tensiones se han hecho patentes y que cada uno matiza al otro. Como decimos los objetivos siguientes no figuraban en el original de la FABC y figuran en segundo y tercer lugar. Proclamar a Jesús “el único Salvador “ (EA 11,20) y conocer que “formas participadas de mediación en diferentes tipos y grados” dan sentido y valor solo desde la propia mediación de Cristo (RM 5); para apreciar mejor a las otras religiones y así “todo lo bueno que se halla sembrado en el corazón y en la mente de los hombres, en los propios ritos y en las culturas de los pueblos, no solamente no perece, sino que es purificado, elevado y consumado para gloria de Dios (AG 9). Explorar los caminos asiáticos de compartir la Buena Noticia de Jesús en “continuo, humilde entrañable diálogo” con los pobres de Asia, con sus culturas locales y con otras tradiciones religiosas, reconociendo cierta complementariedad (ying yang) que existe entre los pueblos, culturas y tradiciones religiosas y visiones más amplias, sin negar diferencias , así pues reconocer que el diálogo interreligioso “es un medio de enriquecimiento reciproco” (DI 2 y RM 56) y “un progreso común en el camino de búsqueda y experiencia religiosa (RM 56). Avanzar en misión ecuménica e interreligiosa. Se comprenden las razones por las que la Oficina de Evangelización de la FABC había comentado que no era un Congreso para la confrontación sino para el encuentro, la celebración y centrarse en los caminos asiáticos de contar la historia de Jesús, un titulo que enhebra con sus objetivos primeros, plantea el dialogo y se inserta en las culturas de los pueblos de Asia. II. HACIA UNA METODOLOGÍA DE LA MISIÓN EN ASIA La recuperación de los cuenta cuentos y narradores de relatos e historias es una realidad extendida en muchos países. La gente se siente atraída por las historias y relatos del pasado y aún más hoy en día. Es un hecho que las distintas cadenas actuales de televisión en todo el mundo presentan sustancialmente en sus programas historias, relatos de la vida (telenovelas), quizás con un dramatismo cercano a lo morboso, pero el hecho es que a la gente le sigue atrayendo el relato de esas historias humanas, de gente normal y corriente, ya no hay héroes y en ello les va también su competitividad y sus ganancias. Estas historias importan si hay elementos significativos que se proyecten y por los cuales se descubran experiencias propias, elementos que den sentido a las vidas de los televidentes. Personajes en los que se reconozca uno mismo y la historia que porta, cuáles son los modelos de futuro y con los que uno se pueda identificar. ¿De qué va la vida? ¿Por qué trata la vida de tal manera a ciertas personas? ¿Qué espero de mi vida y que va a ser mi vida si sigo tal o cual personaje que aparece en escena? Preguntas que si no se las hace uno en el momento de ver la telenovela, sí están en el trasfondo de sus vidas. Preguntas no de filosofía trascendental, sino cotidianas, que uno se hace así mismo, con los ojos fijos en el café que humea y que cada cual se sorbe, aún sin despertar, en la mañana. No dudo que algunas de estas cadenas se hayan fijado en la Biblia como metodología narrativa de la historia y la vida cotidiana. Dios ha sido un gran experto en contar historias humanas con ese dinamismo interactivo. La Biblia está llena de estas historias, de relatos de hombres y mujeres de carne y hueso. Hablamos de la Historia de la Salvación, pero lo cierto es que la Biblia nos cuenta las historias particulares de cómo esa Salvación se ha hecho relato, historia concreta en personajes concretos. Puede ser una de las razones del gran interés por la Biblia . Una de las mayores historias, sin duda la que mueve la tramoya de todas las otras historias, es cómo Dios se las ingenia para que a través de diversas historias humanas (cfr. las genealogías de Mat. y Lc.) el propio Dios se haga protagonista de la Historia en la vida de Jesucristo. Por otro lado estas historias que se cuentan generan un circuito vital que involucran en su dinamismo al emisor con el receptor y al mensaje que se ofrece, precisamente porque conciernen a sus vidas y sus expectativas. Básicamente este ha sido el contenido y el objetivo de este I Congreso de Misiones en Chiang Mai. ¿Cómo la misión en Asia se puede enriquecer con esta metodología de contar historias, que por otro lado es muy particular de las culturas de Asia? Mons.. Luis Tagle no tenia como cometido en su discurso inaugural ningún tipo de reflexión teológica sobre la misión, sino que como muy bien hizo, versó sobre una antropología de la comunicación, de manera muy sencilla recorriendo las etapas y efectos que acontecen en el proceso narrativo de las historias e hizo una hermenéutica invertida de estas implicaciones interactivas que surgen entre emisor, receptor, mediaciones y mensaje del relato para transportarlo a una posible metodología de la misión en Asia . Aquí estaba la clave de este encuentro que era fundamentalmente catequético-pastoral y celebrativo. La búsqueda de un método para la misión en Asia es un empeño constante en la reflexión de personas e instituciones de la Iglesia de Asia. Los métodos clásicos que la Iglesia ha ejercido en el pasado o incluso hoy en día se puedan estar empleando, en absoluto le son válidos a la Iglesia de Asia de hoy. Asia posee unas circunstancias y características propias que han de tenerse en cuenta en el empeño misionero. Los acontecimientos del 2000, guiados por la figura tan carismática de Juan Pablo II, llevaron a las iglesias occidentales a sentir una efervescencia misionera tal, a revitalizar el sentido misionero de tal modo, que aún hoy los planes pastorales de muchas iglesias locales de occidente plantean este impulso como de primera magnitud.Algunos teólogos asiáticos han visto este movimiento si no con recelo, si con precaución . Por eso, la evangelización en Asia está buscando una nueva formulación, una nueva metodología y pedagogía, busca un nuevo concepto integral de la evangelización que no solo sea respetuosa del contexto en el que se integra sino en la solidaridad interreligiosa e intercultural de los pueblos de Asia. Esto hace que, como expresaban los objetivos del Congreso, sea necesario que el concepto de misión en Asia sea revisado y renovado. En este sentido, esta búsqueda esta asentándose, busca quienes la realicen que no son otros que el pueblo asiático cristiano entero. No se trata ya de especialistas en la misión, ni de misioneros especializados, probablemente con la mejor intención por la “ implantación de la iglesia ”, sino el discipulado cristiano asiático que conoce su gente, su lengua, su cultura, que está en permanente diálogo con otros que profesan otras religiones y que necesitan salir de si mismos y narrar la historia de amor que ha acontecido en sus vidas, que quiere servir al Reino de Dios, en la misión que Dios nos encomendó, pero desposeídos depoder, tanto económica, política o culturalmente. No es que suponga esto una opción de descarte de misioneros no asiáticos, lo que se dice es que el misionero que se integra en Asia ha de hacer un proceso kenótico para no proyectar el mundo que trae dentro de si, y desmantelar en el que aterriza. Este contar la historia de Jesús desde la vuelta a los métodos narrativos asiáticos no pretende otra cosa que ser fieles a la misión por un lado, hacer una “campaña” evangelizadora legal, respetuosa en extremo con el contexto asiático, con las religiones de Asia, desprovista de cualquier sentido de imposición “colonialista” de la misión e ir construyendo desde la base una teología que haga asequible y comprensible el anuncio liberador y de amor de Jesucristo a los pueblos de Asia. III. LA HISTORIA DE JESÚS EN LOS PUEBLOS DE ASIA Cuando asistimos a una época global, cuando el mundo se mueve a pasos de velocidad insospechada, cuando los encuentros en todos los ordenes del quehacer humano entre oriente y occidente, norte y sur, este y oeste son tan amplios y eficientes, el mundo cristiano se pregunta qué pasa en Asia que se hace tan poco permeable al Evangelio. ¿Es que no se ha contado la historia de Jesús a los pueblos de Asia? ¿Es que en Asia no ha habido evangelización?¿Es que los pueblos de Asia, tan religiosos, no se conmueven ante la vida de Jesús al igual que lo hicieron los caminantes de Emaús? ¿Es que los pueblos de Asia son tan insensibles que no perciben el gran mensaje liberador de Jesucristo? No es este lugar para hacer un análisis ni historia de la evangelización en Asia pero uno observa a vuelapluma que es aquí donde radican las grandes cuestiones sobre la evangelización. ¿No habría que decir precisamente que por ser tan sensibles al hecho religioso no han acogido el Evangelio o quizás sería mejor decir que lo han acogido en su sentido más profundo y espiritual, pero hay reparos o no se acaba de entender el “formato” exterior de trasmisión del Evangelio que nos empeñamos en ofrecer y por ende ¿no puede ser ésta también la razón de la deserción religiosa de Europa? La sensibilidad religiosa es un valor muy presente y extendido en los seres humanos, pero el desajuste entre el contenido y las formas de transmisión y presentación encuentran reparos tanto en Asia como en Europa. Esta última deserta y Asia no siente la necesidad de desechar su tradición espiritual en pro de otra. Lo mismo que comentamos más arriba, que en el congreso misionero de Asia, percibíamos dos estratos, uno el de la comunicación de la experiencia de Jesús, el contar, el narrar la historia de Jesús, su radical mensaje liberador, válido para todos los hombres y mujeres de todos los tiempos, pero esto no basta, y como el mensaje de Jesús no es desgajable de su sentido eclesial, se tropieza con otro estrato segundo que es el papel de envoltura, que lo vehicula. Esta dimensión institucional-cultural, que por ser temporal está sujeta a desarrollo y cambio, y si quiere que el contenido del kerigma sea válido o al menos no quede vaciado de sentido debe desarrollarse en categorías comprensibles para los asiáticos. Como fondo, por tanto, de todo este planteamiento que planea como capa de aceite, subyace la idea de que la misión en Asia tiene problemas serios de aceptación y de ser acogida con amplitud, no sólo por una terminología y metodología áspera que no acaba de identificarse con Asia, sino porque el cristianismo ha llegado tarde en la identificación cultural asiática y es muy difícil desplazar una religión culturalmente establecida. La necesidad, por tanto, de una búsqueda, de un camino asiático para contar la historia de Jesús e identificarse con ella, desde Asia, no desde referencias occidentales y hacerse un lugar en el entramado cultural es un empeño noble y también muy exigente, y nada fácil .Pese a que los objetivos de la misión o evangelización son válidos y actuales, sin embargo están viciados. El primero con el hecho de la colonización y de la extranjerización y el segundo viciado de una superioridad y absoluted soteriológica que incluso deslegitima el sentido profundo de la encarnación de Dios, la Palabra dialogal del Padre, y la obra del Espíritu en los pueblos de Asia. Esta “ soberbia ” se hace incomprensible en la gente y en las instituciones asiáticas. Son estas razones por las que el cristianismo no tiene aún la patente de ser una experiencia religiosa asiática y sí, más bien advenediza, aliada de poderes económicos, filosofía occidental camuflada que usurpa y mina las tradiciones y valores de los pueblos de Asia a los que los desdeña y anula. En este sentido una misión y evangelización así entendida se hace absoluta, nada que ver por tanto con los valores de Asia. Este planteamiento choca de lleno con la teoría de la complementariedad de los contrarios o ying-yang , tan presente en la vida de los pueblos de Asia y que llena el mundo asiático. Las acusaciones de sincretismo o relativismo vienen desde planteamientos filosóficos occidentales, aunque estas acusaciones olvidan que en occidente el sincretismo es mucho más intenso que en Asia, que no se libra del sincretismo religioso y que además hace alianza con el poder, sea político, económico o intelectual y sin embargo pone sus dificultades al ser enriquecido con la herencia del conocimiento y filosofía de los pueblos asiáticos y que podrían recuperar desde su espiritualidad la crisis que padece en su seno. Juan Saldanha resaltaba en su ponencia cómo en esta historia de Jesús existe una prehistoria en donde el Espíritu se ha hecho presente desde el amanecer de la historia humana y ha derramado sus bendiciones de forma abundante que han dado fruto y se han expresado en las diferentes experiencias religiosas de Asia. Es de esperar que en esta metodología de Dios donde esta Palabra ha sido derramada ya y crecida en tantas experiencias místicas y religiosas en los pueblos de Asia, pueda algún día ser reconocida y vean en ella la respuesta a sus deseos más profundos. Pero al igual que los caminantes de Emaús les llevó su tiempo caer en la cuenta de que el caminante que los acompañaba era el liberador esperado, también a los pueblos de Asia les puede llevar su tiempo reconocer a quien los ha estado acompañando en esta historia. La experiencia nos dice que la adhesión a la fe en Jesucristo, tanto personal como comunitaria, no es puntual y requiere hacer su propio camino. El diálogo por tanto con los pueblos de Asia se hace tan importante como necesario. Quizás no sea difícil reconocer al Liberador, al Sanador, al Guru, al Maestro si se cuenta su historia de amor y si esa historia es acompañada con la credibilidad del testimonio de sus seguidores, con la credibilidad de las actitudes y la transparencia de las formas. Las primeras comunidades cristianas se dieron forma a si mismas contando la historia de Jesús, no contando otras historias. Vivieron la koinonia, el servicio de unos a otros, hablaban de Jesús en sus lenguas y dialectos propios, con sus ritmos de vida, en su elementos humanos naturales, pudieron ofrecer sus vidas en martirio porque Jesús era el centro y no había otra razón que la experiencia envolvente de Jesús. Era un mensaje espontáneo, sin leyes en las que someter el mensaje que se ofrecía, un mensaje vivo sin rúbrica alguna salvo el fuego que impregnaba la liturgia de sus vidas. Estas experiencias tocaban a fondo el corazón de los marginados, de los sencillos, de los pobres, los menesterosos, este mensaje cuestionaba a los poderosos sin culpar a las personas concretas, llamaba a la puerta sin perturbar a los moradores. Aquí radicaba esta novedad de los seguidores de Jesús, una experiencia de Dios sin parafernalia, donde la Palabra recuperaba de súbito para la fraternidad a aquel cuya dignidad humana había quedado suprimida, echada afuera por motivos sociales, culturales o de sexo. Aquí radicaba la diferencia y su enseñanza. Configurar o mejor devolver, por tanto, un Cristo con rostro asiático y transmitido de forma asiática, o lo que es lo mismo ofrecer a los pueblos de Asia un Jesús en que dichos pueblos vean reconocida su experiencia caminante y salvadora por los caminos de Asia, está siendo un empeño y una reflexión constante en las diferentes iglesias locales de Asia, en muchos de los teólogos y en el seno de la propia FABC . No es fácil, y el intento se mueve entre la sospecha y la búsqueda de ser fiel al anuncio de la Buena Noticia. Aquí radican los desafíos de la Iglesia de Asia que el mensaje final del I Congreso Misionero de Asia expresaba, desafíos que ya aparecían expresados en EA y que es sin duda la propia Iglesia de Asia la que tiene que llevar a cabo. Afirma Ecclesia in Asia y así es visto extendidamente que en el contexto asiático, la gente se siente más persuadida por el testimonio de vida que por el argumento intelectual , pero esto no sólo es una realidad en Asia solamente, sino en cualquier lugar. Asia busca caminos propios en los que ofrecer y compartir a Jesucristo para que sea reconocido como la Buena Noticia del Reino, en medio de la siembra que ya ha hecho el Espíritu, caminos que han de estar basados en las experiencias personales en camino con las tradiciones culturales y religiosas de los pueblos de Asia. Por ser Asia un continente tan amplio, tan extendido, tan diferente las iglesias locales juegan un papel muy importante en la búsqueda de esos caminos propios, de esos enlaces con sus gentes. Las iglesias locales conocen de primera instancia cuáles son los resortes, momentos y situaciones en los que el contar la historia de Jesús puede llegar con más eco y fuerza. Deben, pues las iglesias locales asiáticas, estar siempre con un talante despierto y analítico en descubrir estas situaciones. Si hubiera que añadir carencias o aspectos que uno hubiera deseado que el Congreso hubiera enfocado si no con cierto detenimiento sí, al menos, mencionado, habría que decir que le faltó un enfoque de perspectivas de futuro y en este sentido haber dado espacio para una presentación de las tareas que la iglesia asiática tendría que apuntar en la agenda para su reflexión y asimilación. Una de estas tareas a las que me refiero es al talante profético. En este sentido, hacerse una iglesia profética en el contexto socio-político-económico de Asia es tomar postura. La iglesia asiática está más definida por lo cultual que por las opciones del Reino al servicio de los pobres, de la justicia y la liberación. Convertirse al Reino de Dios y distanciarse de su eclesiocentrismo cultual es una tarea profética que necesita, al menos, ser reflexionada. IV. LA HISTORIA DE JESÚS EN LAS RELIGIONES DE ASIA El segundo día del Congreso estuvo centrado en las tradiciones religiosas de Asia. No en vano este tema estaba puesto en el centro de las jornadas porque representa también el centro de la reflexión que la FABC, los teólogos y las iglesias locales asiáticas vienen haciendo al respecto. Hubo un panel de experiencias personales en el caminar con las religiones de Asia : Hinduismo, Shintoismo, Islam, religiones “tribales” o como algunos autores tratan de llamar “cósmicas” . Así mismo, a lo largo del día se tuvieron tres reflexiones teológicas y los ya conocidos talleres donde se compartían las experiencias más básicas sobre el diálogo religioso. En realidad en Asia se vive el diálogo religioso de forma natural en muchas facetas de la vida cotidiana. La vida real de las personas está transida por las experiencias de encuentro que se desarrollan de manera natural: celebraciones de muerte y vida, funerales, matrimonios, ofrecimientos, porque la religión en Asia es la vida misma y la vida diaria sólo es comprensible desde el sentido religioso de la vida. En este sentido, occidente y sus democracias hacen un camino incomprensible para muchos de los pueblos de Asia. La división entre la vida diaria y religión no es diferenciable en Asia, la división tan razonable que hace el pensamiento occidental entre lo religioso y lo secular es una tarea impensable para la mayoría de los asiáticos. Y Occidente, que acomplejadamente desaloja de su razón lo cristiano y lo reduce al ámbito de vida privada se encontrará con una batalla dada por perdida y con las fuerzas extenuadas ante la presencia en su territorio de experiencias religiosas orientales. El Profesor Prosper Grech, OSA del Instituto Bíblico y Patrístico de Roma hizo su reflexión teológica-espiritual versando sobre el caminar de las primeras comunidades cristianas en el anuncio de la Buena Nueva. A nuestro juicio fue ésta una exposición muy clásica que incidía en particularidades bíblicas e históricas y con un final de buenos propósitos pero ajena a la textura y problemática con las religiones de Asia. Fue una ponencia que podríamos situar en uno de los niveles o estratos previamente mencionados, quizás el más clásico y posiblemente debido a su distancia con el mundo asiático reflejaba muy poca experiencia de diálogo en el encuentro con las religiones. Por su parte las ponencias que servían de contrapeso, hechas por Fr. Savio Hon Tai Fai, sdb y Fr. James Kroeger, MM, ambos conectados de alguna manera con el trabajo de la FABC, fueron de un corte más sensible con el diálogo de las religiones en el contexto asiático. Al final de su ponencia el P. Savio Hon Tai Fai citaba a Confucio “No me quejo del cielo y no culpo a los seres humanos. Estudio las cosas en los niveles básicos, pero mi entendimiento penetra el nivel más alto. Es el cielo que me conoce”. (Anales 14,37) ¿Por qué esta cita de Confucio? ¿Ilumina en algo el argumento presentado en su ponencia? ¿Están las religiones habilitadas para encontrarse con el cielo, con alguna parte del Todo?. Savio Hon se mueve en la cuerda floja. Es una argumentación que ha de tocar muchos elementos sensibles en la soteriología, pero si la iglesia primitiva pudo argumentar la presencia del Logos con cierto sabor helenístico e incluso arriesgando caer en el gnosticismo, ¿no se puede argumentar de la misma manera con cierta sensibilidad confucionista, hinduista o de otra índole? Si el cristianismo primitivo buscó vías de comprensión de la figura de Jesucristo a través de las religiones y filosofías de la época, ¿no es posible encontrar vías de comprensión en el contexto asiático? Al recontar la Historia de Jesús con una cierta sensibilidad cultural, se debería insistir en la apertura de las culturas a la universalidad de la verdad que la Historia de Jesús conlleva y permitir que la misma historia atraviese todas esas barreras culturales en las que busque contenerse. Por su parte el titulo de la ponencia del P. James H. Kroeger, MM, era significativo: Caminar con mi hermano en la fe . Era una ponencia dividida en dos cuerpos. En el primero hay una exposición resumida de los pilares en los que se basa la reflexión más sustancial de la FABC en los treinta años de su andadura: 1)compromiso evangelizador 2) evangelización integral 3) anuncio de la persona y promesas de Jesucristo 4) el diálogo como dimensión clave en la misión y 5) El designio salvífico de Dios. El segundo cuerpo tiene un carácter más pragmático: 1) Actitudes básicas en el diálogo 2) Actitudes especificas ante las religiones 3) Espiritualidad del diálogo 4) Diálogo como servicio al Reino y 5) El papel de la Iglesia local . Como se ha dicho ya innumerables veces, el Congreso tenia una carácter pastoral-catequético y celebrativo. Pues bien estas ponencias hacen referencia a una praxis concreta, conectan con el modo como se camina en Asia, no es convicción por estrategia, sino por principios. La complementariedad de los contrarios es un valor en Asia que no anula al otro sino que le concede su justo valor. . Posiblemente estos fondos éticos hacen crujir planteamientos anidados largo tiempo en la Iglesia, al menos en su dimensión más occidental y Juan Pablo II tenia sus preocupaciones sobre ello …..Sin embargo era ineludible plantear la cuestión de si ¿puede haber caminos de salvación “rodeando” la Historia de Jesús? ¿Existen atajos para que las otras religiones lleguen al encuentro y conocimiento de Jesucristo, sin conocerle? Estas preguntas tienen unas incidencias muy concretas y básicas, y es si las personas con las que comparto la vida, incluso que son mi familia, mis hijos, mi padres ¿no podrán alcanzar nunca el Reino de Dios, que es concedido como gracia a todos los hombres y mujeres de buena voluntad? ¿Qué tipo de salvación ofrece Jesús a quienes no le han conocido o se les ha hecho inaccesible su encuentro? Porque es este el quicio del dialogo. La salvación ¿no es un don de Dios que nadie nos merecemos? ¿No alcanza uno también la salvación en el hacer ético, en sensibilidad por el hermano en necesidad, en la solidaridad como habla Mt,25, 30, en aquel que siente la sed inmensa del agua de vida? (Jn 4,10-15) ¿Qué papel se ha de considerar a las otras religiones en la Salvación de Dios? ¿Qué papel desempeñan las religiones en la presencia del Reino? ¿Es esto relativismo, es esto un planteamiento circunstancial? La iglesia qué papel juega en este encuentro de la salvación con los pueblos y por tanto qué significado adquiere la misión de la Iglesia. Recordamos que este era uno de los objetivos del Congreso, “comprensión renovada de la misión ad gentes”. Las sospechas de la Iglesia sobre estas argumentaciones son grandes. Siempre que se habla en estos términos de diálogo, de inculturación con las tradiciones religiosas asiáticas, se insiste como coletilla inseparable a la reflexión la responsabilidad y fidelidad a la comunión de la Iglesia, como si el ejercicio del pensamiento al servicio de la evangelización y de la comprensión del Cristo total para y con las otras religiones fuera razón para desechar la comunión con la madre Iglesia. Hay un miedo último de la Iglesia en perder su razón de ser, miedos a romper el cordón umbilical, miedos a perder su ser necesario. La Iglesia es dispensadora de los misterios de Cristo, que no es otro que ser mediación, no razón última sustituyendo al Reino de Dios. La Iglesia seguirá siendo mediación del Reino de Dios, pero como madre tiene que hacer que sus hijos crezcan en adultez y en identidad propia, de lo contrario se producen desajustes y patologías nada deseables. V. LA HISTORIA DE JESÚS EN LAS CULTURAS DE ASIA Con este titulo nos estamos situando en otra de las reflexiones importantes y más básicas del cristianismo en Asia que el Congreso no podía soslayar. Ya hemos hecho referencia cómo el cristianismo, a pesar de su origen asiático, es visto en el conjunto de Asia como una religión advenediza, ajena, tanto por su rostro como sus elementos que la configuran. Se expresa con unas categorías en absoluto asiáticas, de tal carácter occidental que posiblemente sea este uno de las razones que impidan el acceso en el encuentro del Cristo asiático. En el comentario de muchas personas que rodean los espacios donde uno se mueve, la relación del cristianismo con los misioneros extranjeros o con lo extranjero, está íntimamente asociada a las formas y conceptos occidentales de ayuda y cooperación que se dan en su seno, se ven en su mayoría reducidas a un cordón “que viene de fuera”, fuente de riqueza y que por esa razón asienta criterios. La enraización asiática del cristianismo dependerá mucho, por tanto, de su desenraizamiento occidental. La inculturación es vista como una realidad urgente para Asia, aunque esta razón se deba más al deseo de que el cristianismo eche raíces en Asia que al deseo de “romper la maceta greco romana en la que ha vivido como un bonsái” . Juan Pablo II ya había expresado que “este es el camino que deben seguir los evangelizadores al presentar la fe cristiana y al hacer que llegue a formar parte del bagaje cultural de un pueblo” . La inculturación hace que las formas de expresarse, de orar, de realizarse en el mundo, la espiritualidad, las formas de valorar, las estructuras sociales y tradicionales, sean comprendidas y asumidas de una manera natural, sin forzamientos. No se trata de hacer la procesión de ofrendas con los vestidos tradicionales de los pueblos de Asia, es ciertamente algo mucho más profundo y radical. Jesucristo, mediante su encarnación hace un proceso de inculturación que posibilita al pueblo de Israel el ofrecimiento de la salvación de una forma nueva. Inculturación o encarnación son términos que podríamos calificar si no como sinónimos, sí tienen un proceso y trayectoria similar. No pretende este trabajo bajar a particularidades, a especificidades terminológicas, sino plantear sucintamente el problema de las culturas que estaba de fondo en las ponencias de Congreso. Hacerse carne es hacerse parte de una realidad concreta. Jesucristo se encarnó en la persona histórica de Jesús, es decir inició un proceso de hacerse parte de una realidad humana y particularmente una realidad judía. Por tanto, todo este conjunto de elementos es lo que hacen accesible, comprensible, cercano o más aún, propio de la persona o la materia encarnada o inculturada. Ha ocurrido que en la historia de la evangelización han sido pueblos enteros los que han iniciado el proceso de encarnación o inculturación en otras realidades culturales. Se le ha llamado evangelización de conquista o colonial, y de cuya acción aún no estamos vacunados y se mantiene por defecto en muchos lugares. Han sido procesos violentos que hoy pasan factura a la comprensión y adhesión al mensaje. Masas enteras, a través de procesos de cambios, han pasado forzadamente a adherirse a formas y estructuras en absoluto propias, un reduccionismo occidental que se presentaba con visos de cultura superior o proceso liberador. Que los procesos de inculturación sean verdaderos, son clave porque enraízan y dan acceso o impiden que el Reino de Dios, dado a todos los hombres de la tierra, sea proclamado y sea concebido como Reino propio. En sociedades donde la religión ha creado formas culturales no es fácil, aunque no es imposible, que otra religión desplace culturalmente a la precedente. El cristianismo en Asia llega tarde o quizás hay que decir que los procesos evangelizadores, llevados acabo desde un proceso inculturado, son caminos lentos, muy lentos. Que el proceso de fe no es monocultural es claro , de hecho históricamente no lo ha sido ni lo puede ser. En ello está no solo el “éxito” en el objetivo o meta de todo proceso evangelizador, sino un elemento configurativo, sustancial de la propia fe, un proceso de encarnación en el continuo proceso de cambio de las culturas. La complementariedad, el acoplamiento armónico, ha de ser una realidad en todo proceso inculturado. La inculturación no desaloja la identidad sino que la construye de una manera nueva, le da consistencia y la potencia para ser una fuente de creatividad en cada persona y en la sociedad en la que se inserte, desarrollando un proceso cultural vivo. La inculturación va más allá de una mera y externa adaptación de las creencias religiosas y en este caso cristianas, ha de afectar al modo de vivir, a la esencia y nervadura de la vida. Por eso también es un proceso comunitario que teje personas y circunstancias, vida presente y futura. En cuanto proceso comunitario implica a todo el pueblo de Dios en su totalidad, aunque en este proceso tenga necesidad de expertos que hagan natural y original el proceso. La inculturación no es una estrategia ni una herramienta que implemente el crecimiento de la Iglesia, sino medio que haga accesible el contenido del Reino y en cuanto conocimiento verdadero cree una ciudadanía propia del Reino de Dios como don ofrecido a toda lengua, pueblo y nación. De esta manera se puede decir que el Reino de Dios está más allá y transciende culturas , pero le son sustanciales. El Reino de Dios y el kerigma proclamado no son entes o realidades intangibles a las que uno se adhiere por fe sin más, sino que esta fe está mediada, como la encarnación de Jesús por la carne propia, o por la cultura propia. Esto habla de catolicidad, y de universalidad verdadera. El P. John Prior, sin agotar todo lo que supone el proceso de inculturación, traía a la memoria el trabajo desarrollado en este sentido por la FABC, así como la Asamblea Jubilar de obispos del 2000. El proceso por reconfigurar el rostro asiático de Cristo es un camino largo que necesita hacerse con sensibilidad y libre de sospechas. Es un camino largo de discernimiento, de diálogo; es una tarea doble hacia el exterior y hacia el interior mismo de la Iglesia porque existen elementos circunstanciales de la fe adheridos que pueden abrir sospechas a una asimilación hecha desde otros postulados filosóficos o culturales. En su ponencia, el P. John Prior recogía en siete temas la hoja de ruta de diálogo intercultural o de este proceso de inculturación. Los contenidos venían definidos por los siguientes temas: 1) Cuestiones sobre la vida misma, 2) Lengua 3) Igualdad y Complementariedad 4) Encuentro intercultural 5) Relaciones interreligiosas 6) Comunidades migrantes desenraizadas 7) Valores culturales e identidad. Nos recuerda que la FABC aun expresando esta opción preferencial por las culturas de Asia, su espiritualidad, su religiosidad, en el enorme mosaico cultural que ofrece Asia, todo proceso de inculturación no puede olvidar la”intensa pobreza y marginación” . Es necesario, por tanto, incorporar a este diálogo multicultural y social la realidad política y económica de Asia para que responda con credibilidad y efectividad. Solo así se podrá ver la auténtica asianidad del proceso. Fue ésta ciertamente una de las razones por las que el Congreso incorporó unas comunicaciones que inciden de lleno en el proceso que estamos tratando, como el consumismo, las migraciones, los Medios de Comunicación, la realidad juvenil en Asia o la incidencia del propio diálogo interreligioso. Quizás haya sido por la brevedad del Congreso y la necesidad de un tratamiento básico de los temas, pero uno ha echado en falta algo más de esfuerzo en una presentación menos diluida y sí más estructurada de cómo la Iglesia asiática quiere hacerse más presente o inculturarse en medio de los ambientes de pobreza, de las inmensas masas de pobres, de los obreros sin derechos, de masas rurales, aún desalfabetizadas y por tanto sin acceso a los medios de comunicación social y la cultura, la explotación de niños y mujeres, los derechos humanos, el problema de la mujer en la iglesia asiática, etc. No queda ausente este contenido de la declaración final, pero suena más a una reflexión hecha de antemano, que suficientemente formulada en el Congreso. Es verdad que las Iglesias locales de Asia, la FABC en su conjunto, en absoluto ignoran la reflexión de la que hablamos, pero en un Congreso de tal envergadura el horizonte de los pobres se hace reflexión necesaria porque todo proceso de inculturación que no lleve a la liberación del ser humano es un proceso inculturado que acaba en vía muerta. Son problemas que ya habían aparecido en la EA y que siguen latentes. Algunas líneas de actuación que fueran significativas y sugerentes para las iglesias locales. Este silencio está muy en relación con el silencio profético antes mencionado de la Iglesia asiática, pobre en sus bases y cimientos y no exenta de medios en sus estamentos más jerárquicos. El problema de la paz o quizás hablando en unos términos más amplios habría que hablar de la cultura de la armonía, tan propia del mundo asiático, no se ha tocado en el Congreso, cómo desarrollarla e incluso qué podría aportar al mundo occidental. El ying yang o la complementación de los contrarios es signo de la armonía, del equilibrio reinante que ha de existir en el mundo. En este sentido ofrecer un rostro de Cristo como el Cristo de la armonía que reintegra la paz y la armonía al mundo descompensado por el pecado y la muerte, el Cristo liberador occidental, no es otro que el Cristo que aporta la claridad de luz al mundo, que aporta justicia, paz, equilibrio, que reintegra a la vida en calidad. Todo esto es una herencia cultural asiática que necesita asumirse y proclamarse con más incidencia; más aún cuando el mundo económico occidental se asoma a estas fronteras desde la arrogancia y desconsideración por los pobres, por las culturas, por el sentido religioso de la vida, por las personas. VI. CONCLUSIONES FINALES No quisiera terminar pensando que esta perspectiva arrastra un cierto pesimismo. Nada en absoluto. A mi juicio el Congreso ha sido todo un logro y desde estas páginas quiero agradecer a cuantas personas lo han hecho viable y posible. Pero ya en el discurso final se decía que el “El Congreso misionero de Asia buscaba encarnar muchos de los desafíos que aparecen en la Ecclesia en Asia (EA) de Juan Pablo II. Pues bien asomarse a estos desafíos y plantearlos desde una perspectiva propia no habla de pesimismo sino de interés y amor por esta Iglesia en la que estoy trabajando. Adentrarse en los desafíos que se exponen y se dejan de exponer no supone desdén sino interés por esta Iglesia joven en edad y en población, es interés por la misión de la Iglesia en este continente: una misión que “significa mantener la historia de Jesús viva, haciendo comunidad, ejerciendo la compasión, favoreciendo al “otro”, llevando la cruz , siendo un testimonio de la persona viviente de Jesús”. Por ser un Congreso “fundamentalmente pastoral-catequético y celebrativo” el Congreso necesita ser integrado en los planes pastorales de las distintas iglesias locales. Es ahí donde el Congreso celebrado en Chiang Mai adquiere la categoría de logro. Es en el hacer práctico donde el Congreso celebrado se asienta no en los deseos sino en los planes concretos de actuación. En este sentido creo que las distintas iglesias locales de Asia, algunas más que otras, se darán un amplio margen de puesta a punto. Veremos dentro de algún tiempo qué incidencia real ha supuesto este acontecimiento. El Congreso pastoral-catequético y celebrativo no sólo apunta a unas líneas de actuación, a unos programas de trabajo, a mi juicio toca actitudes y conductas de todos los agentes implicados, especialmente de los agentes con mayor responsabilidad en la misión. Como ya hemos comentado, la misión no es una realidad para programar hoy y mañana, lleva su tiempo y en lo que respecta a actitudes y conductas aún más. Quizás porque se ha integrado demasiado de occidente algunas de las iglesias asiáticas tardarán más en hacerse asiáticas aun con agentes asiáticos lo cual habla de que en la responsabilidad de la misión no es una cuestión de asiáticos solo, sino de aquellos que aman con pasión a Asia, de aquellos que son capaces de desnudarse para sentir y asentir con mirada asiática. Otra cuestión que nos surge al final de esta reflexión y es relativa al papel que representan las iglesias de rito no latino en el trabajo de evangelización. ¿Qué papel se le da a las iglesias católicas de otros ritos en esto de la evangelización? Poco se ha hablado de ello. Aunque la presencia ha sido manifiesta en el Congreso por sus símbolos, sin embargo poco han dicho y quizás tengan mucho que decir y enseñar a las latinas. Estas iglesias han desarrollado una tarea evangelizadora muy seria y nada occidental. Sin embargo su reflexión habrá de esperar otro momento más adecuado. Esperemos que todos los que estamos implicados en esta tarea seamos capaces de contar la historia de Jesús con el corazón. Sabiendo que esa historia nos ha conmovido y nos ha transformado a nosotros primero y ha llenado de sentido la vida y eso nos hace ser testigos de lo que contamos en cada rincón de Asia donde nos encontramos. Sacerdote misionero de la diócesis de Ciudad Real y asociado al IEME. Trabaja en Tailandia en la diócesis de Udon Thani. Ha participado en el I Congreso Misionero de Asia como corresponsal de la revista Misiones Extranjeras.
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