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CRITERIOS PARA LA LECTURA DEL DOCUMENTO DE APARECIDA:
EL PRE-TEXTO, EL CON-TEXTO Y EL TEXTO* Agenor Brighenti
En el momento de la elaboración de estas reflexiones no contamos aún con la publicación oficial del Documento de Aparecida , el cual, una vez terminada la V a . Conferencia, fue enviado a Roma para la aprobación del Papa. Disponemos apenas del texto producido por la Asamblea, que aunque ciertamente no sufrirá alteraciones, no obstante no nos autoriza para hacer análisis de su contenido. Lo que nos proponemos aquí, entonces, es contribuir a la preparación de los lectores para una buena interpretación y “recepción” (1)del Documento. Una adecuada lectura y recepción del texto que está por llegar supone, entre otras cosas, determinados criterios de interpretación que nos vienen de las ciencias hermenéuticas. La hermenéutica es la condición del ser humano. La razón es interpretativa, situándose en la dialéctica entre la comprensión afinada por la explicación y la explicación afinada por la interpretación. Sin embargo, aun cuando la razón sea inevitablemente interpretativa, marcada por la subjetividad, no por eso estamos autorizados a pasar sobre la objetividad del texto, desvinculándolo de su contexto y de sus autores. Si eso fuese poco, también es necesario tener en cuenta que el evento de la V a . Conferencia es mucho más amplio y complejo que el documento por ella producido. El texto, que es un buen texto, es mucho menor que la Conferencia, inclusive de lo que fue la propia Asamblea en Aparecida, pues acá quedó mucho de sus participantes, por razones que veremos a continuación (2) . Siendo así, la puerta de entrada al Documento de Aparecida es el propio texto, si bien su interpretación y comprensión exige situarlo en el amplio contexto de la preparación y realización de la V a . Conferencia, en cuyo seno él fue producido. Para simplificar la cuestión, huyendo de las sinuosidades de un abordaje académico, lo que presentaremos en seguida son solamente algunos criterios contextualizados a ser tenidos en cuenta en la lectura del Documento de Aparecida . Ellos aparecerán agrupados en torno a los tres polos que componen la tarea de interpretación de cualquier texto —el “pre-texto” (la coyuntura del texto), el “con-texto” (los autores o coautores del texto) y el texto (el documento en sí)—. Con todo, como señalamos, no nos quedaremos en el nivel de los principios teóricos, sino que trataremos de aterrizarlos en el evento de la V a . Conferencia, en su “antes”, “durante” y “después”. Para fundamentar y justificar los criterios que enumeraremos, haremos algunas citas del Documento en notas al pie de página, en la versión de la Asamblea en Aparecida.
1. EL “PRE-TEXTO” DEL DOCUMENTO DE APARECIDA
La cabeza piensa donde están los pies; por lo menos cuando se piensa de manera inductiva, buscando hacer que el pensar tenga un impacto sobre la realidad en que se está. Fue lo que aconteció en torno a la elaboración del Documento de Aparecida . La coyuntura del texto, además de hacerlo posible, traza el camino que el lector requiere recorrer para interpretarlo de modo adecuado.(3) En la lectura del Documento de Aparecida , con relación al “pre-texto” del texto, es preciso tener presente dos momentos distintos. El primero, el “antes” del texto, que consistió en todo el proceso de preparación: la definición del tema y del lugar de realización de la V a . Conferencia, las innumerables reuniones preparatorias, la elaboración de textos acerca del tema en cuestión, los estudios y las contribuciones de las comunidades eclesiales y otros sujetos, etc. El segundo momento, es el “durante” del texto del Documento de Aparecida , que estuvo compuesto: del evento de la asamblea con sus celebraciones y debates, el ejercicio de la colegialidad y la fraternidad episcopales, de los actos tenidos en torno a la basílica y de los procedimientos en la elaboración de un texto. El “antes” y el “durante” conforman el contexto histórico y vivencial del texto, que sin la debida explicitación y conocimiento, hacen imposible la tarea hermenéutica.
1.1. El proceso de preparación
Para la lectura del Documento de Aparecida , se debe comenzar por la toma de conciencia del proceso de preparación de la V a . Conferencia, que influyó en la elaboración del texto final. Los varios elementos ya aludidos, pertenecen al momento del “antes” del texto. No los abordaremos todos. Limitémonos al más significativo, a saber, las contribuciones de las comunidades eclesiales y de otros organismos e instituciones de Iglesia en el continente, como respuesta al Documento de Participación . En Brasil, y en general en otros países, esas contribuciones fueron recogidas, primero por las Iglesias Locales, en un segundo momento se las agrupó en las regionales de la Conferencia Nacional de Obispos (CNBB) y, finalmente, fueron compiladas por la CNBB y enviadas al Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM). En el período de preparación, en dirección casi opuesta al espíritu de estas contribuciones, estuvieron el Documento de Participación y el texto de Síntesis de las Contribuciones Recibidas , elaborados por el CELAM. El primero, como atestiguan las contribuciones provenientes de las comunidades eclesiales y otros organismos de Iglesia, prácticamente no fue recibido por la Iglesia en el continente y, el segundo, en gran medida no recogió las contribuciones de las Iglesias Locales, como era su función. Las contribuciones del Brasil, por ejemplo, están casi ausentes en tal Síntesis . No obstante, en su gran mayoría, los delegados a la V a . Conferencia en Aparecida se comportaron verdaderamente como delegados de sus comunidades y llegaron a la Asamblea cargados de las “alegrías y las esperanzas, de las tristezas y de las angustias” (GS 1) expresadas por su pueblo (4). El texto de la CNBB con las “Contribuciones de la Iglesia en el Brasil”, por ejemplo, influyó una serie de textos previos a la Conferencia, y también circuló entre los actores de la Asamblea, causando quizá más impacto en los delegados de otros países que sobre los obispos delegados brasileños (5) . Además, el subsidio producido por la CNBB en su Asamblea General realizada durante la semana que antecedió a la V a . Conferencia, igualmente formó parte de los textos que circularon, elaborados sobre todo por teólogos asesores externos, en torno a Amerindia (6) . La CNBB goza de gran prestigio en el continente, aun cuando sea mal comprendida e incluso temida por ciertas instancias de la Iglesia.
1.2. Insertos en un momento de crisis
Un segundo criterio a ser tenido en cuenta en relación al “pre-texto” del texto del Documento de Aparecida es el momento actual de crisis. Se temía un documento final lleno de “certezas”, en un mundo incierto y en crisis de identidad personal, colectiva e institucional. Pero, no. La V a . Conferencia puso en evidencia las “grandes transformaciones” por las cuales pasamos (7) , denunció a los que adoptan posiciones eclesiológicas y doctrinales anteriores al Vaticano II (8) e invitó a los cristianos a asumir la cultura actual, pese a estar marcada por contradicciones y ambigüedades (9) . Pues, con el pretexto de que el mundo cambió, ciertos sectores de la Asamblea abogaban por la necesidad de “pasar de página”. Sólo que pasando la página “hacia atrás”, acogiendo posiciones preconciliares. La Conferencia de Aparecida, en cambio, pasó la página “hacia delante”, no tantas y ciertamente no todas las páginas necesarias, pero sí las suficientes para situarnos, como Iglesia, en el mundo de hoy y encaminarnos juntos con toda la humanidad (10). Todos sabemos que el Concilio Vaticano II pasa por una crisis de recepción y que eso se debe principalmente a la dificultad de muchos de dejar atrás la cristiandad y entrar en la era de la modernidad, con su autonomía de lo temporal y de las ciencias, en un mundo pluralista y diversificado. No obstante, la Conferencia de Aparecida sepultó la cristiandad, como ya lo había hecho el Concilio, acallando las voces que hacen eco de un pasado sin retorno. Lanzarse al riesgo de la convivencia con el diferente y la emancipación de la tutela de la Iglesia, es la única garantía de futuro.
1.3. La reafirmación de la tradición latinoamericana y caribeña
Un tercer elemento a tener presente en la lectura del Documento de Aparecida es que, contra todo diagnóstico, fundado en particular en la posición abrazada por el Documento de Participación y el texto de Síntesis de las Contribuciones Recibidas, la Conferencia de Aparecida reafirmó y reasumió la tradición latinoamericana y caribeña. El texto final reafirmó y radicalizó la opción preferencial por los pobres (11) ; con Medellín , reasumió las comunidades eclesiales de base (CEBs) como “célula inicial de la estructura eclesial”(12) ; retomó el método inductivo de lectura de la Palabra revelada y de compromiso pastoral en sintonía con los desafíos de la realidad, el método ver-juzgar-actuar de la Acción Católica (13) ; y reafirmó la necesidad de un cambio, simultáneo, de la persona y las estructuras de la sociedad, como condición para una sociedad justa (14) . Un posicionamiento impensable en la coyuntura eclesial actual, donde parecía tomar fuerza la tendencia eurocentrista, fuertemente preconciliar. A diferencia de Santo Domingo , los representantes de esta tendencia presentes en la Asamblea llegaron a Aparecida golpeados por la crítica situación de la Iglesia en Europa, la que prácticamente agoniza (15) . Europa es un estado sin nación, sin alma, inmersa en el consumismo y empeñada en ex-culturar las últimas raíces cristianas (16) . Y como en aquel continente le faltan a la Iglesia condiciones para un testimonio profético, ella se encuentra postrada, sin interlocutores. En América Latina y el Caribe, en cambio, a pesar de estar inmersa también en un contexto de crisis y con sangría de seguidores hacia otros grupos religiosos, abarca todavía casi el 80% de la población y cuenta con una inmensa red capilar de pequeñas comunidades vivas, de organizaciones que hacen de los pobres, sujetos de una sociedad justa y solidaria. Esto hace aún de la Iglesia entre nosotros, la institución de mayor credibilidad e influencia en la sociedad. En esta perspectiva, contrariamente al Documento de Participación y al texto de Síntesis de las Contribuciones Recibidas , el Documento de Aparecida acogió la herencia de los mártires de las causas sociales, denominándolos “nuestros santos, aún no canonizados” (17) .
1.4. Un posicionamiento crítico frente a la globalización, pero sin ir a las causas
Hay un cuarto elemento del “pre-texto” del texto del Documento de Aparecida a ser tenido en cuenta. Aunque reconociendo valores en el actual proceso de mundialización, justamente con Benedicto XVI, la Conferencia de Aparecida adoptó un posicionamiento crítico en relación a la actual globalización económica por la hegemonía del mercado (18) en el seno del sistema neoliberal. La globalización abre nuevas posibilidades para algunos, aun así cierra puertas a la gran mayoría de la población (19) . Ella es responsable por los nuevos rostros de la pobreza (20) , los cuales, más que empobrecidos, son olvidados, desechables, de los cuales el mercado prescinde (21). Sin embargo, a pesar de este profético posicionamiento crítico, no hubo condiciones para ir a las raíces de la exclusión y ligarla con el sistema liberal-capitalista actual, por más que muchas Comisiones y las Subcomisiones Temáticas insistieron en esto (22) . En verdad, se trata de una postura acorde con la posición de la Doctrina Social de la Iglesia, que desde el primer momento, acertadamente condenó el sistema colectivista marxista, pero nunca condenó el sistema liberal-capitalista. En el fondo, se piensa que el sistema es reformable, saneable, cuando urge deslegitimarlo pues profesa de manera intrínseca, como plantea Puebla , un ateísmo práctico. En el fondo, se piensa que el mercado y la democracia son creaciones del capitalismo, cuando, en realidad nacieron antes de él, y además fueron desvirtuados por él. La Iglesia, infelizmente, todavía no despertó a las severas consecuencias del sistema capitalista-liberal, sobre todo en el ámbito cultural, como es el franco proceso de exacerbación del individualismo, la mercantilización de las relaciones humanas y la fragmentación del tejido social. En la medida en que impide una real experiencia comunitaria, a largo plazo el sistema liberal capitalista acabará invisibilizando el cristianismo. En cierta medida eso ya está aconteciendo en Europa, donde la Iglesia ya renunció a buscar ser comunidad, resignándose a mantener la fe en el corazón de las personas. Ahora que, sin comunidad no hay Iglesia, y más aún, no hay fe cristiana.
1.5. Una buena lectura de la realidad eclesial, pero sin autocrítica histórica
Con relación a la realidad eclesial, el Documento de Aparecida hace un buen análisis de la situación actual de la Iglesia, identificando con claridad y profetismo los retos para la evangelización en el continente. Presenta un listado de luces y sombras, restringidas, no obstante, al momento presente. No hubo forma de hacer entrar en el texto final una autocrítica sobre la trayectoria histórica de la Iglesia en el continente. Al respecto, el Documento de Participación se limitó a identificar las luces. El texto de Síntesis de las Contribuciones Recibidas ni eso siquiera, ya que simplemente ignoró el pasado. Y, Aparecida también. Si bien fueron elaboradas varias enmiendas al texto, la Comisión de Redacción no las acogió, no se sabe si por criterio propio o de otras instancias (23) . Con relación a la Asamblea de Aparecida, aunque de modo indirecto, quizá el Papa tuvo que ver con eso debido a su postura en el Discurso Inaugural. Benedicto XVI afirmó que
…el anuncio de Jesús y de su Evangelio no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas, ni fue una imposición de una cultura extraña.
Ante la fuerte reacción, especialmente de los indígenas y negros, el Papa, desde Roma, reconoció que
…el recuerdo de un pasado glorioso no puede ignorar las sombras que acompañaron la obra de la evangelización del continente latinoamericano… los sufrimientos y las injusticias que los colonizadores infligieron a la población indígena, frecuentemente pisoteada en sus derechos fundamentales… condenados, ya entonces, por misioneros como Bartolomé de las Casas y teólogos como Francisco de Vitoria.
O sea, hubo sombras, pero provenientes de los colonizadores y que la Iglesia condenó. Fue entonces muy difícil abordar la cuestión en el Documento. Es de lamentar que se haya desaprovechado esta oportunidad histórica para sanar la deuda de la Iglesia con los indígenas y los negros del continente. Ya hubo pedidos de perdón, no obstante han sido muy tímidos. El más explícito, aunque tardío, ha sido el hecho por la CNBB en Porto Seguro, con ocasión de la celebración de los quinientos años de evangelización en el Brasil.
2. EL “CON-TEXTO” DEL DOCUMENTO DE APARECIDA
Para una adecuada lectura de un texto, más allá del “pre-texto”, es necesario tener en cuenta asimismo su “con-texto”, esto es, sus autores y coautores, quienes están estrechamente unidos al texto. En efecto, se comprende mejor un texto cuando se conoce quiénes fueron sus autores y se sabe con quiénes interactuaron y cómo trabajaron. Y, más aún. En la medida en que quien lee un texto lo relee, crea nuevos sentidos, los “receptores” de un texto también son “con-texto” del texto. Por razones de espacio, aquí nos limitamos a los autores más directos, dejando de lado a los lectores en cuanto receptores.
2.1. El voto de los obispos, enriquecido por la voz de los invitados
Para entender el texto del Documento de Aparecida , un primer criterio relativo al “con-texto” del texto es que se trata de un documento del Magisterio de los obispos latinoamericanos y caribeños, asumido y aprobado por ellos, quienes eran los únicos con poder de voto, pero que en sentido estricto no fue redactado nada más por ellos. Aparentemente, las conferencias episcopales de América Latina y el Caribe son asambleas sólo de obispos y, por consiguiente, ellos serían los únicos autores de los documentos por ellas producidos. No es así. En el caso de la Asamblea de Aparecida, más de la mitad de sus integrantes fueron no-obispos (24) , quienes no tenían voto, si bien tenían voz, que hablaron mucho y fueron oídos. Tan es así que algunos obispos, celosos de su territorio, se quejaron de que en las Comisiones Temáticas había más no-obispos que obispos. Muchos otros, por el contrario, se alegraron de esta presencia y supieron establecer un proceso interactivo entre todos. Junto a esos autores obispos y no-obispos presentes en la Asamblea de Aparecida, en el “con-texto” del Documento tampoco se puede olvidar los millares de personas que participaron del proceso de preparación, enviando sugerencias o preparando textos de reflexión. A través de sus delegados, aunque indirectamente, fueron voces que también se hicieron oír en el seno de la Asamblea. Por eso, es verdad que el Documento de Aparecida es un texto del Magisterio de los obispos, ya que fueron ellos quienes lo aprobaron, sin embargo no fueron sólo ellos quienes lo produjeron y, por tanto, no son sus únicos autores. Lo mismo se puede decir, por ejemplo, del Concilio Vaticano II, impensable sin las intuiciones de los movimientos que lo prepararon y los teólogos que lo procesaron. Luego, no es forzado afirmar que el Documento de Aparecida es un texto de la Iglesia en América Latina y el Caribe, acogido y aprobado por los obispos, pero elaborado por una asamblea no compuesta solamente de obispos, en interacción además con una multitud de personas que participaron del proceso de la preparación de la V a . Conferencia. Es en este contexto que debe ser leído el texto.
2.2. Una Asamblea en interacción con actores externos Para entender el texto se requiere asimismo tener presente en relación al “con-texto”, que la Conferencia de Aparecida fue la primera asamblea realizada con la presencia de teléfono celular e Internet. Luego, por más que se aislara el recinto de la Asamblea del acceso de personas extrañas, desde afuera se podía acompañar casi simultáneamente lo que acontecía dentro de ella. Bastaba con que alguien dejase un teléfono o un notbook conectado a Internet. Además, fue la primera asamblea realizada en un local público, el Santuario de Aparecida, donde diariamente acuden miles de personas y más de sesenta mil cualquier fin de semana. De este modo, los obispos y demás delegados de la Conferencia estuvieron en contacto directo con los romeros, practicantes de la religiosidad popular. Por otra parte, el alojamiento de los participantes de la Asamblea en hoteles cercanos a la basílica, permitió el contacto con actores externos, entre ellos, teólogos asesores de conferencias episcopales nacionales y un significativo grupo de teólogos y personas de otros campos de las ciencias reunidos por Amerindia. Con estos actores, también por primera vez, a diferencia de las conferencias de Puebla y Santo Domingo, los teólogos presentes del lado de fuera de la Asamblea no trabajaron de forma clandestina, al contrario, tuvieron la anuencia de la presidencia del CELAM. Juntamente con los teólogos llevados por las conferencias nacionales, Amerindia organizó varios encuentros de teólogos con obispos, sacerdotes, religiosos y laicos participantes, por separado y en conjunto, para trazar estrategias, debatir ciertas cuestiones y lograr determinados acuerdos. Fueron innumerables los textos redactados por estos teólogos vinculados a Amerindia y otros asesores, así como fueron a centenares las enmiendas elaboradas para mejorar el texto, en gran medida acogidas por la Asamblea a través de la proposición de sus miembros (25) . En el “con-texto” del texto tampoco se puede dejar de mencionar la fuerza simbólica del Foro de Participación de la V a . Conferencia, organizado por organismos de pastoral de la Iglesia en el Brasil. Fueron tres iniciativas significativas: el Seminario Latinoamericano de Teología, celebrado en Pindamonhangaba, bajo la coordinación del Consejo Nacional de los Laicos (con la participación de personas de todo el Brasil y de 16 países latinoamericanos y caribeños y de Europa, fue transmitido por Internet con asistencia en 27 salas en el país); la Romería de las CEBs, de la Pastoral Obrera y de la Pastoral de la Juventud, desde Roseiras hasta la basílica de Aparecida (de la medianoche a las ocho de la mañana, con la participación de más de cinco mil personas); y la Tienda de los Mártires, montada en las márgenes del río Paraíba, con celebraciones, oficio de las comunidades, reflexiones y misa diariamente, durante las tres semanas de la Asamblea (la comunidad local se hizo presente y varios obispos presidieron la eucaristía, como el vicepresidente de la CNBB, Don Luís Vieira; el último día hubo la grata sorpresa de la presencia del Padre Zezinho) (26) .
2.3. La autoafirmación de una conferencia latinoamericana y caribeña Con el advenimiento de los sínodos continentales, parecía que las conferencias generales de obispos de América Latina y el Caribe serían parte de un pasado glorioso. Aun así, para celebrar los cincuenta años de la primera Conferencia de Río de Janeiro ella volvió, aunque con dos años de retraso. Sólo que, al contrario de las anteriores, ella se celebraría en Roma. El CELAM, entonces, con el apoyo de casi todos los cardenales que actúan en el continente, insistió en que se realizase en nuestro suelo. Y así ocurrió. Vino en seguida la etapa de preparación, con poco sello latinoamericano y caribeño, con algunas posturas preconciliares, en especial en la eclesiología, la cristología y la misionología. La participación de las comunidades y otros organismos eclesiales hizo oír su desaprobación y la afirmación de la perspectiva conciliar y de la tradición latinoamericana y caribeña. Vinieron entonces los filtros y cercenamientos de la voluntad de la mayoría, conforme lo comprueba el texto de Síntesis de las Contribuciones Recibidas , al que no se quiso denominar “documento”, y mucho menos “documento de trabajo”. Hubo igualmente filtros en la designación de los “invitados” de los diversos países, sobre todo en relación a los teólogos. De igual modo, cabe registrar que para la Asamblea en Aparecida, vinieron 17 miembros de la curia romana. No obstante, para sorpresa de los sectores más abiertos y mucho más para los conservadores, la Asamblea se hizo oír, marcó la pauta y reivindicó sus esperanzas y sueños. Se esperaba, por consiguiente, un encendido debate. Sin embargo, no lo hubo, debido principalmente al tono conciliador de la presidencia del CELAM. Y es que son otros tiempos, donde se evita la confrontación. Antes se calculan las fuerzas y se cede, sea para no salir perdedor, sea, lo que sería más honesto, para preservar la unidad. Y así todos terminan ganando, porque entonces es posible avanzar.
2.4. Las puertas abiertas por Benedicto XVI en su Discurso Inaugural Un factor importante para la afirmación de la Asamblea en la perspectiva de la tradición latinoamericana y caribeña, fue el Discurso Inaugural de Benedicto XVI. Sorpresivamente, el Papa no ayudó a los sectores conservadores, más bien abrió puertas a los sectores más comprometidos con las causas de los pobres. Benedicto XVI comenzó hablando de la fe cristiana que viene “animando la vida y la cultura de nuestros pueblos” hace más de 500 años. Hoy, dijo, la Iglesia en América Latina y el Caribe enfrenta “serios desafíos” como una globalización sin equidad y “un cierto debilitamiento de la vida cristiana en el conjunto de la sociedad” y de la propia “pertenencia a la Iglesia católica”. Eso pone “en juego su desarrollo armónico y la identidad católica”. Estamos ante una “encrucijada”, expresó el Papa, que nos remite a Jesucristo, de cuya fuente “podrán surgir nuevos caminos y proyectos pastorales creativos”. Es Él quien nos da vida plena, que no es intimismo y fuga del mundo, al contrario, como discípulos y misioneros nos impulsa a “promover una cultura de la vida”. Esta tarea implica “un programa general”, respaldado por un “consenso moral de la sociedad”, según la recta ratio y no las ideologías, pues “las estructuras justas son una condición sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad”. El trabajo político “no es competencia inmediata de la Iglesia”, que debe respetar “una sana laicidad”, porque, de lo contrario, perdería la independencia en su “vocación fundamental de orientar las conciencias, ofrecer una opción de vida más allá de lo político” y de ser “abogada de la justicia y de la verdad”. Para el Papa, otros campos prioritarios de la acción son la familia, los presbíteros, los religiosos(as) y consagrados(as), los laicos y los jóvenes y la pastoral vocacional. El texto concluye con una bella oración, inspirada en la experiencia de fe de los discípulos de Emaús, invitando a Jesús a quedarse con nosotros, en especial,
…con aquellos que en nuestras sociedades son más vulnerables; quédate con los pobres y humildes, con los indígenas y afroamericanos, que no siempre han encontrado espacios y apoyo para expresar la riqueza de su cultura y la sabiduría de su identidad.
3. EL “TEXTO” DEL DOCUMENTO DE APARECIDA El “pre-texto” y el “con-texto” del texto nos llevan al Documento de Aparecida . A final de cuentas, lo que debe ser recibido es el evento de la V a . Conferencia, sin embargo lo que está para ser interpretado es el rico texto que la Asamblea produjo. Como nuestro propósito es ofrecer criterios de lectura, no cabe aquí propiamente presentar el contenido del texto. Además porque, como dijimos, no disponemos del texto oficial. Nos limitaremos entonces a llamar la atención hacia algunas características del texto a ser tomadas en cuenta en su lectura e interpretación con vistas a su recepción.
3.1. Un texto fruto de acuerdos, no siempre consensuados Documentos como el de Aparecida , por ser fruto de una asamblea pluralista, de la convergencia de diversas tendencias y sensibilidades, inevitablemente son marcados por contradicciones. No obstante, las distintas proposiciones no siempre tienen el mismo peso. Hay afirmaciones hegemónicas que recorren todo el documento y hacen parte del espíritu del texto, y hay afirmaciones residuales, más periféricas, que entraron en el texto para que otras posiciones pudiesen también ser contempladas, pero que no expresan el espíritu del texto. En líneas generales, el documento es bastante homogéneo, no presentando mayores dificultades al lector. Ahora que, con relación a algunas cuestiones, no hubo manera de escapar a acuerdos de la mayoría con una minoría que controlaba ciertas instancias de decisión, toda vez que no todo fue votado en plenario desde el inicio. Por ejemplo, para que las CEBs entrasen como “lugar de estructuración inicial de la Iglesia”, el texto consigna también la relevancia de los movimientos; para que volviese el método ver-juzgar-actuar, se tuvo que aceptar que la parte del ver comenzara con una profesión de fe; para que la mujer fuese destacada como protagonista en la Iglesia y la sociedad, se tuvo asimismo que afirmar su papel en el hogar, como madre de familia; para que los religiosos fuesen reconocidos en su profetismo e inserción en los medios más pobres —“elemento decisivo para la misión” (27) —, se tuvo que reconocer la importancia de las “nuevas comunidades de vida”, etc. Sólo que esos contrapuntos son residuales y no reflejan el espíritu del texto, en la medida en que el propio Documento se encargó de puntualizarlos. Por ejemplo, sobre la importancia de los movimientos, el texto observa que “no siempre se integran en la pastoral parroquial y diocesana” (28) . Con relación al discernimiento de la realidad, a la necesidad de partir del plan de Dios, los obispos afirman: “… nos sentimos interpelados a discernir los ‘signos de los tiempos', a la luz del Espíritu Santo, para ponernos al servicio del Reino…” (29) . Con relación a la mujer, “ama de casa”, el texto expresa que …innumerables mujeres, de toda condición social, no son valoradas en su dignidad, quedan con frecuencia solas y abandonadas, no se les reconoce suficientemente su abnegado sacrificio e incluso heroica generosidad en el cuidado y educación de los hijos ni en la transmisión de la fe en la familia, no se valora ni promueve adecuadamente su indispensable y peculiar participación en la construcción de una vida social más humana y en la edificación de la Iglesia… Es ne cesario en América Latina superar una mentalidad machista…(30) Y continúa: …urge escuchar el clamor muchas veces silenciado de las mujeres que son sometidas a muchas formas de exclusión y de violencia en todas sus formas y en todas las etapas de su vida… Urge que todas las mujeres puedan participar plenamente en la vida eclesial, familiar, cultural, social y económica, creando espacios y estructuras que favorezcan una mayor inclusión (31) . Con relación a las “nuevas comunidades de vida”, el Documento sostiene que: El Espíritu Santo sigue suscitando nuevas formas de vida consagrada en la Iglesia, las cuales necesitan ser acogidas y acompañadas… con un discernimiento serio y ponderado sobre su sentido, necesidad y autenticidad (32) . En resumen, movimientos, familia y nuevas comunidades de vida no son los sujetos eclesiales hegemónicos del Documento de Aparecida , conforme se temía antes de la Asamblea. Al contrario, son las Iglesias Locales, organizadas en parroquias, las que necesitan ser renovadas en sus estructuras mediante su sectorización en áreas menores y, dentro de los sectores, dar un nuevo impulso a las CEBs, organizando en su seno “comunidades de familias” (33) .
3.2. La recuperación del método inductivo de la Gaudium et spes Una segunda característica del texto es su estructuración según el método ver-juzgar-actuar: “La vida de nuestros pueblos hoy” (Primera Parte); “La vida de Jesucristo en los discípulos misioneros” (Segunda Parte); y “La vida de Jesucristo para nuestros pueblos” (Tercera Parte). La recuperación del método inductivo de la Gaudium et spes fue uno de los puntos de tensión en la Asamblea, en la medida en que era una mayoría reivindicando y una minoría resistiendo. El Documento de Participación ignoró el método, ampliamente practicado por la Iglesia en América Latina y el Caribe, según la costumbre de partir de un discernimiento de la realidad del mundo y de la Iglesia, confrontarlo con las luces de una revelación contextualizada en el hoy y, desde ahí, extraer directrices y respuestas pastorales. Hubo una fuerte reacción de las Iglesias Locales frente a la toma de distancia de este método. Entonces, el texto de Síntesis de las Contribuciones Recibidas aparentó recobrar el método con su extraña proposición de “ver a la luz del proyecto del Padre”, “juzgar a la luz de la fuente de vida, que es el Hijo” y de “actuar en el Espíritu, que nos empuja a ser discípulos misioneros”. El procedimiento, no obstante, seguía siendo totalmente deductivo toda vez que la realidad no era escuchada en su autonomía y, en ningún momento, ella incidía sobre la revelación, permitiendo una actualización del mensaje en nuestro contexto actual. En la Asamblea de Aparecida, después de haberse reafirmado la necesidad de rescatar el método, el Esquema General del Documento, en su primera versión elaborada por la Comisión de Redacción, era totalmente deductivo. El texto vaciado, antes de ser presentado al plenario, enfrentó fuertes reacciones y fue abortado por la presidencia del CELAM. La segunda redacción, hecha a prisa con base en una propuesta del presidente del CELAM que recogía las contribuciones de la Asamblea, retomó el método ver-juzgar-actuar. Ella fue votada y aprobada. En la secuencia, la primera y segunda redacciones del Documento Final mantenían esta estructura metodológica. Con todo, en la tercera redacción, el primer capítulo —una especie de profesión de fe— de la Segunda Parte, relativa al “juzgar”, fue desplazado hacia la Primera Parte dedicada al ver, como un capítulo primero, antes de ver la realidad social y eclesial. Y no salió más de ahí. Ni siquiera el recurso de petición como prioridad, presentado por presidentes de conferencias episcopales conforme lo previsto por el Reglamento, consiguió que la reivindicación fuese puesta a votación. También se había invertido el orden del “ver”, colocándose primero la realidad de la Iglesia y después la del mundo. Esto sí se logró invertirlo, retomando el orden original. Es evidente que esto no compromete el método ver-juzgar-actuar, aun cuando sus adversarios puedan decir que se empieza viendo la realidad, sí, aunque como personas de fe. Es la permanencia de la anticuada cristiandad, del irrespeto a la autonomía de lo temporal y de las ciencias metodológicamente a-religiosas, del miedo al mundo y a lo diferente. En verdad, esta posición es fruto de la confusión entre examen de la realidad y diagnóstico de la realidad. Como en la medicina, los exámenes son las pruebas o los datos de laboratorio, de radiografías, de ultrasonidos, etc., basados en medios técnicos que, por más que no sean neutros, son independientes del médico; el diagnóstico, en cambio, sí depende del médico que confronta los datos de los exámenes realizados al paciente con los datos ideales de una persona sana, sacando sus conclusiones. El diagnóstico es resultado final y no punto de partida de un proceso de investigación sobre la realidad entendida con sus medios específicos, confrontada con un referencial ideal. Imaginémonos a un médico sacando conclusiones sin examinar al paciente o solicitando el examen después de haber hecho el diagnóstico. Hay quienes argumentan que ir a la realidad con las ciencias, es correr el riesgo de ideologizarla. Por eso, sostienen, se debe ir con la fe, la teología. Ahora bien, la realidad no es objeto directo de la fe y la teología, y vista de manera directa por ellas, va a ser igualmente ideologizada, espiritualizada. En teología, el conocimiento de la realidad sólo puede ser mediatizado por las ciencias que se ocupan de ella. Es evidente que así como existen teologías, de igual modo existen ciencias. La solución no consiste en renunciar a las ciencias, sino en establecer criterios analíticos para la escogencia de los instrumentales analíticos más adecuados para entender la realidad. Aquí sí entra la fe. Pero entra como un presupuesto para escoger un método adecuado y no sustituyendo a las ciencias en su autonomía.
3.3. Los grandes ejes o temas transversales del Documento de Aparecida Además de tener presente las razones de la contradicciones del texto y su estructuración conforme el método ver-juzgar-actuar, ayuda mucho a la comprensión del Documento de Aparecida visualizar sus grandes ejes o temas transversales. Son ellos los que dan homogeneidad al texto, haciendo de él un todo, si no enteramente armónico, cuando menos lógico. Veamos los principales: Vida en abundancia en un mundo bueno, aunque globalizado y excluyente . El tema de la Vida, central en el mensaje evangélico, la “vida en abundancia” que Jesús vino a traer, en cuanto presencia del Reino de Dios en la historia, constituye el núcleo del tema y del texto del Documento de Aparecida . La vida es abordada en sentido amplio —la vida plena de Dios, “en el hombre todo y en todos los hombres”, en el respeto y el cuidado de la biodiversidad del planeta—. La globalización actual amenaza la vida de las personas y de la naturaleza. En el Documento, la vida humana es defendida desde el inicio hasta la muerte natural. Junto a ella, se encuentra la defensa de la biodiversidad, expresión del amor de Dios en toda la obra de la Creación, que debe ser “cuidada” y “usada” antes que poseída, para la promoción de la vida de todos. Urge trabajar por un mundo incluyente de los excluidos y respetuoso de la naturaleza, la casa de todos. Discípulos misioneros de Jesucristo . El don de la vida en la obra de la Creación y, dentro de ella, el don de la vida de los seres humanos, hechos hijos e hijas de Dios en el Hijo, creados a su imagen y semejanza, es un regalo a ser compartido, a tornarse misión. Jesús, al mismo tiempo que nos hace discípulos suyos, nos envía a defender y promover la vida de todos, expresión del Reino de Dios. Se trata de un discipulado misionero. La vocación al discipulado es “con-vocación” a la misión. Discípulos misioneros en la Iglesia, sacramento del Reino . El discipulado misionero no es una tarea aventurera y voluntarista de personas dispersas, sino en el seno de una comunidad concreta, su Iglesia. La “vocación al discipulado misionero es ‘con-vocación' a la comunión en su Iglesia” (34) , dice el Documento de Aparecida . Por eso, el núcleo del mensaje del Documento es una Iglesia en estado permanente de misión, compuesta de discípulos que, en la alegría del llamado, se hacen defensores y promotores de la “vida en abundancia” que Jesús vino a traer por la inauguración del Reino de Dios. Una Iglesia, animada por el Espíritu, comunidad de pequeñas comunidades . La vivencia y experiencia de comunión en la Iglesia exige comunidades de tamaño humano, cuyo modelo son las CEBs. Para eso resulta inaplazable la renovación de las estructuras de la parroquia, por medio de su “sectorización en unidades menores” (35) y la constitución, dentro de los sectores, de “comunidades de familias” para fomentar la vida en comunidad y responder a sus problemas concretos (36) . Discípulos misioneros en una Iglesia inserta en el mundo . La misión lleva al “corazón del mundo”, pues “no es una fuga hacia el intimismo o hacia el individualismo religioso, tampoco un abandono de la realidad urgente de los grandes problemas económicos, sociales y políticos de América Latina y del mundo y, mucho menos, una fuga de la realidad hacia un mundo exclusivamente espiritual” (DI, Benedicto XVI) (37) . De ahí la tarea prioritaria de contribuir con “la dignificación de todo ser humano, y a trabajar junto con los demás ciudadanos e instituciones en bien del ser humano… las necesidades urgentes… [nos llevan a colaborar] con otros organismos o instituciones para organizar estructuras más justas en los órdenes nacionales e internacionales” (38) . En un mundo predominantemente urbano . Hoy, el 80% de la población de América Latina y el Caribe vive en la ciudad. “Las grandes ciudades son laboratorios de la cultura contemporánea” ( 39) , con un nuevo lenguaje que se extiende también al mundo rural (40) . “El anuncio del Evangelio no puede prescindir de la cultura actual. Esta debe ser conocida, evaluada y en cierto sentido asumida por la Iglesia” (41) .
3.4. Las novedades del Documento de Aparecida La grata sorpresa del Documento de Aparecida es que la Iglesia en América Latina y el Caribe no “pasó la página” hacia atrás. Ella reafirmó la opción por los pobres, las CEBs, el método ver-juzgar-actuar, las intuiciones fundamentales de la teología latinoamericana y caribeña, las transformaciones estructurales de la sociedad como integrante de la misión evangelizadora, el testimonio y la santidad de los mártires de las causas sociales, etc. Eso, por sí solo, en la difícil coyuntura actual, tanto de la Iglesia como de la sociedad, ya sería una gran novedad. Con todo, mayor sorpresa aún fue que el Documento haya “pasado páginas” hacia delante. Al menos cinco de ellas merecen mención: Una Iglesia en estado permanente de misión . El Documento de Aparecida no habla de discípulos “y” misioneros sino de “discípulos misioneros”, porque el discipulado es seguimiento de Jesús en cuanto continuación de su obra. La misión “ no es una tarea opcional, sino parte integrante de la identidad cristiana” (42) . “La comunión es misionera y la misión es para la comunión” (43) Por lo tanto, la misión no es campaña, es un estado del ser cristiano. Con esto, la propuesta de la “misión continental” perdió fuerza, en la medida en que, si ella aconteciera, únicamente será continental en cuanto fuese asumida y realizada en todas las Iglesias Locales. No hay Iglesia fuera de las Iglesias Locales (44) y, por ende, una misión por encima de ellas sería antieclesial. Una misión no exclusiva, en perspectiva mundial . La promoción de la “vida en abundancia” no es una misión exclusiva de la Iglesia, ella debe ser llevada a cabo en colaboración “con otros organismos o instituciones para organizar estructuras más justas en los órdenes nacionales e internacionales” (45) . Porque, por un lado, la Iglesia no tiene el monopolio de la caridad, la justicia y la paz y, por otro, éstas solamente serán posibles en la historia concreta, en la medida en que fuesen resultado de una acción concertada de todas las “personas de buena voluntad” en un nivel global.
La pobreza como mundo de la insignificancia . Entre los rostros que sufren, el Documento de Aparecida nombra: las comunidades indígenas y afroamericanas, mujeres excluidas, jóvenes, desempleados, migrantes, niñas prostituidas, millones de personas y familias que pasan hambre, dependientes de las drogas, víctimas de la violencia, ancianos y presidiarios. Para el Documento, más que empobrecidos, “los excluidos no son solamente ‘explotados' sino ‘sobrantes' y ‘desechables' (46) . Es el pobre como insignificante, de los cuales el mercado prescinde. Como no consumen, sobran, perturban. La inclusión de los “desechables” implica pues un cambio estructural de la sociedad, en la medida en que, en sus estructuras actuales, ellos no caben. Los que se van para otros grupos cristianos, no es tanto que quieran salirse de la Iglesia, sino que están buscando sinceramente a Dios (47). Para el Documento los motivos no son doctrinales, sino vivenciales; no son dogmáticos, sino pastorales; no son teológicos, sino metodológicos de nuestra Iglesia (48) . Consecuentemente, la solución no consiste en la disputa del mercado, porque “la Iglesia crece no por proselitismo sino por atracción… de la fuerza de su amor” (49). Y constata que, “donde se establece el diálogo diminuye el proselitismo” (50) . Por eso, es preciso reforzar la Iglesia católica en cuatro ejes: una experiencia religiosa personal, la vivencia comunitaria, la formación bíblico-doctrinal y el compromiso misionero de toda la comunidad (51) .
El protagonismo de la mujer . El Documento de Santo Domingo había proclamado el “protagonismo de los laicos” en la evangelización. Aparecida proclama el protagonismo de la mujer. El Documento constata que “tradicionalmente, debemos reconocer que un porcentaje significativo de ellos [hombres] en América Latina y El Caribe, se han mantenido más bien al margen de la Iglesia” y que eso “cuestiona fuertemente el estilo de nuestra pastoral convencional” (52) . Luego, cabe “favorecer en la vida de la Iglesia la activa participación de los varones” (53) , pero, entre las acciones pastorales urge “impulsar la organización de la pastoral de manera que… promueva el más amplio protagonismo de las mujeres”, garantizando “la efectiva presencia de la mujer en los ministerios que en la Iglesia son confiados a los laicos, así como también en las instancias de planificación y decisión” ( 54) . CONCLUYENDO Como se puede percibir, la V a . Conferencia es más que el Documento de Aparecida , texto que para ser leído y recibido en toda su riqueza, necesita ser puesto en estrecha relación con su “pre-texto” y su “con-texto”. En estos se encuentra el espíritu del texto, sin el cual, el Documento se vuelve letra muerta. Ciertamente, contamos con una fuente inspiradora y directrices audaces que serán el alma de la acción evangelizadora en el continente al menos durante los próximos diez años, cuando entonces, allá por el año 2018, en el cincuentenario de Medellín , conforme la Asamblea de Aparecida ya mostró su interés, podrá realizarse la VI a . Conferencia. Todo dependerá de la determinación en la recepción de Aparecida en la práctica, traduciendo las directrices emanadas en acción evangelizadora concreta. Tenemos entre manos una rica fuente de reflexión que podrá engendrar acciones capaces de hacer realmente de la Iglesia, sacramento de la eternidad en la precariedad de nuestro tiempo presente. Es un texto que hace pensar, como las siguientes impactantes frases, una especie de Decálogo de Aparecida , que dejamos resonando en su mente, apreciado lector.
“La vocación al discipulado misionero es con-vocación a la comunión en su Iglesia” (DA, 171). “La Iglesia crece no por proselitismo sino por atracción… de la fuerza de su amor” (DA, 174). “La comunión es misionera y la misión es para la comunión” (DA, 178). “Los laicos y laicas son personas de la Iglesia en el corazón del mundo, y personas del mundo en el corazón de la Iglesia” (DA, 225). “Mucha gente que pasa a otros grupos religiosos no está buscando salirse de nuestra Iglesia sino que está buscando sinceramente a Dios” (DA, 241). “Donde se establece el diálogo ecuménico diminuye el proselitismo” (DA, 249). “ La opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica ” (Benedicto XVI, DA, 406). “La mentalidad machista ignora la novedad del cristianismo, que reconoce y proclama la igual dignidad y responsabilidad de la mujer respecto al hombre” (Benedicto XVI, DA, 472). “La Iglesia está convocada a ser abogada de la justicia y defensora de los pobres” (DA, 409). “América Latina y el Caribe deben ser no sólo el continente de la esperanza sino que además deben abrir caminos hacia la civilización del amor” (DA, 556). Traducción: Guillermo Meléndez El original portugués será publicado por la revista Convergência de la Conferencia de Religiosos de Brasil. Doctor en Ciencias Teológicas y Religiosas por la Universidad de Lovaina, profesor de Teología en el Instituto Teológico de Santa Catarina y en la Universidad Pontificia de México, y presidente del Instituto Nacional de Pastoral de la CNBB. Fue perito del CELAM en la Conferencia de Santo Domingo y de la CNBB en Aparecida. (1)La recepción como realidad eclesiológica es un concepto de Y. Congar, entendida como “el acto por el cual el pueblo cristiano… reconoce su bien y reconoce que una decisión es para él una contribución de vida”, cf. “La réception comme réalité ecclésiologique”, en RSPT 56 (1972), pp. 369-403, aquí, p. 370. (2)A los filtros y controles habidos en relación a la Asamblea, se suma la dificultad de redactar un documento en tres semanas, entre casi trescientos participantes de tendencias y sensibilidades distintas, a partir de cero. De igual modo, hace parte del control al que nos referimos el hecho de que ninguna de las cinco conferencias haya sido autorizada a trabajar con base en un “Documento de Trabajo”, con excepción de la Conferencia de Medellín, lo que explica también su magnífico texto. No es que los obispos sean incapaces de elaborar un buen documento, sino que no hay tiempo para hacer un texto mejor. El buen documento de Aparecida es más un milagro que el fruto de buenas condiciones de trabajo. La justificación que se da es que, como se trata de una asamblea de obispos, en el caso de partir de un documento de trabajo, el documento final no sería de sus autores, sino de todo el Pueblo de Dios y, en la conferencia, trabajan los obispos, lo que no es verdad. Por ejemplo, más de la mitad de los participantes de la V a . Conferencia no eran obispos, quienes no tenían voto, es cierto, sin embargo tuvieron voz y fueron parte integrante y decisiva del documento final . La Conferencia de Medellín, por el contrario, tuvo un documento de trabajo que sirvió de punto de partida. No obstante, se dice que ahí no se promulgó un documento de los obispos, sino de los teólogos. ¿Qué hay de malo si los teólogos proponen reflexiones proféticas e inspiradoras a los obispos? Quizá, como consecuencia de eso, los teólogos, en Aparecida, estuvieron más presentes y actuantes fuera que dentro de la Asamblea. (3)En este primer apartado no haremos un abordaje del contexto propiamente dicho de la Conferencia de Aparecida. No tenemos espacio aquí, ni es el objetivo que nos proponemos. Aprovechando el privilegio de haber participado del evento como perito de la CNBB y, asimismo, consciente del deber de compartir lo vivido para que los lectores puedan leer mejor el texto, eso será objeto de otro artículo ya en elaboración. (4)Esto se sintió, especialmente, cuando la Asamblea comenzó escuchando a los 22 presidentes de las conferencias episcopales del continente y a los representantes de los diversos sectores de delegados e invitados presentes. Ese momento permitió “medir el pulso de la Asamblea” y entonces se constató que era menos conservadora de lo que se esperaba. Y que, por tanto, dado el espíritu de la conducta de quienes coordinaron la etapa de preparación de la Conferencia a nivel continental, habría debate o cuando menos tensiones en la Asamblea. (5)El grupo de obispos delegados del Brasil era bastante heterogéneo, limitación que sumada a la falta de figuras catalizadoras, no permitió una actuación más concertada y consensuada. (6)“Amerindia” es una red de católicos, compuesta por teólogos, agentes de pastoral y líderes laicos presente con grupos en todos los países del continente, organizada por regiones y a nivel continental, y que se propone mantener viva la tradición latinoamericana y caribeña presente, entre otros espacios, en la teología de la liberación, en las CEBs y en la memoria de los mártires de las causas sociales. (7) “Los pueblos de América Latina y de El Caribe viven hoy una realidad marcada por grandes cambios que afectan profundamente sus vidas…” (DA, 33), con “consecuencias para todos los ámbitos de la vida social, impactando la cultura, la economía, la política, las ciencias, la educación, el deporte, las artes y también, naturalmente, la religión” (DA, 35). (8) “Lamentamos cierto clericalismo, algunos intentos de volver a una eclesiología y espiritualidad anteriores al Concilio Vaticano II…” (DA, 109). (9) “Muchos católicos se encuentran desorientados frente a este cambio cultural… Sin embargo, el anuncio del Evangelio no puede prescindir de la cultura actual. Ésta debe ser conocida, evaluada y en cierto sentido asumida por la Iglesia, como un lenguaje comprendido por nuestros contemporáneos” (DA, 499). (10) “Ser discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos, en Él, tengan vida, nos lleva a asumir evangélicamente y desde la perspectiva del Reino las tareas prioritarias que contribuyen a la dignificación de todo ser humano, y a trabajar junto con los demás ciudadanos e instituciones en bien del ser humano” (DA, 398). (11) “Hoy queremos ratificar y potenciar la opción del amor preferencial por los pobres hecha en las Conferencias anteriores. Que sea preferencial implica que debe atravesar todas nuestras estructuras y prioridades pastorales” (DA, 410). (12) “Queremos decididamente reafirmar y dar nuevo impulso a la vida y misión profética y santificadora de las CEBs, en el seguimiento misionero de Jesús” (DA, 194). “Ellas recogen la experiencia de las primeras comunidades, como están descritas en los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch 2,42-47). Medellín reconoció en ellas una célula inicial de estructuración eclesial y foco de evangelización” (DA, 193). (13) “...nos sentimos interpelados a discernir los “signos de los tiempos”, a la luz del Espíritu Santo, para ponernos al servicio del Reino” (DA, 33). (14) “Esta es la tarea esencial de la evangelización, que incluye la opción preferencial por los pobres, la promoción humana integral y la auténtica liberación cristiana” (DA, 161). La promoción de la vida plena en Cristo, “nos lleva a asumir evangélicamente y desde la perspectiva del Reino las tareas prioritarias que contribuyen a la dignificación de todo ser humano… Urge crear estructuras que consoliden un orden social, económico y político en el que no haya inequidad y donde haya posibilidades para todos” (DA, 398). (15)En países católicos como Bélgica y Francia, la frecuencia dominical en los templos se reduce a unas decenas de personas viejas y el 80% de los sacerdotes tienen más de 65 años. En las diócesis, decenas de parroquias no tienen sacerdote. (16) La primera secularización de la modernidad implicó una desconfesionalización de los valores cristianos, asumidos por la sociedad emancipada como auténticos valores humanos. Hoy, hay una segunda secularización, más radical, pues implica hacer desaparecer de la cultura europea las últimas raíces del cristianismo, presente en determinados valores humanos. (17) “Queremos recordar el testimonio valiente de nuestros santos y santas y de quienes aún sin haber sido canonizados, han vivido con radicalidad el evangelio y han ofrendado su vida por Cristo, por la Iglesia y por su pueblo” (DA, 98). (18) “En la globalización la dinámica del mercado absolutiza con facilidad la eficacia y la productividad como valores reguladores de todas las relaciones humanas... [transformándola] en un proceso promotor de inequidades e injusticias múltiples” (DA, 61). (19) “...el Papa también señala que la globalización ‘comporta el riesgo de los grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo'” (DA, 60). social, económico y político en el que no haya inequidad y donde haya posibilidades para todos” (DA, 398). En países católicos como Bélgica y Francia, la frecuencia dominical en los templos se reduce a unas decenas de personas viejas y el 80% de los sacerdotes tienen más de 65 años. En las diócesis, decenas de parroquias no tienen sacerdote. La primera secularización de la modernidad implicó una desconfesionalización de los valores cristianos, asumidos por la sociedad emancipada como auténticos valores humanos. Hoy, hay una segunda secularización, más radical, pues implica hacer desaparecer de la cultura europea las últimas raíces del cristianismo, presente en determinados valores humanos. “Queremos recordar el testimonio valiente de nuestros santos y santas y de quienes aún sin haber sido canonizados, han vivido con radicalidad el evangelio y han ofrendado su vida por Cristo, por la Iglesia y por su pueblo” (DA, 98). “En la globalización la dinámica del mercado absolutiza con facilidad la eficacia y la productividad como valores reguladores de todas las relaciones humanas... [transformándola] en un proceso promotor de inequidades e injusticias múltiples” (DA, 61). “...el Papa también señala que la globalización ‘comporta el riesgo de los (20)En el número 65, el Documento de Aparecida nombra: las comunidades indígenas y afroamericanas, mujeres excluidas, jóvenes, desempleados, migrantes, niñas prostituidas, millones de personas y familias que pasan hambre, dependientes de drogas, víctimas de la violencia, ancianos y presidiarios. (21) “Los excluidos no son solamente ‘explotados' sino ‘sobrantes' y ‘desechables'” (DA, 65). (22)El influyente Don Demétrio Valentine, quien prácticamente coordinó la redacción del análisis de la realidad social en la Comisión Temática, vio sus reiteradas inclusiones de esta cláusula eliminadas de manera sistemática. (23)Tal vez no proveniente de la presidencia del CELAM, que aunque más conservadora que la Asamblea, era mucho más abierta que la Comisión de Redacción, aun cuando ésta incluía a algunas personas en sintonía con la tradición latinoamericana y caribeña. (24) Los 268 participantes de la Asamblea se hicieron presentes en las categorías de miembros, invitados, observadores y peritos. Únicamente los miembros —los cardenales (entre ellos, doce latinoamericanos y caribeños), arzobispos y obispos— tuvieron derecho a voz y voto, en un total de 123 votantes; los demás, sólo tuvieron voz. Los invitados eran obispos, presbíteros, diáconos permanentes, religiosos y religiosas, así como laicos representantes de movimientos y otros organismos. Los observadores eran representantes de otras Iglesias o denominaciones religiosas. Los peritos, en número de 15, eran teólogos que colaboraron en la reflexión y elaboración del Documento. Cabe registrar la presencia: de miembros de la Curia Romana (en número de 17), entre ellos cinco cardenales latinoamericanos (cuatro se hicieron presentes); dos presidentes, obispos e invitados de las conferencias episcopales de Canadá, los Estados Unidos, España, Portugal, África, Europa y Asia (en número de 12); de superiores religiosos mayores (5); de la Conferencia de Religiosos de América Latina y el Caribe — CLAR (3); de movimientos eclesiales (Neocatecumenal, Shalom, Comunión y Liberación, Schoenstatt, Sodalicio) y de organismos de ayuda (6). (25)Entre los miembros de Amerindia, coordinados por Pablo Bonavía, merece destacarse el excelente e incansable trabajo realizado por el teólogo chileno P. Sergio Torres, el gran responsable del puente establecido entre la entidad y el CELAM. Él sobresalió, igualmente, por su poder de convocatoria de participantes de la Asamblea, a quienes conoció en gran medida por medio de sus viajes de contacto por el continente efectuados en los meses anteriores a la Asamblea de Aparecida. Tampoco se puede dejar de registrar la valiosa contribución entre los 28 presentes, de teólogos como Ronaldo Muñoz, Pablo Richard, Gregorio Iriarte, Paulo Suess, José Oscar Beozzo, Benedito Ferraro, Vera Bombonato, etc., y de otros, contribuyendo desde sus países, como Gustavo Gutiérrez, Jon Sobrino, J. B. Libânio… Es curioso, pero ¿qué institución se daría el lujo de dejar fuera de un evento tan importante como la Asamblea de Aparecida a sus mejores pensadores? (26)Fue muy difícil la realización de estas tres iniciativas, lo que llegó a involucrar al CELAM, la Curia Romana, la CNBB y la arquidiócesis de Aparecida. Ellas se debieron en mucho a la persistencia de José Oscar Beozzo y Benedito Ferraro, entre otros. Se hablaba de eventos paralelos o de presión sobre la Asamblea. En realidad, fueron iniciativas de acompañamiento penetradas de mística y profetismo. En todo caso, sea por la fuerza de la oración, sea por la fuerza simbólica de los eventos, el hecho es que tres temas relacionados con estas iniciativas, casi tabúes antes de la Asamblea, terminaron muy presentes en el Documento de Aparecida : las CEBs, las intuiciones de la teología latinoamericana y caribeña y el reconocimiento de los mártires de las causas sociales, “nuestros santos todavía no canonizados”. Valió la pena el sacrificio y el riesgo.
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