LA CENA DE LA VIDA
Eucaristía en la vida de las Comunidades Eclesiales de Base, Cebs,
en Latinoamérica y en el Caribe
Misiones Extranjeras
nº 206/207 (mayo - agosto 2005)
Marcelo Barros *
"El pan que partimos,¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Uno es el pan y por eso formamos todos un solo cuerpo, porque participamos todos del mismo pan" (1 Cor 10, 16-17).
Recuperar la íntima relación que existe entre la eucaristía y la Iglesia es uno de los frutos y herencias del Concilio Vaticano II (1). La célebre frase de Henry de Lubac: "La Iglesia hace la Eucaristía y la Eucaristía hace la Iglesia" (2) fue retomada como contenido y hasta como título en la encíclica de Juan Pablo II: "Ecclesia de Eucaristía". El cardenal Martini afirmaba: "La Eucaristía es la forma de la vida de la Iglesia" (3). Tal declaración subraya el carácter sacramental de la Iglesia. Lo que significa su aspecto de comunión con el Señor y su dimensión de fermento en una relación de fraternidad. La eucaristía recuerda siempre a la Iglesia su naturaleza de comunidad concreta, asamblea reunida, expresada en su mismo nombre, Ekklesia : asamblea convocada por Dios aquí y ahora, como sacramento de la comunión universal de todo el pueblo de Dios. Aunque en los últimos siglos la Iglesia Católica haya conocido la "misa privada", desde el Vaticano II la conciencia eclesial volvió a sus raíces comprendiendo que toda eucaristía es un hecho comunitario. La construcción de la comunidad supone en cada participante una buena dosis de entrega y de ofrenda a los otros; una eucaristicidad , por tanto, que los cristianos aprenden y reciben del maestro Jesucristo.
En la oración eucarística nº. 2, la más común y conocida de las actuales anáforas de la liturgia latina, el presidente de la celebración ora: "Tu nos consideraste dignos de estar en tu presencia y servirte". Es una alusión a la asamblea constituida como pueblo sacerdotal" (4). Si pensamos en las primeras Iglesias, podemos decir que casi todas eran "comunidades de base": grupos en su mayoría de pobres y de una relación más horizontal. Tenemos pocas informaciones sobre cómo la eucaristía dejaba huella en estas Iglesias de los primeros siglos pero, por documentos antiguos, sabemos que la eucaristía estaba muy relacionada con el martirio. Desde el siglo II los cristianos celebraban la eucaristía sobre las tumbas de los mártires. En casos como el de los mártires de Abilene, en el norte de África, los cristianos dieron su vida porque no renunciaron a celebrar la cena del Señor. Desde aquella época, muchas cosas cambiaron en las Iglesias. En Latinoamérica las comunidades eclesiales de base (Cebs) surgieron en los años 60, poco después del Concilio Vaticano II, como expresión del programa propuesto por el Papa Juan XXIII: volver a las fuentes de la fe e insertarse al mismo tiempo en la realidad actual del mundo. Es importante ver cómo tal camino implica una profunda relación entre Cebs y Eucaristía.
Les invito ahora a recordar brevemente y a profundizar en la historia y en los desafíos de esta relación.
1. Las Cebs han nacido de la Eucaristía
En estas líneas, no puedo pretender rehacer la historia de las Cebs en Brasil o en el continente latinoamericano. Además, esta historia no fue aún escrita en sus detalles y las Cebs parecen haber surgido en diversos lugares y al mismo tiempo. Se sabe que en Brasil una de sus fuentes fueron las llamadas "Semanas Litúrgicas" que, poco después del Concilio, intentaban renovar en las parroquias su forma de celebrar la misa dominical. En 1964, por primera vez en nuestro continente, las comunidades católicas escuchaban las lecturas de la misa y la oración eucarística de forma comprensible en su propia lengua. Las palabras de la Biblia y de la liturgia recibían entonces fuerza y sentido nuevos. Era imposible que esto no tuviera una consecuencia en la vida de las Iglesias. Se fueron formando enseguida comunidades como grupos de vida y escucha de la Palabra. En la primera mitad de los años 60, aún sin este nombre de "comunidades de base", se buscaba en Brasil una renovación de la parroquia con más protagonismo de los laicos y laicas en las funciones ministeriales. En el estado de Maranhão, en la parroquia de Tutóia, se preparaban los llamados "delegados de la Palabra" para animar el culto en las capillas donde el sacerdote no podía llegar cada domingo para celebrar la misa. Surgían también otros servicios ministeriales en la misma celebración eucarística. La arquidiócesis de Natal, en el estado de Río Grande del Norte inicia la experiencia de la primera parroquia coordinada por religiosas en Nísia Floresta. En Barra do Piraí, en el estado de Río de Janeiro, a través de la radio, se forman comunidades que preparan la eucaristía valorando más la liturgia de la Palabra.
En los años 60 y 70 muchos países de América del Sur eran dominados por dictaduras militares muy represivas. Una de las cosas más peligrosas era reunirse y hacer comunidades libres y populares. Tal situación llevó a las comunidades a unir la eucaristía con una crítica social y política. Muchos cristianos y catequistas fueron perseguidos y hasta muertos por el único crimen de animar su comunidad en el culto dominical. Los mismos gobiernos dictatoriales mostraban de ese modo a los cristianos que la eucaristía, por su misma naturaleza, es subversiva y transformadora.
En toda Latinoamérica, la categoría "comunidades eclesiales de base" tiene una acepción muy amplia. Hay grupos de campesinas/os brasileños que se reúnen como comunidades de vida. Por su fe y por unir la Palabra de Dios a su vida tienen la tierra en común y resisten a la injusticia de la estructura agraria brasileña. Parecen Iglesias del cristianismo primitivo actualizadas en el contexto de nuestro mundo. Hay comunidades indígenas en México, en Ecuador y en otros países coordinadas por madres o padres de familia que son verdaderos diáconos laicos y viven la profecía de la fe en la resistencia al neoliberalismo dominante. Hay también tal vez sean la mayoría de los grupos bíblicos que se reúnen una vez a la semana para orar y meditar juntos la Palabra de Dios. Esto es para ellos fuerza de vida, aunque no tengan propiamente una acción social o política explícita. En esa categoría de comunidades pueden entrar hasta grupos de devoción popular, organizados alrededor del vía crucis en la Cuaresma, de las novenas de Navidad o de algún santo. A primera vista, tales grupos no entran en la categoría de comunidades de base pero, en muchos casos, es lo único que las personas logran hacer; y es siempre fuerza de vida y de unidad. Están oprimidas por el desempleo o sobreviviendo en la economía informal. En una Iglesia en que concretamente, los laicos pueden tener poca participación ministerial, tales grupos se constituyen, ya se decía al comienzo de los encuentros ínter eclesiales en Brasil, expresiones legítimas de " una Iglesia que nace del pueblo desde la fuerza del Espíritu Santo".
2 - Características de la eucaristía en las Cebs
Una persona habituada con la práctica católica más corriente, al ver la forma como muchas comunidades eclesiales de base están organizadas y se reúnen, podría pensar que, en Latinoamérica, las CEBs tienen poco aprecio a la eucaristía. La Iglesia tradicional en las parroquias hace de la misa casi su única forma de culto. Las Cebs, hasta por el hecho de no contar siempre con la presencia de sacerdotes, han crecido alrededor de la celebración de la Palabra con formas más libres y diversificadas de culto. Sin embargo, eso no quiere decir que, para ellas, la eucaristía deje ser el ápice de la celebración de la Iglesia. La tradición de la Iglesia enseña que "la anáfora es siempre respuesta a una Palabra divina, proclamada y acogida anteriormente; esta oración recibe colores y acentos diferentes desde esa acogida" (5).
La centralidad de la Palabra hace que, en la experiencia de las Cebs, la eucaristía no solamente sea el punto culminante de los encuentros, como todo lo que se hace y se vive reciba una "eucaristicidad". Es orientado a la eucaristía no sólo como "culto", sino como "forma de ser de la Iglesia", o sea, comunión y compromiso de vida. Evidentemente, una cosa es una misa celebrada en una pequeña comunidad, en la sala de una casita o bajo un árbol congregando una docena de hombres y mujeres con sus niños. Otra es una eucaristía celebrada en un encuentro diocesano, regional o nacional de Cebs. Ambas tienen profundamente un carácter pascual, pero la forma de celebrar pasa desde la intimidad casi informal hasta una dimensión más festiva y de concentración mayor del pueblo de Dios. En este sentido, debemos decir que las Cebs no tienen un rito litúrgico propio pues asumen el rito latino, pero con un estilo peculiar. Estilo que da valor a todas las personas presentes, subraya las relaciones horizontales con la participación activa de todos, hombres y mujeres.
Ese modo de celebrar supera un cierto olor de jansenismo aún presente en el aire y muchas veces expresado en la forma cómo la liturgia latina de cada misa pide perdón demasiadas veces: al comienzo de la celebración (Señor, ten piedad), preparando la comunión (Cordero de Dios) y en el momento mismo de mostrar la hostia consagrada antes de la comunión. Además el mismo Misal Romano pone en la boca del presbítero celebrante una oración por la paz que pide a Jesús para que "no lleves en cuenta mis pecados, sino la fe de tu Iglesia... ". Poco después y antes de comulgar, pide a Jesús de nuevo en oración individual: "que tu cuerpo y tu sangre me libren de mis pecados". En las celebraciones de las Cebs, el rito penitencial es valorado, pero de una forma más pascual y desde una mirada más positiva sobre la creación y la humanidad.
Como ya expliqué, es más que un rito diverso, un estilo que puede encontrarse en una misa celebrada en la barraca de una favela brasileña o hasta en una misa de catedral, celebrada con el pueblo de las comunidades por Don Hélder Câmara en Recife o por Monseñor Romero en El Salvador.
A pesar de tal diversidad, anotamos en ese estilo eucarístico algunos puntos teológicos y litúrgicos comunes:
2.1 - Una fiesta comunitaria
Cualquier persona que participe de una celebración de Cebs, casi siempre quedará impresionada por la atmósfera de comunicación y de alegría que allí reina. Muchas veces las misas de parroquia son celebradas a la ligera y ni siempre manifiestan un ambiente comunitario. En los cursos de liturgia se suele decir que el primer elemento necesario para una celebración es la asamblea litúrgica. Sin embargo en las celebraciones eucarísticas de Cebs, esta dimensión se revela muy fuerte. El modo de celebrar de las Cebs da una importancia grande a los ritos de acogida, cuando las personas se presentan, se acogen, se abrazan, aplauden y danzan su vida.
En una de sus homilías dominicales, decía Monseñor Romero: "Quiero alegrarme con ustedes porque, en momentos como este, ustedes dan una verdadera identidad al pueblo de Dios. El domingo pasado, estaba entre nosotros, con cierta curiosidad, un viejo político de Venezuela. Él pensaba que nuestras misas fuesen principalmente hechos políticos y que la gente viniese por curiosidad política. Le habían desaconsejado a venir a esta misa. Este político, que es un verdadero cristiano, me dijo: "He visto una verdadera asamblea cristiana, en que la gente canta, ora y se alegra. Sobretodo en el momento de la comunión me quedé muy impresionado con aquella inmensa procesión que se acercaba a la eucaristía" (6).
El que conoce las dificultades, el sufrimiento y la lucha de las personas pobres en nuestro contexto social, acompañando la vida de las Cebs, se sorprende siempre con la fuerza que todavía encuentran para manifestar su alegría permanente en un clima de fiesta. La propia celebración del viernes santo tiene algo de fiesta comunitaria y alegría pascual.
2.2 - Los signos y símbolos de una vida compartida
Las Cebs han dado mucha importancia a los signos y símbolos litúrgicos en su empeño de unir más la fe a la vida concreta. En sus celebraciones eucarísticas han aprendido a dar vitalidad actual a gestos, signos y símbolos de la tradición, como la cruz, la Biblia y a los signos sacramentales. Han reconocido muy valiosos también los símbolos de la realidad de nuestras culturas como la tierra, el agua, el fuego, las flores y los alimentos.
Como en las Iglesias primitivas, la eucaristía en una comunidad de base toma más la forma de una cena que solamente la de un culto ritual. Es claro que en todo esto las Cebs dependen mucho del presbítero que celebra. Si este se abre a formas y estilos nuevos del mismo rito, las comunidades hacen de cada eucaristía una verdadera ocasión de compartir alimentos lo mismo que comparten la vida. Les gusta que en cada misa el pan sea verdaderamente pan y lo bastante para que sea repartido entre todos; y que haya vino para ser consagrado y bebido por todos. Los signos sacramentales no deberían ser sólo símbolos estilizados que recuerden el pan y el vino, sino verdaderamente pan y vino que se ofrecen en nombre de Jesús y como Él se ofreció. En estas misas la liturgia de la Palabra es de gran importancia. Se canta mucho, se preparan procesiones y danzas en la entrada de la celebración, en la acogida de la Biblia para las lecturas, o del Evangeliario para la proclamación del Evangelio.
Todo esto no reduce la centralidad de la cena propiamente dicha, unida a la acción de gracias y a la comunión abierta y afectuosa, como Jesús lo quiso y lo manifestó en el Evangelio en sus muchas cenas con los pequeños y los considerados pecadores, sin excluir a nadie. Muchas comunidades vuelven además a la costumbre de las Iglesias orientales cuando, después de la comunión eucarística, ofrecen a todos los presentes un pan bendecido, como signo de compartir la vida; algo que la eucaristía ya es por si misma pero que se proyecta al alimento comunitario. Las Cebs hacen eso con pan, dulces, galletas, maíz tostado reventado o cualquier alimento compartido en clima de fiesta y de cariño comunitario. Es la profecía de un mundo nuevo que deseamos: mundo de igualdad y de socialización.
2.3 - La relación de la cena con la vida concreta
La eucaristía no puede ser mera repetición del gesto de Jesús que, además, fue singular e irrepetible. La Carta a los Hebreos dice claramente: "fuimos santificados por la oblación del Cuerpo de Jesucristo, efectuada de una sola vez por todas"(Hb 10, 10). Podemos así entender cómo aquel político de Venezuela, al cual Monseñor Romero se refería, pensara que la misa de Monseñor tuviese un contenido más político que otra cosa, porque las comunidades no separan la fe del compromiso político transformador. Ya que la eucaristía es el momento fuerte de compartir la Palabra y el pan, es también el tiempo de compartir la vida, denunciar las injusticias sufridas y tomar posición firme por la justicia del Reino. He subrayado que la dimensión más liberadora de la celebración no consiste en lo que el sacerdote pueda decir de más profético en la homilía y sí, de modo especial, la participación realmente más igualitaria en la celebración. Sin embargo es importante el hecho de que el Evangelio sea leído en todas sus dimensiones, también la social y política; y que la Iglesia acepte la profecía de la parcialidad y se ponga del lado de los más pequeños. La eucaristía debe ser semilla de un mundo y una Iglesia más igualitarios. Las Cebs no dejan que la Iglesia se olvide de esto.
Tal vez no parezca relacionado con la eucaristía el hecho de que las Cebs siempre busquen un mundo y una Iglesia en que todos puedan ser considerados hermanos y hermanas con derechos iguales, con total posibilidad de participación ciudadana. Sin embargo, basta percibir que la referencia básica desde la cual las Cebs piden eso es siempre la misma naturaleza de Dios; y la misión de Cristo con su palabra y su forma de ser, como aparecen especialmente en su Pascua de la que toda celebración eucarística es memorial vivo. ¿Quién no se acuerda del refrán: "La Santísima Trinidad es la mejor comunidad"?. La relación íntima de Dios - igualdad en la diversidad - es el modelo de la comunidad eclesial. Las Cebs aman a sus pastores y no tienen dificultades mayores con obispos o con la jerarquía católica, pero insisten en la plena participación de los/as laicos/as en los ministerios eclesiales. En Brasil este reclamo por una participación mayor aparece en diversas cartas finales de los encuentros de las Cebs. (7)
2.4 - La cena que reúne cielos y tierra
"Santo, santo, santo, Señor Dios del universo. Los cielos y la tierra cantan tu gloria.". En cada misa, se canta que la alabanza de la comunidad está unida a todo el universo y a todos los seres vivos. Sin embargo esta dimensión cósmica de la eucaristía es, en general, poco explicitada y no parece influir mucho en el modo cómo los cristianos se relacionan con la tierra y la naturaleza. En una época en que la sociedad dominante es tan agresiva con la creación de Dios, es bueno percibir que las celebraciones eucarísticas de las Cebs insisten en reconocer esta dimensión ecológica de la eucaristía. Desde las primeras experiencias de Cebs, muchas comunidades viven la misma sensibilidad de los indios ancestrales que no comprendían cómo se podría celebrar y rehacer el "memorial de la alianza" sin que fuese en íntima unidad con la tierra y los elementos de la creación divina. Guardo un profundo recuerdo de la celebración que en los años 70, junto con Don José María Pires entonces arzobispo de Paraíba, vivimos en una comunidad de campesinos amenazados por un terrateniente. Había algún riesgo de que se infiltrasen algunos pistoleros al mando del poderoso enemigo en medio de la misa. Por eso pensamos en celebrarla en una salita cerca de la finca, pero toda la comunidad prefería que la misa se celebrase en la propia tierra por la cual sufrían. Una señora nos dijo entonces: "Así ofrecemos a Dios el pan y el vino, pero también la tierra, los árboles y los pajaritos que nos acompañarán en esta celebración".
Aunque la eucaristía en las Cebs no se celebra muchas veces en la naturaleza tiene casi siempre gestos y ritos de veneración a la madre tierra, al agua y a todos los seres vivos. En diversos lugares de Latinoamérica a las actuales Cebs les gusta cantar una versión popular del Cántico de las Criaturas de San Francisco y otros cánticos semejantes, ofreciendo a Dios la alabanza del universo. Y la verdad es que celebrar la eucaristía, como verdadera y profunda comunión con la creación en el cuerpo de Cristo, compromete los hermanos y hermanas de las comunidades en la defensa concreta de los ríos amenazados, de los terrenos que sufren riesgo de deforestación, en la defensa de semillas autóctonas, originales, y de la agricultura ecológica.
2. 5 - La cena del Señor, juicio sobre la Iglesia y el mundo
La realidad de las Cebs confirma plenamente lo que afirma José María Castillo, desde España, : "Donde no hay justicia, no hay eucaristía" (8). En épocas de dictaduras y de opresiones era peligroso celebrar la eucaristía en las Cebs. Les escribo en la diócesis de Goiás donde en 1987, después de celebrar misa en una comunidad de base, el padre Francesco Cavazzutti sufrió un atentado que lo dejó ciego para siempre. No es coincidencia que Monseñor Oscar Romero haya sido asesinado durante la celebración eucarística. Ni en Latinoamérica, ni en el resto del mundo, la verdad apuntada por la eucaristía corresponde a la realidad de la Iglesia. También en las Cebs hay una desproporción entre la vida divina expresada en la celebración y nuestra realidad. La eucaristía está siempre más allá de nuestro presente y muestra cómo somos todavía incompletos. En este sentido cada vez que celebramos la cena de Jesús anunciamos la justicia y la realidad del Reino que aún vendrá.
El Cardenal Martini tiene razón al recordarnos que la eucaristía es la forma de vivir de la Iglesia. Para que esto se revele verdad auténtica es importante despojar la celebración eucarística de los signos de poder y de fuerza mundana que algunas celebraciones oficiales todavía dejan aparecer. ¿Que significa una misa espectáculo con tal protagonismo clerical, sea la misa del Papa o del padre Marcelo Rossi, de los nuevos movimientos carismáticos? ¿Cómo hablar de comunión y de la donación de Cristo en un espectáculo que parece más una manifestación de poder eclesiástico? Para que la eucaristía sea verdaderamente la forma de ser de la Iglesia es necesario practicar y hacer actuante lo que los obispos latinoamericanos pedían en la 2ª Conferencia General del CELAM: "Que se presente, cada vez más nítido en Latinoamérica, el rostro de una Iglesia auténticamente pobre, misionera y pascual, despojada de todo poder temporal y tenazmente comprometida en la liberación de todo ser humano y de toda la humanidad" (Medellín 5, 15 a)
3. El rito más allá del rito. (Conclusiones como interpelación a las Iglesias)
Comparto muy sencillamente con ustedes algo que descubro en cada celebración de la eucaristía vivida por una comunidad eclesial de base, o en encuentros ínter eclesiales o en simples ambientes de Cebs:
1. El sacramento de la cena del Señor no se reduce al rito, menos aún a la veneración de signos sacramentales como el pan consagrado. El primero y más fundamental signo sacramental de la cena es la comunidad reunida . Por eso, la comunidad asume el modo espontáneo de las personas al llegar y saludarse efusivamente. Durante toda la celebración nada impide la libertad de comunicación entre las personas que celebran. Por su experiencia eclesial, vivida muchas veces en el martirio, las Cebs celebran la eucaristía con la convicción de que toda Iglesia o es local o no es una verdadera Iglesia. Local no quiere decir solamente "diócesis", sino cada grupo de hermanos y hermanas convocados por Dios para vivir el testimonio de Jesucristo en cada realidad concreta del mundo . Esta convicción da a cada celebración eucarística una gran libertad en la forma de celebrar. Hacen eso sin jamás apartarse de la comunión con las otras Iglesias que forman la Iglesia universal que no es sólo la suma de las Iglesias particulares sino la manifestación sacramental de cada comunidad reunida en nombre de Cristo.
2. La Iglesia Católica ha desarrollado una teología del sacrificio de la eucaristía, difícil de ser comprendida por la humanidad actual, principalmente por quienes dan testimonio de Dios como fuente de amor y gratuidad. Él jamás querría aceptar el sacrificio de su propio Hijo. Él que siempre perdona a los seres humanos gratuitamente y por su ternura maternal. Las comunidades de cultura más secularizada o moderna tienen más dificultad con cualquier religión basada en el dolor y la pena. Sin embargo, las comunidades cristianas pobres del continente latinoamericano viven en su piel el sufrimiento de una pobreza injusta y todas sus consecuencias. En tal realidad, como siempre ha enseñado la Teología de la Liberación, las comunidades eclesiales de base asumen la comunión en la pobreza para luchar contra la injusticia estructural, fuente del empobrecimiento planificado de la mayoría de la humanidad. En esta lucha pacífica y no violenta, la eucaristía ofrece el memorial de la cruz de Jesús Cristo , no como un sacrificio ritual o religioso sino como una donación de si mismo, entrega total por el otro y una propuesta de vida nueva desde el otro . Vivir la eucaristía es más que celebrar, es vivir una nueva forma de relaciones, una forma nueva de ser para el otro; sea el otro concreto que son las personas, sea todo ser vivo y principalmente el gran Otro, fuente de amor y proyecto de vida libre y plena para todos.
3. No quiero decir que la forma de celebrar la eucaristía de las Cebs sea la mejor de todas, ni que sea perfecta. Lo que pienso es que intenta unir rito y realidad para hacerse la más auténtica profecía de lo que Dios quiere que vivamos. Repito que en la cultura católica común, aun en la realidad de las Cebs, la celebración eucarística depende, en gran parte, del presbítero que preside la celebración. Cuando este acepta entrar en la espiritualidad de las Cebs, la eucaristía toma una dimensión ecuménica que acoge a todos y da testimonio de una mayor igualdad entre ministros ordenados y pueblo de Dios .
Recientemente después de una misa de domingo en nuestro monasterio con las comunidades del barrio donde vivimos, una señora de una comunidad de Brasilia decía: "Comúnmente siento en las misas una distancia grande entre los curas y los laicos. En esta misa celebramos todos, padres y laicos, en torno al altar y he percibido mejor la igualdad y la unidad de todos. Esta palabra de una señora de base me ha hecho recordar un comentario de San Juan Crisóstomo, pastor de Constantinopla en el siglo IV: "Hay una situación en la cual no hay distinción entre quién es presbítero y quién es laico. Es cuando se trata de participar en los santos misterios. Todos somos juzgados dignos de los mismos privilegios. (...) Un mismo cuerpo es ofrecido a todos. Todos beben de un solo cáliz. Cualquier persona que llegue en nuestras Iglesias puede ver al pueblo tomar parte - y parte importante - en las oraciones de intercesión. Todos pronuncian oraciones, súplicas, llenas de compasión. En el beso de la paz, nos abrazamos todos juntos. ¿Por qué espantarse de que el pueblo mezcle su voz con la del sacerdote? Yo les digo eso para que cada fiel esté atento y sepa que todos nosotros formamos un solo cuerpo. Solamente nos diferenciamos como un miembro del cuerpo puede distinguirse del otro. Progresamos juntos porque esto nos lleva a más grandes ocasiones de salvación y al aumento de la caridad. Ningún tufo de orgullo, ningún complejo de inferioridad en relación a los otros. El que ocupa el primer lugar sólo asume más cansancio y más responsabilidad y no tanto los honores. Es necesario que en la Iglesia nos sintamos como en una única casa. Ser todos un solo cuerpo " (9).
* Marcelo Barros, es monje benedictino, biblista, consejero de las Comunidades Eclesiales de Base y de la Pastoral de la Tierra en Brasil. Es autor de 27 libros. Email: irmaomarcelo@cultura.com.br
Notas:
1. - Cf. CONCILIO VATICANO II: Lumen Gentium 11, Unitatis Redintegratio 15, Presbiterorum Ordinis 5, Dei Verbum 21.
2.- HENRY DE LUBAC, Méditation sur l'Église, Paris, Aubier, coll. "Théologie" 27, 1952, 4e chapître, (en la 3a edición, 1953, p. 113).
3. - Cf. CARLO MARIA MARTINI, Relación publicada en Civita Cattolica, n. 3167, 1982, pp. 430- 442.
4. - E. MAZA, Le odierne preghiere eucaristiche, 1, Struture e Teologia, Fonti, Bologna, EDB, 1992, p. 210-216.
5.- JUAN ANTONIO RUIZ DE GOPEGUI, SJ, A Eucaristía: uma reflexão a partir da tradicao litúrgica, in Perspectiva Teológica , maio/agosto 2000, p. 159.
6. - Cf. ABRAMO LEVI, Presenza eucarística; norma della presenza della Chiesa, in Servitium 25, gennaio-febbraio 1983, p. 46.
7. - Cf. Ver Carta Final de los 6º y 8º Encuentros Intereclesiales de CEBs - Cf. FAUSTINO TEIXEIRA, Os Encontros Intereclesiais de Cebs no Brasil, São Paulo, Ed. Paulinas, 1996, p. 186 ; 202 - 203.
8.- Citado en el editorial de la revista Perspectiva Teológica n. 87. Maio/Agosto 2000, p. 149.
9. - JOÃO CRISÓSTOMO, Homilia sobre 1 Cor. , P.G. 61 col. 527. citado em TEXTES SPIRITUELS, n. 34, Abbaye de Tournay, France, 1976, p. 118.
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