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TOLEDO
Con la presencia de los godos en la Carpetania y la elección con el rey Leovigildo (572-586) de la ciudad de Toledo como su capital, "urbs regia", comienza un período histórico importante para la archidiócesis. Toledo se constituye en la Iglesia metropolitana incluyendo bajo su jurisdicción a 20 diócesis sufragáneas. En el año 527 se celebra el segundo concilio toledano, presidido por el obispo Montano. En el tercer concilio (589) el rey Recaredo y su esposa Bada, juntamente con los obispos, magnates y multitud de eclesiásticos, se convierten al cristianismo, abjurando del arrianismo, y quedando constituida la unidad religiosa de España. A lo largo del siglo VII, se congregan en Toledo 15 concilios más. A partir del décimo segundo concilio (681) se le reconoce a la metropolitana de Toledo, con unánime beneplácito del episcopado nacional, una particular intervención en la elección y consagración de todos los prelados españoles. Es el origen de la primacía eclesiástica. La ocupación de la Península por el ejército árabe (711) cambia la situación política y religiosa de Toledo. El número de cristianos disminuyó notablemente. Los que, durante la dominación árabe, permanecieron fieles a la fe recibida de sus antepasados comenzaron a ser llamados mozárabes. Toledo se convirtió entonces en el principal foco de la mozarabía. El templo basilical fue convertido en mezquita, conservando los cristianos algunos otros templos. El de Santa María de Alfizén fue utilizado como basílica episcopal durante la dominación árabe. Con todo, la jerarquía católica continuó a lo largo de todo el tiempo de dominación árabe. De estos siglos han llegado a nosotros la casi totalidad de los libros litúrgicos del primitivo rito hispano, que comienza ya a denominarse mozárabe. La persecución de los mozárabes a finales del siglo VIII provocó en Toledo la huida de comunidades enteras. La conquista de Toledo por Alfonso VI, en 1085, tuvo singular resonancia tanto en la cristiandad como en el mundo islámico. El territorio diocesano lo poblarán ahora mozárabes, castellanos y francos, llegados con el ejército vencedor, que convivirán con árabes y judíos. Se devuelve el culto católico a la basílica catedralicia y es elegido como nuevo arzobispo don Bernardo de Cluny, quien impone en la Iglesia de Toledo el rito romano. Urbano II concede al arzobispo de Toledo, en 1088, el privilegio de la primacía eclesiástica sobre todos los obispos de España. La diócesis va ampliando notablemente su territorio, extendiéndose por la región de Alcaraz hasta las fronteras del reino moro de Murcia, y por el sur hasta las diócesis de Baeza y Córdoba e incluso Jaén. La parte meridional de la provincia la fueron ocupando las diversas Ordenes militares. Territorialmente, la edad moderna es para la diócesis de Toledo una época de esplendor. La circunscripción diocesana incluía no sólo la actual diócesis de Toledo, sino también las de Madrid, Getafe, Alcalá, Ciudad Real, y parte de las provincias de Guadalajara, Albacete, Jaén, Badajoz, Cáceres y Granada. A ello había que añadir la plaza africana de Orán, conquistada por Cisneros en 1509. El concilio de Trento marca el renacer de un fortalecimiento teológico y disciplinar en la Iglesia. La diócesis de Toledo celebra dos concilios provinciales, en 1565 y 1582. Trasladada la Corte a Madrid, la ciudad de Toledo pierde categoría ciudadana. Sin embargo la iglesia de Toledo continuó en todo su esplendor a pesar de la creciente decadencia nacional que se inicia en el reinado de Felipe III. Merecen ser destacados, entre otros, los arzobispos: Pedro González de Mendoza, consejero de los Reyes Católicos, Francisco Jiménez de Cisneros, fundador de la Universidad de Alcalá, editor de la Biblia Políglota, y restaurador del Rito Mozárabe, Luis Manuel Fernández Portocarrero, que promulgó unas constituciones sinodales que han estado vigentes casi hasta nuestros días y Francisco Antonio de Lorenzana, gran propulsor de las ciencias y las artes. El siglo XIX comienza con el pontificado del cardenal Luis María Borbón, quien fue también presidente del Consejo de Regencia desde 1813 hasta el regreso de Fernando VII. Es Toledo la primera ciudad que se levanta contra la invasión francesa. El arzobispo huye de la ciudad y se refugia en Sevilla. Los religiosos son perseguidos y tratados cruelmente, las iglesias expoliadas de sus alhajas y ropas preciosas. Las medidas desamortizadoras descargan un duro golpe sobre la población de los religiosos varones en la diócesis, consiguiendo su extinción total, y sobre el patrimonio de la Iglesia secular. El grave conflicto surgido en las relaciones con la Santa Sede originó una vacante de once años en la sede toledana, desde la muerte del cardenal Inguanzo hasta el nombramiento del cardenal Bonel y Orbe. En virtud del Concordato de 1851 se crean dos nuevas diócesis segregadas del territorio de la de Toledo: Ciudad Real (1877) y Madrid-Alcalá (1885); y se configura la archidiócesis con las sufragáneas de Coria-Cáceres, Cuenca, Plasencia, Sigüenza-Guadalajara, Ciudad Real y Madrid-Alcalá, hasta su elevación esta última a arzobispado por Pablo VI en 1964. Con la segregación de las diócesis de Coria-Cáceres y Plasencia a la nueva Archidiócesis de Mérida -Badajoz, creada por Juan Pablo II en 1994, y la incorporación de la diócesis de Albacete, con las sufragáneas de Cuenca, Ciudad Real, Sigüenza-Guadalajara y Albacete, queda definitivamente configurada la Provincia Eclesiástica de Toledo. Toledo cuenta con más de treinta sacerdotes diocesanos en misión En el IEME: Baldomero Rielves Peñalver (laico) (Zimbabwe) Arzobispo: Antonio Cañizares Llovera |
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