Diócesis de Santander
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La diócesis de Santander fue creada en 1754, hasta entonces una larga historia de cristianización que arranca del siglo IV la precede. El testimonio cristiano más antiguo conservado hoy día en la diócesis de Santander es un vidrio con el anagrama de Cristo (crismón) hallado en las ruinas de Julióbriga, junto a Reinosa, y que ha sido datado como de finales del siglo IV o principios del V. Pero la realidad es que en Cantabria se seguía manteniendo el culto a los dioses paganos, a pesar de las prohibiciones romanas.

Sólo a partir de la época visigoda, especialmente con la conquista de Leovigildo, podemos hablar de una intensa evangelización llevada a cabo por los monjes procedentes del valle del Ebro y de la Tierra de Campos. Entre los primeros cabría citar a S. Millán de la Cogolla y entre los segundos a Sto. Toribio de Palencia que acabó con el culto a los ídolos y debió fundar el actual monasterio de Santo Toribio.

Pero la verdadera conversión de Cantabria no debió realizarse en su integridad hasta los comienzos del s. VIII, con motivo de haberse refugiado en estas montañas las gentes huidas de distintas ciudades de la península. Con dicha huida debieron llegar a la futura diócesis reliquias tan importantes como: El Lignum Crucis (Liébana), el cuerpo de Santa Juliana (Santillana del Mar) y las reliquias de San Emeterio y San Celedonio (Santander). En los siglos IX y X empiezan a surgir multitud de monasterios: San Martín de Liébana, Santillana, Santa María del Puerto, San Pedro de Cervatos, Santa María de Lebeña, Santa María la Real de Piasca, San Martín de Elines, etc. Ya avanzada la Reconquista (s. XII) surge una fiebre constructora de iglesias y monasterios al estilo románico.

Respecto a la situación administrativa eclesiástica habría que decir que hasta su erección como diócesis se ha encontrado dividida entre varias diócesis limítrofes. Cabe destacar el pleito por Santander entre Oviedo y Burgos que duró medio siglo y se vio dificultado porque ambas sedes pertenecían a reinos distintos. Por fin en 1184, reunidos en Burgos ambos reyes, Oviedo cedió sus derechos a Burgos por una importante compensación económica. Después el pleito será entre Burgos y Santander, que pretende erigirse diócesis independiente. Sólo después de más de un siglo, y por la presencia del P. Rábago como confesor Real, se vuelve a llevar la cuestión a Roma. Así, el 12 de Diciembre de 1754, Benedicto XIV publica la bula “Romanus Pontifex” por la que Santander se constituía en Cabeza de Obispado. La vieja “abadía de los Cuerpos Santos” se convirtió en la nueva catedral y la “noble y leal” villa dejaba oficialmente de serlo por intercesión del P. Rábago y decreto del rey, con fecha del 9 de Enero de 1755, para convertirse en ciudad.

De familia asentada en el valle de Guriezo nació D. Gerardo Villota, que a finales del siglo XIX (siendo canónigo de Burgos) quiso realizar su idea innovadora e incomprendida en la iglesia española de entonces, de lanzar un seminario de misiones para el clero secular de España. Era el proyecto más querido de su admirable espíritu misionero. Benedicto XV se referiría en 1919 a aquella “como semilla” al encargar al cardenal Benlloch la creación de lo que hoy es el IEME.

La diócesis abarca la actual provincia de Cantabria más el Valle de Mena que pertenece a la provincia de Burgos. Tiene una extensión de 5552 km.² con una población de más de 533.000 habitantes. Por la diócesis, desde su creación, han pasado 16 obispos titulares y dos auxiliares.

El Obispo actual es: Mons. VICENTE JIMENEZ ZAMORA

Junto a él colaboran 382 sacerdotes diocesanos mientras que 28 ejercen su ministerio al servicio de la misión ad gentes. De estos han realizado su vocación misionera a través del IEME

A. Mariano Calderón Ruiz (Cuba)

Mario García Rodríguez (Guatemala)

Aventino Fernández Alonso (Colombia)

José Carlos Gangas Cuesta (Togo y Mozambique)

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