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Archidiócesis de OviedoMás información: http://www.iglesiadeasturias.org
La nueva diócesis - Ovectao-Ovetum- , por estar situada en la capital del reino astur, tuvo su época de esplendor mientras Oviedo fue corte de reyes. A la muerte de Alfonso III (910) los reyes trasladan el trono a León y el obispado de San Salvador comienza un período poco conocido. Con todo, desde mediados del siglo XI los prelados ovetenses tienen ya perfiles bien definidos. En el episcopologio de este siglo brillan con luz propia los nombres del catalán Poncio, (1033/28-1035), y de los asturianos Froilán (1035-73) y Arias, (1073-94). Con ellos y especialmente con éste último, empieza el movimiento de devoción popular a las Reliquias del Arca Santa, al convertirse la catedral ovetense en etapa destacada de las peregrinaciones jacobeas. D. Pelayo (1101-1130), defiende la autonomía de su diócesis frente a las pretensiones de las poderosas metrópolis que entonces se estaban reorganizando en plena reconquista, y los limites de una circunscripción diocesana supuestamente antigua que en realidad nunca existió, pero que sirvió para que Oviedo extendiera sus límites mucho más al sur de los Pirenneos montes o Cordillera Cantábrica, hasta el concordato de 1954. Gutierre de Toledo (1377-89) culminará el proyecto feudal pelagiano, consiguiendo para la mitra el título y las bases territoriales del condado de Noreña. A finales del Medievo, figuran en las series episcopales de Oviedo nombres importantes. Rodrigo Sánchez de Arévalo (1467-70) y Diego de Muros (1512-1525) pueden ser considerados los más representativos. La Reforma de Lutero no parece haber pasado por la iglesia asturiana. La aplicación de la disciplina reformística se debió especialmente a Juan Alvarez de Caldas, que celebra el conocido sínodo del 1602 y a las comunidades de dominicos y jesuitas. El Seminario conciliar, un instrumento esencial previsto por Trento para la reforma de clero no abre sus puertas hasta el 1851, gracias a los desvelos del obispo Ignacio Díaz Caneja. En el siglo XVIII sobre todo, los responsables de la diócesis de Oviedo siguieron las rigurosas pautas trazadas por la monarquía regalista. La historia eclesiástica de la iglesia asturiana del siglo XIX sabe situarse del lado patriótico y legitimista en el alzamiento contra los franceses y se mueve con mayor dificultad en los períodos de alternancia entre el predominio de liberales y conservadores, mostrándose más proclive siempre hacia las corrientes de este signo. En 1954 Oviedo se convierte en sede arzobispal, comprendiendo en su jurisdicción metropolitana las de León, Santander y Astorga y perdiendo, en beneficio de éstas, los territorios allende los montes cantábricos y en las tierras de “pan llevar”, como eran las del arcedianato de Benavente. D. Vicente Enrique y Tarancón, que rigió la sede ovetense pocos años (1964-69), fue el gran propagador del espíritu renovador del Vaticano II en toda la región asturiana. D. Gabino Díaz Merchán se destacó por su compromiso social. En la actualidad el arzobispo es D. Carlos Osoro Sierra .
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