Archidiócesis de Merida-Badajoz

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Las primeras comunidades cristianas estables aparecen en la Lusitania ya en el s. III. La carta de san Cipriano al clero y pueblo de Emérita Augusta (255-257) es el documento más antiguo que poseemos de la Provincia Metropolitana de Lusitania, con capitalidad en Augusta Emérita. De la época en que Mérida fue cabeza de esta extensa archidiócesis se conservan noticias muy esporádicas de sus Arzobispos. En el s. IV aparece el pontificado de Liberio que fue el primer Arzobispo de Mérida después del Edicto de Tolerancia promulgado por Constantino el Grande (313).

La ocupación de Hispania por los pueblos germánicos no afectó a la Sede Metropolitana de Mérida, que fue respetada. Continúa la sucesión de obispos hasta Ariulfo, último de los metropolitanos que corresponde a época visigoda, ya que en su pontificado se produjo la invasión y ocupación de Lusitania por los musulmanes (714) que no debió significar una ruptura en la línea de sucesión de los arzobispos emeritenses, ya que aún bajo la dominación musulmana se menciona a Arulpho (862). Ya en el siglo X, bajo el Califato de Córdoba, se nombran obispos baicienses como Theudocutus (904); Iulius (932), en época de Abd-Al-Raman II En-Nassir, y Daniel (1000).

En el s. XII (1119) el Papa Calixto II, al crear la Provincia Metropolitana de Santiago de Compostela, trasladó a ella todos los derechos y privilegios, así como las sedes sufragáneas de la Lusitania hasta que se reconquistase Mérida y se repusiese su Silla Arzobispal en 1228, cuando el Rey de León Alfonso IX tomó la ciudad al poder musulmán; pero no sería hasta el reinado de Alfonso X El Sabio cuando se crease en Badajoz un cabildo catedralicio, con sus privilegios, y se determinase una circunscripción territorial propia, separada de la jurisdicción de las órdenes de Caballería, por la Bula del Papa Alejandro IV (1255) que nombró obispo de la diócesis a Fray Pedro Pérez.

El área territorial diocesana de la Sede Pacense fue durante siglos muy pequeña, ya que se extendía en una pequeña franja estrecha sobre la frontera portuguesa, desde Alburquerque hasta Zafra y Fregenal de la Sierra. Por la Bula “Quo Gravius” (1873), del Papa Pio IX, se suprimían los Prioratos de las Órdenes Militares de Santiago (Llerena) y de Alcántara (Magacela y Zalamea de la Serena), cuyos territorios jurisdiccionales quedaron, en su gran mayoría, integrados en la Diócesis de Badajoz, que aumentó así en más de cinco veces su superficie territorial y su población.

Ya en el s. XX, (1958) un Decreto de la Sede Apostólica agregó al Obispado de Badajoz el Arciprestazgo de Castuera, que venía perteneciendo al de Córdoba, así como algunos pueblos de la Diócesis de Coria. En cambio, perdió el Arciprestazgo de Montánchez, que quedó agregado a la Sede Cauriense. La Diócesis de Badajoz quedó con una extensión de 17.396 kilómetros cuadrados, y una población aproximada de seiscientos mil habitantes, que representan prácticamente la totalidad de la provincia de la Baja Extremadura.

El 28 de julio de 1994, Su Santidad el Papa Juan Pablo II, por la Bula “Universae Ecclesiae sustinentes”, crea la nueva Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz, que comprende a las tres diócesis extremeñas: Badajoz, Coria-Cáceres y Plasencia, y nombra primer Arzobispo de la nueva Sede Metropolitana a Monseñor Antonio Montero Moreno en 1994

El Arzobispo actual es Mons. Santiago García Aracil

Sacerdotes diocesanos en misión:

En 2006 se han cumplido 25 años de presencia en la diócesis de CHACHAPOYAS (Perú)   donde hay actualmente 4 sacerdotes además de otros 4 en otras diócesis de Perú. Seis sacerdotes más son misioneros en Argentina, Costa Rica y Puerto Rico y otros dos realizan su vocación misionera con el IEME en Zimbabwe: Nemesio Frías Palanco y Serafín Suárez Hidalgo

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