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LA ANIMACIÓN MISIONERA EN LA IGLESIA LOCAL
La Iglesia Local debe desarrollar su tarea misionera. Cada Iglesia Local nace a la existencia porque se realiza en la Misión y ésta en su perspectiva universal. No hay Misión sin enviados. El enviado garantiza la Misión. Quizás este sea un dato que ha quedado oculto, que deba ser rescatado del olvido. Se trata de descubrir el propio horizonte misionero en función de la identidad de la Iglesia Local. Que cada Iglesia Local redescubra su auténtica Misión. Lo único que regala futuro a la Iglesia es la Misión. Alguien vino de fuera para sembrar una “semilla nueva”. Nos toca ofrecer gratis, lo que hemos recibido gratis. Lo recibido es para transmitirlo, contagiarlo. Hacer memoria es un hecho de gracia. Hubo misioneros que aceptaron salir, marcharse a otras tierras. La Misión antecede a la memoria de la Iglesia Local. Es la Misión quien hace nacer la memoria y urge la profecía. La Iglesia Local es sujeto de la Misión Universal. La revelación tiene perspectiva universal. Sin la revelación todo queda sometido al absurdo. Los evangelios presentan a Jesús en clave universalista (Cf. genealogías). El horizonte de la Misión de Jesús realiza y desvela el modo de hacer misión: como Pueblo de Dios, Reino, Reinado de Dios. La Pascua sintetiza este dinamismo universalista. La resurrección se realiza no contra nadie, sino a favor de todos. El Resucitado afirma: seréis mis testigos en Jerusalén, Samaria en todos los confines de la tierra. Pentecostés será el centro de una humanidad dividida. Surge la pregunta: ¿Qué ha pasado para que las Iglesias Locales hayan hipotecado su compromiso misionero? ¿Qué hemos hecho nosotros?. ¿Hemos estado suficientemente insertados en la Iglesia Local? ¿Cuál ha sido nuestra disponibilidad para colaborar con la Iglesia Local?. La Iglesia local aparece en el Nuevo Testamento como un organismo vivo, dinámico, con una vocación. Hoy se habla de “comunión”, “unidad”, pero en el fondo se tiene la impresión que lo que se busca es la uniformidad. Dejemos que el Espíritu Santo sea el protagonista de la Misión. Cada Iglesia debe discernir en cada momento de su historia su responsabilidad de “enviada al mundo”.
La memoria se ha de hacer memorial, profecía. Se imponen algunas denuncias: la primera va contra el narcisismo, provincianismo y estrategias de autodefensa. Hay que ayudar a desenmascarar la realidad. Se sigue pensando que la Misión pertenece a otros, por ejemplo a los Institutos Misioneros. Con frecuencia las Iglesias locales se conforman dando un apoyo económico, delegando responsabilidades en los Institutos Misioneros. Hay que recordar constantemente a la Iglesia Local su responsabilidad Misionera. Estas Iglesias no han descubierto todavía que han nacido de la Misión y que existen para la Misión. ¿Basta solamente con establecer hermanamientos misioneros con otras diócesis? ¿No debe la Iglesia Local ir más allá de sus propias fronteras?. La Misión es: aire, horizonte, futuro. Cada Iglesia Local debe valorar como un kairós, fuente de juventud, la tarea que le concierne. La Redemptoris Missio ha insistido en “renovar la fe y la vida cristiana”. ¿Qué podemos hacer para que las Iglesias particulares recobren su dinamismo misionero?
José M. Madruga |
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