"El don espiritual que los presbíteros recibieron en la ordenación no les prepara a una misión limitada y restringida, sino a una misión universal y amplísima de la salvación hasta lo último de la tierra. Porque el sacerdocio de Cristo del que los presbíteros han  sido hechos realmente partícipes, se dirige necesariamente a todos los pueblos y a todos los tiempos y no está reducido por límite alguno". (PO, 10) |