![]() |
|
|
|
|
¿Para qué la misión ad gentes? ¿Para qué la Iglesia?
1) La humanidad tiene derecho a conocer explícitamente el camino, la verdad y la vida que Dios, en su infinita bondad nos ha querido manifestar visiblemente en Jesucristo, su Hijo encarnado. Las multitudes tienen derecho a conocer la riqueza del misterio de Cristo, dentro del cual creemos que toda la humanidad puede encontrar, con insospechada plenitud, todo lo que busca a tientas acerca de Dios, del hombre y de su destino, de la vida y de la muerte, de la verdad. Por eso, la Iglesia mantiene vivo su empuje misionero e incluso desea intensificarlo en un momento histórico como el nuestro. Hay que decir también con palabras del Concilio que: ‘Todos los hombres, conforme a su dignidad, por ser personas, es decir, dotados de razón y de voluntad libre y, por tanto, enaltecidos con una responsabilidad personal, tienen la obligación moral de buscar la verdad, sobre todo la que se refiere a la religión. Están obligados, asimismo, a adherirse a la verdad conocida y a ordenar toda su vida según las exigencias de la verdad (RM 8). 2) La Buena Nueva del reino que llega y ha comenzado ya es para todos los hombres de todos los tiempos. Aquellos que ya la han recibido y que están reunidos en la comunidad de salvación, pueden y deben comunicarla y difundirla (EN 13). El Espíritu que ‘sopla donde quiere' (Jn 3, 8) y ‘obraba ya en el mundo aun antes de que Cristo fuera glorificado' (AG 4), que ‘llena el mundo y todo lo mantiene unido, que sabe todo cuanto se habla' (Sab 1, 7) nos lleva a abrir más nuestra mirada para considerar su acción presente en todo tiempo y lugar... La relación de la Iglesia con las demás religiones está guiada por un doble respeto: ‘Respeto por el hombre en su búsqueda de respuesta a las preguntas más profundas de la vida, y respeto por la acción del Espíritu en el hombre'... ‘toda auténtica plegaria está movida por el Espíritu Santo', que está presente misteriosamente en el corazón de cada persona. Este Espíritu es el mismo que se ha hecho presente en la encarnación, en la vida, muerte y resurrección de Jesús y que actúa en la Iglesia (RM 29).
4) Nosotros no podemos menos de hablar” (Act 4, 20). “La Iglesia ofrece a los hombres el Evangelio... que responde a las exigencias y aspiraciones del corazón humano y que es siempre ‘Buena Nueva'. La Iglesia no puede dejar de proclamar que Jesús, vino a revelar el rostro de Dios y a alcanzar, mediante la cruz y la resurrección, la salvación para todos los hombres. 5) Es necesario mantener unidas estas dos verdades, o sea, la posibilidad real de la salvación en Cristo para todos los hombres y la necesidad de la Iglesia en orden a esta misma salvación... La salvación, que siempre es don del Espíritu, exige la colaboración del hombre para salvarse tanto a sí mismo como a los demás (RM 9). Si, el Espíritu Santo está presente y actuante, en cada persona y en cada pueblo, la Iglesia misionera ha de ser capaz de reconocer los “signos del Espíritu”. Como hizo Juan Bautista; “Y yo no le conocía pero el que me ENVIÓ a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo” (Jn 1, 33); o Pedro y los fieles judíos en casa de Cornelio cuando “quedaron atónitos al ver que el don del Espíritu Santo había sido derramado también sobre los gentiles” (Hech 10, 45). O Bernabé que enviado a Antioquia “vio la gracia de Dios y se alegró” (Hch 11, 22).
Creo que Evangelii Nuntiandi expresa bien esto al decirnos en su No. 19: Para la Iglesia no se trata solamente de predicar el Evangelio en zonas geográficas cada vez más vastas o poblaciones cada vez más numerosas, sino de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están EN CONTRASTE con la Palabra de Dios y con el designio de salvación. |
|
|
|
|
|